Reescribiendo nuestra historia CAPITULO 21
La Preparatoria Auradon, incluso en una tarde de miĆ©rcoles, abrĆa sus puertas para acoger las primeras clases de la maƱana, mientras algunos estudiantes rebuscaban en las taquillas los materiales necesarios para el dĆa. Petra cogió su estuche, folios y los libros de las primeras clases en los brazos, dejando los demĆ”s dentro de la taquilla que le habĆan asignado.
āĀæDejas los libros en la taquilla? āpreguntó Claudine, ajustĆ”ndose la mochila en la espalda.
āCostumbre de la Isla, guardas lo que tiene valor.
āEs una costumbre suya āexplicó Charlotteā. Algunos chicos de la Isla destrozaban todo lo que podĆan si tenĆan oportunidad. El Cochero siempre decĆa que si esa fuera la Isla de los Juegos y no la Isla de los Perdidos, habrĆa mĆ”s burros que personas.
Las tres jóvenes emitieron risas suaves hasta que una figura se acercó a ellas.
āĀ”Buenos dĆas, chicas! ĀæListas para vuestro segundo dĆa? ādijo Pin, emocionado.
āĀæA quĆ© viene esa cara tan feliz? āpreguntó Charlotte.
āOh, claro, vosotros no lo sabĆ©is āexplicó Pinā. Todos los aƱos se hace un baile de bienvenida e inauguración del aƱo escolar, para que los trasladados de la Isla y los de primer aƱo conozcan a los demĆ”s.
Pin se disponĆa a explicar mĆ”s en profundidad cuando la voz de MerlĆn resonó por los altavoces de los pasillos.
āAtención, estudiantes ādijo la voz amplificadaā. QuerĆa recordaros a todos la celebración del tradicional Baile de Bienvenida de la Preparatoria Auradon. Ya sabĆ©is que el baile tendrĆ” lugar el primer viernes del curso en el Gran Salón.
Las tres jóvenes se quedaron paralizadas, deteniendo sus movimientos. ĀæUn baile? En la Isla, los bailes eran escasos y poco formales. La idea de un āBaile de Primaveraā en Auradon sonaba a algo sacado de un sueƱo⦠o de una pesadilla social.
MerlĆn continuó explicando el propósito del baile: una bienvenida formal para los nuevos estudiantes, una oportunidad para interactuar con los hĆ©roes y el personal en un ambiente relajado, y una celebración de la llegada de la primavera.
āSe anima a todos los estudiantes a asistir āconcluyó la voz de MerlĆn, y el bullicio en los pasillos resurgió inmediatamente, teƱido de emoción y alegrĆa por la noticia.
Charlotte, Petra y Claudine se miraron, sus ojos reflejando confusión y asombro.
āĀæUn baile? āsusurró Petra, aĆŗn procesando la noticiaā. ĀæAquĆ hacen bailes⦠con vestidos y todo?
Pin sonrió, notando su desconcierto.
āSĆ, es el Baile de Primavera. Es una tradición āexplicóā. Es para los reciĆ©n llegados, principalmente. Para conoceros. Es una buena oportunidad. Los hĆ©roes y sus familias suelen ir. Es bastante divertido, la verdad: mĆŗsica, baile⦠y la comida suele ser espectacular, incluso para los estĆ”ndares de Auradon.
Mal apareció a la izquierda del grupo, inclinÔndose un poco hacia ellas.
āDeberĆais ir. Es una experiencia, y os ayudarĆ” a sentiros mĆ”s⦠parte de todo esto āanimó la chica de pelo morado.
La idea sonaba⦠bien. Extraña, abrumadora, pero la posibilidad de ver a los héroes, de experimentar una celebración real, era tentadora. Pero un obstÔculo muy prÔctico se interpuso en su mente:
āPero⦠no tenemos vestidos ādijo Charlotte, mirando su ropa sencillaā. Un baile⦠aquĆ⦠necesitarĆamos⦠vestidos de gala.
āNada que ver con la ropa que tenemos āaƱadió Petra, haciendo un gesto a su camiseta.
Claudine permaneció en silencio, pero la ansiedad regresó a sus ojos. La idea de un baile era aterradora: demasiada gente, demasiada atención, y la falta de un vestido adecuado solo se sumaba a su miedo a no encajar, a ser señalada.
