Gustave Dore, Divina Comedia, Infierno

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Gustave Dore, Divina Comedia, Infierno

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Les presento a Dai ✨ personaje inspirado en @rickparsa 🏮 Historia 🏮 Dai es una de los espíritus menores que acompañan a las almas que cruzan el rio Aqueronte con el barquero. Se encarga junto con el Can Cerbero (alias Manchas) a que las almas que vagan en las orillas del rio lleguen hasta las puertas del Hades. Puede controlar el fuego azul para iluminar los caminos por los que va y también puede ver la vida que tuvo el difunto con sólo verlo. Lastimosamente Dai no puede moverse de donde le corresponde aguardar a las almas, pero eso no fue impedimento para que pudiera ser amigo de Lix... aunque Dai solo hablara lo justo y necesario. . . . . . . . . #draw #illustration #color #clipstudiopaint #artwork #draw #desing #background #greekmythology #hades #Aqueronte #art #oc #newoc #painting🎨 #drawing #wacom #paraguayanart #artist #paraguayanartist https://www.instagram.com/p/CZM4JILOP1W/?utm_medium=tumblr
"José Emilio Pacheco y el Silencio en 'Aqueronte': Un Juego de Miradas y Deseos no Correspondidos"
Olvido * Me sumerjo en las turbias aguas Del placer En que nadamos Y me sostengo en las orillas Que desbordan Los efervescentes líquidos De un amor paralelo, Oculto Lleno del exquisito perfume Que da lo furtivo. * Con el canto de sirena Te llamo Y entrás en lo profundo Rompiendo las barreras De lo preestablecido. * Esclavos de las sombras Cruzamos el río Aqueronte Para adentrarnos al hades Y yacer. Caronte saca los óbolos De nuestras lenguas Y se da por servido. * Navegamos la madrugada Una última vez Y nos disponemos A beber del agua Del Lete Para borrar los recuerdos. Si no podemos amarnos Que las aguas del olvido Nos lleven. * * * * ✍ @jesskimor #JessMor #poetry #poems #poesia #olvido #forgetting #writer #writing #lete #aqueronte #caronte #greekmithology #passion #mermaid #sirena #all_shots #literature #hades #love ❤ #water #yerbabuena #Tucuman #BuenosAires #Argentina 🇦🇷 #world 🌍🌎🌏 (en Yerba Buena, Tucuman)
Maychamon
19 River, Caronte.
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#Sailing in the #Aqueronte @ #CDMX #MexicoCity #MX #Mexico (at Museo del Palacio de Bellas Artes)
José Emilio Pacheco - Aqueronte
Son las cinco de la tarde, la lluvia ha cesado, bajo la húmeda luz el domingo parece vacío. La muchacha entra en el café. La observan dos parejas de edad madura, un padre con cuatro niños pequeños. A una velocidad que demuestra su timidez, atraviesa el salón, toma asiento a una mesa en el extremo izquierdo. Por un instante se aprecia nada más la silueta a contraluz del brillo solar en los ventanales. Cuando se acerca el mesero la muchacha pide una limonada, saca un cuaderno y se pone a escribir algo en sus páginas. No lo haría si esperara a alguien que en cualquier momento puede llegar a interrumpirla. La música de fondo está a bajo volumen. De momento no hay conversaciones.
El mesero sirve la limonada, ella da las gracias, echa azúcar en el vaso alargado y la disuelve con una cucharilla de peltre. Prueba el líquido agridulce, vuelve a concentrarse en lo que escribe con un bolígrafo de tinta roja. ¿Un diario, una carta, una tarea escolar, un poema, un cuento? Imposible saberlo, imposible saber por qué está sola en la capital y no tiene adónde ir la tarde de un domingo en mayo de 1966. Es difícil calcular su edad: catorce, dieciocho, veinte años. La hacen muy atractiva la esbelta armonía de su cuerpo, el largo pelo castaño, los ojos un poco rasgados, un aire de inocencia y desamparo, la pesadumbre de quien tiene un secreto.
Un joven de su misma edad o acaso un poco mayor se sienta en un lugar de la terraza, aislada del salón por un ventanal. Llama al mesero y ordena un café. Observa el interior. Su mirada recorre sitios vacíos, grupos sileniosos, y se detiene un instante en la muchacha. Al sentirse observada alza la vista. En seguida baja los ojos y se concentra en su escritura. El salón ya no flota en la penumbra: acaban de encender las luces fluorescentes.
Bajo la falsa claridad ella de nuevo levanta la cabeza y encuentra la mirada del joven. Agita la cucharilla de peltre para disolver el azúcar asentada en el fondo. Él prueba su café y observa la muchacha. Sonríe al ver que ella lo mira y luego se vuelve hacia la calle. Este mostrarse y ocultarse, este juego que parece divertirlos o exaltarlos se repite con leves variantes por espacio de un cuarto de hora o veinte minutos. Por fin él la mira de frente y sonríe una vez más. Ella aún trata de esconder el miedo o el misterio que impiden el natural acercamiento.
El ventanal la refleja, copia sus actos, los duplica sin relieve ni hondura. Recomienza la lluvia, el aire arroja gotas de agua a la terraza. Cuando siente humedecerse su ropa el joven da muestras de inquietud y ganas de marcharse. Entonces ella desprende una hoja del cuaderno, escribe unas líneas y da una mirada ansiosa al desconocido. Con la cuchara golpea el vaso alargado. Se acerca el mesero, toma la hoja de papel, lee las primeras palabras, retrocede, gesticula, contesta indignado, se retira como quien opone un gesto altivo a la ofensa que acaba de recibir.
Los gritos del mesero llaman la atención de todos los presentes. La muchacha enrojece y no sabe en dónde ocultarse. El joven observa paralizado la escena inimaginable: el desenlace lógico era otro. Antes de que él pueda intervenir, vencer la timidez que lo agobia cuando se encuentra sin el apoyo, el estímulo, la mirada crítica de sus amigos, la muchacha se levanta, deja unos billetes sobre la mesa y sale del café.
Él la ve pasar por la terraza sin mirarlo, se queda inmóvil un instante, luego reacciona y toca en el ventanal para que le traigan la cuenta. El mesero tomo lo que dejó la muchacha, va hacia la caja y habla mucho tiempo con la encargada. el joven recibe la nota, paga, sale al mundo en que se oscurece la lluvia. En una esquina donde las calles se bifurcan mira hacia todas partes. No la encuentra. El domingo termina. Cae la noche en la ciudad que para siempre ocultará a la muchacha.
El Merodeador
100 años debo deambular por este río Aquí no hay calor, tampoco frió muchos tiempo ha durado la espera Deseando llegar al limbo, aguardo sólo en ésta ribera Mientras los días pasan muy lentamente Sombras errantes veo marchar sobre el Aqueronte El aire que se respira es denso Los muertos caminan en silencio No hay dudas ni miedos ni arrepentimiento Y el barquero me dice que aun no ha pasado el tiempo Le observo marcharse, hasta que una espesa niebla lo devora sigo esperando que al fin sea mi hora Que al mirar a la neblina perciba a Caronte y su barco Que diga mi nombre y mi alma vibre Porque al fin seré libre Ya no hay un hoy ni un mañana, el ayer se ha ido. En mi anhelo al río de almas me he caido Ahogandome en las sombras más profundas El pecho de agua se me inunda Llenandome de recuerdo que creia perdidos Recordando todo hasta que en un merodeador me he convertido