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@miriamstrxut

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Calista no era admiradora de muchas cosas, no le gustaba el desorden, no le gustaba que la gente no fuese al grano. No le gustaba que la gente la tratara como una niña, tampoco le gustaba que algunas personas juzgasen a otros por sus acciones. No le gustaba Hogwarts en sí, al igual que no le caía bien que su hermano la siguiera a todos lados sólo para intentar molestarla. ¿Se había caído de pequeño, acaso? Se lo preguntaría a su madre, claro.— ¡Por Cice, Byron! ¿Te puedes largar? Algunas personas si usamos lo que tenemos aquí arriba —señaló su cien y rodó los ojos cuando su hermano hablo. « Vamos, Cali, no seas malhumorada. Quiero ver como es la vida de las arañas » Se limitó a rodar los ojos—. Sé que la vida de los pérfidos es bastante aburrida de por si pero, hazte un favor y ve a practicar un poco con la varita que te hace falta —estuvo a punto de tomar un camino diferente cuando un carraspeo la distrajo y vaya que no estaba de humor—. ¿Qué? —no se dio la vuelta para saber quién era.
--No quería interrumpir --dijo luego de haber llamado su atención. Al parecer, no era un intercambio agradable de palabras por allá-- Pero creo que esto es tuyo --aunque no se había volteado a verla, alzó de todas formas el trozo de papel que le parecía haber visto caer de la túnica de la Slytherin.
Tal vez Leon Travers no debió cruzarse en su camino aquella mañana, no cuando Gideon estaba de un humor tan pesado que ni si quiera él se aguantaba. Los recuerdos de la anterior noche aún estaban tan vívidos como antes, y su mente sólo podía pensar en Zoe. No había estado buscando a Travers como sus demás compañeros, pero si se lo encontraba no iba a dudar en darle un golpe en la cara.
Tristemente se apareció en un momento en el que Gideon no estaba pensando claramente (aunque normalmente no lo hacía), y en cuanto lo vio, le pegó un puñetazo en la cara. Pasó de golpes contra su nariz a golpes en las costillas; pronto se encontró pateándolo con fuerza, ignorando los gemidos de dolor que soltaba su compañero. — ¿¡Te sientes con ganas de hacer otra broma, imbécil!? —Gritó en forma de reto, esperando que con esto no volviera a hacerlo. Y esperando sacar un poco de su enojo, claro.
Le comenzó a parecer extraño cuando vio algunos chicos yendo en una misma dirección, de donde se escuchaban ruidos de gritos y golpes. Frunció el ceño, con preocupación. Se acercó interrogativa hacia un chico de cuarto, que parecía venir de donde provenía todo entusiasmado a contárselo a alguien más. Las peleas parecían alegrar a todos, menos a ella. Los golpes le parecían barbáricos e inútiles. Alcanzó a oír "Pelea", "Prewett", "Travers" y el resto ya eran gritos entusiasmados de como se estaban golpeando. Abrió mucho los ojos y se apresuró en dirección allá, al saber que además uno de sus compañeros de casa y curso estaba involucrado.
Al llegar, casi sintió nauseas al ver la pelea. Aunque no sabía si contaba como pelea, parecía más una golpiza, porque Travers ni siquiera peleaba de vuelta. De inmediato, se apresuró en dirección a ellos-- Gideon, déjalo ya --era increíble como podía mantener la voz calma incluso en esa situación. Sabía que más de alguno quería golpear al Slytherin, que había hecho esa desagradable broma, pero ella no creía que esa fuese la solución. Además, se notaba que su compañero estaba alterado por algo más. No podía ser sólo por la broma, ¿verdad?-- Es suficiente. Parece que ya entendió --no quería sonar mandona, pero tampoco podía no meterse y dejar que lo destrozara a golpes.
Para ser la primera vez que la castigaban, no estaba mal. Incluso se sentía algo orgullosa por ello. Se dirigía a su sala común desde la oficina de su jefa de casa, luego de cumplir con otro día de castigo. Debía ayudar a la profesora con las tareas y exámenes por dos semanas después de la cena. Al menos no se aburría; tenía los bolsillos de su túnica llena de dulces gracias a la bolsa enorme que abía ganado por el concurso de disfraces.
