Una carta de Francisco Gandolfo a Mario Levrero y otra de Mario Levrero a Francisco Gandolfo
en: Mario Levrero - Francisco Gandolfo. Correspondencia, 2015
Rosario, 27 de junio de 1976
Apreciados Mario Levrero (homoerótico)
y Jorge Varlotta (homo sapiens):
Menos mal que te enseñé a mojar la oreja para lograr efectos mentales de reacción paralelos o semejantes a los que definen las leyes físicas. Vos y yo parece que estamos en la pesada porque replicamos con instinto natural tales agresiones. No así otros a quienes terminaba diciéndoles que se jodieran si no me contestaban y optaron por joderse nomás. Y eso que eran poetas como yo. Parece que el visteo se da mejor entre poeta y escritor, aunque debo reconocer que a veces hay bastante poesía en tu prosa.
Ahora bien, en estos últimos meses han pasado cosas de bulto con respecto al manejo social de la cultura, en nuestro limitado círculo personal y rosarino. La dialéctica se me fue a la mierda al comprobar el despelote que era su definición e historia reseñada en un diccionario de filosofía, aunque sigo reconociendo su vigencia práctica. En mi próximo libro, la parte que llamaría marxismo erótico será “Beatitud del sátiro”, título de uno de sus poemas. Supongo que te gustará porque me parece que corresponde con tu actitud en el último carnaval, mojándote con chicas, un cura y un ama de casa. Para terminar con mi próximo libro te diré que acabo de recibir la opinión de [Martín] Micharvegas, verdadero amante de la poesía que escribe canciones y se fanatizó con El sicópata. Después de leer tres veces el inédito, me dice que sin menoscabar las virtudes y hallazgos de éste, sigue manifestándose hincha feroz del Sicópata, personaje que a veces le revive a Chaplin. La imagen más persistente que le impone Poemas joviales es la de un circo, y empieza a hacerme una concordancia de todos sus personajes y elementos con mis versos, olvidándose solamente del chocolatinero. Él piensa incluso que pudo haber sido consciente en mí dar esa imagen, y aunque no es así, me agrada que le haya producido ese efecto, porque desde chico he simpatizado siempre con el circo. Muy buena su observación con respecto a un exceso de autobiografía, que me sirvió para eliminar decididamente dos poemas innecesarios, reforzados por nuevos que me parecen mejor logrados. Dudo ahora si su publicación será este año o el próximo, porque nos hemos atrasado con los dos números de la revista que queremos sacar este año y porque es posible que entre en un plan editorial de poetas locales de una institución de Rosario que ya cuenta con la guita para ello. De cualquier manera, algunos “joviales” creo que irán en el próximo número del lagrimal y otros en una antología con que iniciará sus publicaciones la institución que te mencioné1.
El otro fato de bulto se dio a nivel grupal, en el seno del GER (Grupo de Escritores Rosarinos). Le pediré a Elvio que te lo aclare porque él trabaja con la conciencia. En cambio yo trabajo más con la subconciencia, así que sólo puedo darte la siguiente síntesis: el año pasado se armó el GER con tres o cuatro grupos de revistas literarias y algunos escritores independientes que simpatizaban con lo que iniciamos, y se abrió un quiosco en una plaza céntrica para la venta de obras de escritores locales. Nos turnábamos para atenderlo a mediodía y a la tardecita, y más o menos funcionó. Terminamos el año organizando en diciembre una semana del escritor con cuatro actos consecutivos (uno por cada grupo) en sala facilitada por Amigos del Arte, a los que concurrió mucho público. Este año se presentó el problema de que teníamos que comprar el quiosco a su dueño si queríamos seguir con el mismo. Juntamos la plata y lo adquirimos. Solucionado esto, se decidió hacer una mesa redonda de escritores también en Amigos del Arte, que estuvo interesante, hasta que uno de los grupos desplegó la lectura de un manifiesto interminable de solución