El magnate estadounidense George A. Kesler fue un apasionado de las fiestas extravagantes. Para ambientar cierta "velada de pordioseros" hizo que sus ricos invitados asistieran vestidos con andrajos y que comieran en latas. En otra ocasión, sus invitados se sentaron a la mesa a bordo de un avión que sobrevolaba el Atlántico. Pero la fiesta más extravagante que ofreció tuvo lugar en el Hotel Savoy, de Londres, el 30 de junio de 1905, para celebrar su cumpleaños.
Inspirado en el tema de Venecia, hizo inundar el patio del hotel con agua teñida de azul para evocar el mar. Unos telones magníficamente pintados sirvieron de escenario, y todo ello estaba iluminado por 400 lámparas venecianas. Los invitados se sentaron en una enorme góndola forrada de seda que se balanceaba sobre el "canal", rodeada de 12,000 claveles e innumerables ramos de rosas. La cena fue preparada por 15 chefs y servida por meseros vestidos de gondoleros.
Para amenizar la velada contrató al célebre tenor Enrico Caruso, que cantó un aria mientras se soltaban 100 palomas blancas y un pequeño elefante era llevado hasta la góndola con un enorme pastel sujeto al lomo. Por desgracia, la sustancia con que se tiñó el agua mató a los cisnes que debían nadar alrededor de la góndola.
Cuatro años después, Kessler convirtió el jardín del mismo hotel en un paraíso polar: hizo cubrir el pasto con "nieve" de yeso, decorar las paredes con grandes crisantemos blancos y clavar una varilla de metal para representar el Polo Norte. Organizada para celebrar la conquista del Polo por Robert Peary en 1909, la velada fue un acontecimiento fuera de lo común.
Gustos excéntricos
Una de las comilonas más macabras de todos los tiempos fue organizada en 1820 por un excéntrico francés llamado Grimod de la Reynière. Tuvo lugar en una agencia funeraria de París, con un ataúd detrás de la silla de cada invitado y, en el centro, un catafalco. Se dice que unas 300 personas presenciaron el festín desde una galería.
En ese mismo año llegó a Londres la moda de comer en sitios inusitados: un grupo de constructores se reunió para almorzar a 110 m de altura , dentro de una nueva cruz erigida en lo alto de la catedral de San Pablo.
También en Londres, en 1843, dos semanas antes de que la estatua del almirante Nelson fuera puesta en su columna de la plaza de Trafalgar, 14 hombres se sentaron a comer en lo alto de ésta, a unos 50 m del suelo.
Banquete bestial
En diciembre de 1853, varios eminentes científicos ingleses recibieron una extraña invitación a comer. Impresa en una réplica del ala de un pterodáctilo, la insólita tarjeta de invitación decía:
El señor B. Waterhouse Hawkins espera tener el honor de contar con la presencia del profesor _ _ _ _ _ _ _ , en la comida que se celebrará en el Iguanodonte, el 31 de diciembre de 1853, a las 4 p.m.
El Iguanodonte era uno de los 29 modelos de ladrillo y hierro cubiertos de yeso de criaturas prehistóricas diseñados por el escultor de animales Benjamín Waterhouse Hawkins, y que iba a ser exhibidos en el Palacio de Cristal, sede de la Gran Exposición de 1851.
Los 22 distinguidos invitados de Hawkins a la cena de noche vieja, se las ingeniaron para sentarse en el interior del animal, donde un grupo de meseros les sirvió un espléndido banquete; estos tenían que cruzar una plataforma sostenida por andamios para alcanzar la mesa.
Después del soberbio festín, según una nota del Illustrated London News, el grupo regresó a Londres por tren, "muy complacido por la hospitalaria intimidad del Iguanodonte".
Gastrónomos ecuestres
El 28 de marzo de 1903, por invitación de un rico hombre de negocios llamado C.K.G. Billings, 36 caballeros formalmente ataviados se congregaron en un lujoso restaurante neoyorquino. Lo insólito de la ocasión fue que todos iban a caballo. Los animales fueron llevados en elevador al comedor, cuyo piso se cubrió de pasto. En lugar de platos se usaron morrales para forraje, y unos baldes de hule sirvieron para degustar la champaña. Se dice que el costo del banquete fue de 50,000 dólares.