Al sacar una paleta, no se dio cuenta que una de las cartas que recibió aquella semana se había caído. No solía andar por ahí con todas las notas que recibía, pero tampoco era como si Adolph escribiera todos los días. No se detuvo hasta que escuchó a alguien llamándola.
Frunció el ceño al pisar un trozo de pergamino mientras caminaba. Se arrodilló de inmediato, y no leyó lo que dijera en el sobre porque pudo atisbar una figura no muy lejos. Debía ser de ella, porque según veía estaba sacando cosas de sus bolsillos y se podría haber caído. La reconoció como una compañera de casa: Greta.
--¡Greta! --llamó mientras se enderezaba y caminaba rápido para alcanzarla-- Se te cayó esto.
Había estado comportándose extraña desde aquella charla que tuvo con Dorcas. Se aislaba de sus compañeros y amigas para ir a la biblioteca a hacer sus investigaciones y comprobar si era ella la que se estaba inventando todas esas historias, pero todo lo que estaba pasando coincidía. Y la misma pregunta que no se hacía desde Sexto año volvió a aparecer "¿Por qué Remus desaparece siempre en una fecha exacta?"
Para variar, su muñeca aún no curaba y comenzaba a arderle, pero se negaba una y otra vez ir a la enfermería. Vio a alguien acercarse a ella con un libro en sus manos y al escuchar que necesitaba ayuda con Pociones aceptó rápidamente. — Oh, sí, claro —Respondió y no se dio cuenta que no había sido lo suficientemente inteligente para tapar su herida aquel día así que la tapó velozmente antes de que la pudieran ver.
No es que Miriam fuese entrometida, pero era observadora. Cerca de donde ella se encontraba guardando un par de cosas, pudo ver a un niño preguntarle a Lily Evans si podía ayudarle. Y, como era bastante fijada en los detalles, la Hufflepuff pudo ver el movimiento en su muñeca. Esa herida no se veía muy bien. Y aunque no fuesen cercanas, se acercó a preguntar.
--Perdonen --se disculpó por interrumpir el leve intercambio de palabras presente ahí. Miró a la pelirroja, viendo que se había cubierto la muñeca-- Disculpa, pero ¿te encuentras bien? --preguntó, frunciendo levemente el ceño-- Parece una herida que necesita atenciones --comentó.

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— Bueno, ya sabes que dicen: Es Hogwarts, todo es posible aquí, ¿no? —Esbozó una sonrisa, alzando su barbilla por un momento—. No te preocupes, sólo te demandaré por dejarme sola con el bebé, pero de ahí en fuera no pasará nada.
--Tienes un punto por eso --concedió, dado que en el colegio de verdad pasaba de todo. Miriam no era muy buena con las bromas, pero decidió bromear un rato. Fingió horror, aunque no duró mucho antes de que una sonrisa volviese a escapársele-- ¿Demandarme? Auch, creo que mejor me hago cargo entonces --negó moviendo la cabeza de lado a lado.
— Si les hubiera hecho daño ya estaríamos escuchando gritos de dolor y lo único que oigo son peticiones de que abra la puerta. —Respondió.— Y las negaré por el momento, al menos hasta que tenga un momento relajante.
Al darse cuenta de que quizás podía haber sonado grosera, meneó levemente la cabeza-- Perdón si soné impertinente, pero no pude evitar preocuparme --encogió los hombros, oyendo como los murmullos comenzaban a alejarse de la puerta, o al menos así parecía-- Es comprensible. Parece que te agobian mucho.
Estaba tan apenada que recogía las cosas y las volvía a tirar. Se sentía bastante estúpida. — Perdón, perdón, déjame ayudarte —imploró con una mueca ligera en sus labios, recogiendo lo que le pertenecía a Miriam. Suspiró y una vez que acomodó todo en sus brazos y en la mochila de su compañera, se dedicó a explicar: — Lo sé, es muy raro. Los profesores no quieren aceptar mis trabajos si no son en pergamino. ¿Por qué no? Es el mismo esfuerzo que le pondría a un pergamino —se lamentó, desilusionada—. Bueno, es que nadie los usa aquí, creo que soy la primera —admitió, acomodando un mechón de cabello por detrás de su oreja.
