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ok so im back and i made a picrew
i saw that I could basically make my own dress up game and I was like “I gotta”
Como le hago si me gustas y te quiero hablar?
pues qué se te ocurre, además del anonimato?
Desnuda y vulnerable.
Este va a ser un post MUY largo. Y personal. Los invito a no leerlo si no les interesa realmente.
Mi intención es que todos aprendan a identificar conductas en otros que, aunque a simple vista no sean tan amenazadoras, pueden dañarnos profundamente. A pesar de los años y de los “perdóname, no vuelve a pasar”.
Esto también es un trigger warning... recomiendo leer con cuidado, por si pudiera evocar sensaciones o recuerdos desagradables en ustedes.
abusar
verbo intransitivo
Hacer uso excesivo o inadecuado de una cosa en perjuicio propio o ajeno."abusar de la bebida; abusó de su autoridad"
sexual
adjetivo
Del sexo o la sexualidad, o relacionado con ellos."diferencias sexuales; relaciones sexuales; hormonas sexuales; órganos sexuales; comportamiento sexual"
violación
nombre femenino
Acción de violar."interpuso un recurso por violación de los artículos 46 y 47 de la Constitución"
Delito que consiste en tener relaciones sexuales con una persona sin su consentimiento o con un consentimiento obtenido mediante la violencia o la amenaza."ha sido acusado de intento de violación"
Acoso sexual
Intimidación o acoso de naturaleza sexual, o violación promesas no deseadas o inapropiadas a cambio de favores sexuales. En la mayoría de contextos jurídicos modernos el acoso sexual es ilegal.
violencia
nombre femenino
Uso de la fuerza para conseguir un fin, especialmente para dominar a alguien o imponer algo."la trató con violencia; en esta película hay escenas de mucha violencia"
Estas son sólo unas cuantas definiciones básicas. A lo que a mí me hicieron, nunca supe ponerle nombre. Nunca pareció encajar totalmente con alguna etiqueta, su definición siempre fue vaga... a pesar de que lo recuerdo con vividez.
Llevo más de un mes tratando de escribir este post. En mi mente todo suena muy fluido y coherente, pero al momento de abrir Tumblr me paralizo y cierro la pestaña del sitio. Pero recientemente me animé a compartir mi historia con mis compañeros de mi grupo de teatro, algunos desconocidos y otros no tanto. Su apoyo fue inspirador para mí, como un abrazo cálido que te asegura que todo estará bien, y hoy decido hacer lo mismo al publicar esta historia. Mi #MeToo, el motivo por el cual me considero feminista y el origen de mi misión personal: que ninguna de las personas a las que esta historia alcance, pase por lo que yo pasé - o en dado caso, que no vuelva a sucederles.
Han pasado ya cuatro años y el evento me sigue provocando secuelas. He tenido pesadillas, crisis, sesiones de terapia enteramente dedicadas a este suceso. Dedicadas a esta persona / intento de persona. Incluso se refleja en mis relaciones de pareja y lo mucho que me cuesta confiar en ellas. Nada parece funcionar y empiezo a creer que quizá nunca lo olvide o supere, voy asimilando que a lo mejor esto siempre sea una herida con la que viva. La cual vea y me recuerde vagamente cómo sucedió todo.
Aún así, no recuerdo la fecha exacta de la primera vez que este hombre (llamémosle Juan; no es su nombre real) me chantajeó para tener relaciones con él. Trataré de hacer memoria contextualizándoles mi relación con él.
Lo conocí en diciembre, 2013, por una amiga en común. Me pareció muy atractivo, con su camisa de botones rosa y su peinado impecable. Platicamos hasta que terminó la fiesta en la que estábamos, y no nos reencontramos hasta enero. Nos agregamos en redes sociales y, por no sentirnos listos para salir, hablábamos por Skype de vez en cuando.
Le conté cosas muy personales y dolorosas por las que estaba pasando en ese momento. Aún no empezaba mi proceso de terapia, y no lidiaba con mi vida de las maneras más adecuadas... pero ésa es otra historia. Por alguna razón Juan me daba la confianza y la apertura para hablarle de mis problemas. Eventualmente salimos con más frecuencia, hasta que llegó mi cumpleaños 16 (tres de marzo). Mi mejor amiga de ese entonces me organizó una fiesta y yo, desviada desde entonces, me puse muy ebria. Invité a mucha gente, entre ellos a Juan, y entrada la noche le dije que fuéramos a caminar. Le confesé que me gustaba y nos besamos por primera vez; me dijo que era recíproco. Después de eso no recuerdo muchas cosas con claridad.
Hablé con mi mejor amigo al día siguiente, estaba bromeando con “cómo estábamos Juan y yo en la fiesta” y yo no entendía nada, hasta que las cosas hicieron clic: Juan me había manoseado cuando yo estaba en estado inconveniente, y mi mejor amigo se alarmó de que yo no lo recordara. Enfrenté a Juan, con mucha pena por no saber abordar el tema, y muy casualmente me dijo que “él pensó que yo sí quería” porque lo había besado anteriormente. “Claro, pero yo no estaba en condiciones de decirte que sí o que no quería, no sé por qué lo tomaste como un sí”, le dije. Sólo me pidió una disculpa y yo, estúpidamente, lo dejé pasar.
Esto me parecería inaceptable hoy. Pero en ese momento, yo pensé que la culpa era mía por no ponerle un alto, ¿él cómo iba a saber si yo no le dije nada? La culpa fue mía. ¿Por qué me puse tan ebria? A fin de cuentas “el hombre llega hasta donde la mujer lo permite”. La culpa fue mía, no de él por transgredir mi cuerpo sin mi permiso, sino mía porque no le di una negativa. La culpa fue mía. Ésa fue mi conclusión de la situación. No volvería a pasar... o eso creía yo.
La primera vez que tuvimos relaciones fue en abril, creo. Debo admitir que fue una buena primera experiencia. Sentí una conexión profunda con él, llena de cariño, pero hoy creo que esa sensación sólo venía de mi parte. Para él, probablemente fui una de tantas. Le dije que lo quería y me dijo que él también.
Nos hicimos novios un mes después (el día de la madre, lol). Lo invité al estadio, a ver un partido de futbol con mi familia, y después fuimos a mi casa, donde me preguntó si quería ser su novia. Le dije que sí, entre muchos besos y emoción.
Hoy, mientras escribo y leo mis propias palabras, me duele lo inocente que fui. Las banderas rojas - ante las cuales me cegué - y mis emociones genuinas hacia él. De verdad lo quise.
Antes de continuar, y de que imaginen lo peor, quiero aclarar el motivo por el cual no le pongo nombre a lo que él me hizo: su forma de violentarme nunca fue explícita. No me golpeó, no me insultó, no me amenazó.
“Sé que muchas chicas han tenido experiencias mil veces peores que la mía... ¿cómo va a ser grave lo que me pasó a mí? A lo mejor lo estoy malinterpretando. Juan me quiere mucho. Juan no me obligó a nada por la fuerza. Fue un accidente, Juan no se dio cuenta. Así son los hombres, tienen necesidades.”
Suena patético y absurdo, pero ésas son las excusas que yo misma le puse a Juan, porque de verdad lo quería y para mí era inconcebible que él fuera a dañarme. A fin de cuentas, era mi novio, ¿cómo iba a lastimarme? Hoy veo que mi error fue pensar que, como yo no le haría daño nunca, él tampoco a mí.
