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⟡ ݁₊ . 𝖕𝖆𝖎𝖗𝖎𝖓𝖌 ➜ Dragon Shiryu x Phoenix Ikki Ikkiryu
—— ♡ 𝖙𝖆𝖌𝖘 ➜ saint seiya, love, gay, bl, love, fight, blow jobs, first time blow jobs, awkward blow job, suck, saliva, losing bet, burn skin,
Las centellas de tus ojos arden en mi carne lacerada.
Destellante y fiero como un dragón, obstinado y orgulloso como un guerrero, paciente y plausible como un príncipe. Así podría describir Ikki a Shiryu si tuviera las agallas de filtrar algo de su mente, lo más mínimo, un comentario, un gesto, una miserable palabra, pero sus intenciones jamás salían como él quería, solo la ironía con tintes de molestia parecía rodar por su lengua y con razones suficientes.
Aun recordaba las flamas, no las de aquellas ardiente volcán que quemaban todo a su paso y dejaba en desolación lo que él aun pensaba que había sido su infierno en la tierra, sino las llamas candentes de cuando su mano subía y bajaban sobre su longitud, no recordaba tan bien qué lo había puesto en ese estado de furia y resentimiento, pero ahora que estaba dejando escupir el fuego se dio cuenta que lo único que lograba hacerlo llegar como le gustaba eran aquellas expresiones concentradas del dragón de agua, bebiendo de su concentración a la vez que pensaba sorber sobre su ombligo las gotas saladas de sudor qué se acumulaban en el abdomen marcado.
Sacudió con más ímpetu, su aliento cálido saliendo ronco de su boca, primero la sangre hirviendo debajo de la piel morena, jamás se salvaría de la lava, para luego sentir la erupción, fue un momento donde de pronto hubo una brisa fresca antes de que el ardor y la molestia le trajeran rápidamente a tierra; entre sus dedos manchados notó que la piel le escocía, se atrevió a ver hacia si mismo y notó las quemaduras impuestas sobre la piel sensible de su falo. Pestañeó confundido, muy acostumbrado al dolor de la ulceración sobre su carne, así que simplemente creyó que su cosmos se activó en el peor momento y logró ampollarlo. No pensó demasiado, se levantó maldiciendo y curó como siempre, intentó ignorar la sangre y acomodó sus pantalones antes de volver a perderse por algún confín lejano.
Pero le gusta quemarse, le gusta ese dolor, esa chispa que tuvo al pensar en Shiryu que cuando se curó siguió haciéndolo y ahora estaba allí, sediento por más.
Los entrenamientos en conjunto comenzaron a fines de primavera, una forma de ver avances con la supervisión de un dorado; Shura parecía ser un hombre estoico, pero daba buenos consejos, estricto en todo el sentido de la palabra y anotaba con frases cortas y filosas cada acierto o error que lograba captar. No le agradaba demasiado, quizás porque se burlaba de él de vez en cuando, y aunque usara la carta de "asesino" el otro solo se le reía como si no tuviera una gota de arrepentimiento, pero sabía que en el fondo, un hombre que sufría tanto y lograba ser perdonado vivía como un ciervo y pudo confirmarlo cuando Sagitario vino a remplazarlo porque Capricornio iba de misión, algo en esos ojos filosos cambió a un brillo de admiración pura, logró verlo sonreír genuinamente y como intercambiaron más contacto del permitido, aun así solo él pareció notarlo, pero lo que más le alegro fue que se haya alejado finalmente de Shiryu.
Porque sí, Shiryu parecía muy cercano al santo de Capricornio, en parte comprendía que estaba agradecido por las enseñas de aquel filoso brazo derecho, pero nunca le había gustado demasiado los acercamientos innecesarios, creía que Dragón tampoco, pero se vio equivocado. Cada toque en el hombro, cada sonrisa, cada arreglo de postura y consejo bien dado, cosas que debería considerar comunes de pronto le hicieron sacar centellas y él recordaba muy bien la última vez que dejó las flamas danzar libres.