--No pasa nada --repitió de una forma que podía sonar muy reconfortante, mientras con las manos calmas recogía las cosas otra vez, tanto las suyas como las de Hestia, tendiéndole las que le pertenecían-- Gracias --agradeció al ver que la chica le había ayudado a meter cosas en su mochila. Hizo una pequeña mueca al oír su relato-- Esa es una injusticia. Tu trabajo es lo que cuenta, no en qué esté escrito --era una queja molesta y, sin embargo, la voz de Miriam sonaba tan pacífica como siempre, el único signo de su enojo era el ceño levemente fruncido-- Deberías hablar con el profesor Dumbledore. De seguro él podría entenderte y hablar con los profesores --sugirió.
Observó a la castaña a unos metros de ella, casi sonriendo por sus palabras. — Creí que querría hablar conmigo, tal vez tampoco tengo suerte con las calabazas —sugirió sin sentirse afectada, simplemente bromeando—. O en realidad no le gustan las galletas. Yo creo que tiene una forma bonita —objetó, pasando sus ojos por la forma fantasmal de la galleta—. Pero no sé cual sea su sabor.
--Yo no creo que sea eso. Las calabazas son amigables, al menos desde mi experiencia --asintió con convicción y una sonrisa suave en los labios, como si lo que estaba diciendo fuera real-- De seguro cuando tome confianza, contestará --se alzó de hombros. Observó la galleta con atención-- ¿Te la dio un niño de primero? Porque si es así, es muy rica. A mí también me dieron una. Deberías probarla --miró con atención a la chica. Eran de la misma casa y, sin embargo, no le conocía. Recordaba haberla visto sentada sola alguna vez-- Agatha ¿no es así? --preguntó, esperando no haberse equivocado con su nombre.

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Emmeline se había ganado la fama de ser buena profesora tras haber ayudado a un par de alumnos con las asignaturas que tenían problemas y le agradó saber que estaban conformes pero cuando otros alumnos comenzaron a pedirle ayuda se volvió tedioso. Aquella mañana un grupo de cuarto se las había apañado para seguirla durante todo el tiempo sin desaprovechar cada oportunidad que veían para pedirle ayuda por lo que al divisar un salón aparentemente vacío se metió allí y cerró la puerta con fuerza.— ¡Ya les he dicho que no ayudaré a nadie más por el momento! —Gritó, apoyando su espalda sobre la puerta y descubriendo que el salón no estaba tan vacío como pensaba.
Dio un salto, sorprendida con la brusquedad que alguien había cerrado la puerta del salón en el que se había quedado a estudiar. Levantó la mirada del libro con una mirada un tanto interrogante, pero al ver a la chica tan estresada, se compadeció un poco de ella. Miriam sabía que a veces ayudar se volvía algo tedioso, aunque a ella jamás le había molestado con los más pequeños, estaba segura que en algún momento tenía que estresar. Por fin, decidió que lo mejor sería decirle algo-- Cuidado, no vayas a dejar la puerta giratoria con esa fuerza --una broma fue con lo mejor que pudo salir-- Aunque, tal vez deberías controlarlo un poco, quizás alguno de los chicos había apoyado su mano en el marco y podría haber salido lastimado --no pudo evitar ponerse seria al pensar un poco en eso, porque el golpe en la puerta había sido bastante violento y los chicos, parecían insistentes.
Bye, bye otoño.
—¡Soy la reina de las hojas!—Dijo Glenda más animada de lo normal, reía y movía las hojas que estaban sobre y alrededor de su cuerpo. Amaba demasiado el otoño y este estaba por acabarse, aún así estaba feliz haciendo tonterías.
Una sonrisa alegre apareció en sus labios al ver tan animada a la rubia. Tenía una alegría contagiosa, hasta a ella misma le daban ganas de ir a jugar con las cosas cuando lo hacía parecer tan divertido-- Cuidado, reina de las hojas, puede haber alguna rama por ahí y podrías hacerte daño --aconsejó, pues ya había visto una y no sería lindo que terminara su momento de diversión herida.
