A veces quisiera, enredarme en tus cabellos chinos. Subir para luego bajar y como en una resbaladilla llegar hasta el final, gritando de alegría hasta el fin del tobogán. Quisiera, madre mía, atravesar tus mejillas y patear de ahí las lagrimillas que luego se quieren asomar y dejarte un besito de esos tan dulces que solo los niños dan. Pasearme en tus ojitos castaños y de ahí caer de nuevo por tu muy chata nariz. Dime madre, ¿Solo la hija que quisiste? ¿Soy la criatura que soñaste? ¿Soy tan siquiera la creación que esperaste? pero dímelo con los ojos, que esos no mienten como la boca que me reprendió por hacer algo malo, que tú jamás viste mal, pero que alrededor te dijeron que debías limitar.
Dime madre, si ahora que voy a tu costado, te arrepientes de querer formarme en un molde que sabías que no me iba o si siempre fue una actuación tuya.
Madre confiesa, si al elegir mi nombre ya sabías lo mucho que me iba a alejar de la tierra y lo mucho que iba a necesitar los cambios.
Madre cuéntame, cuando voy y me paro frente a la adversidad, ¿Te invade el miedo o te invade el orgullo? Porque a veces tiemblo pero volteo y parece que tú ya sabes que va a pasar y no te veo dudar.
Madre dime, ¿Cómo me enseñaste todo eso que tú no sabes?
Erán
Este es un escrito que lleva 3 años en borradores, ya saben para un día "arreglarlo", hoy no le he movido ni una palabra y he decidido que se necesita publicar. Hoy es su tiempo. Hoy en mi tiempo. Hoy te amo mamá.















