15. Matadero
Y asÃ, aprendà a aparecerme, como ella; a habitar puntos ciegos, como ella; a susurrar tormentas, como ella.
Nos asfixiamos mutuamente. Presos de nuestras portadas quemamos nuestros libros sin haber leÃdo en su interior una palabra.
Una tras otra destruÃamos nuestras máscaras sólo para forjar otras tantas. Hicimos un matadero de identidades y la sangre que alimentaba el delirio se derramó como un rÃo hacia la nada.


















