La prueba
Ella puso en la rueda al pececito de oro y la hizo girar… ¿Cómo dar en el blanco mirando su reflejo? Lo real, dijo el hombre de negro no puede ser mirado a la cara El arquero bajó entonces los ojos allí en el agua buscaba las escamas doradas, más aún por el brillo del sol. Ella puso en la rueda un corazón muy rojo y lo hizo amar contra la voluntad del mundo, que giraba Alguien vistió de negro por creer que el corazón moría. El arquero alzó entonces los ojos hacia la única estrella velada por las nubes y preparó su arco. Lo real, dijo ella permanece en la sombra. Y la muerte, en el mundo, es la sombra más larga. Ella puso en su pecho una cadena de oro dijo el hombre de negro que había en su relicario el corazón de todos sus amantes. Ella vestía de rojo y en sus ojos no brillaba una lágrima cuando vendó los ojos al arquero asomaba la luna y todos los árboles del mundo perdieron sus hojas. En medio del silencio, él tensó el arco mientras lo veían bogar en la barca cubierta de flores con los ojos cerrados. Ella esperó la flecha, pero antes le preguntó al arquero qué veía y él dijo solamente: un pececillo de oro. Cuando cayó al estanque atravesado su ojo inmutable por la flecha nadie lloró ni se asombró pues todo estaba escrito. Ella fue entonces a llover en los bosques. Lo real, murmuraba es esta lluvia que lava mi vestido hasta dejarlo blanco. Ella embalsamó al pececillo dorado y lo colgó en su cuello un anillo se deslizó en su dedo, sin que supiera el arquero tenía una pluma muy roja en su sombrero al alba, con la última estrella todo estaba cumplido ella le preguntó: ¿qué ves ahora? el dijo solamente: un corazón y cerró los ojos. Ella soltó entonces a todos los pájaros de todas las jaulas del palacio y lloró.











