«Haya, pues, en buenhora, dos centros, por decirlo así, de emanación y propagación de doctrinas (y ojalá que esto sea en beneficio de ambos). Haya del mismo modo dos tribus o familias de filósofos y pensadores, que, lejos de estar enemistadas y apartadas entre sí, estén unidas y enlazadas por mutuos servicios: haya finalmente un método para cultivar las ciencias y otro distinto para crearlas. Y a todos aquellos que consideran mejor y más aceptable al primero, ya por premura de tiempo, ya por razones de la vida práctica, o ya porque la debilidad de su mente no les permita comprender y abarcar este otro (cosa que necesariamente ha de suceder a muchísimos), les deseo mucha suerte en su empresa y que alcancen lo que persigan. Más si hubiere alguien que desee y busque, no atenerse exclusivamente a los descubrimientos hechos y servirse de ellos, sino pasar más adelante, no vencer al adversario con argumentos sino a la naturaleza con industria y finalmente no emitir conjeturas bonitas y probables sino saber con seguridad y con pruebas palmarias, esos hombres, como hijos genuinos de la ciencia, únanse a mí si les parece, para que abandonando de una vez el vestíbulo de la naturaleza, gastado ya por las pisadas de tantos, quede abierto por fin el paso interior secreto de la misma. Y con el fin de que se me entienda mejor, y de que por los nombres empleados aparezca lo que propongo de un modo más familiar, he optado por llamar anticipación de la inteligencia al primero de estos dos métodos o caminos e interpretación de la naturaleza al segundo.»
Francis Bacon: Novum Organum. Editorial Losada, págs. 70-71. Buenos Aires, 2003
TGO
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