Recuerdo bien la primera vez que me sentí REALMENTE incómoda con él, y voy a ahorrarme los detalles explícitos. Él quería que tuviéramos sexo porque yo iba a irme de viaje por mucho tiempo con mi familia. Íbamos a Nueva York por unas semanas, y Juan “me iba a extrañar mucho”. Fuimos a un hotel de mala muerte (que yo pagué, por cierto). Intentamos tener relaciones. Y me dolió, y le pedí que se detuviera. Me esperó un momento, me insistió y luego lo volvió a intentar, pero el dolor era el mismo. Le dije que no me sentía capaz de continuar, y no recuerdo exactamente sus palabras, pero dijo en voz baja algo tipo “¿y ahora qué hago yo?”. Como si nuestro único propósito de estar juntos fuera coger, y yo lo estuviera arruinando todo. Con él fueron mis primeras experiencias sexuales, y mi inocencia sólo me permitió sentir culpa por “no cumplir mi papel de novia”... de verdad pensé que la que estaba equivocada era yo.
Dejamos que ese momento pasara, Juan se ocupó de sí mismo y yo me quedé acostada. Desnuda y vulnerable. Frágil, confundida, y con un extraño dolor entre las piernas, el cual no había sentido antes. Días después me fui de viaje, y regresando me iría de nuevo por un mes.
Los que me conocen bien saben que mi mamá es de un pequeño pueblo, en el cual yo viví mis primeros tres o cuatro años de vida. Vuelvo de vez en cuando, a ver a mi abuela, mis tías y algunos amigos que tengo por ahí, pero hubo dos veranos en los que trabajé como instructora en un curso para niños de dos a cinco años. Dicho curso duraba un mes, y mi mamá, siendo el ser hermoso que siempre ha sido, se ofreció a llevar a mi hermana y a Juan a verme los últimos días del curso, para que él conociera nuestro pueblito, a mi familia, y después nos regresáramos todos juntos.
Así fue, y la noche antes de regresarnos Juan insistió en que hiciéramos cosas que yo claramente no quería hacer. Íbamos a ver una película, estando solos en la casa en la que nos quedábamos. Esta vez fui directa, y le dije que no. No sólo me negué, sino que también lo empujé y alejé mi cara de la suya, hasta que me di cuenta de que Juan no se iba a rendir.
“Bueno, a lo mejor al ratito me dan ganas" fue la frase que usé para convencerme. Y no me convencí, pero dejé de luchar de todas maneras. Y en eso mi mamá entra a la habitación.
No me voy a enfocar en el conflicto que tuvimos - que fue una gran pena para mí - pero sí voy a explicar a detalle lo que pasó por mi mente: debía proteger a Juan y echarme la culpa. Negué inmediatamente que todo hubiera sido idea suya, le mentí a mi mamá por miedo a que me prohibiera volverlo a ver, porque a pesar de todo, yo lo quería... entonces, una vez más, la culpa fue mía. No por no negarme, porque lo hice, sino por acceder después. A pesar de que no quería, la culpa fue mía. ¿Por qué le permití continuar? La culpa fue mía.
Hoy sé que esto no es verdad, pero en su momento yo no pude verlo de otra forma. Todo el tiempo le quité el peso de encima a él, a quien no le importaba ni poquito el haberme tenido que insistir para que pudiera tocarme. No. A Juan sólo le pesó que lo hubieran descubierto.
Reitero que mi mamá es un ser maravilloso y, a pesar de lo enojada que estaba por abusar de su confianza, se preocupó por mí y pudimos hablarlo tranquilamente días después. Aunque aún no sabe exactamente qué pasó, de verdad me dio una lección sobre tomarme las cosas con tiempo, cuando yo me sintiera lista, y es de los momentos con mi mamá que recuerdo con más detalle. Ella no tiene ni idea de lo que significó para mí que, en lugar de juzgarme, tratara de redireccionarme.
Si ustedes creen que la culpa la tuve yo, no los culpo. Así lo creía yo, hasta que empecé a ir a terapia.
Inicié mi proceso terapéutico en mayo de ese mismo año, y este suceso traumático fue a finales de julio. Terminé con Juan en agosto, porque le conté que estaba batallando para asimilar lo que había sucedido y, citando sus palabras exactamente, me dijo “sí me di cuenta de que no querías, pero no sé, soy muy armado”. Juan entendía perfectamente que me forzó hasta que yo dejé de poner límites. Hasta que me rendí. Y no me respetó.
Sentí como si todas las piezas del rompecabezas hubieran encajado: por supuesto que yo no significaba nada para él. Años después me enteré de que me engañaba mientras estuvimos juntos, y hasta la fecha me sigo enterando de que le es infiel a su actual novia. Me iba dando cuenta de que este hombre me hacía más daño del que yo quería ver, y me lo reafirmó mi psicólogo: él fue el primero en decirme “quizá no creas que eso sea una violación, pero sí es un tipo de agresión sexual”.
Sigo lidiando con esto. Cualquiera que haya tenido una experiencia similar (por más “ligera” que parezca) sabe que no es nada fácil. Después de terminar con Juan, seguía contactándome en redes sociales. No directamente, pero sí likeaba las cosas que yo ponía y llegué a pensar que era su forma de no irse de mi vida. De recordarme que siempre estaría aquí.
Además, Juan constantemente hablaba de mí con mis amigos, a los cuales iba conociendo por un motivo u otro. “No entiendo por qué Salma me odia tanto... estoy pensando en hablarlo con ella para cerrar ese ciclo, aclarar las cosas”. Sería divertido si Juan hubiera dejado de decir eso hace un par de años, pero no, sigue hablando con mis amigos sobre mí. Incluso en plan de broma: me convertí en el “chiste local” de mi agresor. Y es por esto que hoy, cuatro años después, me animé a publicar mi historia: Toma clases con una de mis mejores amigas y siempre busca la manera de sacarme al tema, sólo que ya no “se pregunta” qué hizo mal. Ahora demuestra que simplemente no le importa. ¿Cuál es su motivación o necesidad de burlarse de mí de esa manera? ¿No me dañó ya lo suficiente con su manipulación y chantaje emocional?
“A él no le importa cerrar ciclos conmigo, ni que quedemos bien. A él le importa dejar su consciencia tranquila, justificar lo que hizo y quitarse la duda de la cabeza. A él no le importa mi bienestar, nunca le importó” le dije a mis compañeros de teatro, cuando les conté mi historia.
Mi profesor me dijo algo que se me quedó tatuado en la memoria... me dijo que hay sucesos tan dolorosos, que más allá de ser superados, tienen un propósito para quedarse. Que quizá este dolor, que a pesar del tiempo no se borra, se mantiene en mí para hacer el papel de motor. Y me di cuenta de que es así. Este dolor no es constructivo para mí - al contrario, me destruye de vez en cuando - pero si me motiva a hacer algo por otras personas, entonces es bienvenido. Es una herida que no volveré a cubrir.
Esta parte de mi texto es la más importante: aquí recapitularé lo que aprendí y por qué decido escribir mi historia, incluso protegiendo a ese idiota abusivo al no revelar sus datos personales.
Aprendí que no debes minimizar lo que sientes, ya sea a nivel emocional o físico. Si algo te molesta, incomoda, entristece, humilla, enoja, o te duele, dilo y aléjate. Lo más importante en tu vida debe, ser tu bienestar, el de tu cuerpo y el de tu mente.
Aprendí que, a pesar de que he leído historias terribles en redes sociales, eso no es un factor para que yo me calle mi historia. Nunca sé si alguien ha pasado por algo similar, y si yo en su momento no supe que esto era un tipo de violencia sexual, ¿cómo podrán identificarlo los demás?
Aprendí que nuestras parejas también pueden lastimarnos, y que el hecho de que nosotros seamos incapaces de dañarlos, no significa que ellos se sientan igual.
Aprendí que Juan nunca va a cambiar, principalmente porque no sabe que lo que me hizo está mal. Tenemos que educarnos como personas respecto al tema del consentimiento, aprender que NO ES NO y que un SÍ dicho con seguridad ES SÍ, para entender que nosotros también podemos llegar a ser tóxicos por egoísmo, pero que podemos evitarlo.