Al parecer para James Potter no había razón justificable para que se detuvieran los entrenamientos. La fiesta de Halloween no sólo había sido bizarra, si no que para algunos de sus compañeros de equipo había sido pesada. Aún así James insistía en que practicaran hoy. Dorcas salió con él y Mina de la sala común, caminando hacia el punto de reunión del equipo, de ahí irían al campo de Quidditch. Una vez en ese lugar, James dijo que esperaran al resto. Dorcas se sentó con Mina un momento mientras James revisaba unos pergaminos con jugadas.
Observó la quaffle cerca de ella y sonrió, poniéndose de pie. La tomó y la metió por debajo de su camiseta, soltando una risita. — James, es tuyo —se acercó a molestar a su amigo, fingiendo estar embarazada. Notó que alguien pasaba por ahí, así que se giró, alzando una ceja—. ¿Qué? ¿Quieres que sea tuyo? —Preguntó en una broma, escuchando a Mina reír y a James hacerlo también.
No pudo evitar mostrar una sonrisa con diversión al ver la escena, de la chica fingiendo estar embarazada con una Quaffle bajó su vestimenta. Se le quedó observando sin darse cuenta, hasta que la Gryffindor le habló a ella. Arqueó las cejas y alzó las manos en gesto de inocencia.
--No gracias. Además de ser físicamente imposible, no puedo ayudarte con un bebé --hizo una mueca fingiendo pesar al respecto-- Lo siento, Dorcas.
Desde el altercado con los pergaminos, Hestia se había negado a usarlos. Algunos profesores habían rechazado sus trabajos ya que los había hecho en aquellas hojas blancas que utilizaban los muggles, e incluso en papel de libretas muggles. Hestia se resistía a usar pergaminos, estaba decidida, aunque eso valiera sus calificaciones.
Caminaba con un panquecito en su mano para dárselo al Profesor Flitwick, pues era de su agrado. Entró con él y salió sin él, en su lugar un par de hojas ocupaban sus manos. Flitwick no había recibido su trabajo, ya que estaba en hojas de cuadros grandes. Hestia soltó un suspiro, sacando otro panquecito azul de su bolso y dándole un mordisco. No se dio cuenta de que alguien venía, y cuando lo hizo soltó un grito y sus hojas salieron volando por todas partes. — ¡Lo siento, lo siento, lo siento! Es sólo que no he superado la broma de la fiesta —se disculpó rápidamente, corriendo a recoger sus papeles.
A penas tenga el dinero, cambiaré esta mochila pensó intentando que ésta no se le cayera. Estaba destrozada, la usaba desde el tercer año e incluso entonces, era de segunda mano. Estaba segura que sus pseudo-padres podrían comprarle una, pero no iba a perdirles nada a ellos, claro está. Y ahí estaba, distraída intentando mantener todo en su lugar sin que se cayera.
Alzó la mirada nada más al oír a la chica gritar, pero ya era muy tarde para evitar chocar contra ella. Todo lo de la chica cayó, y lo suyo propio también. De inmediato se agachó a recoger, tanto sus cosas como las de la Ravenclaw, en un intento de ayudar-- No pasa nada --le dedicó una sonrisa dulce y comprensiva. Miró con curiosidad las hojas mientras se las extendía-- ¿Hojas? Nunca había visto que alguien usara hojas aquí.
Su calabaza aún sobrevivía después de una semana. Agatha la había sacado pues creía que tal vez "necesitaba aire". En realidad se sentía de alguna manera acompañada con ella. Observó en silencio la competencia de la comida, Sprout de nueva cuenta volvió a pedirle que participara, Agatha se negó. Ella estaba muy bien sentada, observando como siempre.
Los elfos estaban recogiendo las mesas y restos, mientras Agatha observaba una galleta en forma de fantasma que le había regalado un niño de primero, sentada en una banca. — ¿Quieres un poco, calabaza? —Le preguntó, llevándolo a donde sería la supuesta boca de la calabaza, pero después soltó una amarga risa—. Sí, claro como si fuera a contestarme —soltó un largo suspiro, volviendo su mirada a la galleta. Bueno, hablarle a una calabaza no era lo más extraño que había hecho.
Estaba tan callada, que dudaba que la chica junto a ella hubiese notado su presencia. Había estado ayudando con la competencia, pero se había cansado un poco y había tomado asiento poco antes que la joven y su calabaza. Sonrió al oírle hablar a esta.
