Part 2/9
Again I bring part of these wonderful orders! This time with RadaKanon for @/Allie_Heartless (Via X)
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Part 2/9
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Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
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Part 1/9
Finally finished one of the many orders! And we're starting with a KanonSaga for @/songtuanh
I hope it turned out well, the next one.. RadaKanon!
I've never posted anything about my OCs so today I take the opportunity and also modify my profile a bit.
I present to you Erika, Jazelf and Azher (their boyfriends are in the back, ignore them)
Saint Seiya Easter event 2026
˗ˏˋ Day 2: TULIPS ´ˎ˗
I took my time, but here we are with an AU that came out of my imagination
Dragon Mu x Saga Human

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I was going to post it yesterday but I was busy with some things.. Anyway, a little gift to a wonderful person (a somewhat late gift but here it is)
Gift for @/cotybelux 💖
#sagamu #サガムウ #SaintSeiya #聖闘士星矢
#AriesMu #GeminiSaga
Caught
⟡ ݁₊ . 𝖕𝖆𝖎𝖗𝖎𝖓𝖌 ➜ Aries Mu x Gemini Saga SagaMu
—— ♡ 𝖙𝖆𝖌𝖘 ➜ saint seiya, love, gay, bl, heat, lemurian heat, mu has a rut, mating cycles, in rut, heat, mating, semi-public sex, frottage, fetish clothing, clothed, masturbation, provocative, buddhism, tibetan buddhism, references to buddhist religion & lore, vassel, bad buddhism representation, helping a friend, hot sex, anal sex, rough sex.
El calor le quemaba la carne, pero la misión debía continuar.
No debería estar haciendo eso, era incorrecto, estaba mal y aun así su mano no podía detenerse.
La euforia de ser atrapado le quemaba la sangre, se sentía levemente culpable, pero luego veía la tela enredada en sus dedos y la lujuria lo envenenaba nuevamente. Era algo errado, mientras más sentía el perfume de su piel entre los hilos, la sangre que manchaba ciertos sectores del lienzo blanco junto los pedazos que colgaban productos de la pelea. Era una fortuna que había logrado recuperar lo que quedaba de esta, fue patético tener que teletransportarse de aquí para allá hasta que logró encontrarla tendida en una rama de un abeto, la tomó entre tus garras como un animal salvaje y ahora estaba haciendo lo que tendría que proceder en una privacidad absoluta, pero esos ojos lo obligaban a seguir moviéndose.
¿Cómo había terminado así?
Oh, cierto, la misión.
Su labor era siempre requerida, las salidas eran cuestiones esporádicas; reuniones con el Patriarca, entrenamientos obligatorios, bajar a comprar víveres a Rodorio o los pocos paseos que se permitía luego de sus guardias. El resto de los días, su palidez era culpable de lo poco que saludaba a Apolo, encerrado en sus cuatro paredes donde el polvo y el martilleo bailaban en el aire indicando a cada santo que se dignaba a subir las doce casas que el guardián del primer templo estaba ocupado haciendo un trabajo que nadie más podía.
Mu lo sentía agradable, ser útil, luego de años de ver morir gente en su puente, que vengan santos desesperados por ayuda le hacían sonreír levemente, él estaba encantado de colaborar, no solo porque era su oficio, su más grande misión, sino porque con los años se dio cuenta que era más bondadoso de lo que creía y las sonrisas de satisfacción por su trabajo lo hacían sentirse un gran artesano. Sus compañeros de armas a veces se colaban en el taller, eran los únicos que no tocaban, en ocasiones venían con armaduras, otras con algo fresco entre los dedos para que comiera. El sudor le pegaba la ropa y el cabello, manchaba su rostro con los metales, una burla por aquí, unas vendas por allá, antes de una palmada en el hombro seguido de un “buen trabajo”.
Era agradable ya no estar solo.
Todavía entrenaba a Kiki, seguía siendo una prioridad, le enseñaba a reparar, a controlar su cosmos, las técnicas de Aries y a ser un hombre más que un caballero, no quería que salga igual de estúpido que algunos de sus compañeros, prefería saber que había sido buena persona antes que poderoso, aunque ese juicio no cumplía con él o sus propios gustos.
La única persona que no tendía a golpear su puerta no era otro que Saga, solo invitándose a pasar cuando realmente necesitaba algo de su parte, el resto del tiempo verle la cara era algo exclusivo de reuniones de la orden o leves encuentros esporádicos cruzándose en algún pasillo o entrenamiento, un leve asentamiento de cabezas y ambos seguían su camino. Si debía resumir su relación con Saga a una mera palabra sería cordial, no habían tenido demasiadas charlas, quizás solo las necesarias sobre trabajo y misiones concretas, la única ocasión donde sus palabras fluyeron a eventos del pasado fue cuando se encontraron saliendo tarde de un entrenamiento, quizás fue el ocaso o el compartir un poco de agua, pero las palabras de Géminis habían salido roncas, “lamento mucho lo del pasado” o algo así, una frase cargada de poesía y sufrimiento, algo que solo un erudito como Saga lograba expresar mientras miraba sus ojos y él, medio intimidado y medio sorprendido, solo le dijo que el pasado quedaba atrás y que sabía más que nadie que el peso de sus pecados lo guiarían a un mejor rumbo.
Un apretón suave en el hombro y dos sonrisas lastimosas antes de subir juntos las escalinatas y despedirse en Aries de forma casual.
Luego de ese encuentro siempre parecían mantener una distancia, aunque Saga lo hacía con todos. Al menos hasta que ambos fueron llamados por Shion a solas.
El dorado resplandecía bajo el sol de primavera, brilloso y ardiente, se habían encontrado en las escalinatas de Acuario, como quienes sabían de la tormenta, pero no su intensidad. Fueron en silencio hasta la sala del sumo sacerdote, Saga apoyó su peso en la puerta para hacerla ceder y se adentraron al recinto sagrado donde quién mandaba el Santuario también actuó de maestro para ambos. Las rodillas rasparon la alfombra de terciopelo rojo y se presentaron frente a la máxima autoridad para luego cruzar sus brazos detrás de su espalda.
—Estos últimos días he recibido informes poco favorables acerca de un hombre poderoso que ha estado creando discordia entre los pueblos montañosos de China —Explicó con firmeza mientras movía una de sus rejuvenecidas manos —Entre sus crímenes hay hurto de ganado, violencia hacia campesinos y… ha matado inocentes. Cada vez está empeorando su comportamiento y creemos que se deba a que está buscando un oponente.
—¿Oponente, su santidad? —Mu cuestionó con un rostro amargo sabiendo que había alguien molestando a su gente.
—Así parece, al parecer los que han muerto es porque quisieron enfrentarse a él, pero quedaba decepcionado, así que suponemos que busca un rival y todo lo que hace es para llamar la atención de uno.
—Suena a algo sumamente infantil.
—Lo es, pero no podemos permitir que siga asesinando a sangre fría buscando a alguien de su calibre.
—Sin ofender, su santidad —Saga habló interrumpiendo a discípulo y maestro —¿Qué hago yo aquí si Aries es un guerrero sumamente capaz y comprende el idioma?
Shion pareció sonreír un poco apenado —No lo dudo, Saga, pero Dohko, quien iba a mandar inicialmente, está preocupado por Shunrei y él… reforzó su protección.
—¿La acompañaba a hacer las compras? —Shion tuvo que tomar todos sus años de porte para no reír.
—Algo así, lo que me faltó decirles, es que la forma en la que se transporta es saltando entre dimensiones.
Ahora Saga comprendía porque el foco le había alumbrado.
—¿Lo han visto?
—Unos santos de plata, también hubo interrogatorios con los pueblerinos y varios afirmaron que este sujeto parecía abrir un vórtice espaciotemporal y saltar en él. Tal como tu otra dimensión.
Saga miró sus pies no por vergüenza sino pensando en cómo aquel tipo se movía, sonaba muy similar a como la técnica funcionaba a la suya propia, casi idéntica, crear un vórtice, aunque su cosmos lograba transportar a los usuarios velozmente a la distorsión, supuso que también Mu comprendería de estas cosas ante su basto conocimiento de teletransportación instantánea, lo que a él le costaba dos o tres segundos Mu lograba moverse tan veloz que ni siquiera la luz era capaz de alcanzarlo. Debía admitir que el primer guardián tenía un poder telequinético impresionante.
—¿Y yo? —Mu se adelantó a preguntar.
—Sabes el idioma, puedes seguirle el ritmo, pero posiblemente tengan que trabajar de a dos para alcanzarlo, parece ser un hombre escurridizo y posiblemente quiera enfrentar a Saga, con la fuerza nata que tiene.