Aprendí que mi cuerpo es mío únicamente. Existen muchas maneras de faltarle al respeto a una persona, y el hecho de que no podamos percibirlas no significa que no sean reales.
Finalmente, aprendí a compartir lo que me pasó. No para quemar a Juan, ni para hacerme la víctima. Compartir es una forma de apoyarnos y ver que no estamos solos, o ver que podemos ser mucho más observadores para estar atentos a cualquier señal de riesgo. Compartir es cuidarnos unos entre otros.
Si crees que tú o un amigo o amiga estén viviendo algún tipo de violencia, por favor no te calles. Y más importante aún: si tu amigo o amiga es quien está perpetuando esta violencia, ponles un alto. Siempre hablamos de empoderar a la víctima, pero ¿alguna vez hemos hablado de educar al agresor? ¿de hacerle ver que sus actos tienen repercusiones negativas?
A la fecha, Juan no tiene idea del daño que me causó, y honestamente no le veo el caso a reprochárselo. Yo seguiré adelante con esta cicatriz emocional, la cual a veces vuelve a doler, pero también me hace quien soy y motiva muchas de mis acciones.
Si alguien quisiera hablar conmigo respecto a este tema, mis redes sociales están abiertas. No quiero que nadie vuelva a sentir la soledad y confusión por la que pasé yo al estar en esta relación, así que aquí estoy.
Y reitero... si crees que yo tuve la culpa “por dejarme” y no Juan por pisotear mi voluntad y transgredir mi cuerpo, no te culpo, pero mira más de cerca. Mira mi situación y échame la culpa todo lo que quieras. Ahora, analiza con atención tus relaciones, decisiones, a la gente que te rodea. ¿Los estás escuchando? ¿Les estás prestando atención? ¿Te estás poniendo en su lugar?
Y si no... ¿qué tanto daño les estás haciendo?

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Qué harias tu sí estás en una relación muy bonita de casi cinco años que te interesa mantener sana y en donde ambos son honestos para abordar de manera respetuosa y considerada la idea de ver a otras personas. No se como plantearlo sin que suene mal jajaja, pero imaginate que están juntos desde los 17 y ambos extrañan el momento de bonito de conocer gente nueva por la que te sientes atraidx.
Ooooh yo te entiendo perfectamente... sí me he sentido así, y me imagino que tu pareja es capaz de escuchar totalmente lo que le propongas. No creo que sea difícil decírselo, pero quizá sí escuchar su respuesta.
Ten en mente que tu pareja puede negarse o reaccionar mal, así que hazle entender lo mucho que lx quieres antes, después y mientras le expliques los pros y contras de tu sugerencia :) ten muy muy en cuenta sus emociones conforme vayas hablando con él o ella, porque no todos están preparados para la poligamia. Escúchalx y pídele que sea 100% sincerx.
¿Qué opinas sobre las niñas que tienen sexo en prepa?
Si hay consentimiento y es sexo protegido, gurl go for it, enjoy yourself tqm
Cuando tuviste sexo por primera vez, ¿No te dio miedo entregar de cierta forma tu cuerpo a otra persona? , y lo que dijeron tus amigas sobre ti, en algún momento ¿no llegaste a pensar que realmente eras aquello que te decían? -Me encanta tu blog, saludos.-
Debo admitir que la primera vez yo no tenía ni puta idea de qué estaba pasando. No sentí nada y no le di importancia.
Sin embargo, lo de mis amigas sí me lastimó mucho... nunca me dijeron nada de frente pero yo sé que me juzgaban y criticaban. Fue muy triste porque me separé un tiempo de ellas, lo cual hace toda mi experiencia de “perder la virginidad” (me CAGA ese término) bastante negativa. Ahora estamos bien tho :)
Voy a revivir este blog, muchas gracias
Yes, we are bisexual. Yes, we are all still individuals and we are still just people.
(photos from yes-butno)
Belleza
Recientemente estaba deslizando mis dedos por mi pantalla, viendo fotos nuevas en Instagram. Encontré unas de una chica que siempre me ha parecido guapa: la he visto en persona y tiene una belleza muy natural, además de un cuerpo bonito y trabajado. Vi sus fotos, de vacaciones, todo normal, hasta que noté que el fondo que rodeaba su cintura estaba distorsionado. Las personitas que caminaban detrás de ella se convirtieron en líneas diagonales que nacían de su panza y se extendían a sus brazos. Sentí mucha pena por ella. Vi el resto de sus fotos y pude notar que en todas tenía una cintura anormalmente pequeña. No sentí pena porque editara sus fotos: creo que en redes sociales todos procuramos mostrar la mejor versión de nosotros mismos, las facetas que más nos gustan. No. Sentí pena porque, siendo una niña tan guapa, tan delgada, no me imagino la inseguridad que la orilló a manipular tanto sus imágenes. Y de ahí me pregunto: en una sociedad que supuestamente se beneficia de vender productos que promuevan el amor propio, la aceptación y la diversidad entre otras cosas, ¿qué tan hipócritas somos a la hora de juzgar? ¿realmente la belleza nace del interior?
Otro día, llego a Twitter y veo que varios discuten una frase publicada por una tuitera famosa (ella es bastante superficial, por cierto): decía algo como "quienes están en contra de la cirugía plástica son quienes no pueden pagarla". Y, funny enough, estuve de acuerdo con ella. El feminismo suele ser un recurso o pretexto para atacar cosas con las que ciertas personas no concuerdan. Y aunque la tuitera me parece muy hueca gracias a muchas de sus publicaciones, los comentarios que recibió eran totalmente contradictorios: ¿qué feminismo no es empoderar a otras mujeres para salir adelante? ¿por qué atacar a otras está justificado cuando entra en nuestra agenda personal y no cuando otros nos lo hacen a nosotros? ¿realmente los recursos cosméticos como el maquillaje y la cirugía son "heteropatriarcalmente opresores"?
Al ser alguien que no siempre estuvo cómoda con su apariencia, no estoy de acuerdo. Desarrollé un concepto de amor propio que quizá no encaje con otros, pero aquí va: Amarte a tí mismo empieza por reconocer lo que te gusta de tí y lo que no. Es ser consciente de lo que puedes corregir y lo que puedes mejorar. NO importa la opinión de los demás, sólo la tuya. Entonces, si amo mi cabello pero odio mis cejas, busco una forma de cejas que enmarque mi cara, y sigo cuidando mis rizos esponjadísimos. Si me gusta mi sentido del humor pero soy imprudente al hablar y no me gusta, lo reconozco y cuido mi lenguaje, tomando en cuenta el contexto en el que me encuentre. Esta regla aplica en la belleza física e interior.
Reforcé este concepto trabajando en un salón de belleza: la expresión en la cara de las mujeres al entrar y al salir no tiene precio. "¿Por qué cobran tanto por embarrarte productos en la cara?" dicen las personas como mi papá, que realmente no se fijan en los detalles. Va más allá de eso. El maquillaje implica resaltar los aspectos más bonitos de tu cara y disimular los que te parezcan poco estéticos, y aunque el cambio no es permanente, el efecto que tiene en el autoestima de las personas es impresionante. Porque siguen siendo tus facciones, sigues siendo tú, pero amplificada. Las chicas salen sonriendo, ya sea que se hayan maquillado o arreglado las uñas, pero generalmente están satisfechas y les da tranquilidad no sólo verse, sino SENTIRSE hermosas. La imagen que tienes de tí mismo está distorsionada. Es totalmente distinta a la que otros ven, y para bien o para mal nunca podremos vernos a través de los ojos de otros.
