“parezco tranquilo, pero en mi cabeza ya grité tres veces” comenta tratando de bromear. quisiera poder verlo distinto sin embargo tiene que entenderlo, y tiene que empezar a dejar de comportarse como si fuese su padre, no lo era y nunca lo sería. “lo siento” expresa soltándola y bajando los brazos abatido, la cabeza se mueve de un lado a otro, en un movimiento casi imperceptible como si estuviese tratando de organizar pensamientos que no puede expresar. tenía que hacerlo, tenía que dejar de tomar un lugar que hiciera sentir mal a dohee, dejar de ponerla en un estante, lejos del mundo, como si de esa forma pudiese salvarla, ayudarla, rescatarla de los males. no era así, no pudo predecir el derrumbe, no pudo predecir tantas cosas que anhelaba poder dejarlo y ya, dejar de preocuparse. “creo—” comienza a decir pero es áspera la voz, en un tono que parece ahogado, la apertura de una puerta que desea cerrar. “no sería nadie sin ti, no quiero vivir en un mundo sin la persona más fea que conozco” la broma le sale seca, porque la fuerza, porque no es natural, porque intenta quitarle peso a lo que decía. era cierto, no podría vivir en un mundo sin su hermana, y tampoco quería hacerlo. “no quiero ir a la montaña dohee, no—es horrible, es enfermizo” las palabras parecen atorarse en su garganta. la angustia que brota como si estuviese roto la represa que los mantenía. “no eres incapaz dohee, no creo que lo seas” aclara sin mirarla aún “creo que eres más capaz de lo que tú misma crees” asegura exhalando “pero no quiero que nadie te lastime, no quiero—no si puedo hacer algo al respecto” lleva una manos a sus ojos, elimina cualquier rastro que pudiese destacar una tristeza acuosa innecesaria “te quiero mucho, tonta, no te subestimaré más” le promete y extiende los brazos esperando que ella fuese quien aceptase ahora la muestra de afecto “pero me prometes que nos quedaremos cerca” persiste la idea de mantenerse unidos, de esa forma no estaba tras su paso todo el tiempo pero se aseguraba que estaba bien, y en cualquier caso, estarían juntos más rápido. no permitió que la otra posibilidad se dibuje en su mente, ese final donde uno quedaba en pie, lo eliminó. “¿crees—-que mamá y papá sepan?” pregunta entonces, sus padres siempre habían sido personas ocupadas y complejas, lo que no extrañaría que de enterararse asumirían un buen final y no se ocuparían, pero permitía que la duda jugara con su imaginación en dónde estaban desesperados demandando respuestas del ministerio.
“no quieres, pero trata de recordar el camino de las montañas, por favor...” quizá era pedirle demasiado cuando estaba desechando cadáveres, una tortura para cualquiera. aún así continúa observándolo, asintiendo casi de manera robótica. le incomoda el que intente hacerse el gracioso una y otra vez. “ya, deja de hacerte el payaso si no te sale” musita con el ceño fruncido. entendía que aquella era su personalidad, pero no le gustaba verlo forzándose, no cuando sólo estaban ellos dos. “y grita si quieres hacerlo ¿qué te crees que eres? ¿un super héroe? ya sé que eres un debilucho, no hace falta me pruebes nada” ataque gratuito sólo busca hacerle saber que en verdad no debía fingir, que estaba bien. “y a las promesas se las lleva el viento, dowon...” la menor aparta la mirada por unos instantes, debatiéndose si debía decirle, o no, medida drástica que ha rondado su mente. porque no es que no lo comprenda, ella tampoco podía imaginarse en un mundo donde su compañero de aventuras, aquel que ha estado a su lado siempre, ya no existiese. teme por él, porque es el más impulsivo de los dos, el más sacrificado, pero tampoco sabe cómo se tomaría su sugerencia — a sabiendas de naturaleza ajena. repiquetea su pie contra el suelo un par de veces, antes de sólo ignorar el abrazo que el otro le pide y agacharse a recoger una de las piedras que había a su alrededor, buscando una lo suficientemente filosa. con la misma en su mano, aprieta con más fuerza su puño cuando padres son traídos a la conversación. “no tengo idea de qué se pueda saber allá afuera” suelta con honestidad. “por todo lo que sabemos, samjoko puede no existir ya a este punto, el que estén lejos y perdidos en el amazonas sería lo mejor” no era tan descabellado imaginar que el director liu, continuando con el envión ganado en el colegio, pudiese ser capaz de atacar ciudad mágica con aquel dragón. por un segundo, cree bueno el que ambos progenitores estuvieran tan absortos en su trabajo en mitad de la nada. sería algo menos de lo que preocuparse. “mira, dowon —” relame sus labios, volviendo a posar su mirada en él. si bien el otro parecía haberlo dado por sentado, es ella misma quien ahora trae de nuevo a colación el tema. “¿en verdad quieres prometer el que no dejaremos que el otro muera solo?” inquiere arqueando ambas cejas. es entonces que toma la piedra entre sus manos y, con trabajo, se hace un ligero corte en palma izquierda. suelta un quejido cuando por fin comienza a ver un hilo rojo brotar, enseñándole lo que acaba de hacer. da un vistazo a sus costados en búsqueda de algún curioso mas no consigue ver a nadie cerca, todos debían de estar ocupados en sus cosas, por lo que prosigue con cautela y bajando su tono. “hagamos la promesa de este modo, que no sean solo palabras” un pacto de sangre es lo que estaba proponiendo. “yo... tampoco quiero estar en un mundo sin el estúpido más grande que conozco” murmura un poquito a regañadientes antes de soltar un suspiro. “así podrás quedarte tranquilo, no tendrás que estar buscando asegurarte de cosas constantemente y de que no dejaré que te pase nada en lo absoluto. e incluso si yo fallo, sufriré las consecuencias también” porque suponía que desconfianza venía de su parte. de pasar lo peor, que no cree, la magia se haría cargo de las cosas haciendo pagar al que rompiese pacto. “ni uno ni el otro tendría que vivir con la culpa” ahora que lo expresaba en voz alta, tal vez sonaba peor y más desesperada que su hermano pese a serenidad que dominaba su hablar.