Ambos asistieron, porque sí, posiblemente el hombre estaba buscando la atención de los santos y Saga era por lejos lo que todos llamaban “el hombre más poderoso de la orden”, que pique con la carnada perfecta era solo cuestión de tiempo.
—¿Alguna descripción?
—Todo se les dará en un informe mañana, además del dinero y las provisiones necesarias. Partirán el martes por la mañana.
—Sí, Papa.
Una reverencia. Un saludo y buenaventura. Ambos santos abandonaron la cámara zodiacal.
—Deberíamos armar un plan —Saga se adelantó a Mu —Cuando obtengamos los informes busquemos en el ateneo sobre posibles ejércitos que puedan estar haciendo esto.
Pero Mu, no tan sereno, solo logró asentir, la descripción lo había hecho pensar y Saga necesitaba lo que estaba en su cabeza.
—¿Tienes sospechas?
—Quizás, pero… esperemos a mañana.
El informe llegó en un sobre de papel madera, hojas y hojas llenas de veredictos, mapas e incluso explicaciones de lo que los santos vieron de la técnica de aquel hombre. Descubrieron también que su ropa rememoraba a India, su cabello era de un suave color melocotón e incluso más de uno había hecho alusión al similar físico que había con el santo de virgo. Saga se centró más en las técnicas mientras Mu, por su parte, estaba mucho más interesado en la etnia.
—¿Vas a hablar con Shaka? —Pudo oler el dejo a café y cigarros de los labios ajenos y asintió nuevamente —Infórmame de inmediato.
Bajó las escalinatas hacia Virgo, empujando las puertas para buscar en la inmensidad del templo un indicio de su guardián, pero no obtuvo resultado. Suaves pétalos se filtraron desde el jardín y él se acercó a este para observar a Shaka meditar bajo el firmamento celestial, su serenidad y su presencia lo hicieron sonreír, tomando una pequeña calada de su eternidad antes de sentarse frente a él, la misma posición de loto, solo que sus ojos sin sellar.
—¿A qué debo tu visita, Mu? —Podía diferenciar a cada santo sin su vista y eso le hizo sentir tranquilo, su alteración no parecía ser relevante para cambiar su ser.
—Me han asignado una misión y creo que hay dioses budistas relacionados. ¿Puedes ayudarme?
—Cuéntame tus dudas.
Le explicó la encomienda, cada detalle, cada pormenor. Sus dudas fueron diluidas mientras coincidían en palabras, pero aún faltaba una duda.
—¿Es él?
—Sin duda alguna. Nadie puede modificar el tiempo y el espacio si no es el que controla las Ganas.
—Así que…
—Gashena.
—Joder… pero él no haría algo así, matar inocentes, buscar pleito por ocio.
—No, pero sí hay alguien que corrompería por quebrar el presente.
Mu lo pensó seriamente por un minuto, hasta que algo en el rostro de Shaka mostró compasión, iluminando su mente —Mara.
—El mismo, Mu.
—Esto es un gran problema, creí que estábamos frente a una deidad, no ante dos.
—Tengo mis dudas sobre si realmente son dos o si Mara plantó discordia en el plato de Gashena.
—¿Dices qué solo está siendo controlado?
—Mara es un dios que tenta, lo intentó con Buda y fracasó, si logró perpetrar en Gashena, este debe estar sufriendo, rogando por ser liberado.
—No podemos matarlo.
—Pueden, pero el samsara lo controla Mara, me pregunto donde caerán si comenten un acto tan atroz —Su sosiego se pintó de escándalo humorista y Mu supo bien a lo que se refería.
—Podemos expulsarlo y sellarlo.
—Ve a pedir unos sellos, crearé algo para ustedes antes de que partan.
—Te lo agradezco, amigo mío.
Mu se levantó quitando el césped de su ropa, dirigiéndose a paso firme hacia la puerta, el eco resonó por todo el jardín. Shaka quedó en silencio perpetuo antes de abrir levemente los ojos y suspirar agotado.
—Espero que no te consuma a ti, Mu.
Regresó con información fresca y una clase de budismo bajo el brazo, tener que explicarle conceptos fue curioso cuanto menos, pero un hombre nunca podía ser perfecto. Le dijo sobre el dios con cabeza de elefante y su relación con el espacio-tiempo, también con el demonio que dominaba su espíritu, como esa corrupción lo obligaba a cometer tales actos y posiblemente tendrían que sellarlo.
—Shaka también dijo que habría que sellarlo.
—Veremos. Si debo matarlo, lo haré.
Fue por los sellos y Shaka le regaló unas payal, al parecer así lograría contener parte de esa energía. Mu las tiró a su bolsa junto a los sellos antes que partieran rumbo a los límites de Grecia. Fueron varias horas cruzando el país, la vista del mar y riscos se repitió hasta que Mu logró obtener un buen punto para teletransportarlos lejos de Europa directo a China, de ahí un carruaje lo estaban esperando y no llegaron a una de las villas hasta entrado el anochecer, donde una taberna sería su pequeño techo por lo que durara la misión.
—Hace años no viajo así.
—Hubiera tomado el doble de tiempo sin teletransportarnos —Dejó todo sobre la cama y quitó su bufanda sintiendo el calor agradable de la habitación —Espero que te guste la comida.
—He probado algunas cosas, no saben mal. Aunque no tienen buen vino.
—No es fácil cultivar uva en las montañas.
Prefirieron comer y Mu preguntó a varios acerca del escurridizo asesino que atormentaba el lugar. Su dominio en el idioma, la apariencia tibetana y la amabilidad y preocupación de su voz le brindó buenas charlas, Saga se quedó en una esquina fumando cerca de la chimenea, ojos fijos en las estrellas, Mu sintió el sudor bajarle por el cuello observándolo, se veía bien cuando tenía esos fuertes brazos cruzados y el rostro serio, cualquier podía decir que era extranjero, la piel canela y los labios gruesos, más de uno le debía haber puesto el ojo, pero Géminis era estoico en sus misiones y solo lo miraba a él, haciendo que el calor de su cuerpo empeore.
—¿Y bien?
—Dijeron que lo vieron la última vez a un pueblo seis kilómetros de aquí, podemos ir por la mañana.
—No, será mejor si vamos sin civiles, lo atraeré.
—¿Estás seguro?
—Hagamos esto rápido, no quiero que mate más civiles.
Decisión rápida, se fueron a la habitación, colocaron sus armaduras y Saga vistió su capa, no lo cuestionó, se veía bien así y no era tan tonto para desperdiciar la vista. Ambos fueron a aquel pueblo minero en un momento, Mu se quitó el sudor del rostro con el brazo, Saga caminó directo a un claro. Lo vio estirar un brazo al cielo y una ráfaga de cosmos iluminó las estrellas, se quedó mudo un momento, el aullido del viento antes que una pequeña chispa abriera un portal y un cuerpo emergiera de entre su luz, un joven de cabellos melocotón salió con ropas tradicionales hindú y en su rostro pacífico pudieron notar ojos llenos de hambre.
—Saga de Géminis, te estaba esperando—El hombre habló en árabe, Mu logró captar algunas palabras.
El griego por su parte no le agradaban las charlas cortas e innecesarias —¿Es él?
—Así parece.
—Bien. Asísteme si me ves en problemas.
¿Alguna vez lo había visto en problemas en una pelea?
Prefirió mantenerse distancia, apoyándose contra el tronco de un árbol mientras veía al otro muchacho charlar, atento a cuando Saga quisiera rematar a aquel asesino, porque incluso con esa cara de ángel podía ver como parecía eufórico de encontrarse con el griego, y no era para más, si Saga sostenía el título de santo más poderoso con orgullo. La batalla comenzó feroz, Saga realmente no estaba para escuchar chácharas y lanzó el primer ataque, precavido, tanteando terreno mientras veía al hindú moverse rápido entre dimensiones antes de seguirle el paso. Mu se mantuvo cerca, viéndolos luchar, el choque intenso de cosmos a la velocidad de la luz, Saga pareció mantenerlo a raya un buen rato, al menos antes de ver como Saga recibía un golpe en la mandíbula, haciéndole escupir un poco de sangre, aun así, aprovecho el momento y lo tomó al joven de uno de los brazos antes de aplastarlo contra el piso, rompiéndole la extremidad de paso.
Mu se alertó al instante, viendo a Saga amenazarlo con quedarse quieto, la sangre le empapaba labios y barbilla, le hizo detenerse casi un instante para apreciar esa imagen. Saga rugió algo y él selló al muchacho, poniendo el nombre de Athena en su frente y los cascabeles en sus tobillos. El chico quedó inmóvil al instante y pareció desmallarse poco después. Ambos santos quedaron agotados, sentándose en una roca mientras Saga limpiaba su rostro de los rastros de sangre fresca. El lemuriano aprovechó a teletransportar al muchacho al pueblo, seguro se apiadarían de él. Saga tiró su capa ensangrentada a un lado y Mu, cubierto de sudor, la miró fijo un momento, viéndola volar y engancharse entre ramas.