Este pensamiento nos puede llenar de ansiedad, o nos puede impulsar a mandar todo a la chingada y trabajar en cómo nos vemos a nosotros mismos. No estoy en contra de la cirugía cosmética por lo mismo: si puedes pagarlo y te hace sentir bien, ¡adelante! Siempre y cuando tu salud no se vea afectada, cambiar tu imagen no es negativo si crees que te hará feliz a posteriori. Es uno de los motivos por lo cuales quería hacer moda: una prenda bien hecha hace maravillas en el cuerpo sin importar la figura que tengas. La moda ya no se limita a las tallas extra chicas, y así las personas con complexiones diferentes no sienten que su cuerpo es incorrecto, porque NO HAY CUERPOS INCORRECTOS. Sólo existe lo que te gusta y lo que no, a lo que le das importancia y a lo que no. Yo buscaba que mi marca de ropa resaltara este mensaje - y no descarto retomar este proyecto en un futuro.
La ropa, el maquillaje, la cirugía, los tintes, tatuajes, perforaciones... todas son alteraciones del cuerpo, y algunas de estas prácticas tienen siglos de antiguedad. Si lo hacemos por nosotros mismos y porque nos hace sentir increíbles, GO FOR IT, EMBRACE IT. La "belleza real" no deja de existir al usar maquillaje e inyectarte botox. La "belleza real" se borra cuando dañas tu cuerpo y a los demás, cuando buscas complacer a otros y no a tí mismo.
A fin de cuentas nacimos en este cuerpo. No es fácil amarlo tal y como es, pero es totalmente posible. Modificar tu cuerpo no está peleado con quererte, al contrario, yo opino que tener cuidado con tu apariencia también es una expresión de amor propio*.
*SIEMPRE Y CUANDO SE TENGAN BIEN CLAROS LOS LÍMITES DE LO QUE ES SALUDABLE Y LO QUE NO.

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Roast the fuck out of them. Being family doesn’t mean you ever have to be okay with that shit.
*slow clapping at the dad*
I always reblog this.
Au revoir, mon cœur
´Me CAGAN las despedidas.
Sólo en el 2016, viví dos mudanzas y dos despedidas fuertes:
Torreón. Mi desierto bonito, el cual me vio nacer y me dio muchos años de felicidad y calor, donde conocí a algunas de las personas más especiales en mi vida… Y Nueva York. Mi ciudad favorita, el amor de mi vida, conocí gente increíblemente talentosa y única, hermosa por dentro y por fuera, a la cual probablemente no vuelva a ver nunca - aunque ruego por que no sea así. Hoy me encuentro aquí, en la Ciudad de México, la ciudad que creí que albergaría mis sueños y la oportunidad de cumplirlos, y estoy a punto de enfrentar otra despedida. Me iré de esta ciudad, mugrosa e interesante, abrumadora pero llena de posibilidades y aventuras, a la cual le tomé cariño después de unos meses; tendré que despedirme de las bellas personas que conocí y de los hábitos que me formé - como salir de compras sola y disfrutar mi propia compañía, ir a museos todos los fines de semana, hacer filas enormes para comprar boletos de concierto o entrar a uno, usar el transporte público.
Resulta que el sueño que me empeñaba en cumplir no es realmente el sueño que mi corazón me ruega que siga.
Por años creí que quería dedicarme a la moda, siendo este un campo que nunca había explorado directamente, nunca más allá de las revistas y los videos de las pasarelas. Todo sonaba interesante porque era desconocido, y no me malinterpretes, la carrera de moda es increíble, pero definitivamente no es como te la pintan: hacer moda suena súper glam e interesante - y lo es - pero es una chinga. Es una chinga que no te dejará dormir porque estarás sujeto a un deadline, que te destrozará el corazón cuando no tienes inspiración para diseñar o cuando te das cuenta que tienes que coser lo mismo una y otra, y otra, y otra vez hasta que quede justo como lo quieres. Es una chinga que, si de verdad te apasiona la moda, te mantendrá vivo y disfrutarás el proceso de elaboración, pero más tus resultados gratificantes.
La moda NO es para cualquiera, requiere un esfuerzo que muchas veces no sabemos apreciar. No sólo es para las niñas que buscan marido. No sólo es para quienes les encanta ir de compras. No sólo es para quien dibuja bien bonito. Y definitivamente, no es para mí.
Resulta que mi concepto sobre la moda ni siquiera entra en la industria, no es rentable. Estando en Parsons (mi dream school, a la cual tuve la oportunidad de asistir el verano pasado), aprendí sobre moda desde un punto de vista totalmente artístico, conceptual y experimental. “Pon la tela sobre el maniquí y prende con los alfileres donde quieras, corta donde quieras, luego veremos cómo podemos crear esta prenda” decía mi maestra Andrea Katz, diseñadora de modas (estaba un poco loca, pero la admiro mucho), y yo sólo pensaba en lo genial y liberal que era el proceso de crear, de dar un mensaje por medio de trozos de tela unidos con hilos. Nuestras creaciones dejaban de ser prendas y se volvían arte. Nada me parecía más bonito que ver expuestas todas esas obras, hechas desde cero por chicos de 15 a 17 años (yo era la única con 18 años)
TODOS los proyectos eran hermosos. El mío no me parece de los mejores, pero mis compañeros lo halagaron mucho (es el cuarto de derecha a izquierda, y el de la foto de abajo). Debíamos inspirarnos en edificios de Nueva York.
Me encantó la experiencia de vivir en NYC, de estar en Parsons, de convivir con gente de todo el mundo. De expresarme de manera no verbal a través de la ropa. Tristemente, la industria no funciona así, y dedicarme a la moda va más allá de hacer lo que yo considero arte. Necesito vender y complacer a mi cliente, necesito patronar y confeccionar prendas usables, consumibles. Necesito ganar dinero para vivir, y no voy a ganar dinero creando lo que a mí me parece arte. Por lo menos no como un trabajo de tiempo completo.
Mi primer semestre en la universidad fue casi utópico. Terminé con nueve de promedio, amaba mis clases y mis profesores - especialmente ilustración de moda, historia de la moda, fundamentos del diseño y teoría del color. Me gustaba todo el trasfondo y contexto que puede llevar un diseño, la influencia que puede tomar una prenda dependiendo de los eventos que suceden al momento en el que fue creada. Pero para llegar a hacer como Yves Saint Laurent y diseñar una línea de ropa increíble basada en el holocausto, tenía un camino larguísimo que recorrer. El semestre pasado, yo estaba dispuesta a todo para llegar a él.
El segundo semestre, me adentro más a la técnica, al marketing, a la industria. La moda no es arte, la moda es un negocio superficial que divide clases sociales. Entonces comencé a cuestionarme, siendo totalmente honesta.
¿Por qué carajos me metí a estudiar modas?
Creí que la moda era distinta, que se trataba de crear objetos que ayudaran al consumidor a crear su identidad y sentirse auténticos. Quizás quería sentirme diferente a los demás al estudiar una carrera poco convencional.
Entonces rastreé el origen de las cosas: todo se reduce a la identidad y personalidad. A las sensaciones y la pertenencia. ¿Por qué carajos no estaba estudiando psicología?
Todo el último año de prepa llevé psicología, y me encantaba. Muchos de mis compañeros estaban hartos y sólo buscaban pasar la materia; yo saqué nueve en algún parcial, y quien me conozca sabe que no es porque me mato estudiando o haciendo tareas (porque no hago ninguna de las dos), simplemente disfrutaba aprender esos temas. Mi mamá recuerda que le dije “¡si no me hubieran aceptado ya en Parsons y en Jannette Klein (mi universidad actual en la CDMX), estaría presentando para psicología!”.
Entonces empecé a investigar en todos lados. UNAM, ITESO, Ibero Santa Fe, Ibero Puebla, Ibero León, Ibero Torreón, UDLAP, UDEM. Y después, llegó la inseguridad.
“Mi papá me va a matar. La escuela en la que estoy es carísima como para decirle que siempre no quiero esto. Me pagó el mes en Nueva York. Me está pagando un departamento aquí y mis comidas, mis viajes de Uber, mi dinero del transporte público, mi material… Mi papá me va a matar.”
