CAFÉ DE COLÔMBIA | Av. 7ª
Estudio Cultural del fenómeno del Café y las interacciones sociales a lo largo de la Avenida Séptima en Bogotá - Colombia.
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CAFÉ DE COLÔMBIA | Av. 7ª
Estudio Cultural del fenómeno del Café y las interacciones sociales a lo largo de la Avenida Séptima en Bogotá - Colombia.

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Personas animadas observando un show de breakdance en el tĂpico Septimazo de la capital de Colombia. La ausencia de celulares en la escena marca el comienzo de la dĂ©cada en la Bogotá de principios de 2010; quizás el “delay” tecnolĂłgico que cubre esta parte del mundo, sea el responsable directo de este fenĂłmeno.
A room with a view. . . . . . . . #bogotá #aerial #carreraseptima #street #fotografia #bancodelarepublica #travel (at Banco de la República - Colombia)
Avianca building, Bogotá #skyscraper #grattacielo #septimazo #carreraseptima #bogota #bogotaneando #loves_bogota #enmibogota (en Avianca Building)
The place where the liberal leader Jorge Eliecer Gaitán died in 1948 #carreraseptima #septimazo #bogotaneando #loves_bogota #igersbogota #bogota (en Juzgados Nemqueteba)

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Palmtrees at Carrera Séptima #bogota #bogotaneando #carreraseptima #palmtrees #loves_bogota #igersbogota #enmicolombia #colombia_folklore
#bogota #carreraseptima @fernandocruzf @fotografiacolombiana (en BolĂvar Square)
Rodar y no caer
O por lo menos no esta vez.
VenĂa pensándolo. Eso de volverme a subir a una bicicleta despuĂ©s de tantos años (diez o más). Por esos dĂas, hace una dĂ©cada, ya habĂa empezado a pasar muy de vez en cuando, una vez al mes o algo asĂ. Luego menos, hasta que la bicicleta que tenĂa en ese momento no volviĂł a salir del depĂłsito.
Esta vez me volvĂ a entusiasmar, y me ocupĂ© (para lo cual, admito, necesitĂ© algo de motivaciĂłn extra) de ir a ver algunas. No entendĂa mucho. Que si esta marca o la otra, que si el rin 26 o uno más grande, que para quĂ© terreno la querĂa porque de eso dependĂa el nĂşmero de cambios, que en quĂ© tipo de frenos estaba interesada, que los pedales, que el piñon, que la cadena… necesitĂ© ayuda con todo eso. Los vendedores hablaban de esto y yo hacĂa una nota mental con esa informaciĂłn, que se quedĂł en mi cabeza apenas unos segundos y luego desapareciĂł. VolvĂ a mi estado natural respecto a todo lo tĂ©cnico de una bicicleta, o de un carro, o de lo que sea: no entender nada.
Me quedĂ© más bien en el tema cĂłmodo, estĂ©tico, fácil, trascendental para mĂ, de los colores. Negro, siempre mi color favorito. Amarillo! Me antojĂ© de una bici amarilla, me sonaba mucho y… pareciĂł no existir. PodrĂan pintar una, pero tendrĂamos que regresar luego por ella. Amarilla descartada. Me habĂa tardado algunos meses en ir a comprarla, asĂ que esa tarde me llevarĂa a casa, si o si, mi bici, la que eligiera.
HabĂa negra, solo negra o combinada con otros colores: fucsia, azul, morado, verde fluorescente. Negra con rojo, linda. Al final, un giro como de 360 grados: una bici blanca con… rosado. Pensar si realmente querĂa el color rosa del que suelo huir por aquello de los tonos clichĂ©s para las niñas, para las mujeres y para lo que se supone, equivocadamente, es sinĂłnimo exclusivo de lo femenino. Subirme, rin 27 y medio. Dudar si podrĂa manejarla sin caerme al suelo de inmediato, y sin llevarme a alguien por delante en el primer intento. Probarla, curiosearla, verla grande, y al final, quererla.
La ruta uno: la ciclovĂa por la carrera sĂ©ptima en dĂa domingo. Comprobar que, dado el tamaño de mi cuerpo, el rin 27 y medio era un poco grande y no tener muchas opciones, más allá de poner el sillĂn lo más abajo posible. Llevar la bicicleta a mi lado, mientras yo caminaba, hasta estar sobre la vĂa de la ciclovĂa. Montarla con algo de susto y una vez ya rodando preferir no parar más, ni en semáforos, ni porque alguien imprudente se atravesara; solo seguir adelante y buscar un lugar medio de “emergencia” cada vez que irremediablemente necesitara parar.
Detenerme cuando tocĂł, poniendo un pie sobre el andĂ©n y dejando el pedal del otro lado, listo para reiniciar el recorrido. Verificar que, efectivamente, montar bicicleta es de esas cosas que nunca se olvidan, ir teniĂ©ndome un poco más de confianza, y en unos minutos empezar a disfrutarlo realmente. Relajarme, intentar entender cĂłmo funcionan los cambios, experimentar, dejarme llevar por la vĂa, por el ejercicio fĂsico, por las ganas que tenĂa de volver a montar bicicleta, y finalmente avanzar confiada y tranquilamente. Sentirme cĂłmoda con el viento frĂo sobre la cara y no huirle demasiado a la lluvia en esa hora de la mañana.
Veinte kilómetros al final de la ruta uno, entre ida y vuelta unas 155 cuadras en Bogotá. Descubrir otra forma de andar la ciudad, de recorrerla de una manera distinta. Una más tranquila, más enérgica, más personal.