—De seguro sí quiere y no te contesta porque es tímida. Ya sabes, las calabazas tímidas se ven todos los días —bromeó viéndole con una sonrisa dulce y divertida a la vez.

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MIRIAM STROUT ● HUFFLEPUFF ● SÉPTIMO AÑO
G od help the girl, she needs all the help she can get.
→ DATOS PERSONALES
Apodo(s): Ninguno.
Fecha de nacimiento: 06 de enero de 1960.
Padres: Constance Reynolds y Lucas Reynolds/Vaytiare Strout y Niklaus Strout.
Hermanos: Ninguno.
Mascota: Hope, un gatito.
→ CARACTERÍSTICAS MÁGICAS
Estatus de Sangre: Sangre pura (Hija de muggles).
Títulos: Prefecta de séptimo año de Hufflepuff.
Boggart: Unos hombres de uniforme policía muggle. Los recuerda; son los que le sacaron de la casa de sus padres. Son quienes la llevaron lejos. Los ve como ese día, sujetando a sus padres por los brazos para que no intentaran alcanzarla. Siempre se preguntará si es que no les hicieron daño. Eso la persigue.
Patronus: Conejo.
Varita: Sauce llorón, núcleo de crin de unicornio, semi-flexible, 8 pulgadas y 3/4.
Amortentia: Dulces, vainilla, lluvia.
Espejo de Oesed: Se vería a ella misma, ahora, abrazada a sus primeros padres adoptivos. Sonríen tan ampliamente, que parece que nunca se hubiesen separado. Que nunca hubiese pasado nada.
✦ H I S T O R I A ✦
Miriam Strout no fue deseada. Nació después de una noche de tragos entre dos adolescentes de apenas quince años. Su madre no lo pensó demasiado después de su nacimiento, decidiendo entregarla en adopción a una familia de adultos que pudiera cuidar de ella. La pareja parecía estar en una situación económica estable, pero cuando Miriam cumplió los cinco años, su padre fue despedido, dejando como única fuente de ingresos la tienda de costura de su madre, la cual les daba muy poco para vivir. Sus padres la amaban, y por ninguna razón la iban a dejar ir, pero ganaban tan poco que hubo días en los que Miriam no supo si iba a comer, y en algunos en realidad no comía nada. Algún día el gobierno comenzó a amenazar a sus padres con llevársela lejos para que tuviera una mejor vida, sus padres se resistían. Tenían poco para vivir, pero mucho amor para Miriam. La pequeña tampoco quería alejarse de sus padres, la sola idea le asustaba. Después de un par de años escondiéndose para que no se llevaran a Miriam, el gobierno los encontró, y al verlos en la misma situación, se llevaron a su hija. Miriam recuerda aquel día muy bien: Las lágrimas y gritos, los suyos y los de sus padres. Tenía sólo ocho años, era demasiado joven aún. Fue así que Miriam nunca volvió a ver a sus padres.
Estuvo en una casa hogar por tres años, hasta que una curiosa pareja formada por dos jóvenes se fijó en ella. No tenía mucho sentido, pues Miriam ya contaba con los once años y seguramente querrían a un bebé. Pero no era así. Los trámites se hicieron y entonces Miriam se encontró de nuevo en una casa que no era la suya, con personas que decían ser sus padres pero que ella no deseaba. Extrañamente sus ahora adoptivos padres sabían todo sobre la situación que provocó que por poco echaran a Miriam de la casa hogar: Un sinfín de cartas dirigidas a ella no paraban de llegar. No era una coincidencia, Miriam sabía. Claro que no supo qué hacer cuando estos hombres le dieron todo, era una bruja no sólo rica, si no, en palabras de sus padres: “sangre pura”. Miriam no lo entendió del todo hasta que en su primera semana en Hogwarts se encontró con gente que sólo deseaba saber su status. Las piezas cayeron en su lugar y Miriam descubrió que aquella pareja joven había perdido a su hija hace unos años y, amenazados por el padre de la mujer, habían sido designados a buscar a una nueva. Tristemente la mujer no podía embarazarse pues correría riesgo su vida, por lo que optaron por adoptar. Pero, ¿cómo saber quien fuera bruja? Buscaron en todos lados, y al escuchar sobre las cartas, los Strout supieron que ahí estaba la mina de oro.