Por eso cuando Sagitario —El real, Aiolos, el que Seiya parecía tan feliz de verlo como un perro a su dueño— propuso algunos combates en pareja, inusual pero su mente logró sacar chispa y se acercó a Shun tan veloz que creyó haber roto su propia velocidad en tres zancadas firmes.
—¿Quieres barrer con Hyoga e Shiryu?
—¿Hermano?
Ambos vieron hacia donde el dúo estaba hablando, queriendo hacer un plan rápido antes de comenzar.
—Podemos apostar —Su voz resonó en la arena captando a los nombrados.
—¿Apostar? —Hyoga tronó sus dedos, interesado en la propuesta.
—Es un entrenamiento, no hay necesidad de- —Shiryu intentó desviar la situación, sabía cómo estos se ponían ante la mínima provocación.
—Hermano, no creo que…
—El dúo que pierde le debe un favor al otro, lo que sea.
—Trato.
—¡Hyoga, Ikki! —Shun suspiró, pero no pudo evitar sonreír, demasiado feliz de estar viviendo esta tontería.
—Son unos tontos… —El de cabellos negro bufó, tomando a Hyoga de la muñeca lo llevó a su posición para terminar de pulir los últimos detalles.
Aiolos sonrió un poco y blandió una mano al cielo para dar inicio al duelo.
Los cuatro estaban sin armaduras, justo para relucir las habilidades físicas, Hyoga se tiró se cabeza contra Ikki, para darle ventaja a Shiryu sobre fuerza y altura y que derribe a Shun rápidamente, pero Ikki no era estúpido y con un manotazo logró tirar de aquel cabello caoba hacia atrás e intercambiar lugares con el ruso, Shun apretó los labios pero su posición defensiva era excelente a comparación, golpe tras golpe Hyoga intentó perpetrar las defensas del menor, pero Shun era veloz, exacto, una máquina que lograba esquivar golpes sin la necesidad de devolverlos; la batalla sería a desgaste. Ikki sabía a lo que se enfrentaba cuando logró ver las lagunas fieras del menor, sus ojos danzaron sobre el campo de batalla y su oponente, sabía que debía atacar antes de que Shiryu tome ritmo, porque lograba ser tan feroz como un verdadero dragón. Se inclinó sobre él con un codazo, buscando desbalancearlo, pero el contraataque fue rápido, un puntapié que iba directo a sus costillas, si no fuera porque la fuerza de sus brazos era mayor seguro terminaría con un pulmón perforado. Intercambiaron manotazos, Shiryu hacía buen uso de sus piernas largas y elásticas, se permitió retroceder pasos, observando como Shun burlaba a Hyoga antes de hacerlo caer al piso, era momento de terminar con esto.
Shiryu aprovechó a ir por su cuello, abalanzándose sobre Ikki y rodeando con una de sus manos la garganta. Lo escuchó toser, maldecir incluso, pero poco esperaba que lo tomara desde el pelo, el jalón de sus mechones le hizo sisear para luego sentir la tierra y arena pegada al rostro. Quiso pelear con uñas y dientes, pero solo logró que el mayor hiciera más presión hasta dejar su cuerpo planchado en el suelo. Ikki buscó a Hyoga, intentando liberarse de las piernas de Shun que le rodeaban el cuello, cerrándole paso a la tráquea para que pase aire.
El sonido estridente de Aiolos contando de cinco a uno en retroceso hasta que silbó dando por finalizado el entrenamiento.
Hyoga empezó a toser tan pronto el aire se le fue devuelto e Shiryu empujó lejos su cuerpo mientras sobaba su cabeza. Shun se acercó a Ikki dándole la mano, chocando puños detrás de todos los espectadores por su triunfo.
—Eso dolió… —El ruso se quejó mientras tomaba sus cosas.
—Más duele saber qué nos van a tener con la soga en el cuello.
—No significa que lo haremos de inmediato —Shun sonrió.