Quizá me educaron de esta manera, pero en mi casa desperdiciar cualquier cosa - en este caso, tiempo y dinero - no sólo es big deal, IT’S THE GREATEST DEAL, y por eso me carcomía la culpa. Planeé por horas el qué le diría a mi papá y cómo lo haría. Me sentía un fracaso por no estar segura de lo que quería y perder el control de mis decisiones, pero la parte optimista que me queda me convenció de que estudiar modas no fue una pérdida de tiempo y mucho menos un fracaso, sino todo lo contrario. Fue una parte crucial en mi camino para encontrar mis deseos verdaderos.
Entonces, aquí estoy. Después de varias pláticas con mi papá sobre estás-segura-de-que-esto-es-lo-que-quieres y no-puedes-estar-saltando-de-carrera-en-carrera y piensa-bien-las-cosas, me cambiaré y me daré de baja de modas en unas cuantas semanas. Tuve la enoooorme suerte de que mis papás me están apoyando totalmente en esta decisión. Además, existían tres opciones: quedarme en la CDMX y vivir en Santa Fe (el pueblo de los adinerados, alejado de toda sociedad y olvidado por Dios), irme a Guadalajara a empezar desde cero una vez más (ciudad nueva, casi desconocida; me preocupaba tener que reaprender las rutas de transporte público), y volver a Torreón. No sé por qué estuve evitando tanto la última opción, como si fuera un retroceso en mi trayecto o si fuera mediocre, pero después de hablarlo con mi familia, vi que no tiene por qué ser así. De hecho, me traería muchos beneficios en el ámbito emocional - con el cual he estado batallando desde enero - así que optamos por esto. Quizá no es la que yo hubiera escogido, me encanta vivir sola y ser independiente(-ish), pero sé que es lo mejor para mí.
Anyway. No me molesta regresar a Torreón, me molesta tener que despedirme otra vez.
Despedirme de mis amigos, de esta ciudad. De lo que creía que era mi sueño y meta. Pero hay despedidas que sólo son un “hasta luego” (en el caso de mis hermosos amigos, y quizá de toda la ciudad), y existen también las despedidas que son tan definitivas como son necesarias, en este caso, el ideal equívoco de dedicarme a la moda.
¿Moraleja, y mi intención con este post?
No estás obligado a saber qué hacer. No estás obligado a tener todo planeado y bajo control. La vida da muchísimas vueltas y nunca sabes en dónde va a dejarte.
Déjate llevar. Déjate ir. Y no tengas miedo de decidir a qué cosas les debes decir “adiós”, y a cuáles “hasta luego”.
Deja que tu vida sea un desmadre. A veces le toca serlo para darte la oportunidad de ordenarla.
Nineteen.
(Cursi alert)
Lunes seis de marzo. Hoy cumplo diecinueve años y tres días de haber nacido.
Este fin de semana fue increíble y definitivamente superó todas mis expectativas. Algunas de las personas más valiosas en mi vida viajaron hasta la Ciudad de México para acompañarme en mi cumpleaños, y las que están aquí hicieron algunos sacrificios de estudiante foráneo para asistir.
Pero retrocediendo hasta el día anterior, tengo una pequeña tradición. El dos de marzo es el cumpleaños de mi abuela, y el siete era el de mi abuelo (en paz descanse). Hasta hace dos años, cada dos de marzo íbamos a cenar los tres junto con mis papás para celebrarnos juntos, pero meses después murió mi abuelo. El año pasado, sólo fuimos cuatro a cenar.
Este año, pasé el dos de marzo sola en mi departamento.
La otra parte de mi “tradición” - más bien, hábito - es el ataque de ansiedad que padezco a escasas horas de cumplir años. Lloro, no respiro bien y tengo mil pensamientos a la vez, como si estuviera en una habitación en la cual hay cientos de personas hablando al mismo tiempo, todos siguiendo la misma línea de conversación.
“No lograste nada increíble este año. ¿Estás orgullosa de lo que eres? Ojalá este año seas menos mediocre. Aprende a ser feliz, tienes años lidiando con esta mente jodida por la ansiedad y la depresión, a las cuales les encanta irse y reaparecer en los peores momentos. NO ESTÁS CRECIENDO. NO ESTÁS MADURANDO. NO ESTÁS HACIENDO NADA POR TÍ MISMA.”
Entonces dan las doce, y mis personas favoritas me llaman o me envían mensajes de felicitaciones, recordándome que - en las palabras de una gran amiga - “los cumpleaños son nuestros “Años Nuevos” personales. Son una oportunidad para empezar de nuevo”.
Esto me pasa todos los años desde que tengo catorce.
Pero este año fue algo diferente. Relativamente mejor.
Hago retrospectiva y veo que tener 18 ha sido el mejor año de mi vida. Viajé, conocí gente genial, logré mucho académicamente, me mudé dos veces, aprendí a vivir sola (bueno, sigo aprendiendo). Y decidí que no le iba a permitir a la ansiedad llegar este dos de marzo, me convencí de que soy más fuerte que antes y que estoy orgullosa de la persona en la que me estoy convirtiendo y de las decisiones que estoy tomando. De la manera en la que he afrontado y afrontaré los cambios que la vida me presente.
Luego pensé en mi abuelo, y me rompí por completo. Si no lo saben, él es de las personas que más han influido en mi vida. Lo extraño cada día de mi vida y fue un hombre increíble. Estar sola en el departamento, viéndome al espejo y pensando en él me formó un vacío enorme justo entre las costillas. Y lloré, lloré por horas pensando en todo lo que le diría si pudiera visitarlo o incluso llamarle por teléfono. Sólo me quedó esperar que él estuviera tan orgulloso de mis logros como yo lo estoy.
En ese momento, hablando con un amigo, me di cuenta de que está bien que lo extrañe. De alguna manera él sigue vivo en mi corazón y sus consejos siempre se quedarán en mi cabeza. Mi abuelo pasó a segundo plano, y de nuevo me enfoqué en mí. No me propuse una meta fija, como “este año haré ejercicio” o “este año seré más ____”. Miré mi cara llena de lágrimas en el espejo y decidí que, si sobreviví a los obstáculos que he pasado, puedo y podré con lo que venga. Espero que no sólo aumenten mis años y lo que la gente considera que es madurez. Que también aumente mi fuerza y mi paz interna, para encontrar la motivación de seguir adelante y apasionarme por lo que estoy viviendo, por lo que estoy por vivir.
Decidí que enfrentaré cada situación por más miedo que sienta. Porque está bien quebrarse, sentirse mal, tener miedo o ansiedad. Lo que no está bien es no hacer nada al respecto.
No sólo escribo esto para presumirles mi “renacimiento” en forma de montaña rusa emocional que sentí al cumplir años. Lo escribo porque espero que, cuando su mente les diga que no son lo suficientemente buenos para el tiempo que llevan vivos, alcen la mirada y recuerden que sí, sí son lo suficientemente buenos por el hecho de haber nacido y seguir vivos. Tus logros, por pequeños que te parezcan, SON TUYOS. No todo el mundo está en tus manos, pero TU VIDA SÍ.
¿Qué vas a hacer con ella? ¿Qué quieres hacer con ella?
2017
Pocas personas saben esto pero, año nuevo es mi celebración favorita (si no contamos mi cumpleaños). Me gusta la idea de cerrar ciclos, recapitular lo vivido en ese periodo de tiempo. Recordar y querer corregir errores, o darnos cuenta de lo que hemos aprendido. Emocionarnos por lo que está por venir.