—Hay que volver.
—Deberíamos revisar un poco más la zona…
—Mu, no hay nada.
—Ve tu. Yo me encargo.
Parecieron compartir un segundo, el mayor asintió desempolvando su armadura para luego irse de vuelta al pueblo.
En el instante que quedó solo sintió a la bestia desatarse.
De pronto el calor era demasiado incluso para las noches frías en las montañas, su cuerpo hervía como braza en la piel, empezando a buscar con desespero aquello que lograría salvarlo. Lo encontró tendido en una rama lejana, enredado entre hilos viendo como la sangre y sudor de Saga se encontraba impregnado en toda la superficie. La llevó a su nariz, dándole una esnifada impropia, llenando sus sentidos del Santo de Géminis antes de gemir. La ropa le sobró en ese instante, dejando la armadura a un lado se desprendió de sus pantalones, empezando a gozar de la inmundicia del telar mientras se tocaba sin control.
Murmuraba el nombre de su compañero en un tono vigoroso, urgido de tanto que la única solución era esto. Se montón sobre la capa empezando a mover las caderas, ojos espesos que no enfocaban esa realidad, el sudor empezando a empapar su cuerpo, pegando el cabello morado claro a su espalda mientras sus cejas se unían en el centro, la insaciable sensación de lo prohibido.
Un par de ojos verdes lo observaban a meros metros, su brillo le recordaron a las luciérnagas, si no fuera por ese cabello azuloso seguro se hubiera asustado. En cambio, pareció entrar en trance, moviéndose más, llamándolo más fuerte, espantado a las aves que descansaban en sus nidos mientras lo invitaba a entrar en esa danza.
Géminis avanzó con cuidado, no queriendo espantarlo, cuando estuvo a metros de él se apoyó contra un abeto, concentrado, manchado en sangre, desprendía un aroma a guerra que se le hizo exquisito, su boca salivando.
—Continúa.
Su voz ronca fue un comando claro y él, con la euforia a flor de piel, obedeció a su compañero.
Mu contaba con un cutis diáfano, particular para un guerrero, sus manos eran delgadas mas no delicadas, los años de reparación habían afectado desde la punta de sus dedos hasta sus muñecas, levemente ásperas y callosas, Saga debía admitir que le gustaban, quizás el trabajo duro reflejado en ellas o simplemente porque venían enganchadas a su portador.
La imagen frente a él intoxicaba al griego de los pies a la cabeza, debía admitir que cada aleteo de pestañas le llamaba y como Mu, en completo irraciocinio, buscaba lo que tanto anhelaba en aquel pedazo de tela sucio y polvoroso.
—Saga…
Clamó por él, tal como los desamparados buscaban ayuda divina, él escuchó, sentándose en el césped aun con sangre seca pegada en la cara, se acercó a él a gatas, partiendo flores que mancharon sus rodillas y la brisa lo hizo chocar contra su cuerpo. Irradiaba un calor tan intenso que ni el fuego de Hefesto era capaz de igualar, se puso detrás de él, apreciando la diferencia física, inspiró de su cabello el aroma silvestre de la batalla y bebió un poco de su sudor que se acumulaba en su nuca. Lo dejó juguetear un poco más con la capa, frotándose contra la tela en un intento desesperado de obtener fricción y liberación.
Saga lo tomó de la cadera desnuda, sus dedos fijos en aquel hueso, le hizo una caricia mansa antes de sentir a Mu chocar con él, el contacto volviéndolo feroz. En un movimiento rápido lo clavó al piso, fijo contra el trapo arruinado, viéndolo gotear y renegar ante su propio calor. Sus dedos se deslizaron por la humedad de la punta, tomando las gotas para humedecer su propia dureza, Mu cantó indecoroso, igual que un animal sucio y encantado, lo tocó de arriba a abajo hasta que lo vio culminar, ensuciando su mano antes de que Saga exhalara una risa altanera.
—¿Ya? Me gustas cuando duras.
—Más…
—Claro que quieres más, ni siquiera te he coronado.
Subiendo desde el perineo perpetró aquel orificio que imploraba fusión. Fue rápido con sus dígitos, uno a uno hasta que tres estaba explorando profundo la zona conocida, le mordió sobre el hombro mientras se liberaba de los pantalones y se regocijó entre sus nalgas tentándolo a rogar por más. Tomó a Mu desde atrás, imponiéndose a él, su carne suave lo recibió en una tibieza impura, necesitada, que se mezcló con su sollozar nato al saldar una necesidad.
—Si, si…
Se hizo de barro en un instante, dúctil y tembloroso, Saga lo deformó con su compás impasible, una lanza que cuarteaba desde adentro y lo hacía hipar.
Cuando el fuego abrazaba, el crispar de las llamas tenían otro sentido.
Aró la tierra de sus brazos, creando surcos donde planta indecorosas semillas de fervor a la luz del cosmos infinito. Mu gimió bajo contra su oído, un susurro anunciando lo que se avecinaba. Las palabras sobraban en ese instante, Saga se aseguró de desprender cada hilo de cordura de sus propias cabezas y pasar a un estado animalístico en su lugar. El brillo de las llamas danzaba sobre su carne de porcelana y él estaba dispuesto a destrozarla, decorarla.
Le tomó del cabello, montándolo como a un potro, domando su cuerpo y cogiéndolo hasta que el fuego escupió nuevamente sobre el telar. Él quemó su refugio hasta dejarlo en cenizas, escurriendo entre esos muslos maltratados antes de tomarlo de la nuca y obligarlo a montarlo. Ninguno estaba pensando, no cuando estaban tan intoxicados en ese momento del otro, Mu buscando una liberación y Saga reclamando su pescuezo. La luna los vio volverse inhumanos y las estrellas susurraron su acto atroz y, aun así, ninguno pensaba detenerse hasta que el sol los bañara.
Mu despertó entrada la tarde, el hambre le picó el estómago y la garganta le parecía arena. Notó la brisa de la pradera y el rocío ya seco del pastizal, pero ni un ápice del paradero de su amante. Quiso levantarse, pero las caderas le fallaron, tal como un animal recién nacido, se sintió desorientado y asustado, al menos hasta que notó la capa sobre sus hombros, con manchas nuevas en su lienzo. Las memorias de la madrugada le hicieron abrir los ojos antes de que el frío del metal se presione sobre su cuello, sacando dientes y garras ante el intruso.
Saga lo observó con ceja levantada, la cantimplora en su mano llena de agua, se veía refrescado, seguro había encontrado un río.
—Bebe.
No pudo desobedecer con la garganta así, lubricó su lengua antes de ver como el otro le ofrecía comida, frutas y pan, como un ave herida que había roto su ala.
—Yo-
—No tienes nada que explicar.
Aun así, sus ojos lograron sentir quemazón.
—Bien.
—Andando. Ya vamos atrasados.
Claro, tenían que informar la misión. Hizo uso del hombro ajeno mientras se enderezaba en su lugar. Sacudiendo su ropa y tomando la armadura. Mu se acercó a Saga y besó su mejilla en agradecimiento.
—Mantengamos esto fuera del informe.
—Solo si me invitas al próximo.
Mu rodó los ojos y le golpeó el pecho empezando a caminar. Saga le mostró sus labios tirando lo que quedaba de capa sobre el hombro, con la esperanza en los ojos de otra misión similar.
AO3 Link.
Feliz cumpleaños a mi marido de fandom, @arescatastrophe
Bumper
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La noche que su auto decide pararse Saga no esperaba que su mecánico fuera una nueva cara bonita.
Sus dedos tamborilantes iban de izquierda a derecha sobre el teclado de su portátil, contestando uno de la gran pila de mails que tenía pendientes. Apretó el enter luego de un saludo cordial mandando las planillas de Excel sobre el registro de aranceles del último mes al jefe de logística. Saga tiró la cabeza hacia atrás, quitándose las gafas de pasta gruesa negra para tomar el puente de su nariz y respirar angustiado. Miró la hora en su reloj, marcando pasada las ocho, debió haber terminado su turno dos horas atrás y su secretario ya se había ido para pedirle que le encargue algo de cenar por lo que dando terminado ese día tomó sus cosas mientras las guardaba en su maletín papeles y su computador, salió del edificio soltando su corbata, no sin antes saludar al chico de seguridad que era del turno nocturno y salir directo al estacionamiento, con sus llaves apuntó a su auto, su pequeño y hermoso bebé, un BMW M4 color azul cobalto, a juego con su cabello, recién sacado del lavadero por lo que bajo las luces nocturnas que iluminaban el solado este brillaba, sus vidrios polarizados rozando lo ilegal para que nadie lo moleste o se acerque a preguntarle nada y la bella carrocería que reflejaba como un espejo. Su autoregalo de los treinta cuando se convirtió en el jefe de inversiones de la fundación Graad.