—¡¿Por qué no pelean así conmigo?! —Seiya vociferó molesto, viendo a los cuatro.
Dragón parecía querer irse a las duchas, pero el cuerpo enorme de Ikki lo detuvo.
—Shiryu —Le tiró del borde de la camiseta, haciendo que el pelinegro deba elevar el rostro para verlo —Ven a la cabaña donde duermo, necesito una mano.
—¿Solo eso?
—¿Quieres qué sea más? —El silencio invadió la boca del futuro santo de libra —Eso pensé. A las siete.
—Bien.
Shiryu pasó el resto de la tarde entrenando con la cabeza metida en qué tipo de favor quisiera Fénix. Bajo ese rostro estoico y poco hablador había algo que le hacía picar la sangre, sudar las palmas de las manos. Cada que tomaba agua sentía la mirada celeste contra su nuca, el sudor parecía caerle más rápido por la sien y el cuello, limpiándose con el dorso hasta que se atrevía a devolver el gesto, encontrándose con la espalda trabajada y el gesto indiscreto de 'no te estoy viendo'.
Al bajar el sol dieron por sentado el entrenamiento, la mayoría fueron a las duchas, muertos de calor mientras charlaban de la cena. Ikki tomó la caja de la armadura sobre el hombro, yendo en silencio en dirección contraria, Shiryu relamió sus labios para avanzar detrás de él, una distancia módica. El único que pareció notarlo fue Shun, aunque Hyoga lo ignoró en gran parte, tomando su mano para que no intente ir por ellos o hacer preguntas.
Las cabañas de los de bronce eran pequeñas casas de madera, precarias en su mayoría, nada comparado al lujo y gloria que los templos de los dorados sostenían; su programa era reducido, tenían que compartir cuarto, así que contaban con literas, nada que el orfanato no hubiera previsto, una pequeña cocina y un baño, el resto eran muebles que solo servían para lo básico; mesas para comer, bibliotecas para estudiar y un guardarropas para mantener la ropa de entrenamiento o diaria a mano, mundano, simple, nada que ellos antes no hubieran vivido, solo que ahora había cierto sabor a libertad cuando las misiones se finalizaban.
El camino fue ir pateando hojas y canto, el silbido estruendoso del ave inmortal hasta llegar a la residencia. Ikki dejó caer su cloth en la entrada, tirando los zapatos mientras iba por agua fresca, Shiryu solo gruñó por lo bajo, acomodando sus zapatos y apilando las armaduras en un rincón, al menos quería que hubiera un poco de orden.
No dormía con Ikki, pero por el desorden que había aquí producto de Ban y Geki, sumado a un desinteresado santo renegado, podía entender que la petición sería limpiar y ordenar, una parte de él se alegraba que fuera algo tan mundano y sencillo, posiblemente serían un par de horas antes de dejar el lugar decente, pero a su vez le decepcionaba que Ikki le estuviera encargando algo tan… asequible. Esperaba dar una mejor mano a su compañero, incluso charlar un poco si lo necesitaba, un intercambio nuevo de golpes hubiera sido ideal, le alimentaría el espíritu y su alma se regocijaría por la euforia de tomar venganza en un nuevo duelo, pero mientras veía a Ikki tragar agua como si nunca hubiera probado bocado, supuso que solo debería tomar la escoba y soportar. Al final, apuestas eran apuestas, y él era un hombre de palabra.
—¿Agua?
Su voz ronca lo sacó de su frecuencia, lo miró y asintió —Sí, gracias.
—Espero que no te dé un lapsus por el desorden.
—El orfanato era peor.
—Te daré la razón.
Ikki tomó una de las sillas de la mesa y se acostó como un costal de papas sobre ella, piernas abiertas y brazos colgando, tomó aire profundo, todos los músculos se tensaron y destensaron, rascó debajo de su barbilla, el sonido de uñas raspando contra la barba levemente crecida. Shiryu se acercó a él, buscando con la mirada dónde estaba lo que necesitaba.