Me doy cuenta de que hay dos tipos de personas en el mundo: a las que les da igual año nuevo, y las que les CAGA. La mayoría de mis amigos son del segundo tipo, ellos dicen que está padre como pretexto para celebrar, pero en realidad ¿qué cambia? Tus doce propósitos se te van a olvidar a la mañana siguiente (y si te la pasas chingón, también se te va a olvidar la mitad de la noche). Me dicen que las supersticiones como las uvas, lanzar globos de cantoya para pedir deseos (los cuales son súper contaminantes, no los lancen por favor), los colores de los calzones para encontrar amor / dinero / felicidad etcétera, son ridículos. Que el año nuevo no tiene ningún poder sobrenatural para hacerte querer ser mejor persona o para darle a tu vida un giro de 180°. Que a las 00:00 del primero de Enero, no cambias, ni te renuevas, ni se borra tu pasado para tener un nuevo inicio.
Estoy de acuerdo con algunas de las cosas anteriores. Creo que tenemos este concepto de que, si deseamos lo suficiente y con muchísima fuerza, vamos a cumplir lo propuesto. Vamos a ponernos en forma si tenemos la fuerza de voluntad de ir al gym todos los días y de comer más sano. Que cuando volvamos a ver a nuestros compañeros de la escuela y del trabajo, ¡ya no vamos a sentir rencores! porque somos personas nuevas y vamos a dejar “todo lo malo” atrás, en el 2016 - que estuvo muy pinche en muchísimos sentidos.
El futuro es muy emocionante, pero se nos olvida que la vida no funciona así, que los propósitos los generas todo el tiempo, no nada más el 31 de diciembre de cada año. Que para ejercitarte se necesita más que pagar una membresía y dejar de tomar refresco. Que los malos recuerdos no desaparecen como por arte de magia, se vuelve baggage con el que cargaremos por una gran parte de nuestra vida, hasta que seamos capaces de lidiar con los problemas y tener un cierre sano. Esas cosas sí me parecen mamadas. ¿“Que lo malo se quede en el 2016”? ¿Qué ganas reprimiendo y huyendo de tus conflictos?
Quizá no nos transformemos mágicamente a las 12:00 del útlimo día del año como lo hizo Cenicienta antes del baile, pero sí cambiaremos. Lo hacemos todos los días, y no estamos conscientes de ello. Puedo decir con seguridad que no soy la misma persona que era hace un año, pero no todo se debe a mí.
Mis circunstancias han cambiado, he conocido gente nueva. He viajado, me han roto el corazón y me he vuelto a enamorar. He ido a algunos conciertos, he probado comida nueva. He aprendido como nunca, a veces de experiencias muy malas. Ha desaparecido gente que antes estaba muy presente en mi vida, y (de algunas) estoy muy agradecida por que se hayan ido, porque permiten que otros ocupen mi corazón. Me he animado a hacer cosas que, en mi último semestre de prepa, me hubieran dado mucho miedo. He expresado mi opinión con más fuerza y he dejado de tolerar la mierda de otras personas. También he dejado de ir a terapia, después de dos años de ir semanalmente; hoy me siento capaz de lidiar con mis emociones yo sola. Me he ido de mi casa, de la escuela en la cual estuve durante trece años. Me he ido de mi zona de confort y de una ciudad que conozco como la palma de mi mano.
Muchos de estos cambios tienen que ver con decisiones que tomé, pero en otros sólo fui víctima de las circunstancias.
Lo genial sería que nosotros controláramos qué y cuándo queremos cambiar. Y es lo que me gusta de año nuevo. Otra sección de mis amigos me dijeron que toman esta fecha como una oportunidad para parar y ver hacia atrás. ¿Qué hice con mi año? ¿Con los 525,600 minutos que acaban de pasar?
(RENT reference. Véanla si no lo han hecho.)
Recapitulas todos tus meses, recuerdas algunos de los mejores momentos. Cosas que te marcarán toda la vida, decisiones buenas y malas que tomaste. Gente a la que perdiste, y a la que recuperaste. Logros que alcanzaste.
Y es bonito. Pero, ¿qué vas a hacer con toda esa experiencia adquirida? ¿Se quedarán en recuerdos, o se convertirán en aprendizaje para ayudarte al tomar decisiones futuras?
Vas a cambiar este año, y todos los días de tu vida. ¿Qué mejor si eres tú quien tiene control sobre esos cambios?
Sí. Pasaron cosas horribles en el 2016, perdimos a íconos culturales geniales, murieron millones y millones de personas, y se violaron los derechos de aún más. Los políticos siguen jugando a que gobiernan sin lograr algo que beneficie más allá de su círculo cercano, y los ciudadanos no estamos participando mucho a pesar de que el cambio de nuestros países podría estar en nuestras manos. Ojalá en los siguientes doce meses nos comprometamos e involucremos con lo que esté a nuestro alrededor y ver de qué manera podemos mejorarlo.
Pero también hubo sucesos muy, muy buenos. Avances científicos, como alcanzar Júpiter y el estar cada vez más cerca de encontrar la cura de algunas enfermedades, como el ALS. Mejoras ambientales, como el aumento en la reproducción de especies de plantas y animales, y el buscar energías alternativas para el transporte. Son algunas de las cosas que leí en este post de reddit (sí, googleé “good things that happened in 2016″ porque quería salirme de mi propia experiencia. Y es bien bonito leer que a otras personas les va increíble en la vida mientras aportan algo para mejorarla).
Fuera de eso, yo tuve un año que no me deja más que agradecida y - wait for it - orgullosa de mí misma, un sentimiento que no había tenido en años. espero que a lo largo del 2017, siga buscando mi felicidad incansablemente, y sobre todo, que no sea la única en el mundo que la alcance.
Haaaaave you met me?
Ya salí de vacaciones, volví a mi rancho querido y amado, inicié correctamente mi Guadalupe-Reyes y estoy empezando a escribir varios posts bien chulos que quiero subir más adelante... pero mientras, encontré un cuestionario que me mandó uno de mis mejores amigos hace un buen rato, y pues, ¿por qué no? (Tuve que traducir las preguntas)
1: ¿Qué traes puesto?
Calcetas hasta la rodilla y botas negras de la misma longitud; una falda negra y una blusa sin mangas, de botones, color rosa pálido y con encaje.
2: ¿Te has enamorado?
En este momento estoy enamorada, y antes de eso creo que sólo una vez me he enamorado de verdad.
3: ¿Alguna vez has tenido un breakup terrible?
3 de 5 breakups que he vivido han sido horribles.
4: ¿Qué tan alta eres?
No lo soy. Mido 1.57.
5: ¿Cuánto pesas?
No me fijo porque me agüito (creo que 50 kg)
6: ¿Tienes tatuajes?
Dos; una Quina de picas en mi dedo medio de la mano izquierda, y una flecha en las costillas izquierdas (me hice ese tatuaje con mi mejor amiga)
7: ¿Tienes piercings?
Uno transversal en la oreja izquierda - ¿por qué todo está en mi lado izquierdo?
8: ¿OTP?
Chandler y Monica.
9: ¿Programa favorito?
Friends o Sex And The City porque #básica
10: ¿Bandas favoritas?
The 1975, Carlos Sadness, The Killers, Walk The Moon, Arctic Monkeys, Fall Out Boy, Blink-182, All Time Low, Zoé, Bon Jovi, 5 Seconds Of Summer y muchas muchas otras.
11: ¿Hay algo que extrañes?
A mi no-novio-pero-algo-así
También extraño vivir en Nueva York, ir a Parsons todos los días y desayunar un muffin de plátano con chispas de chocolate y un jugo de frambuesa en la cafetería :(
12: ¿Canción favorita?
Si me haces la misma pregunta la siguiente semana, probablemente haya cambiado la respuesta. Ahorita es 10,000 Emerald Pools o Past Lives, de BØRNS (lo traigo de moda).
13: ¿Cuántos años tienes?
Dieciocho.
14: ¿Signo Zodiacal?