Las luces parpadearon cuando se abrió y Saga tiró su maletín al asiento de acompañante mientras él se acomodaba tornándose el cuello y abrochando el cinturón de seguridad. La gran pantalla de la tableta se iluminó y aprovechó a poner la radio un rato y enterarse de todo lo que se perdió luego de estar doce horas encerrado en una oficina.
Tomó la principal hacia la zona residencial, sí, tener dinero le había comprado un buen departamento, aun así, no le parecía algo loco, vivir cerca del trabajo, pero lo suficientemente alto para no tener que escuchar ruidos molestos del tránsito. Podía ver el amanecer desde la ventana de la sala o las luces nocturnas de la ciudad, sea como sea le gustaba.
Se detuvo en un semáforo viendo su teléfono, correos indeseados, trabajo, unos mensajes de Kanon y sus vacaciones por Liverpool. Sintió el ronroneo suave del motor volverse algo ronco, casi un mal rugido para que a mitad de la calle quede completamente varado.
Al apagarse el aire acondicionado notó inmediatamente el calor intenso que estaba desprendiendo y salió de golpe observándolo hervir como un volcán a punto de estallar. Rápidamente tuvo que llamar a la grúa, un tipo enorme con acento extranjero se apiadó de él y lo ayudó a empujar hasta la banquina y se puso a llamar a la grúa. Los hijos de perra se tardaron una barbaridad, tanto que casi le salen canas, pero remolcaron su auto mientras él, con el teléfono en el oído, seguía pitando a su mecánico.
—Vamos Shion, contesta, mierda.
Pero al llegar al taller solo se encontró con las luces prendidas y un cuerpo reparando un audi antiguo. Se acercó lento, golpeando contra el portón para llamar la atención del hombre debajo del carro.
—Shion, te estuve llamando. Se me jodió el coche, se paró en mitad de la calle y…
Observó al mecánico empujarse para salir y quedó algo confundido cuando en vez de ver a aquel hombre alto de cabellos limas alborotados se encontró con la esbeltez de un cuerpo más delgado, brazos fuertes y un largo cabello lila amarrado en un chongo suelto, su rostro tenía un poco de suciedad y por lo pálido que estaba notaba ojeras de varios días bajo corrector barato. Se veía cansado.
—¿Buscas a mi padre?
¿Padre? Jamás supo que Shion tuvo hijos.
—Disculpa, sé que es tarde, pero realmente necesito que me revise el auto.
—No está —Saga sintió que se le bajó la presión —Se fue a China por el cumpleaños de una sobrina, yo estoy cubriendo el taller hasta que regrese. Si quieres le doy un vistazo mañana.
Mierda.
Shion no estaba en el país y no iba a dejar que un crío que seguro le llevaba como diez años de edad menos se pusiera a curiosear en un auto de gama alta.
—Escucha, si no quieres el trabajo, puedes irte y…
—¿Eres su hijo?
—Al menos hasta la última vez que chequee, sí.
—Entonces él te enseñó todo.
—¿Confiaras en mi o no? Sino ve llamando la grúa.
Hubo otro silencio, esa frase tenían tintes de su padre, de no querer perder el tiempo sin importar la máquina que tuviera en frente. Esperar por Shion sería lo lógico, pero esas mejillas sucias y tono altanero le hicieron sentir algo revitalizado; hace rato nadie lo quería poner en su lugar.
—Bien, revísalo.
El muchacho dejó sus herramientas a un lado para que ambos empujaran el auto dentro del taller. Amarró su cabello y limpió la grasa de sus manos antes de acercarse a abrir el motor y verlo con una sonrisa.
—Me llamo Mu, de paso, no solo "el hijo de Shion".
El mayor silbó antes morderse dentro de la mejilla —Saga, tu padre… fue mecánico del mío y también me ayuda con mis autos.
—Suena a él —Levantó los hombros —¿Dijiste mucho calor en el motor, verdad?
—Sí.
—Bueno, vamos a ver, espero que no sea lo que estoy pensando.
El muchacho se puso frente al capó para abrirlo, el vapor acumulado dentro de las chapas llenó el taller en un momento y fue a por agua para dejarlo enfriar, desde arriba podía ver problemas y tomó con cuidado el destornillador entre los guantes para abrir los cilindros. Quitó uno a uno cada tuerca y tornillo para luego ver dentro una mezcla espumosa color vainilla, Mu hizo una mueca y Saga, estirando el cuello, levantó una ceja.
—¿Qué tiene?
—Mayonesa —Tomó la mezcla con la punta del destornillador antes de reír.
—¿Disculpa?
—Se te sopló la junta —Dijo —El agua y el aceite del motor se mezclaron, eso no permitió que el motor regule temperatura y por eso se paró.
—¿Y esto… tiene arreglo?
—Debo ver el interior del motor, ver que nada se haya fundido, si tuviste suerte, es mandar a rectificar una cosa y luego tengo que hacer un trabajo de artesano, eso es lo difícil y lento.
—¿Si no?
—Adiós motor. Y de un BMW así… imagino que ganas bien, pero saldrá una buena moneda.
Saga pasó de preocupado a disgustado en un momento, no, si se le fundía el motor prefería vender el auto en autopartes y comprarse otro. Tenía este bebé desde hace ya unos años, le había tomado cariño, ni un rasguño, solo las visitas normales al mecánico para cambios de aceite, ruedas y limpieza, ¿cómo se le había pasado lo del motor? Suspiró molesto, Mu seguía revisando todo, no muy inclinado porque el coche aún seguía caliente, pero parecía querer asegurarse que no hubiera pasado a mayores.
—¿Y esto cuántos días puede tomar?
—Unos tres si tienes suerte que BMW me conteste por el rectificado, pero tengo que sacar muchas cosas, limpiar, enviar y luego volver a ensamblar todo a la perfección.
—Shion seguro…
—Sé hacerlo —Se quitó los guantes mientras buscaba sobre una mesa una carpeta —La cuota por todo el servicio sería unos mil doscientos euros, más la rectificación y toda la limpieza, te lo dejo a dos mil.
—¿Y el coche funciona como nuevo?
—Claro, como lo venías usando —Mu se apoyó de cadera contra la madera y sonrió —Si no te convence el precio o mi trabajo puedes preguntar por otro lugar, no voy a armarte un escándalo.
Saga pareció pensarlo, era dinero, pero no algo que no tuviera —, haz el arreglo, no puedo andar sin coche. Te transfiero por la mañana.
—Entonces tenemos un trato.
Le acercó la mano limpia que le quedaba y se dieron un apretón. Saga miró demás esos ojos verdes cansados y los dientes alineados, había algo atractivo que no se atrevió a pronunciar y prefirió irse en un taxi a casa a dormir.
Ir al trabajo en trasporte público fue una mala decisión luego de años de ir en su coche. Venían llenos, el horario era horrible, tardaban mil años en llegar a distendido y la gente venían con muy pocas pulgar desde tan temprano. Afortunadamente pasó por café y le comentó a Aiolos lo que pasó con su auto mientras se le reía en la cara.
—¿Así de la nada?
—Sí, venía conduciendo y adiós.
—Joder, yo también estaría enojado —Aiolos posiblemente se enojaría por solo un rayón —¿Y el mecánico?
—Dos grandes —El rostro de su compañero se deformó totalmente —No es el habitual encima. Es su hijo.
—¡Encima!
—Pero parece darse maña —Además era bonito, pero eso lo pensó.
—¿Y cuándo te llama?
Saga se quedó estático al darse cuenta de que habían olvidado ese detalle, él por la conmoción y Mu por el cansancio.
—Eres un inútil, ¿Le llevaste el auto a mitad de la noche y ni siquiera le diste tu número?
—Cállate.
—Ve, llévale el número y un café hombre, te lo va a agradecer.
No dudó en hacer lo dicho, prefirió salir un rato antes del trabajo y todo, podía hacer las cosas en casa luego. Pasó por un café comprando dos vasos del negro, uno bueno, cremoso y amargo, además de un pequeño dulce, esperaba que no le saliera con un viernes trece por cuestiones de dieta o religión.
Se acercó al taller a la hora dorada, podía ver el filtro amarillento filtrándose entre las hojas mientras oía el ruido constante de metal chocando, tornillos y sopletes haciendo un buen ritmo. Golpeó dos veces el portón y el muchacho parecía no esperar visitas porque casi se le caen las herramientas de la mano antes de verlo, incluso más desaliñado y sucio que ayer.