Mal asintió, comprendiendo perfectamente su dilema.
āAh, sĆ. El problema del vestuario. Nos pasó a nosotros tambiĆ©n al principio ācomentó, mirando entre las tres. Luego, una sonrisa pĆcara apareció en su rostroā. SĆ© quiĆ©n puede ayudaros con eso.
Se inclinó aún mÔs, bajando la voz ligeramente.
āLas Hadas Madrinas. Hay varias en la escuela. Son⦠muy buenas con la ropa. Y la magia āmiró a Claudine un instante, recordando su miedo a la magia, pero sabĆa que esta era la solución mĆ”s viableā. Si les explicĆ”is vuestra situación, estoy segura de que podrĆan conjuraros algo, o encontraros algo adecuado en la escuela. Preguntad por el taller de la actividad extraescolar de costura despuĆ©s de clase.
āĀæLas Hadas Madrinas? āsusurró Petra, con asombro. ĀæPedirle un vestido a un Hada Madrina? Era algo que solo ocurrĆa en los cuentos⦠o quizĆ” sĆ en la vida real.
āSĆ. Tienen recursos y son amables. La fiesta es el viernes. TenĆ©is⦠dos dĆas para ir a verlas y conseguir algo, y decidir si querĆ©is asistir.
Charlotte, Petra y Claudine se miraron de nuevo, pero esta vez la confusión se mezclaba con un atisbo de esperanza y una nueva capa de asombro. Un baile. Vestidos hechos por Hadas Madrinas. Dos dĆas para prepararse para entrar en un mundo de fantasĆa que parecĆa querer aceptarlas, a pesar de todo. La invitación a Auradon ya habĆa sido un shock, pero la idea de un Baile de Primavera⦠eso llevaba la irrealidad a un nivel completamente nuevo.
Mientras el grupo se dispersaba para acudir a su próxima clase, un par de figuras imponentes las observaban desde la distancia. Los gemelos Gastón, vestidos con ropa deportiva, comentaban entre ellos.
āMira a esa burra presumida ādijo Gastón IIā. Se cree alguien porque le han hecho un par de fotos con unos guantes de boxeo.
āHabrĆa que mandarla a los establos de Auradon, hay que enseƱarle su lugar ārecalcó Gastón IIIā. Darle una lección a esa⦠cosa.
āSĆ, y quizĆ” el baile sea el momento perfecto āaƱadieron, mirĆ”ndose de forma cómplice y dejando escapar unas leves risas.
Petra se introdujo en una sala-laboratorio llena de calderos y frascos con lĆquidos de diferentes colores. Era su segunda clase de Pócimas, una asignatura que habĆa llamado su atención, aunque el dĆa anterior no habĆan empezado a preparar ningĆŗn burbujeante hechizo de caldero. La profesora, MamĆ” Oddie, simplemente les habĆa dado teorĆa para explicar el desarrollo del curso, enseƱƔndoles la disposición de los materiales y desglosando los conocimientos que tratarĆa de impartir.
Los alumnos eran variados en comparación con Magia Elemental, donde la mayorĆa eran solo criaturas mĆ”gicas: habĆa animales antropomórficos como el hijo de Robin Hood y el hijo de Kuzco, Artie, hijo del rey Arturo, y Pin, sentado a su lado.
āBienvenidos, alumnos ādijo MamĆ” Oddie, apareciendo con un resplandor dorado en el cetro de la salaā. Tras la explicación teórica de ayer sobre la asignatura, hoy daremos comienzo a la primera prĆ”ctica de pociones. Por favor, tomad un caldero pequeƱo mientras doy la explicación.
Los calderos oscuros sobrevolaron mĆ”gicamente la sala, aterrizando con delicadeza sobre las mesas de mĆ”rmol del laboratorio. Eran objetos pequeƱos, poco mĆ”s grandes que una cacerola, que se posaban suavemente sobre las superficies lisas mientras MamĆ” Oddie anotaba una serie de ingredientes e instrucciones en la pizarra con ayuda de su mascota serpiente, Juju, que movĆa la tiza siguiendo sus indicaciones.
