Una barbie sin altura
Isabel, esa niña que siempre fue un poco fantástica, confiesa que le gustaría trabajar organizando grandes eventos, “donde predominase la creatividad y corrieran millones de purpurinas por el aire. Donde dijeran esa, esa es la que lo ha organizado y te llamaran para organizar el siguiente, y todo a lo grande”. No es que su trabajo no le guste, ser diseñadora le encanta, es que su creatividad no está al 100%.
A los 18 años decidió dar un giro a su vida y hacer lo que más deseaba. Estudiar Bellas Artes. Y conseguirlo significó para ella alejarse de su pueblo, de sus gentes y de sus traidoras amigas del colegio. Ahora con casi un cuarto de siglo a sus espaldas, ve cumplidos la mayoría de sus sueños y no descarta conseguir todo lo que se proponga. Pues si por algo ha destacado en esta vida ha sido por su constancia en aquello en lo que cree, y si algo se propone, lo consigue.
Perfeccionista donde las haya, siempre quiso ser una barbie. “Es mi prototipo de mujer ideal: guapa, alta, inteligente e independiente. Sólo me falta la altura”. Sin embargo, confiesa mientras se come una caja de chocolatinas que necesita más cariño. Pues su vida sentimental ha sido un fracaso “total y rotundo” (risas). No obstante, la familia y los amigos son un punto clave en su vida y aunque es un poco desastre, “ellos saben que los quiero”.
Se define a sí misma como una buena persona, respetuosa, tolerante, sincera y agradable. Aunque tiene muy claro que los demás no la ven así, ya que su mal humor repentino siempre la traiciona. Dominante aunque no vengativa, reconoce no ser rencorosa: “uno de mis mayores defectos, a veces odio no serlo, siempre me toman el pelo”.
Ya ha dejado de comer chocolate, pero no puede evitar que sus ojos se pongan cristalinos cuando le pregunto de quién está orgullosa.
- De mi hermana, porque es lo único que tengo.
Con cinco años de diferencia, nadie diría que estas dos hermanas son como uña y carne. Su familia las admira, pues ven en ellas un símbolo de amistad, respeto y compañerismo. Aunque su madre dice que hasta que se pelean. Pero si por algo sobrevive la relación, dice su hermana, es “porque hay suficiente confianza como para desahogarnos y luego no tener ningún tipo de rencor. Nos complementamos y sabemos que la otra siempre va a estar ahí”. Por otro lado, su padre es su gran ejemplo a seguir.
- Lo es todo para mí, es inteligente y me ha enseñado mucho, es con quien mejor congenio pese a las disputas.
Se hace mayor y eso le asusta. Y no puede evitar sentir nostalgia cuando recuerda su época de estudiante, sobre todo el último año de carrera. “Fue lo mejor. Era suficiente para comprender las cosas, experimenté nuevas sensaciones, conocí a mis mejores amigos y fue una época que cerró un ciclo de mi vida”. No le gusta recordar lo malo, más bien lo olvida, ya que su memoria de pez, como ella dice, selecciona y se queda sólo con lo positivo.
Una mujer de armas tomar, dicen sus amantes. Liberal y muy feminista. Le gusta hacer lo que siente en cada momento y nada le preocupa lo que puedan decir de ella. Pues si de algo está segura es de sí misma.
Rosalía Sánchez Huertas.
20 años han pasado de este ejercicio que realicé en el curso de 2004/2005 2º de Publicidad y RRPP. Y he de decir que ha conseguido organizar eventos increíbles, se dedica a lo que le gusta y encontró al amor de su vida con el que tiene una hija preciosa, mi sobrina Frida. Ordenando la oficina encontramos el texto, una agradable coincidencia para reafirmar que somos un equipo y que siempre vamos a estar juntas.