—Perdón —Sonrió antes de verlo suspirar al reconocer el rostro.
—Creo a verte avisado que iba a tardar tres días.
—Sin mi número lo veo complicado.
Notó como el rostro ajeno se arrugó. Oh, claro. Luego le empujó el café contra los nudillos y le entregó la dona con chocolate que había encargado.
—Por los problemas, realmente me estas salvando la vida.
—Vamos hombre, es mi trabajo —Sorbió un trago para luego masticar la dona, manchando su comisura —Hace años no como donas.
Saga le pasó el pulgar por los labios antes de llevarlo a su boca —Bueno, disfrútalo.
Se quedaron charlando un poco, el trabajo, el clima e incluso sobre Shion. El griego se quedó con los ojos fijos en esos labios, en los antebrazos fuertes, la cadera estrecha, mientras Mu disfrutó del timbre de su voz, ronco, profundo, el rostro esculpido con cincel y las manos grandes, no decoradas con ningún anillo. Saga salió un momento a fumar debajo de un árbol, observando a Mu trabajar. El muchacho tenía buen cuerpo, debía admitir, le había puesto el ojo desde que pasó al taller ya que tenía todo lo que le ponía; más bajo que el, bonita figura, aunque fuera delgado tenía brazos tonificados y muslos gruesos, un rostro de ensueño y labios finos que quería devorar. Mu se inclinó sobre el auto un momento, limpiando la parte más profunda, dejando que la carne de sus glúteos se tense y deje su culo elevado, carnosos y firme, sus manos picaron por querer darle un azote antes de quitar esos jeans sueltos y ponerlo a…
—Tienes suerte —De pronto el mecánico estaba frente a él, el rostro con algo de grasa negra manchando una de sus mejillas —No está fundido, así que será más fácil las cosas.
—Genial.
—Pediré el ajuste, no creo que tarden más de un día y luego haré el arreglo.
—Perfecto.
Mu rio antes sus respuestas —¿Dirás algo más?
—¿Quieres ir a cenar?
Nuevamente se vio congelado antes de ladear la cabeza y asentir lento. —¿Esta noche?
—A las ocho. Te vendré a buscar.
Saga se marchó, dejando el vaso de café vacío sobre una mesa y con el sabor de boca más dulce que jamás pensó tener. Mu tuvo que morderse el labio para no suspirar, era patético, pero se permitía serlo cuando el hombre medía más que él y parecía que podía dejarlo en su lugar, se apresuró a terminar el trabajo, su mente maquinando.
La cena fue discreta, un restaurante bonito, pidieron carne y papas, pasaron del vino, mañana tenían que seguir trabajando. Aun así, la charla se volvió personal, sus trabajos, sus familias, sus pasatiempos. Descubrió que Mu había nacido en Tíbet y que la mayoría de su familia nació en China, que Saga tenía un gemelo idéntico y no le creyó hasta que mostró una foto de su último evento familiar. Se rieron de chistes absurdos, de sueños lejanos, pasaron un momento en su jardín del Edén mientras el cielo se pintaba de negro, las nubes amenazaron con llorar y fue el momento indicado para que Saga tomara las llaves del auto de su hermano y se fueran antes de que la vida los bañara.
Llegaron con suaves gotas golpeando el pavimento, con las luces fuertes y el corazón abombado, Saga iba a despedirse con un abrazo, pero el menor tenía mejores planes.
Mu se inclinó hacia él presionando sus labios juntos, fue un beso suave y casto, lento, saboreando entre ellos el vino de más temprano. Saga quitó la mano de su saco y lo presionó contra la puerta, buscando un poco más de contacto antes de escuchar un delivery rápido detrás de ellos.
—Entra, es tarde.
—¿No quieres pasar? —El tono comprometido qué obtuvo le hizo querer tirar esa puerta abajo, en cambio decidió negar.
—Tengo trabajo, tú también, aunque el fin de semana…
—Mañana tengo el coche —Se apresuró a decir —Ven a buscarlo, a las seis.
—Está bien. Te veo aquí.
Otro más, un poco más hambriento, tronaron sus lengua y Mu le regaló un suspiro que le hizo perder control, aun así, se despidieron, Mu agitando la mano desde la puerta y él subiéndose al coche prestado directo al departamento. No pudo pasar la noche de otra forma, tocándose entre las sábanas mientras la imagen de esa cena y el sabor de los besos le hicieron ver puntos blancos en sus ojos.
La mañana siguiente se sentía liviano, jocoso. Hizo las tareas con una habilidad nata, incluso terminó antes de tiempo, prefirió irse temprano luego de meses de jornadas extensas, pasó por la cafetería que estaba cruzando la calle, pidiendo un café y un té negro, un nuevo detalle aprendido, para luego ir finalmente a ese taller que lo contuvo estos últimos días, quién diría que iban a ser días divertidos luego de la tragedia.
Se coló al taller sintiendo un silencio peculiar, de esos que no deberían ocurrido en esos lugares, no era una biblioteca. Hasta que un rechinido de cera le llamó la atención, rodeó el auto antes de encontrarlo. Observó a Mu limpiando los faros del auto, sacándole brillo a estés antes de que Saga silbara ante de que el menor se levante lento.
—Hola.
—Se ve nuevo —Apuntó con el mentón al auto.
—Claro, es mi trabajo.
Saga se rio acercándose a paso lento, tomó a Mu de la cintura y besó sus labios en agradecimiento —Eres el mejor.
—¿Y mi propina?
—Cóbrate.
No dudó en tomarlo del cuello de la camisa, comiendo su boca con un fervor único. Saga lo chocó contra el capó, un ruido secó resonó en las paredes sucias del taller. Mu suspiró en su boca como un ángel, dando su bendición a la par que se sentaba encima de la chapa oscura y partía las piernas para darle más acceso.
La ropa sobró rápido, primero la camisa, luego el pantalón, Mu se aseguró de tocar el cuerpo marcado, quitándole el bóxer con lentitud y deseo, hizo lo mismo para el empresario, mostrándole su cuerpo mientras se acostaba hasta que su nuca sintió el frío del vidrio y los limpiacristales a sus costados. Saga apreció la vista, primero porque tenía un amante sobre su coche impoluto, segundo porque la imagen candente estaba increíble. Sus dedos presionando contra un muslo, exigiendo ver más, Mu separó los muslos, dándole la buena vista, revestido en hebras moradas y la carne tersa, Saga relamió sus labios antes de agacharse a tomarlo desde la punta y engullirlo.
Mu suspiró mientras una mano se enredaba a su cabello índigo, le dio un torniquete con la lengua mientras manchaba sus rodillas con viruta y grasa, inhaló el aroma del almizcle, jabón y sudor, mientras bombeaba su cabeza en busca de su canto. Saboreó cada gota del amargo néctar que lograba obtener, salivando su largo mientras se tomaba de la bragadura e iba de arriba abajo sobre su propia fisonomía.
Mu apoyó ambos pies en sus hombros, buscando más contacto, llegar al fondo de su garganta. Lo ahogó un par de veces antes de que Saga lo liberara, hilos de saliva en esos labios gruesos que bajó a besar, masturbándolo de paso, haciendo al empresario perder la razón.
Lo arrastró de los talones, dejándolo con los pies sobre las luces mientras escupía sobre sus dedos, tal como grasa para bujes, embadurnó sus dedos antes de presionar en aquel punto que lo haría gritar como una bocina. Mu se aferró a uno de sus hombros mientras gemía empañando los cristales. Fue un trabajo apurado, tres dedos trabajaron como pistones para dejarlo suelto y agradable, el mecánico se dejó llevar por la sensación antes de que lo tuviera pidiendo que deje de ser tan suave, Saga sonrió, iba a tomar a un condón de su billetera, pero los ojos molestos ajenos le regalaron lo que más quiso escuchar.
—Si vas a darme propina, que sea bien.
¿Quién era él para negarse a sus deseos?
Le tomó de la mandíbula a Mu, obligándolo a escupir sobre su palma para lubricarse y entrar con un ritmo constante, hasta chocar sus rodillas contra la parrilla del auto, la chapa crujió bajo sus cuerpos, el sudor se deslizaba por el azul profundo, mojando luces y pegando su flequillo a su rostro. Aquel rostro sonrojado le quemó desde las entrañas y empezó un ritmo rudo contra sus glúteos. Se abrió paso entre sus piernas con benevolencia, empujando contra él y mientras acunaba sus nalgas y brindaba un espectáculo.
