Una vez que un ensoñador alcanza el estado consciente de si mismo mientras duerme, es inevitable que se encuentre con fuerzas desconocidas para él que habita en otras capas de energía. Lo mas seguro en esta fase es buscarse un aliado, un ayudante que le guíe y le enseñe las particularidades de ese otro reino de la percepción.
La manera de encontrar al guía es arriesgándose a entrar en el sueño una y otra vez hasta encontrarlo, por lo general el peligro consiste en depararse con uno de los millones de seres agresivos que habitan ese espacio, o encontrarse a algún brujo maligno o con algún ente usurpador de energía que puede enfermar gravemente al ensoñador y hasta matarlo. Por eso es importante estar muy alerta para saltar fuera del ensueño tan luego se detecte el peligro.
Una vez haya encontrado un ayudante, el aprendiz recibirá de él instrucciones que le ayudarán a moverse dentro de esa realidad evitando en lo posible los peligros.
Es posible atraer determinados tipos de ayudantes a través de rituales; cada uno podrá diseñar el suyo propio. Como ejemplo están las ofrendas de veladoras, cuentas brillantes, plumas y armas que son atractivas para esos seres.
Forjando el cuerpo energético
Una vez que haya conquistado el primer umbral, que es estar consciente e el ensueño, la siguiente tarea y la más importante es completar el cuerpo energético o sea de la misma esencia que forma a uno mismo.Energéticamente solo somos una sensación, un existir, sin forma, al entrar en el ensueño uno debe luchar por mantener la cohesión de la conciencia que constituye el yo.Aún estando en un estado incorpóreo es posible “darse cuenta” de que uno sigue allí, esa sensación debe ser cultivada y aumentada. Con el tiempo uno llega a generar un segundo cuerpo hecho de energía mantenido por la memoria del ensoñador; dependiendo de la cantidad de energía disponible es posible incluso materializarse en otro lugar, mientras el cuerpo físico permanece acostado en la cama.—Fragmento de: Manual del Guerrero Tolteca - Juan Yoliliztli