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Al final de sus 20's, uno comienza a replantearse muchas cosas.
AYUSO CUCHÉ MENUS ANCIANOS 6,48€ AL DIA Ayuso se dedica a insultar al resto para que no hablemos de que malnutre a los ancianos de las residencias por 6,48 euros al dÃa para desayuno, comida, merienda y cena. Video publicado por AntonioMaestre @AntonioMaestre MAS INFO>> https://t.ly/4o3v7
¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor— Santiago 5:14

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La última lágrima
Allà estaba, sentado en una banqueta, con los pies descalzos sobre las baldosas rotas de la vereda; gorra marrón, manos arrugadas sosteniendo un viejo bastón de madera; pantalones que arremangados dejaban libres sus pantorrillas y una camisa blanca, gastada, con un chaleco de lana tejido a mano.
El anciano miraba a la nada. Y el viejo lloró, y en su única lágrima expresó tanto que me fue muy difÃcil acercarme, a preguntarle, o siquiera consolarlo.
Por el frente de su casa pasé mirándolo, al voltear su mirada la fijó en mÃ, le sonreÃ, lo saludé con un gesto, aunque no crucé la calle, no me animé, no lo conocÃa y si bien entendà que en la mirada de aquella lágrima se mostraba una gran necesidad seguà mi camino, sin convencerme de estar haciendo lo correcto. En mi camino guardé la imagen, la de su mirada, encontrándose con la mÃa. Traté de olvidarme. Caminé rápido como escapándome. Compré un libro y tan pronto llegué a mi casa, comencé a leerlo esperando que el tiempo borrara esa presencia… pero esa lágrima no se borraba…
Los viejos no lloran asà por nada, me dije.
Esa noche me costó dormir; la conciencia no entiende de horarios y decidà que a la mañana volverÃa a su casa y conversarÃa con él, tal como entendà que me lo habÃa pedido. Luego de vencer mi pena, logré dormir.
Recuerdo haber preparado un poco de café, compré galletas y muy deprisa fui a su casa convencido de tener mucho por conversar. Llamé a la puerta y salió otro hombre.
¿Qué desea?
Busco al anciano que vive en esta casa, contesté.
Mi padre murió ayer por la tarde, dijo entre lágrimas.
¡Murió!, dije decepcionado. Las piernas se me aflojaron, la mente se me nubló y los ojos se me humedecieron.
¿Usted quien es? Volvió a preguntar.
En realidad, nadie, contesté y agregué.
Ayer pasé por la puerta de su casa, y estaba su padre sentado, vi que lloraba y a pesar de que lo saludé no me detuve a preguntarle que le sucedÃa pero hoy volvà para hablar con él pero veo que es tarde. No me lo va a creer pero usted es la persona de quien hablaba en su diario. Extrañado por lo que me decÃa, lo miré pidiéndole más explicación.
Por favor, pase. Me dijo aun sin contestarme.
Luego de servir un poco de café me llevó hasta donde estaba su diario y la última hoja rezaba:
Hoy me regalaron una sonrisa plena y un saludo amable… hoy es un dÃa bello.
Tuve que sentarme, me dolió el alma de solo pensar lo importante que hubiera sido para ese hombre que yo cruzara aquella calle.
Me levanté lentamente y al mirar al hombre le dije:
Si hubiera cruzado de vereda y hubiera conversado unos instantes con su padre…
Pero me interrumpió y con los ojos humedecidos de llanto dijo: Si yo hubiera venido a visitarlo al menos una vez este último año, quizás su saludo y su sonrisa no hubieran significado tanto.
Autor Desconocido
"Si hubiera….si hubiera…si hubiera….Cuántas veces esas dos palabras han estado en nuestros labios. Tomemos la decisión de aprovechar cada oportunidad para amar, compartir y edificar a otros. Hoy…porque mañana puede ser tarde".
Madrid, 2022