Se sentía como metal caliente, derritiéndose y rugiendo desde el pecho, el ritmo era de carrera, veloz, duro, directo. Acrecentó marcha, ataviando al de cabello lilas de besos y caricias adustas. Alborotados en busca de un mismo objetivo, Saga se impuso sobre él para reclamar sus labios anhelantes, el cabello añil se fundió con el liliáceo mientras el cadencioso baile de choque no paraba. Cinceló sus costados, dejando huella en el hueso de la cadera que parecía querer desviarse a cada impacto, devastando y dilatando su cuerpo hasta que el taller se convirtió en una ópera fogosa.
El vientre de Mu era un monte hermoso, lleno de vida y pastizal, su propia fisonomía humedecía la zona y la dermis estaba teñida de rubor gracias a la fricción. Labios mojados y el orificio totalmente punzante, tragándolo entero.
El cosquilleo conocido los golpeó a ambos, rudo, regio y con aroma a aceite de motor. Sostuvo las mejillas del menor entre sus dedos, la trémula de un cenit inminente pintándose en sus ojos rotos, lo vio pedirle liberación y él era un buen servidor, enajenó sobre ambos, enroscando la mano que aun contaba con su reloj, presionando contra un muslo mientras lo ensartaba. Mu por un segundo vio negro antes de colapsar en su propio estómago. Saga lo siguió, la culminación lo partió como un rayo, dejando que su propio simiente manchara cada pulgada de la carne caliente, pulsando y gimiendo hasta que la mudez inundó el espacio.
Saga se retiró lento, viendo a Mu tendido sobre su auto, completamente arruinado. Sonrió golpeándole dos veces un muslo antes de besar su mejilla con dulzura, ayudándolo a levantar.
—Perdona, hice un desastre…
—No me pidas perdón luego de esto —Lo tomó de la cadera antes de levantarlo con un brazo, el otro ya estaba lleno de ropa —¿Baño?
—Arriba…
Se limpiaron rápido, el menor le indicó el dormitorio, luego de casi media hora contra el metal quería un poco de suavidad. Mu se acercó a la computadora un momento, abriendo las cámaras antes de recortar desde que se besaron hasta la parte que ingresaban a la casa. Saga rio acostándose en la cama, solo en bóxer mientras se daba el lujo de prender el aire acondicionado.
—¿Y la porno cuánto me la cobras?
—Creí que era mi propina —Mu se acercó y besó sus labios nuevamente, más calmado que antes —Te la paso luego.
—¿No crees qué te juegue en contra?
—Te puedo sacar más dinero a ti que tú a mí.
—Listo —Saga achicó los ojos —Aunque eres demasiado astuto y bueno con las manos.
—¿Seguimos hablando de autos?
Ambos se echaron a reír, besos suaves en los labios mientras Saga le quitaba a Mu la ropa que sobraba, una segunda ronda no sonaba mal, menos con el auto reparado y ellos yendo a buen puerto.
AO3 link.
SAINT SEIYA: SPRING TIDINGS 2026
Welcome to our first spring event! As we head into the new season, we’re doing a week-long event starting from 5th April to celebrate the season itself. There are seven sfw prompts for the event, it’s open to anyone who wants to join and we’re using the tag #springsts2026 for the event!
Rules & Guidelines:
This is no sign-up, you can participate as much as you want. As long as you post the fanwork through 5th April to 11th April, it’ll count as participation.
This event is here to promote creativity, fun, and allow everyone to express themselves through their favourite characters. Use of GenAI or the spreading of negativity and/or discourse is not allowed.
You can interpret the prompts in any way you want, whether you use them as inspiration or general fit.
Each fanwork should be new and sfw. Otherwise, there’s no limit to how you can participate. Any type of fanworks are accepted, as long as it follows the rules above.
Feel free to send asks if you have any questions.
Prompt list in text under the cut:
Day 1 [5th April]: Easter Eggs
Day 2 [6th April]: Tulips
Day 3 [7th April]: Bunnies
Day 4 [8th April]: Spring Showers
Day 5 [9th April]: Picnic
Day 6 [10th April]: Cherry Blossom
Day 7 [11th April]: Favourite Aries
Part 2/?? From Au Psychologist x Patient
"The first time I saw you, you were completely alone, mistreated, and with too much fear in your eyes, I couldn't help but hug you. You needed it after all.." — Aries Mu

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Skirmish
⟡ ݁₊ . 𝖕𝖆𝖎𝖗𝖎𝖓𝖌 ➜ Aries Mu x Gemini Saga SagaMu
—— ♡ 𝖙𝖆𝖌𝖘 ➜ saint seiya, love, gay, bl,
Fight Sex, fight, battle, porn battle, blood and injury, blood and violence, dirty sex, Semi-Public Sex, rude sex, Dry Sex, Showtime, Cloths on, Amphitheater Sex, dust , Rough Sex, Rough Kissing, Two euphoric gold saints.
La furia de Ares se mezcla con el fuego de Hefesto, pero solo hay un ganador.
Le revienta la cabeza contra el piso, la sangre empieza a brotar como la lluvia. La euforia de los gritos se hizo presente en la arena, el sol arremetía caliente sobre su piel, empapando la armadura de sudor que ya se mezclaba con la tierra que se había levantado en el fervor de la batalla, aunque bueno, Saga estaba dando más un espectáculo a los presentes ya que si se trataban de heridas sobre él escaseaban.
Se llevaron al pobre hombre que con fortuna divina aún estaba vivo, dos muchachos le trajeron agua y una toalla para que se quite la mugre de la carne, se refrescó lo suficiente, quitándose el casco que le estaban obligando a usar, "armadura completa, es un evento" había dicho Shion, las ganas de atravesarle el pecho de nuevo le picaron las manos, en cambio solo asintió. El abrasador calor le hizo darle el casco a uno de los erómenos que lo veían con cierta admiración, sus dedos tocaron el metal, observando los pliegues que formaban los rostros destinados de Géminis, cuando el muchacho quiso rozar los dedos sobre los labios sonrientes un brillo envolvió la pieza de armadura, desapareciendo de su agarre.
Saga sonrió mientras bebía agua, lo había sentido entre las gradas pensando que solo venía a observar, pero el ruido rugoso de sus botas lo hicieron sentirse halagado.
—¿No tienes trabajo? —Lo molestó viendo hacia su dirección, a comparación de él, se veía impecable.
—La gente se aburre de tu mal teatro —Comentó indiferente, sacudiendo el casco entre sus brazos —Creí que necesitabas un mejor compañero.
—Viniste a qué te golpee por voluntad, que encantador.
Ambos muchachos se quedaron atónitos cuando el santo de oro más ermitaño decidió salir a la luz, era un evento que sucedía cada un milenio y quizás no estaban tan equivocados. Aferró su capa a su brazo, observando aquella cabellera lila caerle grácil por los hombros, su rostro pálido cubierto con una fina línea de sudor y la forma que la armadura se ajustaba a cada curva de esa fisonomía lemuriana, delgada a la par que poderosa.
Mu se quitó también el casco, las alas doradas del carnero que enmarcaban su rostro. Kiki apareció detrás de su capa, con una sonrisa triunfante a la vez que tomaba ambos cascos y se teletransportaba a las gradas, eso fue suficiente para indicarle a todos los no guerreros que salieran de allí y abandonaran la arena para que dos santos de oro demuestren una batalla de mil días.
El anfiteatro se sumergió en un silencio estridente, incluso los santos que se encontraban mezclados con representantes y políticos estaban aferrados a sus butacas de piedra con las ansias latentes, una demostración bélica de este calibre haría que el Santuario consiguiera aquellas donaciones que Shion venía insistiendo. La curiosidad de todos era palpable, observando a la pareja ir a sus posiciones y estirar, al menos Mu, que parecía ser el tema recurrente entre susurros y cuchilleos.
—¿Aries?
—Es un guerrero defensivo.
—Pero es muy peligroso, sumamente letal.
—El herrero del Santuario.
—Escuché que el Papa lo entrenó.
—¡Qué locura!
Saga tiró de su capa hacia un lado, el brillo de Géminis resplandeciente. Mu hizo lo mismo, los cuernos de Aries reflejaban su expresión divertida, ambos se pusieron en posición, no necesitaban acordar términos, las cosas eran claras; debían verse los movimientos así que a lo que estaban acostumbrados sería una batalla lenta, la sangre tendría que brotar de las heridas, pero ya habían peleado con anterioridad para saber lo capaces que eran de que el encuentro fúrico no solo llenaría los bolsillos del Santuario sino que pondrían miradas inquisitivas sobre ellos.