—¿Y bien? —Su paciencia tenía un límite, el peliazul exhaló aire —¿No quieres qué limpie? Dame algo.
—¿Limpiar?
—Sí, anda. ¿Y la escoba? ¿Tienen una cubeta?
—¿De qué demonios hablas?
—¿Para qué me llamaste?
Ikki rascó detrás de su cabeza, pensando en cómo escupir lo que en su momento había planeado sin tanto afán. Se desliza metiendo ambas manos en sus bolsillos, inspeccionando las curvas sinuosas del dragón, cada trazo hecho con pluma y tinta, casi como aquella caligrafía oriental que había visto escritas en ciertas decoraciones de su cuarto. Fijó los ojos en su rostro antes de relamerse los labios, igual que un animal salvaje que deseaba masticar ponzoña hasta los huesos.
—Ven aquí.
No hubo queja, sino pasos lentos hasta quedar frente al Fénix, su figura alta y esbelta lo hicieron pasar los ojos de arriba abajo hasta que logró juntar la suficiente fuerza de voluntad y sonreírle.
—Ya dilo, si no es limpiar, ¿es un masaje?
—Sí… —El de piel morena asintió, sí, podía decirse que era eso. Le tomó una de las muñecas y presionó contra la dureza que empezaba a formarse de su entrepierna—Aquí, con tu boca.
Si Shiryu hubiera sido una persona que pierde los estribos con facilidad seguramente le hubiera dado vuelta la cara de una cachetada, pero sabía cómo Ikki posiblemente sonreiría, dientes y encías cubiertos de sangre, ojos encendidos en candela ante la acción. Así que, como buen long, tomó aire y raspó sus rodillas contra el suelo hasta que logró encontrar algo de comodidad en el espacio estrecho.
Se posicionó entre sus piernas con cierta incomodidad, jamás había hecho eso con anterioridad, pero los ojos desafiantes de Ikki le hicieron tragarse el orgullo un momento. Sus dedos fueron a la cremallera de aquellos pantalones negros, el sonido de zip llenó la habitación, junto el tintineo molesto del cinturón, Shiryu sintió que lo estaba exponiendo, incluso cuando estaban en una de las cabañas más alejadas, el aura atrevida del mayor no pasó desapercibida para él.
—Rápido, no querrás que te vean chupando.
Sus labios se allanaron, chistó la lengua para tirarle los pantalones hasta los talones, Ikki riendo ante ese golpe de decisión. El elástico de la ropa interior estaba sobre un camino de vellos desde el ombligo hasta perderse entre las piernas, Shiryu raspó sus uñas en la carne de la cadera, bajando un poco el bulto que se alzaba dentro de la tela. Cerró sus ojos y acercó el rostro hasta que nariz y labios golpearon contra la carne, haciendo al de cabello corto inflar el pecho, presionó con sus labios el tronco y subió a hacer lo mismo con la punta, Ikki le tomó un manojo de pelos, mirándolo como quién ver a un volcán en erupción, eso lo hizo tomar fuerza y quitó la última prenda de su camino.
No quiso verlo demasiado en un principio, una mezcla de vergüenza y privacidad, pero la presión en su cabeza lo hizo ponerse al ruedo. Centrado en el ombligo sacó la lengua hasta palpar la carne tibia, el sabor amargo le inundó la boca y le hizo un torniquete antes de bajar un poco, tomando un cuarto del falo en la boca, la textura suave y lisa del glande contra su lengua se sintió inesperadamente cómoda, trabajando ahí unos segundos antes de sentir la insistencia de Fénix en su cabellera.
