El estado de Campeche se caracteriza por ser uno de los destinos turísticos más visitados por sus variadas ofertas en lugares arquitectónicos, culturales y de gran valor histórico. En todos estos sitios, la presencia del pueblo Maya es aún muy fuerte y conmovedora. Las magníficas estructuras encerradas entre la exuberante maleza selvática, acompañadas de las leyendas y mitos que se tejen alrededor de ellas, vuelven al lugar visitado un ambiente lleno de enigmas y de magia. Un paraíso digno de ser descubierto.
Esto es lo que sucede cuando se visita Chicanna, sitio arqueológico ubicado a 150 km de Campeche, hacia el sureste, cercano a Becán.
Chicanná sorprende al visitante por su hermosura arquitectonica precolombina. Su nombre deriva de la lengua maya y significa “Casa de la boca de la serpiente” (chi-: boca, can-: serpiente y ná- casa), quizás por la inmensa figura fantástica que se forma en la entrada central del lugar: produce la sensación de estar ingresando por la enorme y fatídica boca de uno de estos reptiles.
En lo que concierne a la historia del sitio, puede decirse que Chicanná formaba parte de la región del río Bec y era una de las grandes ciudades dependientes de Becán. Por los estudios arqueológicos realizados allí, muchos investigadores coinciden en que probablemente esta fue una ciudad de corte elitista, una de las más importantes de la región de Becán, debido a la elegancia y al refinamiento de sus estructuras. El apogeo de esta ciudad se registra entre el 600 y 800 d.C aunque la ocupación del lugar se remonta hacia el 300 a.C.
La primera de estas estructuras es el Palacio del Este y se caracteriza por ser un edificio largo de dos filas con tres habitaciones en cada una. Este rectangular edificio se encuentra en medio de dos grandes torres que contienen figuras del Dios de la lluvia y unas escaleras que simulan conducir a templos falsos.
La segunda de las Estructuras está ubicada hacia el este de la Plaza y es quizás la construcción más bella e importante del lugar, puesto que está fantásticamente adornada con un mascarón del Dios Itzamná, el dios creador de todas las cosas. Esta estructura otorga el nombre propio del lugar, Chicanná, dado que forma la figura del Dios con la boca abierta; sus dientes y lengua orientados hacia la Plaza, producen la extraña sensación de estar invitándonos a entrar y ser deglutidos por el inframundo de los mayas. La construcción posee 8 aposentos y está pintada de un fuerte color rojo, desgastado con el correr de los años.
La Tercera Estructura se encuentra hacia el norte de la Plaza, es un edificio no muy alto con escaleras en su centro. La Cuarta Estructura se ubica en el sector sur de la Plaza nombrada, y es muy similar a la anterior. Posee una escalera en su parte central.
A la Estructura número seis la encontramos hacia el sureste, y se corresponde con la caracterización de las últimas dos construcciones descriptas: posee una escalera en su centro, otras más pequeñas alrededor que encierran pequeñas figuras de dioses mayas.
La Estructura XI se ubica en el sector sur del núcleo de Chicanná. Por los estudios de los restos arqueológicos encontrados en este lugar, se cree que es una de las construcciones más antiguas de casi toda la región del Río Bec.
Finalmente, encontramos la Estructura XX después del recorrido entre la vegetación que nos llevó hasta ella. Esta magnífica belleza arquitectónica se orienta hacia los cuatro puntos cardinales, y, de las siete estructuras que conforman Chicanná, es la de mayor altura. Posee dos pisos, uno de 11 habitaciones y otro de 4, y una escalera interna que permite ingresar a la parte alta de la estructura desde el exterior. También aquí observamos mascarones que representan al Dios de la Lluvia, en la mitología maya, que mezclan las figuras humanas con las zoomorfas.
El clima del lugar es muy cálido, por eso se recomienda la utilización de vestimenta cómoda y fresca durante el recorrido por la tarde, mucha bebida refrescante y no olvidar llevar consigo algún repelente que proteja de los insectos propios de lugares húmedos y calurosos.
A pesar de las recomendaciones mencionadas, Chicanná no deja de ser un lugar apto para recorrer y disfrutar con tiempo, para llenarse de historia y de belleza natural de la mano de la increíble flora y fauna selvática; destacándose la presencia de aves coloridas que, hacia el momento de la caída del sol, nos visitan desde distintos puntos de la selva para ofrecernos un espectáculo único de la naturaleza.
Además, organizar un recorrido por las fantásticas ruinas de Chicanná, nos llevan necesariamente a viajar un poco más y a visitar otros de los tantos sectores arqueológicos del estado de Campeche, como Hormiguero, X’puhil y Balam kú. Todos ellos nos invitan a seguir descubriendo lugares míticos y adentrarnos en mundos misteriosos, portadores de la riqueza más importante del mundo, la natural.