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I traditori, di Artur Weigandt [Bottega Errante 2025]
Il 24 febbraio 2022 è un anno spartiacque, è la linea zero che divide il mondo, è il giorno in cui Vladimir Putin dà l’ordine di iniziare l’aggressione dell’Ucraina. Rappresenta anche il momento in cui il vecchio mondo russofono si sgretola anche culturalmente, disseminandosi definitivamente in tante schegge sparse nella vicina Europa. Continue reading I traditori, di Artur Weigandt [Bottega…

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en el horizonte de mi mente se ha escondido el sol -los jaivas
LETRAS OCASIONALES No. 9
El Amauta José Carlos Mariátegui, un referente necesario
Por: JoCarlos Ruiz
Las incitaciones a veces llegan inesperadas y aun con escasas palabras, logran espolear. Eso me ocurrió hace unos días, cuando en uno de nuestros ocasionales intercambios, Omar González, escritor, intelectual con muy razonado sentido político, de infinita agudeza y cultura amplísima, y sobre todo, amigo, me hizo llegar en formato digital el libro 'Literatura y estética' de José Carlos Mariátegui, editado en 2006 como parte de la Colección Claves de América, de la Fundación Biblioteca Ayacucho. Su remisión vino acompañada de sólo tres palabras y una cruda verdad apuntando al olvido en el que muchos han dejado a un hombre de pensamiento y acción, con corta vida (1894-1930), pero con una obra valiosa, indispensable, de alcance trasfronterizo.
De niño escuché sobre el moqueguano. Tengo vago recuerdo de haber oído a mi padre conversar con algún vecino sobre un texto de Mariátegui que por entonces leía, pese a no comulgar él con sus ideas. Pepe, mi padre, era zapatero, lector voraz y un conversador aún más incansable. Yo tenía unos diez años, no entendía nada, pero fijé que era tocayo del referido. La curiosidad se afincó latente hasta que unos años después, cuando ya buscaba mis propias lecturas, indagué por el susodicho. Estudiaba para entonces en una escuela secundaria básica en el campo, en la Isla de la Juventud, que llevaba el nombre de Gionvanni Ardizone, aquel joven italiano, estudiante de medicina, quien con 21 años fue asesinado en Milán en medio de la represión policial contra una manifestación pacifista en defensa de Cuba. El hecho ocurrió el 27 de octubre de 1962, poco después de entrar los manifestantes en la Plaza del Duomo, coreando 'Cuba sí, yanquis no', en medio de las amenazas estadounidenses y el bloqueo naval al archipiélago en los días estremecedores de la Crisis de Octubre. Terminé el primer semestre de noveno grado, siendo el primer expediente de la escuela y ello me posibilitaba, tal como quería, solicitar el ingreso en el prestigioso Preuniversitario 'José Carlos Mariátegui', también de la Isla de la Juventud. No pudo ser, la enfermedad terminal de mi padre me obligó a regresar a La Habana. Pero, sabía ya quién había sido el joven comunista Ardizone y yo comenzaba a indagar por el peruano periodista, pensador, hombre de la cultura y activista político.
Nació J. C. Mariátegui el 14 de junio de 1894, en Moquegua, Perú, en el seno de una familia humilde. En 1902, por un accidente en el colegio, se fracturó la rodilla. La lesión tuvo una mala evolución clínica y acabó cojo de por vida. Durante el tiempo que pasó en el hospital de Lima se dedicó a leer y a estudiar francés; empezaba así su amplia formación autodidacta. Ya en 1909 se pone a trabajar como tipógrafo en el periódico La Prensa y en los años posteriores, a escribir crítica literaria y poesía. Poco después, publicó sus primeros artículos periodísticos de índole política, con el pseudónimo de Juan Croniqueur.
En 1916, se hace cronista político del periódico El Tiempo. El contexto socioeconómico en el que escribió artículos para ese medio estaba marcado por una fuerte subida de los precios de los alimentos y por un consecuente descontento popular, que hacía crecer la agitación del pueblo y entraba en contradicción con el dominio político de la oligarquía (financiera, extractivista y agroexportadora). Afín a las ideas socialistas desde esta época, apoyó huelgas y se enfrentó a la élite dirigente limeña.