Piscis, cumplo el tres de marzo.
15: ¿Qué cualidad buscas en una pareja?
Que tenga mente abierta, que sea creativo y que le guste expresar su opinión y escuchar la de otros.
16: ¿Quote favorita?
“No other path, no other way; no day but today” -RENT
17: ¿Actor favorito?
Rachel McAdams o Eddie Redmayne
18: ¿Color favorito?
19: ¿Música suave o ruidosa?
Suave, generalmente.
20: ¿A dónde vas cuando estás triste?
A mi refri, acto seguido, a mi cama.
21: ¿Cuánto te tardas en bañarte?
Entre veinte minutos y media hora. Tengo mucho cabello.
22: ¿Cuánto te toma arreglarte en las mañanas?
Aparte de bañarme, media hora más en lo que me peino y elijo qué ponerme...
(Fun fact: hace unas semanas llegué 40 minutos tarde a una clase porque tenía muchas ganas de arreglarme ese día pero no sabía qué ponerme)
23: ¿Te has peleado a golpes?
No. Me matan en un segundo.
24: ¿Turn on?
Que le apasionen algunas cosas: un deporte, la música, el arte, la literatura, el teatro... que tenga algo que lo mantenga vivo.
25: ¿Turn off?
Que hablen excesivamente de sí mismos y anulen las opiniones ajenas. Una vez, tuve un ex que siempre que le contaba mis problemas me interrumpía para darme su opinión en lugar de mostrar apoyo, entonces dejé de contarle mis problemas. El día que se agüitó porque ya no le contaba cosas, le expliqué que era porque sentía que le importaba más su propia opinión que la situación que yo estaba pasando.
Entonces se encabronó y me dio un sermón sobre cómo soy una egoísta porque no me importa lo que él tenía qué decir, se hizo la víctima, blah blah blah.
26: ¿El motivo por el cual me uní a Tumblr?
Los 140 caracteres de Twitter no son suficiente para todo lo que tengo que decir.
27: ¿Miedos?
Que alguien se esté escondiendo en mi casa y vaya a salir de la nada y me mate. Que me asalten. Que me violen. Que me secuestren.
28: ¿Última cosa que te hizo llorar?
Moana. Don’t judge.
29: ¿Última vez que amaste a alguien?
Pos ‘orita.
30: ¿El significado detrás de tu nombre de Tumblr?
Quería que tuviera mi nombre y que fuera evidente que era un blog de opinión... y se me vino a la mente el juego Simon Says.
31: ¿Último libro que leíste?
Cuando nada te basta de Harold Kushner.
32: ¿El libro que actualmente estás leyendo?
Soy la más inconstante del mundo, entonces tengo Wicked (Gregory Maguire) y Diario de un seductor (Søren Kierkegaard) esperándome a la mitad desde hace meses :(
33: ¿Último programa que viste?
BoJack Horseman.
34: ¿Última persona con la que hablaste?
Mi no-novio-pero-algo-así me videollamó por Whatsapp.
35: ¿La relación entre la última persona con la que te mensajeaste y tú?
Es mi grupo de Whatsapp con mis cuatro mejores amigas de la prepa.
36: ¿Comida favorita?
TODA
37: ¿Lugar que quieres visitar?
India y todo Sudamérica.
38: ¿Último lugar en el que estuviste?
En el centro de Torreón, fui a desayunar con dos amigas.
39: ¿Tienes un crush?
Sí, pero es turbo imposible.
40: ¿Última vez que besaste a alguien?
Una amiga me besó en la posada del lunes - era reto.
41: ¿Última vez que te insultaron?
De broma, todo el tiempo, mis amigos y yo nos llevamos medio salvajemente :)
En serio, no recuerdo.
42: ¿Sabor dulce favorito?
Salted caramel <3 <3 <3 <3 <3
43: ¿Qué instrumentos tocas?
Me sé el himno a la alegría en guitarra (todo el que estuvo conmigo en secundaria va a entender gracias a quién) y canto bien feo en el karaoke.
44: ¿Accesorio favorito?
Mi dije de cráneo. Lo amo.
45: ¿Último deporte que jugaste?
Fui porrista los últimos dos años. Me hacía muy feliz, a pesar de que nunca fui muy buena...
46: ¿Última canción que cantaste?
No se vale, estoy cantando todo el tiempo.
(Locos, de León Larregui)
47: ¿Pick up line favorita?
No tengo una.
48: ¿La has usado?
No tengo una.
49: ¿Última vez que saliste con alguien?
Hace cuatro horas estaba con mis amigas, caminando por el centro.
50: ¿Quién debería responder estas preguntas ahora?
Todos los que se hayan tomado el tiempo de leer este post

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Pinches viejas.
Cuando estaba chiquita, mi mamá me metió a clases de baile cuando nos mudamos a Torreón - yo vivía en un pueblo más pequeño llamado Laguna del Rey en Ocampo, Coahuila. Yo estaba muy emocionada porque siempre me ha gustado bailar, pero al empezar las clases, inmediatamente me sentía insegura.
Creo que todas las personas que hayan estado en academias de danza en Torreón pueden estar de acuerdo con algo: es un ambiente muy competitivo. Sí, hay gente muy amable, puedes hacer muy buenas amigas, pero estuve en tres academias diferentes, y en todas estaba una mini Regina George que me veía feo, o se reía de que yo no era tan talentosa o extrovertida como ella.
Yo ODIABA las clases de baile. Siempre quise estar específicamente en ballet o teatro, pero creo que me animé a intentarlo demasiado tarde. En ese entonces, mi mamá decidía por mí y a mí me daba pena decirle que no quería hacer amigas en las clases, porque todas eran muy intimidantes. Supongo que todas buscaban ser la mejor. ¿Por qué somos tan perras unas con las otras? ¿Quién nos enseña a ser así desde pequeñas? ¿Por qué en todas las películas “chick flick” hay una mujer perrísima que reina a las demás y una que la desafía? ¿Nosotras quién aspiramos a ser?
Tengo varias amigas a las cuales les han puesto el cuerno, cosa que también me han hecho a mí. Lo que tenemos en común es que en esa situación buscamos joderle la vida a la otra chica y terminamos perdonando a nuestros novios. Zorra. Fácil. Puta. Gata. Son infinitos los adjetivos, lo más chistoso es que no se limitan a esta situación.
La primera vez que me dijeron zorra fue porque usaba la falda muy corta en la escuela (siempre he estado chaparra, entonces mi ropa siempre es más corta) y porque tenía novio. No le tomé importancia, porque me lo dijo un niño que nunca ha sido relevante en mi vida; le dije a la maestra y nos llevaron con la coordinadora de mi grado. Cuando le dije que a mí no me importaba lo que él dijera de mí porque yo sabía que no era cierto, la coordinadora (MUJER) me dijo que si volvía a “dejarme faltar al respeto” me iban a reportar a MÍ. Al chico no le dijo nada.
Cuando tuve sexo por primera vez y quise contarle a mis amigas, todas se quedaron calladas y se miraron entre sí, después me enteré que dijeron que yo era una puta, a mis espaldas. Pasaron algunos meses, quizá un año, y a una amiga le pasó lo mismo, la diferencia es que mis amigas la felicitaron y le pusieron atención cuando les contó. A ella no la juzgaron, pero a mí sí.
¿Ubican el término slut-shaming?
“... es un concepto en sexualidad humana. Es un neologismo utilizado para describir el acto de hacer a una persona (especialmente una mujer) sentir culpable por ciertos comportamientos o deseos sexuales diferentes a las expectativas de género ortodoxas o a aquellas que pueden ser consideradas contrarias a las tradicionales o religiosas.” (Gracias, Wikipedia)
De los ejemplos que leí en Wikipedia, la mayoría era de hombres juzgando a mujeres, pero la mayoría de las situaciones de las cuales he sabido (me hayan pasado o no a mí), somos las mismas mujeres las que nos atacamos. ¿Somos víctimas o causantes del machismo? ¿Lo hacemos buscando superioridad al insinuar que nosotras somos mejores porque no somos como ellas, y no cometemos los mismos errores? ¿Quién buscamos que nos “valide” esta superioridad que queremos crear? ¿Los hombres?