Saga decidió arrancar, conociendo bien que Mu y su estilo jamás se acercaría primero si no lo viera tirado en el piso desangrándose, así que en un trote veloz lo empujó del pecho para romper su guardia y estiró el brazo izquierdo buscando asestar un golpe en una de sus costillas. Mu fue rápido, poniendo su antebrazo de escudo, se reposicionaron, intercambiando golpe trans golpe que hacía sacar chispas al metal, el silencio que se había consumido en el anfiteatro poco a poco se alzó en un cántico fúrico, dividiendo los gritos y aumentando las apuestas entre ambos santos para ver quien sería el primero que iba a sangrar.
Géminis era una bestia imparable, la confianza consustancial del mayor en pelea era debida a dos razones, su largo historial de años de batalla, incluso cuando estuvo inactivo por años, ese estrés se acumuló en el punto exacto, demostrando no perder fuerza ni habilidad, la segunda era quizás lo que hacía arrugar a Mu su nariz de forma condescendiente y era que Saga siempre era bueno en todo lo que hacía. Negarlo sería intentar tapar la realidad, el griego era por lejos la mezcla de fuerza e intelecto perfecto, Dohko le había dicho que no había un mejor balance que él, su confianza y predisposición en la pelea no nacía de la nada, ese hombre sabía tomar sus batallas y tenía un amplio panorama, buena toma de decisiones y un cosmos temible, quizás no era fuerte como Aldebarán ni una cisterna de energía como Shaka, pero tenía la astucia más fina que cualquiera y lograba abrirse paso incluso con el poder que tenía para afrontar su propios pecados.
Mu realmente lo estaba intentando, una patada cerca del abdomen, un puntapié que fue opacado rápido y sintió su cabello siendo tirado antes de que Saga, rebalsado de vigor y saña, lo estrellara contra el piso. Su nariz salpicó sangre fuera de la nube de tierra, arena y grava que volaba, presionado de rodillas antes de sentir el aliento contrario contra sus mejillas coloradas por el esfuerzo.
—¿Seguimos? —Aquella voz ronca tenía una doble intención y ellos, tontos y lujuriosos como cualquier guerrero, ambos se observaron.
—No aquí…
La respuesta fue corta, se levantaron, ahora con la línea diluida entre la sed de sangre y la de carne, Mu escupió contra el piso, cuando la nube se disipó Aries aprovechó a estrellar su puño contra la mandíbula filosa, sus nudillos tronando bajo el golpe, haciendo que más de uno jadear por la sorpresa. Saga ni siquiera giró el rostro, aceptó el escozor de su rostro para luego golpear a Mu por detrás de sus rodillas y hacerlo caer de culo al piso. Y tapando con su cuerpo el contrario le puso la piel sobre el pecho, justo entre los cuernos dando por terminado el duelo.
Shion no debía tener quejas, de pronto los crupieres estaban trabajando como locos. Saga levantó la vista al cielo, el sol quemándole el rostro mientras que Mu respiraba pausado, Kiki vino corriendo a la arena, enloquecido, queriendo ayudar a su maestro con un pañuelo. Ambos santos se miraron un momento y Saga le extendió la mano para ayudarlo a erguirse y atraerlo contra él.
—Te veo en las celdas pasando el sácielo de Atena.
Mu no respondió verbalmente, hizo aparecer la respuesta en su cabeza: "Que te jodan."
Saga se retiró con la multitud voceando por él, saliendo entre uno de los pórticos hacia los bastidores, envolviéndose entre sombras antes de que los jóvenes erómenos fueran a darle agua y una toalla, ambos muchachos, con sus chitones hasta las rodillas y las sandalias polvorosas parecían sumamente sumidos en él, Saga solo les dio una mirada, refrescando su garganta antes de lamer un poco de su propio guante como la sangre de Mu se secaba contra el metal.
Kiki lo ayudó con su nariz, curando con cosmos lo poco que le quedaba de su magullado tabique, Mu sentía los ojos sobre él, sus cabellos disparejos y su rostro inflamado seguro era un espectáculo, esperaba que eso trajera propina extra. Se paró con cuidado, Kiki aun con ambos cascos, Mu le dijo que los dejar en aries y se coló en la cávea, notó como los muchachitos de antes ni siquiera le dirigieron la mirada más que una pequeña reverencia antes de notar a Géminis apoyado contra una pared.
—¿Feliz?
—Como nunca —Respondió a la vez que veía a Mu ponerse a su lado. Tomó unos cabellos para enredarlos en sus dedos —Terminaste mejor que todos.
—Debí reventarte los huevos contra el piso.
—No, no. ¿Cómo voy a cogerte sino?
Quiso responder, pero prefirió tomarlo del cuello de la armadura y bajarlo a su altura para comerle la boca de un beso. Saga lo alzó del mentón, ansioso por saborear la sangre que había quedado en su paladar, besuqueando ahí donde las peleas eran justas antes de pasar su mano por los cabellos liliáceos y agarrar con firmeza. Presionó a Mu contra los barrotes, aspirando el aroma a guerra que desprendía, un reflejo del suyo; sudor, sangre, tierra y euforia. El metal tintineó frente al choque burdo, continuando lo del anfiteatro esta vez entre las sombras. Mu giró la cabeza sobre su hombro, las caderas se le fueron solas hacia atrás, pero el choque de los faldones interrumpió la intención, Saga los quitó con cierto desespero estando ya a media asta, cualquier podía venir, pero eso no le importaba.
Ninguno tenía puesto las ropas de entrenamiento debajo, así que sus manos saludaron la carne tersa y firme de sus posaderas. Mu se inclinó levemente hacia adelante, invitándole a tocar y acariciar. El fresco del metal le hacía cosquillas y cuando sintió al contrario escupir sobre él se meneó en desespero, la curvatura lúbrica de estas congeniaba con sus dedos antes de levantar un poco la mano y dejarla caer abatido contra la carne para hacerla rebotar y arder. El bravío de la acción queda en segundo plano cuando Saga separa ambos pliegues, tentó con dos dedos para luego tomarse de la base y empujar sin pensarlo demasiado, no cuando estaba candente desde la pelea.
Mu rechinó los dientes, sus cubrepuños marcaron el metal antes de sentir su cabello siendo tomado de rienda, no empezaron suave, no cuando seguían peleando, bélicos y rudos, Saga se sentía como una lanza dentro de él, cortando todo por donde pasaba, el lemuriano intentó poner un brazo entre ellos, buscando un poco de espacio, pero no logró encontrarlo, sino que sintió el agarre de su extremidad para ser doblada sobre su espalda y sentir al animal fiero que Géminis se convertía en una batalla.
El choque de metal era idéntico al de la arena, mismos suspiros, mismos gruñidos, solo que esta vez el espectáculo era privado, propio. Saga penetraba con la fuerza de un gladiador blandiendo espada, hábil y certero en cada movimiento, lo hizo doblegarse a su voluntad, algunos mechones cayeron al piso con la tensión del agarre y cuando las piernas ajenas parecieron pedir clemencia lo dejó caer al piso para montarse sobre él y que manchara su rostro se arena y grava sin poder dejar de clamar tal como había ocurrido en las gradas. El vigor se le caía a chorros por la piel, el sonido húmedo no dejaba dudas a tal acto, podría estar con alguno de esos muchachos que parecían fascinados por él, pero estaba ahí con un igual, uno que sí soportaba sus arranques y lograba conseguirle el cenit a cada ocasión.
—Joder —Mu se quejó con el rostro colorado —¿No podemos…?
—No.
Entonces volvió a azotar, el sonido estrepitoso resonó entre los pasillos oscuros, solo alumbrados con alguna antorcha lejana que le daba relieve a su figura. Aun así, sus palabras no dudaron para siempre y antes de sentir el catatónico final se salió de Mu para verlo tomar aire como si se estuviera ahogando. Empujó una de las puertas de las cárceles y se tiró encima de una de los bancos, ahora sí, completamente orgulloso. Mu mantuvo la saliva en su boca antes de acercarse gateando a él, Saga sintió los ojos espesos ante la imagen para verlo volcar su saliva sobre él y montarlo sin segundas indicaciones.
Los movimientos fúricos retornaron, Mu se aferró a las hombreras cuadradas mientras rebotaba y meneaba en un vaivén violento, aun así, cada movimiento era minucioso y bien pensado, por donde pasaban las uñas, que tan profundo entraba, como su rostro se arrugaba al gemir el nombre del griego antes de que lo callara tronándole los labios en un beso. Zambullidos en aquella experiencia mordaz no fue difícil llegar al punto de inflexión. El ritmo se puso errático y Saga apretó tanto el cubre abdomen que Mu creyó que iba a abollarlo. Se volcaron sobre el otro como una ofrenda a Ares y Afrodita, brindándoles a la pareja pasional su propio orgasmo copioso, rudo y bello. Saga dejó caer la cabeza hacia atrás, escuchando las gotas de sudor caer sólidas contra el oro, su amante no estaba mejor, el dolor del cuerpo por la contienda previa lo había dejado agotado, Saga se acercó a su rostro a beber las gotas amargas que se acumulaban en la punta de su nariz a la vez que besaba con ímpetu los belfos ajenos.