Fue uno de los fundadores, en 1918, de la efímera revista Nuestra Época y, en 1919, del diario La Razón, que en poco tiempo se convirtió en tribuna de las reivindicaciones obreras. Colaboró con otras muchas publicaciones periódicas. Lo eligieron vicepresidente del Círculo de Periodistas. Dio voz a las reivindicaciones obreras y al Comité de Propaganda Socialista. Conectado con cruciales fenómenos sociales y políticos de su natal Perú y de toda América Latina y el Caribe, se convirtió en uno de los intelectuales y políticos de izquierda más orgánicos de la región en el siglo XX. Su escritura contribuyó a modernizar la prosa ensayística hispanoamericana, articulando teoría y observación histórica con notable claridad.
En el propio 1919 viaja a Europa como corresponsal. Ese mismo año, se desató una huelga general en Lima, que fue duramente reprimida y sus protagonistas encarcelados; iniciándose con ello una década de populismo de derechas, económicamente pro estadounidense, que también flirteaba con el movimiento indigenista.
Residió en Italia entre 1920 y 1923. Entró en contacto con el pensamiento de Antonio Gramsci y Umberto Terracini y asistió a la fundación del Partido Comunista de Italia (una escisión del Partido Socialista Italiano). También estuvo en París, Berlín, Suiza, Viena y Budapest. Conoció de cerca el clima intelectual de la posguerra, los debates sobre el socialismo y el surgimiento del fascismo. Supo considerar al fascismo como la respuesta del gran capital a una profunda crisis social y política; como mismo está ocurriendo actualmente con las corrientes neofascistas que vienen emergiendo en los últimos años en Europa, Estados Unidos y América Latina.
Influido por la coyuntura que vivía Europa tras la Primera Guerra Mundial, en la que resonaba con fuerza la Revolución de Octubre, se produce la aproximación de Mariátegui a las obras de Marx, Engels y Lenin, al tiempo que entra en contacto con el movimiento comunista italiano y el surrealismo. Identificó en el Partido Bolchevique la convergencia entre teoría y práctica, entre filosofía y ciencia, motivo por el que llegó a afirmar que Lenin era “indudablemente” el renovador “más enérgico y fecundo del pensamiento marxista”.
Siguió de cerca el proceso de renovación de la izquierda europea, también el latinoamericano-caribeño. Estuvo atento asimismo a los procesos políticos en Asia, a la Revolución China y el despertar de la India, del mundo árabe y otros movimientos nacionalistas y antiimperialistas de posguerra. Consideró que esos acontecimientos apuntaban hacia la decadencia de la sociedad occidental.
A su regreso al Perú, en 1923, Mariátegui ya defendía abiertamente la causa comunista. Como Gramsci, Mariátegui fue teórico de un socialismo ajustado a las condiciones históricas propias del entorno en el que se producen los procesos transformadores y del tiempo; un socialismo que, para él, en el caso de América Latina y el Caribe, no podía ser “calco y copia sino creación heroica”. Sabía muy bien lo que decía al respecto; su entendimiento sobre los procesos políticos de la Europa de su tiempo no era libresco.
En 1924, debido a un tumor en la pierna sana, hubo que amputársela, por lo que empezó a usar silla de ruedas. No se amilana. En 1925, junto a su hermano Julio César, fundó la editorial e imprenta Minerva, dedicada a la publicación de obras “científicas, literarias y artísticas”. Ahí publicó sus primeros libros.
En 1926 creó la importantísima revista Amauta (“sabio” en quechua), plataforma central para la renovación cultural, el debate político, sobre todo marxista y cultural socialista, y la articulación de vanguardias artísticas e ideas emancipadoras en su país natal y en la región, y también con redes de pensamiento progresista de Europa. Su enfoque combinó análisis económico, crítica cultural y reflexión política, en diálogo con corrientes marxistas. Desde Cuba, notoria fue la colaboración del historiador y escritor Emilio Roig de Leuchsenring, quien deviene figura clave para el intercambio entre Mariátegui y la vanguardia intelectual cubana. Otro nombre cimero en ese puente cultural y de pensamiento, sobre todo por su amplio intercambio epistolar, fue el del ensayista y político Juan Marinello.