(Es aún más gracioso cuando critican y critican y critican, y son actitudes que ellas tienen todo el tiempo. Odio a las personas mustias.)
Hablando de querer creernos mejor que otras.
Conozco una chica que dice ser feminista, pero es chistosísimo porque suele decir frases como las siguientes:
¿Saben qué es esto? Se llama SEXISMO INTERNALIZADO. Muchas mujeres lo practican, incluida la chica de la cual voy a hablarles. Vive en una familia en la cual los hombres son quienes tienen la última palabra, y yo alguna vez fui muy cercana a ella. Noté que era muy insegura (a pesar de que es muy bonita), tenía baja autoestima y le daba miedo ser juzgada por otras mujeres, pero sus pláticas consistían en ridiculizar a otras niñas por ser femeninas, o sobre cómo ella amaba el fútbol, hacer ejercicio y jugar videojuegos, o sobre quién era una puta, una attention whore, una naca, quién está fea, quién está hueca...
No la juzgo por sus gustos no estereotípicos, qué padre que te interesen los deportes, habla de tu manera de analizar las cosas; o que te gusten los videojuegos y juegues fútbol, habla de que eres ágil y estratégica. Pero ¿qué necesidad la de atacar al resto de la población femenina? No sé si su intención era gustarle a algún niño por ser diferente, o encajar mejor en algún grupo de niñas, o querer posicionarse como la mujer perrísima que mencioné al principio. Nunca sabré. A lo mejor ninguna de las anteriores.
Es un caso muy particular, pero creo que todos conocemos a una niña así. Hace lo posible por compararse con otras mujeres para sentirse “menos peor” que ellas, ya que ella quizá no tenga un amor propio tan fuerte como para decidir que ELLA es cool por ser ella misma. No por “ser un vato” o “no ser como las demás mujeres”.
Al hacer comentarios así, sólo remarcamos que ser hombre es mucho mejor que ser mujer, entonces buscamos adoptar actitudes masculinas para ser aceptadas por los mismos hombres. En el camino nos llenamos de generalizaciones. Está padre que no llenes un estereotipo y seas única. Qué bueno que seas así, fucking EMBRACE it... pero NO devalúes a otras mujeres sólo porque no son como tú.
Mi amigo y yo tenemos una plática sobre el feminismo y la equidad de género (qué raro de mi parte) y mi amigo se queja del rol que generalmente tienen los hombres en una pareja. “Ellas quieren que les pagues todo, les abras la puerta, les des exactamente el regalo que quieren, que nunca quieras coger a menos de que ellas también tengan ganas, que leas su mente y sepas que están enojadas. Quieren que te desvivas por ellas. Que les ruegues. Y si tú les pides que cambien o trabajen en alguna actitud que te molesta, se encabronan y te dicen que así son y que debes quererlas tal y como son. A veces hasta te tachan de machista.”
“Lo que digo es, si vivimos en un mundo en el cual el hombre siempre tenga que pagar, ¿entonces la mujer siempre debe cocinar? ¿Por qué nosotros sí debemos llenar un estereotipo conservador?” dijo después.
Sí, es injusto, y sí, yo he sido de estas mujeres que se les hace una grosería que los hombres no te inviten la cena o el alcohol. ¿No les parece que esto implica muuuuuuuy sutilmente que nosotras no somos capaces de pagar?
Digo, está padre, es un detalle bonito, pero no tienes por qué exigirlo. Debería ser completamente voluntario, ¿y por qué no hacer nosotras lo mismo un día? Si nosotras pedimos un trato diferente, también deberíamos darlo.
“Además, quieren que dejes de hablar con tus amigas, de salir con tus amigos, necesitan ser tu prioridad todo el tiempo. Yo no siempre soy la prioridad de mi novia.” dijo otro amigo. Something to think about.
Otros comentarios que me hicieron mis amigos son que somos controladoras, indecisas y nunca decimos directamente lo que queremos. Es más, mi chico me dijo que somos unas manipuladoras pretenciosas. ¿Por qué?
La raíz de la mayoría de estos problemas es la inseguridad que se siembra en las mujeres desde chiquitas. Desde que nos dan bebés de juguete y cocinas de juguete, y nos enseñan a ser mamás en lugar de desarrollar por completo nuestro potencial. Desde que estamos pequeñas y las niñas te juzgan por ser diferente, entonces creces, escuchas en algún tumblr chafa como el mío que ser diferente está chingón, y juzgas a otras niñas por ser iguales. Desde el momento en el que estamos de acuerdo con que ELLA es una zorra por tener más novios de los que yo he tenido (wey??????? really?????????? hasta me dio risa escribir lo anterior, no puedo creer que la cantidad de novios también sea un determinante de tu “putería”).
No conocemos a todas las mujeres del mundo. Pero sí nos encanta criticar todo lo que hacen (hacemos).
¿Escuchas música pop? ¿Te gustan las botas UGG? ¿Bebes Starbucks? Eres básica.
¿Vistes de negro? ¿Te gusta maquillarte, pintarte el pelo de colores? ¿Escuchas grunge o cualquier música alternativa? Eres una poser.
¿Te gustan los videojuegos? ¿Te llevas mejor con los hombres? ¿Te gustan los deportes? Quieres atención.
¿Usas faldas cortas? ¿Estás contenta con tu cuerpo? ¿Te sientes bonita? Eres una puta creída.
¿Te gusta bailar, ir a antros, beber, fumar? Eres una zorra.
NO ME EXPLICO POR QUÉ CADA ACTITUD QUE ADOPTE UNA MUJER TIENE QUE SER MALA A HUEVO. ME ENOJA MUCHÍSIMO QUE UNA NO PUEDA EXPRESAR LIBREMENTE SUS IDEAS SIN QUE SE LE ETIQUETE (recuerden que yo soy “feminazi”).
¿Se les ha ocurrido que por esto somos así? Hay tantos prejuicios que rodean el tener vagina, que romperlos no es celebrado ni aunque sea algo bueno. ¿Cuántos memes no hemos visto sobre que las ingenieras son unas machorras? (Y si fueran machorras, ¡¿cuál es el problema?!)
Me gusta mucho el fútbol americano, pero no me gusta hablar al respecto con desconocidos desde que un wey me empezó a interrogar en la escuela sobre la NFL. “De seguro sólo conoces a Tom Brady, ni siquiera has de entender las reglas del juego y sólo ves el Superbowl, y no el resto de la temporada”. Claro que estaba incorrecto (Brady ni siquiera es mi jugador favorito, sí entiendo las reglas y sí veo los partidos que me interesan), pero ¿por qué le debo dar explicaciones a él? Y si él hubiera estado en lo correcto, ¡¿cuál es el problema?!
(Gronk es mi jugador favorito, by the way).
Urge que dejemos de juzgar a las mujeres. Estos problemas también afectan a los hombres, pero creo que sobresale con nosotras.
Si nos apoyáramos y respetáramos más allá de nuestro género, las cosas serían muy distintas. Quizá no cambies el mundo, pero las personas que te rodean sí se van a sentir más aceptadas y cómodas contigo, y oye, siempre es bonito tener más amigos o conocer gente nueva. Además, ¿a quién no le gustaría poder hablar libremente de sí mismo sin ser etiquetado?
¿Y si escuchas a la persona que te está platicando su experiencia, aunque tú no compartas su opinión? Abran su mente. Aprendan de otros.
Nadie te dice Sa
Quizá tú no...