āHoy nos centraremos en pociones sensoriales āexplicó MamĆ” Oddieā. Si salen bien, podrĆ©is llevĆ”roslas para perfumar vuestras casas o habitaciones, en caso de que seĆ”is internas. Si hay tiempo, tambiĆ©n prepararemos una poción en gel para suavizar la piel. Si tenĆ©is alguna extraescolar como jardinerĆa o carpinterĆa, agradecerĆ©is a la larga tener a mano una poción como esa. Bien, seguid las indicaciones de los ingredientes en la pizarra; cuando tengĆ”is todo a mano, comenzaremos la explicación.
Petra agarró los frascos de vidrio etiquetados con los ingredientes y se acercó a una pequeña balanza de metal para medirlos: 100 gramos de extracto de aloe vera, miel, leche y polvo dorado. La clase de pociones era muy similar a las de cocina o herbolario de las brujas de la Isla, pues usaban ingredientes naturales que se encontraban en el entorno.
āUsan objetos cotidianos para ellos āpensó la joven rubiaā. Pero en la Isla, cosas como la miel son imposibles de encontrar; apenas crece vegetación, y la que hay es grisĆ”cea.
Pero Petra no era de las que se daban por vencida. QuizĆ” podrĆa preparar muchas pociones allĆ y llevarlas a la Isla; para su padre serĆa una ventaja obvia. PodrĆa usarlas si Ć©l enfermaba o incluso venderlas para ganar dinero; en ambos casos salĆa ganando. DebĆa investigar si se podĆa enviar correo a la Isla desde Auradon.
Con esa motivación en mente, Petra se concentró en su tarea, dejando que la explicación de la clase fuera lo único que invadiera su mente.
El aula de FilosofĆa no era un laboratorio burbujeante ni un gimnasio ruidoso. Era un salón amplio, con paredes forradas de madera clara y estanterĆas llenas de libros antiguos. En lugar de pupitres, habĆa cómodas sillas dispuestas en un semicĆrculo alrededor de un podio bajo, invitando a la discusión mĆ”s que a la memorización rĆgida. La luz que entraba por los altos ventanales era suave, creando una atmósfera tranquila, casi contemplativa. Pero para Claudine, cualquier lugar lleno de gente desconocida era una fuente de ansiedad.
Llegó un poco tarde, dudando en la puerta pulida. Se sentĆa expuesta al entrar, sus ojos recorriendo rĆ”pidamente el semicĆrculo en busca de un lugar donde pasar desapercibida. La mayorĆa de las sillas ya estaban ocupadas. Respiró hondo y se dirigió hacia la Ćŗltima fila, buscando la seguridad de una esquina.
Mientras tomaba asiento, notó a algunos de los otros estudiantes. HabĆa una mezcla de rostros: algunos que reconocĆa vagamente de los pasillos o la cafeterĆa, otros completamente nuevos.
Cerca del centro, sentado con una postura relajada pero atenta, estaba Zephyr, hijo de Esmeralda y Febo. Sus padres habĆan luchado contra la injusticia y el fanatismo de Frollo, el padre de Claudine. Zephyr ya habĆa demostrado un fuerte sentido de la Ć©tica al defenderlas en la cafeterĆa. La filosofĆa, especialmente la Ć©tica, la justicia y la filosofĆa social, era un tema que resonaba profundamente con su herencia y personalidad. Seguramente estarĆa interesado en las grandes preguntas sobre el bien y el mal, el prejuicio y la moralidad. TambiĆ©n vio a Loonie, hija de MulĆ”n.
Claudine se sentó en su asiento, intentando hacerse pequeƱa. El ambiente tranquilo del aula contrastaba con el torbellino de pensamientos en su cabeza. Tanta gente, tantas perspectivas⦠y la certeza de que la clase de FilosofĆa, al igual que la de Ciencias Naturales, probablemente desafiarĆa de frente todo lo que su padre le habĆa enseƱado a creer sobre el mundo y su lugar en Ć©l. El miedo a esa confrontación intelectual, a ser forzada a pensar de maneras que su padre considerarĆa pecaminosas, se sumaba a su ansiedad habitual. Sacó su cuaderno, lista para intentar, una vez mĆ”s, procesar un tipo de conocimiento que venĆa de un mundo completamente diferente a las rĆgidas āreglasā de su padre.
Sentado a su lado encontró a Aziz, hijo de AladdĆn y JasmĆn, y a otro alumno que no reconoció.