Aunque no tuvieron estrecho intercambio personal, José Carlos Mariátegui y Julio Antonio Mella compartieron una visión que desafiaba tanto al imperialismo como a los dogmatismos de su época. Tenían ambos una coincidencia antimperialista revolucionaria; entendían, además, que esa lucha debía ser indispensablemente anticapitalista. Mella formó parte de la Liga Antimperialista de las Américas, creada por Mariátegui en 1925, el mismo año en el que Mella funda en Cuba, junto a Carlos Baliño, el primer Partido Comunista de Cuba.
En ocasión del I Congreso Mundial contra el Imperialismo y la Opresión Colonial, realizado en Bruselas, en 1927, la revista Amauta dedicó un número a discutir sobre el imperialismo estadounidense. Ese hecho le valió a Mariátegui la prisión, bajo presiones de la embajada de los Estados Unidos - siempre con sus garras perniciosas sobre Nuestra América - que lo acusaba de formar parte de un “complot comunista”. Desde Cuba, Emilio Roig y Marinello, junto a Mella, lideraron los reclamos por la liberación de Mariátegui. Posteriormente y en respuesta a aquellas acusaciones escribió uno de sus ensayos de mayor impacto: “El problema de la tierra” (1927), en el que se declaró un marxista “convicto y confeso”.
Pese a sus graves problemas de salud, Mariátegui mantuvo hasta el final de su vida una intensa actividad intelectual y política. Organizó el Partido Socialista Peruano en 1928, el cual, tras su muerte, se convertiría en el Partido Comunista Peruano, y en 1929 la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP). Aunque por su quebrantado estado físico no asistió a la I Conferencia Comunista Latinoamericana, realizada en 1929 en Buenos Aires, Mariátegui envío delegados que sostuvieron allí sus tesis y fue elegido miembro del Consejo General de la Liga contra el Imperialismo y la Opresión Colonial, entidad ligada a la III Internacional Comunista.
En sus consideraciones sobre el indigenismo siguen habiendo tesis claves para entender y nutrir la acción política, social y económica a favor de una mejor y más justa América Latina y el Caribe. A su modo, habló de lo que décadas después, en medio del fragor de la consolidación de la Revolución Cubana, Ernesto Ché Guevara denominó el 'hombre nuevo'. Para 'El Amauta' en la construcción social de este nuevo ser humano era necesario absorber los bienes de todas las fuentes de conocimiento a las que el mundo contemporáneo podría tener acceso, no solo el conocimiento moderno, sino al conocimiento tradicional de pueblos. En detrimento de esas fuentes propias, del patrimonio de Nuestra América, la propaganda del sistema de medios occidentales, alineados con la preservación del capitalismo global, promueve permanentemente los referentes culturales, sociales y políticos generados por los principales ámbitos estatales de ese sistema, en primer lugar, de Estados Unidos, incluyendo una sofisticada y densa telaraña de ideas que promueven el individualismo, la superficialidad y la enajenación.
Mariátegui, como fundamento para la actividad revolucionaria, ahondó en la dialéctica entre objetividad y subjetividad, como también en la necesidad de articular conocimientos y experiencias del pasado y del presente. Muchos coinciden en que sus aportes provocan aún el interés de los estudiosos. Algunos lo consideran ineludible para afrontar el desarrollo de un pensamiento crítico e integrador en nuestro continente. Es reconocido como uno de los pensadores marxistas más vigorosos de América Latina y el Caribe. Todo ello es verdad, pero convendría también que no sólo los estudiosos asimilaran sus aportes esenciales, vigentes en muchos aspectos.