Pretendieron que su hija se había ido a una exclusiva escuela para brujas cuando muy joven, cuando en realidad no era así. Miriam se apropió de la vida de otra niña, de alguien que estaba muerta. No era Polly Strout, era Miriam Strout, ahora con un nuevo segundo nombre y una vida que no le pertenecía. Miriam ha intentado deshacerse de todo eso, alejarse lo más que puede de estas dos personas y sus ideas. Sólo una idea está en su mente: Quiere encontrar a sus padres; no a los biológicos, sino a los que la aceptaron cuando era nada más que una niña. Aquellos que la quisieron por el simple placer de estar con ella. Pero es como si hubiesen desaparecido. Aún así no pierde la esperanza. Para Miriam es imposible perderla. Es, al final, todo lo que le queda.
✦ V I D A E S C O L A R ✦
Cualquier persona se sentiría agradecida de estar en el lugar de Miriam: Sangre pura, con mucha riqueza, una familia que le da todo… Pero ella no es esa persona. Escogida para estar en Hufflepuff, aquello no fue una buena noticia para la familia. Después se desató el rumor de que Miriam no era la hija de los Strout, rumor que aún sigue presente. Miriam no sólo se volvió el blanco de muchas bromas, si no que estaba desatando una tormenta en contra de los Strout. No les debe nada, sabe que son quienes la mantienen, pero al cumplir los diecisiete decidió que se iría de su casa pronto, para no tener que pedirles nada. Casi no gasta su dinero, más que en lo necesario. En sus salidas a Hogsmeade no compra nada, pues le enferma usar el dinero de esos dos seres que dicen llamarse sus padres. No quiere caer en eso, e incluso usa cosas de segunda mano, dándole un aspecto de alguien que no tiene mucho dinero, lo cual enoja de sobremanera a sus padres. A Miriam no le importa, quiere desligarse de ellos tanto como pueda. Algunos creen que esa es la razón por la que Miriam no es fría ni arrogante como ellos quisieran, si no todo lo contrario; pero no es así. Miriam siempre ha sido una persona muy dulce y agradable, educada así en sus primeros años. No tendrá ni un amigo purista, pero no necesita de ellos; prefiere a aquellos que no les importa nada. Su mayor problema recae en los hijos de puristas. Piensan que es una broma, el mal intento de los Strout de volver a renacer de entre las cenizas después de tantas tachaduras en la sociedad. Se ríen de Miriam, pero ella está tan acostumbrada que aprendió a hacerles frente. No es una persona violenta, no podría sacar su varita y hacerlos sufrir, tampoco podría encestarles un puño pues es en verdad pacífica. Claro, eso no significa que no pueda usar sus palabras para callarlos.
Es una de las estudiantes más dedicadas de su curso, por lo mismo es prefecta de su casa. Siempre entrega sus trabajos a tiempo, e incluso con más líneas de las que debería. Sus exámenes son extraordinarios, y es especialmente talentosa en la herbología. Miriam piensa que le gustaría ser sanadora, pues le encanta ayudar a los demás, y la medimagia es una materia de la que nunca puede saciarse. Tal vez no tiene la relación que Hestia Jones tiene con Madame Pomfrey, y tal vez no ayuda en la enfermería como a su compañera le es permitido, pero la enfermera siempre acepta sus dudas y ve en ella alguien muy parecida a sí misma. Miriam tiene un corazón enorme, pero también es una persona muy inteligente, por lo que no escoge a sus amigos al azar. Se lleva bien con la mayoría, sobre todo con aquellos de su casa pues encuentra sus ideales parecidos a los de ellos. Miriam es todo lo contrario a la oscuridad, por eso no se entabla muy bien con aquellos que la llevan dentro. Siempre intentará ayudar, pero sólo si tú dejas que te ayude. Si no es así, si paso a paso que das sólo intentas destruirla, ella te dejará en paz; porque entiende bien que no se puede salvar a alguien que no quiere ser salvado. Miriam no es un arcoíris, pero bien podría ser un tranquilo y hermoso prado; el tipo de prado donde quieres recostarte y dormir por siempre.