Todos los ojos se dirigieron hacia Rafiki, el mandril sabio y anciano que, segĆŗn los murmullos, serĆa su profesor. No estaba usando la pizarra ni abriendo un libro. TenĆa un bastón nudoso en la mano y habĆa sido Ć©l quien habĆa golpeado suavemente el suelo de madera, creando ese sonido singular en el aula silenciosa.
Rafiki no sonreĆa de la manera jovial de Pin ni de la cĆ”lida de TerĆmaco. Su rostro, arrugado por los aƱos y la sabidurĆa, tenĆa una expresión seria, pero sus ojos brillantes y penetrantes parecĆan ver mĆ”s allĆ” de la superficie. Dejó caer el bastón en el suelo con otro golpe suave.
āHmm āmusitó Rafiki, su voz rasposa y profunda, resonando ligeramente en la salaā.
Se tomó su tiempo, escaneando los rostros de los estudiantes, deteniĆ©ndose un instante en Claudine con una mirada que no era de juicio, sino de profunda observación. Claudine sintió un escalofrĆo, como si Ć©l viera directamente el miedo incrustado en su alma.
āĀæQué⦠ves? āpreguntó finalmente, su voz llenando el espacio. No seƱalaba nada en particular. Solo la pregunta, simple y profundaā. ĀæQué⦠realmente⦠ves?
Hizo una pausa, permitiendo que la pregunta se asentara, confusa para algunos, intrigante para otros.
āAlgunos ven una silla ācontinuó, seƱalando una de las sillas vacĆas con su bastónā. Otros ven⦠madera, tela, metal. āDio otro golpe suaveā. Algunos ven⦠un lugar para sentarse⦠un lugar para⦠estar.
Caminó lentamente frente al semicĆrculo, con pasos pausados.
āLa FilosofĆa ādijo, deteniĆ©ndose y mirando a un estudianteā no es sobre lo que te dicen que veas. No es sobre lo que deberĆas ver.
Sus ojos se movieron por el grupo, pasando por Zephyr, Pin, Loonie, y se detuvieron en Claudine de nuevo. Ella sintió la intensidad de la mirada y, por un instante, la imagen del rostro dogmĆ”tico de su padre parpadeó en su mente, diciĆ©ndole quĆ© era ācorrectoā ver.
āEs sobre⦠aprender a ver por⦠ti mismo āconcluyó Rafiki, golpeando suavemente su propio pecho con un dedo nudosoā. Y luego⦠preguntar. ĀæPor quĆ© lo veo asĆ? ĀæEs⦠la verdad? ĀæO solo una⦠sombra?
Dio otro golpe con el bastón, esta vez cerca del podio, y se enderezó.
āEn esta clase⦠vamos a ver. Y vamos a preguntar. Vamos a buscar la verdad, si es que hay una Ćŗnica verdad. O al menos⦠a entender por quĆ© es tan difĆcil de encontrar. āSu mirada final abarcó a toda la claseā. Bienvenidos⦠a la bĆŗsqueda.
Para Claudine, las primeras palabras de Rafiki fueron desconcertantes, pero tambiĆ©n extraƱamente⦠liberadoras. HabĆa vivido toda su vida bajo la imposición de una forma de ver, la forma de su padre, que le decĆa quĆ© era āla verdadā y quĆ© era pecado. La idea de que el objetivo no era ver lo que te decĆan, sino aprender a ver por ti misma, era revolucionaria y aterradora a partes iguales. Era una invitación directa a cuestionar los cimientos mismos de su realidad.
Sintió la magnitud de la asignatura, un desafĆo intelectual y personal que prometĆa ser mucho mĆ”s abrumador que las cĆ©lulas o las pócimas, pero tambiĆ©n, quizĆ”s, la oportunidad de empezar a ver algo⦠diferente. Sacó su cuaderno, su mano ligeramente temblorosa.
āNada de cuadernos ādijo el animal parlanteā. Os darĆ© una noticia que os alegrarĆ”: esta asignatura carece de exĆ”menes; como mucho, habrĆ” redacciones. Las clases se centrarĆ”n en diĆ”logos y debates.
Los alumnos murmuraron alegres, excepto Claudine, que no comprendió del todo esa forma de enseñanza, aunque le produjo una curiosa sensación de interés.
