Sinopsis: Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel arde. Guy Montag es un bombero, y el trabajo de un bombero es quemar libros, que están prohibidos porque son causa de discordia y sufrimiento. El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica y escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros.
Reseña: En Inglaterra está prohibido leer.
Cualquiera que toque un libro va a ser penado por la ley. Cualquiera que quiera leer está loco. ¿Por qué someterte a lo que está escrito entre páginas estúpidas que fueron escritas hace muchos años? ¿Por qué te someterías a meterte en un pasado que ya no existe? ¿Por qué intentarías ver más de lo que está en frente? La felicidad está acá y es tangible. La felicidad es hoy y es tuya. Te la estoy mostrando. La felicidad es esto. ¿Por qué lo cuestionarías? ¿Por qué no me creerías? ¿Por qué no te conformarías? ¿Por qué me desobedecerías? ¿Por qué te molestarías en pensar?
Que la gente piense no le ayuda jamás a un gobierno que te quiere hacer creer que no existen las flores blancas, entregándotelas bañadas en pintura roja. No sirve un pueblo pensante contra un gobierno que volvió monótono el día a día de sus ciudadanos, conformándolos con música y los chistes de la tele. Con electrodomésticos que piensan solos y paredes hechas de pantallas para que no te pierdas en ningún momento lo que ellos te convencieron que querés ver. Por supuesto que no conviene, el país está en guerra, ¿por qué querrías saber eso? ¿Por qué querrías ser así de infeliz?
Montag es un bombero y se dedica a quemar libros junto a todos sus compañeros. Leer, tener en tus manos una simple hoja de papel está penado por la ley y todo el mundo lo sabe. Nadie se lo cuestiona. Aquel que abra la boca para contradecir es encerrado.
Montag sentía placer al quemar. Hasta que se cruzó con su vecina, ella le habló de manera diferente a la que siempre escuchó hablar. Él la escuchó de una manera nueva, de la que jamás pudo escuchar. Y entonces fue el fuego interno el que lo consumió.
El despertar de un ser humano ante su cotidianidad. El porqué de lo que hace. El hurgar en un pasado en el que las cosas eran diferentes. La rebelión contra los que creyó que eran sus principios. Ir al contrario a su profesión. ¿Cómo? Si él era tan feliz. ¿Lo era? No, en realidad no.
Una novela intensa, 200 páginas de insatisfacción, de búsquedas de respuestas, giros completamente inesperados, realidad, tristeza y esperanza. En estas 200 páginas está ese único paso entre la ignorancia y el mundo real, el que nos presentaron, el que vivimos, ese en el que crecimos, el que inventaron para nosotros, el que creímos conocer.
Un pobre domesticado que por un segundo pudo levantar la cabeza para mirar a los ojos a quién no lo dejaba ponerse de pie. Y se preguntó por qué.
Un mundo distópico. Nos situamos en un futuro, tal vez cercano, quizá falta mucho para él, no lo sabemos. En ningún momento tenemos indicio alguno qué tan cerca o lejos estamos. Pero si juzgamos abriendo un poquito los ojos alrededor, no estamos lejos, no estamos cerca. Ya estamos.