Considerando la experiencia de la I Guerra Mundial, sostuvo que existen “hechos superiores a la previsión de la ciencia” y “contrarios al interés de la civilización”, y que más allá de la razón, el ser humano tiene necesidad de “fe”, de “pasión”, de “esperanza” combativa. De eso también se trata el espíritu y la resistencia revolucionaria, en especial frente a la amenaza 'MAGA-trumpista' que pone en vilo al mundo.
Mariátegui había comprendido que el progreso irreflexivo promovido por el capitalismo provocaría un aumento de la barbarie (realidad subestimada desde la “perspectiva eurocéntrica”), lo cual, de alguna manera fue también el criterio de Rosa Luxemburgo, cuando habló de 'socialismo o barbarie'; y que el progreso técnico por sí sólo no genera una evolución humana, en dimensión social, universal, de equidad armónica.
La agudeza de aquellas observaciones mariateguistas y la gravedad de las contradicciones “implosivas” de ese proceso autodestructivo de la civilización, cuando priman los intereses de la acumulación irracional del capital, quedan evidenciados si se constatan los enormes riesgos y retrocesos que se manifiestan en la actual sociedad internacional, plagada de guerras, genocidios, hambre, desigualdad, de reacomodos hegemónicos, incluso de la pretensión de validar el colonialismo, como recientemente defendió el actual Secretario de Estado de Estados Unidos. El susodicho, en la Conferencia de Seguridad, realizada en febrero de 2026 en Múnich, dijo sin sonrojo, refiriéndose a la política exterior de su país, que 'no tenemos ningún interés en ser guardianes educados y ordenados del declive controlado de Occidente'. Como diría un comentarista televisivo: saquen ustedes sus propias conclusiones.
Convendría absorber, con coherencia y sin dogmas, todo pensamiento, pretérito o actual, como el de José Carlos Mariátegui, aportador de claves para las duras peleas por un mundo mejor. Lidias históricas como la que sigue librando Cuba, que merecería un acompañamiento masivo, actuante y consciente desde toda Nuestra América frente al acoso estadounidense y sus estamentos oligárquicos satelitales. El hacer, que es lo fundamental, debe ser orgánico, coherente y dialéctico a la vez, profundo; sensible, resistente y siempre resiliente. "Nada importa, en la historia - decía Mariátegui- el valor abstracto de una idea. Lo que importa es su valor concreto".
Hace 96 años, el 16 de abril de 1930, falleció Mariátegui, cuando tenía 35 años. Era joven, demasiado joven, como Pablo de la Torriente Brau, como Julio Antonio Mella, como José Martí.
La Habana, también 16 de abril, pero de 2026
Posdata:
Curiosas hipérbolas de la historia: hoy en #Cuba conmemoramos la proclamación, en el año 1961, por #FidelCastro, del carácter socialista de la #RevoluciónCubana, que seguimos defendiendo.
"Porque lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba. Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos!"
#65años de la #Victoria de #Girón.
Primera derrota del imperialismo estadounidense en #América.
"¡...y que esa Revolución socialista la defendemos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores".
Fidel Castro Ruz
16 de abril, 1961
#PatriaOMuerteVenceremos
#100AñosConFidel
#GirónEsHoy
Y justo hoy se inaugura en #LaHabana el V Coloquio Internacional #Patria
Y aquí también está #Mariátegui en la pelea.
#Girón65
#CubaEstáFirme
OBRAS COMPLETAS DE MARIÁTEGUI:
La escena contemporánea
7 ensayos de interpretación de la realidad peruana
El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy
La novela y la vida. Siegfried y el profesor Canella
Defensa del marxismo
El artista y la época
Signos y obras. Análisis del pensamiento literario contemporáneo
Historia de la crisis mundial. Conferencias pronunciadas en 1923
Poemas a Mariátegui (Compilación con prólogo de Pablo Neruda)
José Carlos Mariátegui por María Wiesse
Peruanicemos al Perú
Temas de nuestra América
Ideología y política
Temas de educación
Cartas de Italia
Figuras y aspectos de la vida mundial
Amauta y su influencia de Alberto Tauro