Rafiki golpeó su bastón de nuevo en el suelo, seƱalando que la clase habĆa comenzado de verdad. Caminó lentamente por el espacio abierto frente al semicĆrculo de estudiantes, sus ojos brillantes evaluando a cada uno.
āHemos hablado de ver ācomenzó, su voz rasposa y reflexivaā. De lo que creemos ver. De lo que nos dicen que veamos.
Hizo una pausa, su mirada posƔndose en la inquieta Claudine por un instante.
āPero⦠¿quĆ© pasa cuando el espejo eres tĆŗ? āSe detuvo en el centro y apoyó el bastónā. Hoy haremos un ejercicio. Un espejo. No un espejo de cristal āgolpeó su bastón contra su mano nudosaā, sino un espejo⦠de almas y de ojos.
Explicó el ejercicio: cada estudiante se presentarĆa y dirĆa, lo mejor que pudiera, cómo se ve a sĆ mismo. Luego, otros estudiantes, elegidos al azar o voluntariamente, dirĆan lo que ellos veĆan en esa persona. El objetivo, explicó Rafiki, no era juzgar ni ser cruel, sino comparar percepciones. Ver cómo el interior se manifiesta (o se oculta) y cómo el exterior es interpretado (o malinterpretado). Un ejercicio de⦠verdad, y de sombras.
El ejercicio comenzó, y a medida que la clase avanzaba, las capas de percepción se fueron revelando.
Una chica de Auradon, con un uniforme impecable, se presentó como āorganizada y decididaā. Sus compaƱeros de Auradon estuvieron de acuerdo, pero un VK murmuró, solo audible para quienes estaban cerca, que la veĆa como privilegiada y un poco rĆgida.
Un joven con los brazos cruzados dijo que se veĆa a sĆ mismo como āalerta y preparadoā. Otros chicos de Auradon asintieron con reconocimiento; lo veĆan como un superviviente. Pero otro estudiante de Auradon lo describió como ānervioso y quizĆ”s un poco sospechosoā, una interpretación teƱida de miedo o prejuicio.
āYo soy curiosa y me gusta el conocimiento ādijo Audrey, hija de la Bella Durmienteā. Me veo a mĆ misma como curiosa, en busca de conocimiento y de justicia.
Otros la vieron como āinteligenteā, āenfocadaā y āun poco en su propio mundoā, reflejando su naturaleza estudiosa.
Zephyr se presentó simplemente como āalguien que intenta hacer lo correctoā. Los que lo conocĆan lo vieron como ājustoā, āfuerteā y āun buen amigoā.
A medida que los turnos pasaban, la tensión en el estómago de Claudine crecĆa. Este era su peor miedo: ser vista, ser definida por otros. ĀæCómo se veĆa a sĆ misma? ĀæUna hija asustada? ĀæUn error? Las palabras de su padre resonaban en su cabeza, ofreciendo definiciones crueles.
Finalmente, llegó su turno. El silencio cayó sobre el semicĆrculo mientras todos los ojos se posaban en ella. Claudine se tensó, sus manos apretando la tela de sus pantalones. Miró a Rafiki, luego a sus compaƱeros, deteniĆ©ndose brevemente en los rostros amables de Zephyr, Pin y Loonie.
āYo⦠āsusurró Claudine, su voz apenas audible, temblando ligeramente. Bajó la mirada al suelo, incapaz de sostener la atenciónā. ĀæCómo me veoā¦?
Respiró hondo, el miedo la ahogaba.
āMe veo⦠me veo como alguien que intenta⦠intenta no ser vista. Que intenta⦠ser silenciosa. Y⦠y estar a salvo.
Eso era todo lo que podĆa articular en ese momento: su deseo de invisibilidad y seguridad.
Rafiki asintió lentamente, su expresión compasiva.
āAlguien que intenta no ser vista. Silenciosa. Buscando estar a salvo ārepitió suavemente, permitiendo que sus palabras flotaran en el aireā. Luego, dirigió su mirada a la clase: āĀæQuiĆ©n ve⦠algo mĆ”s?
Un silencio pesado cayó sobre el aula. Algunos estudiantes de Auradon desviaron la mirada incómodamente, sin saber quĆ© decir, o quizĆ”s ya habiendo decidido quĆ© veĆan. Algunos VKs la miraron con una mezcla de aprensión y cautela.
Entonces, Zephyr levantó la mano.
