Escribir Confiar En El Enemigo fue, para mí, un acto de catarsis.
Toda mi vida quise escribir, y empecé siendo muy joven (aunque tampoco es que ahora sea viejo). Con el tiempo me encontré escribiendo historias que, en teoría, me encantaría leer… pero que no disfrutaba tanto escribir. Ahí apareció el bloqueo: esa sensación de que tenía que terminar algo, pero las palabras simplemente no salían.
Intenté forzarme a seguir, pero entendí algo importante: si yo no estaba disfrutando el proceso, tampoco iba a ser justo para el lector.
Confiar En El Enemigo fue, en ese sentido, mis “vacaciones” de todo eso.
Lo escribí completo en una semana, porque no podía despegarme de la notebook. Necesitaba seguir esa historia. Y después lo disfruté todavía más: releyéndolo, corrigiéndolo, trabajando en su parte visual, y compartiendo el proyecto con Emma, a quien conocí gracias a este mismo libro.
En ese proceso entendí que realmente había algo distinto. Porque cuando lo terminé, me dejó un vacío que todavía no pude llenar con ninguna otra historia, por buena que sea.
Y lo más importante: después de este libro volví a disfrutar escribir como cuando tenía quince años, cuando la creatividad no tenía freno.
Desde entonces escribí tres libros en cinco meses.
Cualquiera que me conozca sabe quién es mi musa… pero si no existiera, probablemente sería este libro.
Confiar En El Enemigo me devolvió el amor por la escritura.