Escribo esto porque el dolor también merece memoria,
porque hay heridas que si no se escriben se disfrazan de gloria,
porque tengo miedo de olvidar cómo me sentía,
cómo poco a poco me apagabas mientras yo todavía te quería.
recordando un bus, una ventana, una maleta,
y a una niña rota intentando sostenerse completa,
contándole a un desconocido cómo alguien que decía amarla
terminó convirtiendo su corazón en zona de batalla.
Le conté cómo me echabas de tu vida
como quien barre migas de una mesa vacía,
cómo cada pelea terminaba igual,
con un “¿por qué no te vas?”
como si mi presencia te hiciera mal.
Y todavía escucho tu voz repitiendo:
pero nunca te preguntaste
por qué terminé hablando desde las ruinas de mí.
Nunca viste el miedo detrás de mi tono,
nunca entendiste que yo ya venía temblando sola,
que hablar contigo era caminar sobre vidrios,
era medir cada palabra para no terminar en exilio.
Porque contigo todo se volvía defensa,
todo era tensión, silencio y sentencia,
todo era sentir que mi amor era demasiado
y aun así insuficiente para alguien tan desconectado.
Me hice pequeña para no incomodarte,
me mordí la rabia para no cansarte,
aprendí a disculparme incluso llorando,
mientras tú seguías señalándome el daño.
Te di la versión más dulce de mí,
la que decía “amor” aunque se estuviera rompiendo ahí,
la que daba besos con inseguridad escondida,
preguntándose por qué amar se sentía como una herida.
Y qué ironía tan absurda, ¿no?
tuvo más cuidado conmigo que tú.
Él vio mis lágrimas y se quedó atento,
vio mi tristeza y me habló con respeto,
me dijo que tenía una luz bonita,
que cómo alguien podía apagar a una mujer así de viva.
Y cuando dijo que no me dejaría cargar la maleta sola,
sentí el corazón romperse de otra forma.
Porque entendí algo tan simple que hasta da tristeza:
yo nunca fui difícil de querer,
solo estaba entregándole amor a quien no sabía qué hacer con tanta nobleza.
Y tú sigues diciendo que no fuiste cruel.
Tal vez en tu historia yo soy el papel
de la víctima mal actuada.
cómo lloraba después de cada pelea,
cómo dudaba hasta de mi manera de ser querida.
No viste cómo me convertiste en alguien insegura,
cómo hiciste que mi mente fuera una tortura,
que amar era pedir perdón por existir demasiado tiempo.
aun así intento entenderte.
Porque sé que también estabas roto,
que tus heridas hablaban por ti a lo loco,
que éramos dos personas llenas de miedo
intentando construir algo bonito desde el incendio.
Pero hay amores que no sanan,
Y quizá por eso nunca funcionamos,
porque mientras yo intentaba quedarme,
tú siempre encontrabas la forma de empujarme lejos con las manos.
si algún día el destino insiste en cruzarnos otra vez,
tal vez lo único posible entre nosotros
sea mirarnos un rato y después correr.
Porque estar juntos nunca nos salió bien.
Porque querernos dolía más de lo que hacía bien.
Porque hay personas que se aman…
pero se destruyen también.