—Por mucho que quiera besarte, no puedo. —Dejó salir una risa suave—. Eres una chica frustrante. No eres como ninguna de las almas que he conocido— Toqué su cara y me incliné para tocar sus labios con los míos, pero el se echó atrás y negó con la cabeza—. No— Susurró— No lo hagas. No puedo. Eres demasiado especial. Mi deseo por ti se sobre pone a lo que sé que es mejor para ti. No puedo arriesgar eso de nuevo. —No me dejes.— Supliqué. Tocó mis labios con la yema de su dedo. —No lo haré. Al menos, no ésta noche.
Existence