angélico-político-internacional de toda la cultura del planeta. Esto creó una gran tensión posterior de ira con ese grupo, por ingenuo y desubicado. Se citó a una asamblea donde se leerían los estatutos y la proposición de suspender por tres meses a dicho grupo, por votación. Un alcahuete les pasó el dato y se fueron a la asamblea con una gran barra y el ideólogo que los dirige para gritar fuerte. Pedimos que se retiraran los no escritores y se negaron. No nos retiramos nosotros para hacerles conocer los estatutos, la decisión de expulsarlos y el gusto de tratarlos de infantiles en sus publicaciones. El ambiente se caldeó al rojo, pero alguien propuso y se eligió un presidente que calmó los ánimos y empezó a hablar uno de ellos quejándose como una Magdalena. Le siguió en la palabra otro que parecía un teócrata por su contenido y entonación. Yo empecé a bostezar y quería irme pero esperé la decisión de nuestro grupo. Como el sacerdote que estaba hablando no terminaba más y lo iba a seguir otro que ya había pedido la palabra, se levantó [Eduardo] D’Anna que había expuesto nuestros puntos y lo seguimos todos los que estábamos de acuerdo mientras oíamos a la barra de rejuntados que nos gritaban “mercenarios, mercenarios”. Fuimos a un bar y en una larga mesa nos divertimos un rato. Dejaremos las cosas un par de meses en reposo, después veremos qué se puede hacer con el GER y el quiosco. Esto nos ha venido bien para meterle a la revista que se nos atrasó con tantos despelotes. Elvio estaba podrido de dispersar el tiempo, así que el relajo llegó justo. Como ves, políticamente somos una élite mercenaria. Quizá nuestro próximo objetivo sea una misión en África o Camboya.
Aparte te mando dos Sicópatas, uno azul dedicado y otro amarillo para prestar. Y que la vida te siga siendo como es la poesía que sirve para despejar la mente, con un saludo reverendamente cordial.
1 El Instituto de Estudios Nacionales, que publicó la antología Poesía viva de Rosario (1976) y la Obra poética de Felipe Aldana, compilada por Elvio E. Gandolfo y Eduardo D’Anna (1977).
Montevideo, 24 de julio de 1976
Nótese que una carta no polémica es mucho más difícil de contestar; será que uno funciona por desafíos. Por otra parte tuve unos días de intensa fiebre, virus mediante según creen los médicos –aunque tengo fuertes motivos para pensar en razones parapsicológicas. Ahora que pasó la fiebre me encuentro con baja temperatura, sin poder alcanzar aún la normal de 36 ½ axilar, aunque hoy llegué, no sin esfuerzo, a 36. Los datos clínicos sirvan como justificación de mi demora en contestar su amable carta.
Me alegro que haya abandonado los berretines dialécticos, aunque nadie niega su vigencia práctica, dado que un mundo tridimensional puede resolverse perfectamente dentro de la lógica binaria. Eso sí: cuando lo trascendente –y la poesía lo es o no es poesía– mete la cola y la realidad se desdobla en múltiples dimensiones, la lógica debe reconocer, como el gallego del cuento que va al zoológico por primera vez y ve un elefante, que “ese bicho no existe”.
Me gusta eso de la beatitud del sátiro. A todo esto, mi guía espiritual, aquel del agua en carnaval, ahora está empeñado en pellizcarle el traste a la mujer de Ricardito.
Mi conversión, debo confesarlo, se acelera a pasos agi-gantados. Discrepo con el señor que asocia al sicópata con Chaplin. Chaplin es un niño perverso a quien le dijeron que era un genio y se sintió obligado a posar de tal. En el sicópata hay pura bondad, más del Gordo y el Flaco, si usted quiere mantenerse en la línea de los símiles de la comedia. De todos modos intuyo que coincidiré con el tal crítico en la comparación entre ambos libros, no por querer formarme un prejuicio sino porque El sicópata tiene algo de la obra cumbre de un tipo. Para superarlo debería dejar de ser usted mismo, lo cual no siempre se recomienda. Pero también intuyo que el nuevo tendrá su jugo. Ojalá pueda salir pronto.