Relajó la mandíbula y se atrevió a tragar, el relieve de la carne le llamó la atención, esperaba algo más consistente, no tan rugoso. Separó su boca para inspeccionar, la piel que debía ser sana se veía lacerada, múltiples quemaduras visibles sobre toda la longitud, cambios de color en la piel por aquellas heridas mal sanadas. Sus ojos verdes denotaron duda y confusión. ¿Cómo había llegado a esto? ¿Acaso se había quemado? ¿Entrenando, por cosmos? ¿Fue una tortura de aquel maestro innombrable? ¿Si quiera estaba disfrutando de su humillación? La cabeza se le llenó de incógnitas sin respuestas e Ikki, tan poco descifrable como siempre, solo le dedicó una media sonrisa, quiso preguntar, pero la respuesta fue clara cuando le empujó la cabeza hacia abajo: Cállate y lame.
Se aferró a los muslos firmes, su boca se quejó de inmediato ante la nueva tensión, quiso volver a subir, pero la mano hacía presión y el malnacido no tiene agarre flojo, así que lo obliga a lamer, o mejor dicho a succionar, porque nada en este inmundo planeta haría a Ikki ser demasiado amable y cordial. La saliva comienza a acumularse en su boca y el peliazul juguetea, abre un poco más las piernas y se digna a suspirar, o a rugir, la garganta le suena a una lija mientras alarga la a, se regocija en la sensación de humedad cálida, incluso disfruta del roce de los dientes, el dolor era parte de aquella sensación de suplicio inaudita y no iba a negarla.
Con el ritmo pautado Shiryu comienza a trabajar, escuchaba su propia boca generar ruido en la fricción, es tan pornográfica e humillante que deja que el pelo le cubra la culpa y la vergüenza, Ikki también disfruta eso, las hebras larga y elegantes hondeando como quien pide tregua en la batalla, pero sabía bien que Dragón prefería morir a perder el honor de pelear. Shiryu es una cascada, no solo porque babea como un bebé entre sus piernas, sino porque hay ímpetu, gloria y victoria impregnada en sus encías rosadas, el clamor le moja desde la lengua igual que él gotea fuego y la sangre se le hace lava, nada quema más que esa boca educada y traicionera. Y a Shiryu le gusta tomarlo, así, herido y desarmado, mientras le tira el pelo y escucha aquellos gemidos roncos. Ahí donde la carne es sensible y sabe distinta en su lengua, donde solo él puede llegar.
La lujuria le tira de los labios y le hace sonreír, se quita el flequillo molesto de la frente sudorosa y repite su acción con los cabellos negros, queriendo viendo más de su rostro, lo que encuentra se lo graba a brazas en las corneas. Su frente estaba igual de húmeda y las pestañas largas eran abanicos sobre sus ojos, los pómulos prominentes estaban sonrosados, un rubor que se extendía por el puente de su nariz hasta sus labios, esos labios… levemente hinchados por el esfuerzo, embadurnados de fluidos, rodeaban su longitud haciéndole saltar venas, Shiryu se atreve a mirarlo, lo desafía cuando lo tiene debilitado, con ese brillo en los ojos, con el centellar de luces en la saliva.
La imagen erótica lo cautivó, aplastándole el cráneo con potencia, llevándolo hasta el fondo, las arcadas fueron un oleaje de cuerdas vocales y saliva, lo sintió escurriendo hasta sus genitales, de forma sucia y poco digna, pero así le gustaba, poder verlo quebrarse, quejándose y haciendo todo vibrar, humillándolo. Shiryu salió a tomar aire, tosiendo un poco mientras los ojos se le llenaban de lágrimas y le costaba pasar saliva, le miró con el reproche pintado en el rostro, solo que Ikki lo tradujo como desafío y apretando sobre los huesos de su mandíbula lo obligó a continuar.
El vello le hacía cosquillas en la nariz y había perdido el filtro por el sonido, cualquiera que escuchara podría sentir aquel ruido húmedo y rechinante llenando la habitación. Con las rodillas marcadas y la barbilla llena de saliva, delineó venas que hicieron al santo de fuego derretirse en su silla. El cosquilleo le llenó el vientre, abriendo la boca mientras el amargo sabor del esperma se le pegaba al paladar, sintiendo su garganta ser dilatada y quedarse sin aire poco a poco, maldiciendo en su cabeza, aun llena de dudas, esperando el gran final.
