¿Salvar la patria, o salvar a Uribe?
Como era de esperarse, Uribe tenía un as bajo la manga: renunciar a su curul en el senado, o así lo anunció en una carta dirigida al presidente de la Cámara Alta, Arturo Char.
Por: Gabriela Hamit Perdomo
Se podría decir que a Álvaro Uribe Vélez le salió “el tiro por la culata” el día en que decidió acusar a Iván Cepeda por sobornar y manipular testigos, ya que la Corte Suprema de Justicia encontró pruebas y testimonios que involucrarían al ex presidente en los mismos actos de los que acusaba al senador Cepeda. Por esta razón, el pasado 4 de agosto, la Sala de Instrucción de la Corte ordenó la detención domiciliaria de Uribe para que no interviniera en el recaudo de pruebas en su contra.
No es un secreto que esto fue motivo de alegría para muchos colombianos, incluso para mí, y esta satisfacción aumentó cuando Uribe notificó a través de su cuenta de Twitter que fue reseñado como preso con el número 1087985, lo cual significa que el intocable de Colombia ya no lo es más, y que la justicia, politizada o no, está cumpliendo y haciendo de las suyas.
Como era de esperarse, Uribe tenía un as bajo la manga: renunciar a su curul en el senado, o así lo anunció en una carta dirigida al presidente de la Cámara Alta, Arturo Char. Todo esto es una movida que pretende inmunidad; huir de los magistrados, que, según él, son secuestradores y mafiosos por osar investigarlo; salir de la jurisdicción de la Corte Suprema y entrar a la de bolsillo, a la de Francisco Barbosa, quien es el Fiscal General de la Nación, un aparente “trotamundos”, y, además, amigo del presidente Iván Duque.
Para rematar, la Procuraduría asegura que el proceso del ahora “Nini” (ni presidente, ni senador), ya no le compete a la Sala Especial de Instrucción de la Corte porque los cargos por los que está siendo investigado corresponden a delitos realizados fuera de su actividad política y porque su fuero como senador se acabó. Cabe aclarar que este órgano de control también hace parte de la gran mermelada nacional, y esto lo demuestra Margarita Cabello, quien es afín al gobierno de Duque, exministra de Justicia y próxima procuradora General de la Nación.
A pesar de que parece todo perdido y de que el proceso de Uribe se llevará a la justicia ordinaria, la Corte no se queda atrás, y decide reabrir el proceso de la masacre de El Aro, en la cual, el ex presidente se ve involucrado en hechos relacionados con los delitos de “concierto para delinquir, homicidio agravado, secuestro y desplazamiento forzado”, por esta razón, la Sala de Instrucción citó al exmandatario el día 16 de septiembre para que rinda versión libre.
La realidad que Colombia vive es el resultado de una justicia inmoral y selectiva, en donde los entes de control se infectan de uribismo; los congresistas homenajean a un preso, pero no a los líderes sociales; en donde a la ministra de Trabajo le duele el corazón con la ausencia de su líder, pero ignora a los jóvenes asesinados y el “eterno presidente” se siente secuestrado, pero quien realmente lo está es nuestro país; Colombia es prisionera de una élite uribista, en la que peligra la democracia y solo queda confiar en quienes quieren justicia de verdad.


