āYo la veo⦠veo a alguien que ha sido valiente ādijo con voz firme, sus ojos fijos en Claudineā. Valiente solo por estar aquĆ. Por intentar. Veo a alguien que escucha⦠que observa. Veo a alguien que es⦠mĆ”s fuerte de lo que cree.
Su voz no era sentimental, sino sincera, basada en su observación de su comportamiento en la cafeterĆa y su propia comprensión de la lucha.
Loonie ofreció una pequeña y gentil sonrisa a Claudine.
āYo veo⦠veo a alguien que necesita⦠espacio y tiempo. Y eso estĆ” bien ādijo con suavidadā. Veo a alguien que estĆ” lidiando con mucho⦠silenciosamente.
Pero entonces, desde una esquina, un joven de Auradon con un aire de superioridad y una sonrisa torcida āquizĆ”s un primo lejano de Chad Charming, o simplemente alguien imbuido del prejuicio de su entornoā se rió en voz baja.
āĀæValiente? ĀæSilenciosa? āmurmuró, en un tono audible, sin levantar la mano formalmenteā. Yo veo a la hija de Frollo. La veo⦠escondiĆ©ndose. Como lo hacĆa su padre. Pareciendo⦠no sé⦠furtiva. O quizĆ”s⦠frĆ”gil hasta romperse. Como si fuera a estallar en cualquier momento.
La crueldad no estaba en el volumen, sino en la intención. Vinculaba su deseo de pasar desapercibida y su fragilidad visible directamente a la reputación de su padre.
El aula se tensó. Algunos alumnos miraron con desaprobación al que habĆa hablado. Claudine se encogió en su asiento; las palabras, un eco del juicio de su padre y de los miedos que la perseguĆan, la golpearon con fuerza.
Rafiki dejó que las palabras se posaran por un momento, la tensión palpable. Luego golpeó su bastón con mÔs firmeza en el suelo, captando la atención de todos de nuevo.
āLa ves a ella⦠¿o de dónde viene? ācuestionó Rafiki, visiblemente molesto; no tolerarĆa el desprecio en una clase diseƱada para la libertadā. Miró al joven que habĆa hablado con dureza: āTu ojo⦠¿ve a la persona⦠o ve la historia? ĀæVe lo que es⦠o lo que temes que sea?
Hizo un gesto hacia el corazón del estudiante con el bastón.
āYa que tĆŗ eres religiosa, Claudine ācontinuó, suavizando la mirada hacia ellaā, Āæcrees que es justo que te juzguen por lo que hizo tu padre? Como si fueras un descendiente egipcio castigado con las plagas por la terquedad del Faraón⦠¿acaso tenĆan la culpa los niƱos del pueblo egipcio? ĀæDe verdad tenĆan que pagar los hijos los pecados de los padres cuando el Ć”ngel exterminador bajó para arrebatarles su alma?
Claudine abrió los ojos, estupefacta. Un sĆmil religioso, viniendo de un ser como ese⦠No estaba ofendida; estaba intrigada. ConocĆa bien ese pasaje del Ćxodo, pero nunca lo habĆa visto de esa forma. ĀæDe verdad tenĆa que cargar ella con el peso de las acciones de su padre, como ocurriera en Egipto?
La lección de Rafiki habĆa comenzado de verdad, no con palabras en una pizarra, sino utilizando a sus propios alumnos como ejemplos vivos del complejo y, a menudo, doloroso acto de verse a uno mismo y ser visto por los demĆ”s. Claudine, aunque herida por la crueldad, tambiĆ©n sintió el peso de las palabras de Zephyr y la profunda reflexión de Rafiki. No era solo ella la que era vista; tambiĆ©n importaba quiĆ©n miraba y quĆ© era lo que veĆa.
El ejercicio, doloroso como era, ofrecĆa una nueva forma de entender el mundo y a las personas en Ć©l. Respiró hondo, intentando asimilar la lección. El miedo aĆŗn estaba presente, pero la idea de que su percepción, y la de sus amigos, tambiĆ©n tenĆa valor comenzaba a echar raĆces.
La clase continuó, y con ella, una semilla de entendimiento que Claudine sabĆa que tardarĆa en florecer, pero que prometĆa transformar la manera en que se veĆa a sĆ misma y al mundo que la rodeaba.