—¿Dónde lo quieres…? —Tuvo la decencia de consultar, Shiryu viró sus ojos y apretó el ceño algo ofendido. Ikki tomó ese momento para aferrarse a la base y golpear dos beses la punta contra la mejilla contraria, manchándola de líquido preseminal bajo la mirada endemoniada —¿Dentro, en la cara?
—No dentro.
—Entonces —Le pasó un pulgar por la mejilla y los labios —, cierra los ojos.
Shiryu, aliciente, no pudo rechistar. Sus parpados cayeron sobre los jades de sus ojos, Ikki se tomó con furia, empezando a sacudir de arriba abajo el eje lubricado, las atenciones previas sumado a la sobre conciencia de tener ese rostro agitado frente a él. Su mano terminó de deconstruirlo, derribándolo y derritiendo su cordura. Escupió fuego contra el dragón, la imagen de aquel dragón siempre calmo pero feroz en la batalla se vuelve algo nuevo detrás de sus ojos en bruma, se transforma en alguien coqueto y juguetón, roza sus dientes en su anatomía lastimada y le hace tocar el cielo —la única forma que tiene para llegar a aquel lugar— y de un gruñido ronco desliza su nombre por su paladar, las letras bailando en su lengua hasta que su simiente le bañó como una erupción, el líquido caliente se impregnó en su piel haciéndolo contener la respiración, el mayor se permitió vociferar su victoria, rugió cada improperio que su boca alcanzó a decir antes de deslizarse un poco sobre la silla, derrotado.
Abrió los ojos para admirar la escena, Shiryu intentando que el pegote de sus pestañas no se cuele a sus ojos, relamió sus labios y parecía buscar algo con qué limpiarse.
—Ten —Se quitó la camisa para mostrar aquel pecho lleno de quemaduras y cicatrices —Límpiate bien o ellos lo sabrán.
—Que te jodan —Bufó mientras se frotaba el rostro, la sensación era tan particular, pero no le disgustaba del todo.
—Creo que ya hice eso yo.
Shiryu le tiró la camiseta al torso, levantándose de golpe mientras acomodaba su ropa, agradecía que el entrenamiento disimulaba el sudor, tragó saliva queriendo ayudar a su garganta, tenía una sensación peculiar, hinchada a la vez que el sabor amargo, aunque fueron gotas, se había instalado hasta el paladar.
—¿Necesitas ayuda? —La voz del santo rebelde lo sorprendió y lo observó sin decir nada —Allá abajo.
El bulto prominente sobresalía en la tela ajustada de entrenamiento, ayudaba a mantener todo en su lugar, pero Ikki arqueó una ceja con la burla empapándole los labios.
—Déjame en paz.
—¿Entonces te vas así?
Shiryu salió dando un portazo Ikki quería estallar en carcajadas, pero la sensación de relajación la tenía en las venas, su cabeza se sentía liviano luego de entrenar y por primera vez el orgasmo no fue fuego, sino una cascada que lo arrulló. La puerta se abrió de nuevo mientras mordía su labio inferior, observó a Dragón de vuelta bajo el umbral, curioso por su presencia.
—Luego de las doce, en la cabaña arriba de la montaña. Me cobraré lo que me debes y me explicaras qué demonios te pasó ahí abajo.
Ikki supuso que debía dar cátedra de sus quemaduras —Te veo ahí.
Hubo algo en sus ojos, una chispa o destello que los desató, compartieron una sonrisa y la promesa de un encuentro más apasionante.
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I think Shiryu would trick Ikki into wearing that cheongsam by telling him it's traditional male chinese clothing just to see how good he looks in it, like:
🐦: Are you sure? This is too tight…
🐉: Yes.
🐦: It has even a dress slit!?
🐉: Perfectly normal
And at this point I think Ikki is starting to trust Shiryu maybe too much, while Shiryu is feeding his kinky side strategically 😭