Recibí sus dos Sicópatas; apreté el dedicado pero el otro ya voló. Espero rescatarlo porque la persona es devolvedora, y no quisiera dárselo porque si ya no le hizo efecto –que no le hizo, porque está cada día más cerrada en su neurosis obsesiva–, no creo que lo vaya a hacer más adelante. En mí sigue obrando maravillas aunque prefiero dosificarlo sin abusar.
Aquí, por fortuna, no hay nada parecido a ese grupo de escritores y sus consecuentes despelotes. Ni siquiera hay escritores, con el cual el aire se vuelve más nítido y liviano. Todo grupo, especialmente en arte, suena justamente a grupo. Cosa mediocre. El escritor, en especial, es un jodido solitario o no es escritor. El talentoso queda siempre afuera justamente por ser un fuera de línea y de serie. Que no es necesariamente un mérito, lo anoto como fenómeno real. Acá se formaban, en los viejos tiempos, grupos de tipos que querían y no podían. Hoy parece que sólo subsiste penosamente la gente de [la revista] Maldoror, y justamente porque el pobre Carlitos –a quien estimo a pesar de todo– aprovecha su carencia de testículos, es decir el tiempo libre que le deja su impotencia creativa –en todo terreno– para promover la cultura. En fin: parezco un resentido pero no lo soy, incluso sólo debo agradecimientos a este muchacho. Simplemente informo de una realidad con mi criterio –Dios me libre de otros criterios– subjetivo.
Lo que no me gusta es que me cargue con el asunto de la teocracia. Un cura tradicional no es un teócrata ni este último hace discursos penosos. La teocracia es libertad dentro de una jerarquía natural (anarco-monarquía), y más que con discursos tiene que ver con pellizcarle las nalgas a una gorda (cuestión de gustos; no es mi caso) y con provocar cortocircuitos neuronales estilo zen o Jesucristo. O estilo psicópata.
Bueno, el asunto del papel celeste-verdoso y la cinta nueva1 viene porque he recibido ofrecimientos bonaerenses y belgas de pesos y dólares a cambio de mis cuentos. Es una vieja trampa en la que siempre caigo alegremente, y no deja de ser una buena manija para que desempolve mis inéditos y los acaricie con ternura, lo cual me hace bien. Después de todo, quién le dice que un día no sea cierto y yo también llegue a best seller. Si llega a publicarse algo y si llego a cobrar algún peso o dólar, por chiquito que sea, tal vez retome la pluma –como dicen los gansos. No es que me haya vuelto mercenario como ustedes –soy facho por naturaleza– sino que fama y gloria han dejado de ser motivaciones y hoy pienso seriamente en que mejor me vendría un poco de dinero. Llegando a cierta edad se siente la falta de la Presencia Femenina Estable en la Casa, y ya tengo experiencia de que las millonarias, pobres, tienen de por sí, sin quererlo y sin saber cómo liberarse, la obligación de ciertas coordenadas que a uno le cagan la existencia. Así que me estoy preparando, la verdad sea dicha sin mucho apuro, para una vida de trabajo honesto y remunerado, especialmente remunerado. Todavía estoy en el círculo vicioso de que no aparezca la percanta que me haga vibrar la glándula del sacrificio ni el sistema respiratorio o psíquico o muscular que haga vibrar la glándula del sacrificio [sic] para que después la percanta caiga por la emanación parapsicológica, pero sólo es cuestión de paciencia y perseverancia. El psiquismo tiene sobre la ruleta la ventaja de que uno puede apostar a todos los números; la otra parte, complementaria, es la confianza cada vez más acentuada en que Dios no permitirá que esta vez se canten letras.
Bueno: encantadísimo de haber dialogado nuevamente con usted. Que no se corte. Saludos cariñosos a la patrona y a toda la descendencia. Agradezco su gentil envío, espero cartas (¿nada de Elvio, todavía?), lagrimales, versos, postales camp y todo eso que es mejor recibir que dar.
1 Alusión al papel y la escritura de la carta.