✦ D E S C R I P C I Ó N P S I C O L Ó G I C A ✦
Miriam es un alma dulce y pacífica que siempre tiene algo bueno que decir, pero eso no significa que sea ingenua. Ha conocido muy bien la manipulación, las mentiras, el dolor y la tristeza para creer que no existen en el mundo. Sabe que no todos tienen buenas intenciones, y que incluso aquellos con un buen corazón tienen un lado oscuro. Lo entiende y lo acepta. Cree que ya hay demasiado odio en el mundo como para que ella contribuya, así que suele tratar bien a todos; a los que se lo merecen, claro. No es alguien rencorosa, pero tampoco es estúpida. No tendrá consideraciones si no tienes buenas intenciones, pero tampoco te dejará a la deriva. Es una chica fuerte, decisiva y que no deja que nadie la arrastre. No te dejes llevar por aquella actitud de chica buena que no rompe un plato, Miriam es alguien que sabe defenderse. Extremadamente leal, la sola idea de la traición le provoca arcadas. No podría vivir con ella misma si traicionara a alguien, o si se traicionara a ella misma. Miriam tiene sus pies en la tierra, sus valores claros y sus ideas definidas, pero es joven y como toda persona joven aún no se desarrolla completamente. Claro que tiene dudas, claro que tiene miedos, claro que siente dolor. La bondad de Miriam no es algo que cubra todo esto.
Es una persona de críticas constructivas, será honesta si le pides que te ayude en algo. Algunos ven a Miriam como una madre, una persona a la que correr y pedir ayuda, que te abrazará y te dirá que todo está bien. Es la seguridad que da Miriam al verla, al hablarle, la que hace que muchos tengan esta idea. No es anormal que en las primeras semanas de clases la vean con un par de niños de primero siguiéndola asustados, y a ella no le molesta. Muchos creen que sería una gran madre, pero Miriam nunca ha visto a futuro, ella vive el presente. Si hay algo que pueda hacerla caer es la idea de sus padres. Quiere encontrarlos, está desesperada por hacerlo, pero no sabe cómo ni dónde buscar. Parecen estar desaparecidos de la faz de la tierra, y esto tiene a Miriam en ocasiones, como una loca. A veces llora porque los extraña después de todo este tiempo, le enfada que la hayan separado de ellos cuando su felicidad estaba a su lado. Fue la mayor muestra de crueldad humana que haya visto en su vida, y simplemente no se le olvida. Como toda persona tiene un gran deseo, algo por lo que daría cualquier cosa, y esa es encontrar a sus padres y no dejarlos ir nunca. Si tan sólo tuviera una pista, sólo una.
♣ E X T R A S
Nunca habla de sus tutores como sus padres. Para ella son dos extraños. Los llama “ellos”, sin si quiera mencionar sus nombres. Al igual que el resto de la familia Strout.
Ser pacífica le ha ganado un par de golpizas, ya que se niega a golpear a los demás. No le encuentra el sentido a la violencia y duda mucho encontrarlo algún día.
Siente una afinidad con Gideon Prewett pues él también detesta a sus “padres”. La descubrió llorando en primer año porque extrañaba a sus padres adoptivos, después de que la hizo sentirse mejor, descubrió que podían ser buenos compañeros pues se parecían.
Le fascina el Quidditch. Es del tipo que se pinta la cara y ondea los banderines a favor a su casa. Le emociona el deporte.
Sus amigas suelen comprarle dulces en Honeydukes pues saben lo mucho que le gustan, aunque ella se resiste a comprar.
Es una persona bastante humilde y agradecida. Nunca la verás pavoneándose alrededor de Hogwarts. Cree que aquellos que presumen es porque les falta.
En vacaciones no vuelve a su casa, se queda en alguna casa de sus amigas y consigue un trabajo para ayudar en los gastos mientras se encuentra ahí.
♥ R E L A C I O N E S
Gideon Prewett → Compañero
★ F U T U R O
→ Se vuelve sanadora y trabaja en San Mugo, específicamente en la sala Janus Thickey, especial para pacientes afectados por un hechizo de forma permanente
→ Se vuelve responsable de cuidar a pacientes como Gilderoy Lockhart, Alice Longbottom y Frank Longbottom,
MIRIAM SE PARECE A KRISTEN STEWART. ES CANON Y SE ENCUENTRA OCUPADA