—¿Tienes qué siempre hacer lo que quieras?
—Las viejas costumbres nunca mueren, Mu.
—Entonces debería irme otra década.
Saga aferró sus manos a él aprovechando no haber salido —Voy a consumirte a cenizas si vuelves a repetir eso.
El de cabellos lila mantuvo el rostro serio antes de partir en risa y besarlo nuevamente.
—¿Quieres intentar?
Saga se levantó de su lugar y presionó a Mu contra una de las paredes dispuestos a que la luna sea la única testigo de sus batallas.
AO3 link.
We begin this beautiful event with an AU that I was thinking about and wanted to do for a while.
Happy SagaMu Day!!
Part 1/??
(Event made by @cotybelux Go participate too!)
Well, I was busy over the weekend so I took advantage of my time to finish this properly, so here you go.
Day 6 Kiss
7 Hug
8 Valentine
SAINT SEIYA VALENTINE'S 2026
Para el prompt de "Beso" hice un meme de besitos con el diosito del amor y su boquita toda divina~🥰
Usé como base esta plantilla, pero modifiqué un par de cositas.
BOUQUET
⟡ ݁₊ . 𝖕𝖆𝖎𝖗𝖎𝖓𝖌 ➜ Aries Mu x Gemini Saga SagaMu
—— ♡ 𝖙𝖆𝖌𝖘 ➜ saint seiya, love, gay, bl, bouquet, flowers, valentine's day, hurt no comfort, grief/mourning, character death, canonical character death, angst, angst and tragedy, lost love.
Prometo regalarte rosas hasta que comprendas mis sentimientos.
Grecia se había teñido de rojo, las rosas iban y venían por todo el pueblo de Rodorio decorando las casas y los puestos. Mu miró fijamente las plantas rojizas, blancas y rosas, quizás con un poco de miedo que fueran tan letales como las de Aphrodite, pero la mano firme de Saga en su hombro lo relajaron haciéndolo ver hacia arriba.
—¿Quieres unas?
Mu pareció dudarlo por un instante —¿No son… peligrosas?
—Yo las veo muy bonitas.
El griego se acercó a un puesto pequeño, tenía unos cuantos cubos llenos de flores en agua, el aroma silvestre que salía de este era intenso, Mu se quedó observando las flores a una distancia segura, aún no muy convencido de querer estar próximo. Saga revisó uno a uno los bouquets armados, observando entre ellos como los pétalos bailaban con la brisa captando la atención de todos. Se concentró en uno lleno de lavandas con una rosa roja intensa en el medio, no era muy llamativo, pero aún tenía cierto atractivo a la vista, mezclados entre sus hojas verdes sacó las monedas y la señora del puesto le brindó el ramo con una sonrisa.
El santo de Géminis se giró sobre sus talones y se agachó a la altura de Mu ofreciendo el ramo con una leve sonrisa llena de seguridad para que se confiara a tomarlo.
—No van a hacerte daño.
—¿No tiene espinas? ¿Ni cosmos?
—Solo son flores esperando a que alguien las acepte.
Mu apretó los labios y cambió de mano sus propios víveres, con la diestra levemente tremulante rozó los dedos del mayor obteniendo un arrebol suave en sus mejillas, arrugó el papel entre sus dedos y observó el obsequio con curiosidad al notar que, efectivamente, solo estaba exagerando en su actuar. Inspeccionó con cuidado cada pétalo que estaba bañado en rocío, como las lavandas, puntiagudas pero suaves, al contrario de la rosa que era más áspera y elegante. La llevó a su nariz dándole una pequeña estimada, queriendo mezclar sus aromas antes de sonreírle un poco al mayor, ahora mucho menos despreocupado.
—Son bonitas.
—Como tú —Saga peinó unos mechones rebeldes detrás de su oreja, ganándose aquel rostro colorado en vergüenza —Prometo darte unas el próximo San Valentín.
—¿San Valentín? ¿Es una deidad?
—Algo así, era un sacerdote romano, casaba soldados a escondidas del emperador y lo ejecutaron un catorce de febrero, lo consideran hoy en día como un mártir del amor —Explicó mientras ambos se dirigían al Santuario —Ahora es una fiesta comercial donde los enamorados intercambian regalos, también entre amigos o incluso familia, siempre quieren hacerlo ver como una forma de brindar algo a tus seres queridos.
—Amor… —Finalmente Mu habló mirando las flores —¿Por eso me regalaste esto?
Saga casi se atraganta con su saliva —Fue un detalle, para sacarte el miedo.
—No me dan miedo…
—Bueno, para corroborarlo, puedo darte una cada año.
—¿En verdad?
Saga le extendió su meñique —Es una promesa.
En un ambiente tan bélico y rudo como el Santuario el amor más conocido era el fervor de la batalla mientras el más amable iba por Athena y su incondicional aprecio a la tierra y todo lo que vivía en ella. Mu comprendió muy tarde como el amor real funcionaba, como Eros jugaba con la vida de las personas y cómo la amistad, la familia real incluso el romance surgían de cada uno.
Comprobarlo no fue su mejor decisión.
Estaba en la torre, solo, casi quince años luego de aquel bouquet de flores que se habían marchitado no mucho después de su entrega, las cosas se habían salido de control tan rápido, un día estaba entrenando, al otro Saga había desaparecido y en menos de una semana Aiolos estaba muerto, el Papa era un impostor y luego tuvo que quedarse años encerrado en una torre. Lo único que lo acompañó por años era el martilleo incesante de sus herramientas en las armaduras para luego conseguir el sonido de la voz de Kiki. Cada primavera que veía en la ladera de las montañas algunas flores recordaba aquel detalle que estaba grabado en su memoria, que poco entendía, tanta inocencia y tanta ignorancia juntas le hicieron notar que era un tonto, o un niño, mejor dicho. Ahora que ya era un adulto pensaba en él cada San Valentín, comprando una rosa cada año que veía marchitar en el florero de su habitación, guardando un pétalo seco en un cuadro donde ponía el año para no olvidar cual era cada uno.
Creía que iba a mantenerse aislado en su lecho hasta que la guerra explotara y sus servicios fueran requeridos, pero el destino jugaba cruel con él mismo y la paz desmedida decayó sobre sus pies de forma quasi-irónica. Volver a Grecia bañado en oro le trajo recuerdos desaplacibles, le picaron las manos al entrar al templo, como si aquel pequeño ramo lo estuviera esperando allí donde lo había dejado marchitar. En cambio, sintió cada gota de sangre derramada manchar el mármol milenario, cada explosión que retumbaba el piso bajo sus pies, su mente no estaba pensando cuando los vio flotar en el aire, tan venenosos como solo él podía lograrlos, llenó el Santuario con esa fragancia intensa, como si diera inicio a otra ceremonia.
No esperaba que fuera tan fúnebre.
Subió peldaño tras peldaño, sus gritos aturdidos sus oídos cuando de pronto el silencio fue tan desgarrador que cuando presenció la imagen frente a él realmente notó que la promesa estaba rota. El mismo color carmín de las rosas se acumulaba bajo su cuerpo como un lago, la cabellera añil se manchó con está dejando algunos parches oscuros que parecían morados, aun sintió calor cuando lo tocó, pero el frío pronto lo dominaría. Dejó que su melena lila lo cubriera, se inclinó y besó su cabeza, lento y pausado, y por un momento obtuvo el ramo de nuevo, entre los mechones de su cabello y la última promesa de su corazón escrita en el suelo.
No hubo lágrimas, tampoco gritos, solo caminó entre las tumbas de piedras hasta encontrar su sepulcro, se arrodilló frente a ella y rozó con sus dedos el epitafio; en su mano libre traía el mismo ramo que una vez recibió, decorando con dulzura lo que antes había sido una promesa a futuro que no pudo comprender, ahora sería su legado el brindarlas. Dejó que la brisa lo despeine y con voz dulce pero apagada pronunció:
—Feliz San Valentín, Saga.
AO3: https://archiveofourown.org/works/79504206
Event: @shions-corner; STSV2026, Promp: Rose.

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Happy Valentine's Day! (I didn't finish it, but I'll be busy, so here you go!)
HadesSaga!
Day 6 : Kiss
It was about time! Something from the parents of the Fandom!
Day 5 : Promise
D : Shion, I will always be you side
S : Really?....
D : Of Course
S : You promise?
D : Yes! I promise forever
