MOOC-Educación para la igualdad
Diario de aprendizaje: día 3
Tras la lectura del artículo del diario El País (2021) “Los profesores solicitan productos de higiene femenina en los colegios para combatir la pobreza menstrual”, tengo varias reflexiones.
Personalmente desconocía la realidad de la que habla el artículo, ya sea porque en mi etapa educativa no me encontré ni vi a mi alrededor esa situación, y después como docente siempre he dado clases a los primeros cursos de Educación Primaria. Pero obviamente, la no asistencia a clases es un factor determinante para el fracaso y el abandono escolar. Nadie debería tener que elegir entre comer o comprar compresas, nadie. Tampoco debería ser un motivo para ausentarse de clases sólo por no tener acceso a los productos de higiene femenina.
En las clases de Naturales en las que se ve el aparato reproductor femenino, aprovecho para hablar de la regla y preguntar lo que saben y lo que no. Además, de resolver dudas que tienen, normalmente basadas en prejuicios o mitos.
En los centros en los que he trabajado se dan compresas cuando se solicitan, pero como algo excepcional, se entiende que las alumnas tienen que traerlas de casa y sólo si surge un imprevisto, que sean proporcionadas por el centro.
El gobierno en su momento, reguló el precio de las mascarillas para la COVID 19, porque se entendía que era un producto de primera necesidad y no opcional. Siguiendo esta lógica, tanto las compresas como los tampones o las copas menstruales cumplen esos mismos requisitos, la diferencia es que las mascarillas son utilizadas por toda la población y las compresas, etc, sólo las utilizan una parte de la sociedad, alrededor del 50%.
El acceso a los productos de higiene femenina debería ser libre y gratuito, no sólo porque es un producto de higiene de primera necesidad, sino porque se debe asegurar el acceso a estos productos para todas las mujeres y niñas.