Los dĂas grises me recuerdan al dĂa de tu partida.
Los dĂas grises me recuerdan al dĂa de tu partida,
Aquel en el que despertamos y nadie sabĂa bien que es lo que habĂa pasado.Â
Ese dĂa en que nos quedamos solos tu y yo en casa de tu abuela.
Pusiste una pelĂcula y te dormiste. Trate de concentrarme en ella, pero admito que verte respirar era mucho mĂĄs interesante.
AsĂ, pase mĂĄs de dos horas observando como respirabas, cuando te sobresaltabas, etc.
Ese dĂa gris volvĂ a darme cuenta que efectivamente, tenerte en mi vida era una bendiciĂłn⊠QuĂ© agradecida estaba de poder pasar ese momento.
LlovĂa afuera, y nosotros tapados en cobija esperando que pasara.
Suavemente comencé a acariciar tu cara, tus labios, tus ojos y tu cuello. Qué delicia.
Sentir el contacto de tus labios en la yema de mis dedos simplemente fue sublime.
TerminĂł la pelĂcula y me tomaste de la mano para conducirme a tu cuarto, como si fuera una orden.
SabĂas que yo nunca te dirĂa que no, lo cuĂĄl se me hace terriblemente excitante.
Nos besamos, nos tocamos, hasta terminar desnudos y tu encima de mi.
DespuĂ©s de terminar, rompiste mi corazĂłn. No sĂ© si lo sabes, pero con todo lo que nos dijimos ese dĂa, y la forma en que te expresaste me quebraste.
Tal vez yo mal interpreté todo lo que quisiste decir, pero debes saber que me rompiste.
SeguĂa lloviendo afuera, y yo me iba. SabĂa que era la Ășltima vez que nos verĂamos y no podĂa hacer nada para cambiar eso.
SubĂ al carro y nos fuimos. TodavĂa tengo grabado en mi mente las Ășltimas palabras que te dije. Ni si quiera nos tocamos. Te bajaste y te fuiste.
En el momento en que bajaste comencé a llorar en el carro hasta llegar a mi casa, en donde seguà llorando por varias horas.
Te fuiste y no nos volvimos a ver. Desde entonces siento que el tiempo ha transcurrido como si estuviéramos en una burbuja en donde es completamente inconstante.
Seguimos hablando, pero tu ya no estĂĄs aquĂ, y a veces te pareces bastante a como he percibido al tiempo Ășltimamente: inconstante.
Dices amarme, aunque a veces lo dudo mucho.
No puedo evitar pensar en ti cuando veo la lluvia caer.
Los dĂas grises me recuerdan a tus labios carnosos y a tus ojos tan tristes.
Me recuerdan a las pelĂculas mexicanas, aquellas que hablan del amor, en donde este siempre es un imposible.
Los dĂas grises me recuerdan a todas aquellas veces en que intentamos ser algo y no se pudo.Â
Me recuerdan a los parques, las charlas, los besos y las citas que tuvimos. También me recuerdan a todas las promesas que no cumplimos.
Los dĂas grises me recuerdan a tus duras palabras y a tu indiferencia.
Me recuerdan a la distancia y a tu ausencia.
Y debes de recordar que en esta ciudad casi siempre hay dĂas grisesâŠ
Los dĂas grises me recuerdan al dĂa de tu partida, aquel que me dejo un mal sabor de bocaâŠY hoy es uno de ellos.