Un pájaro volaba alto y brillante, feliz de poder ver todo desde tal altura. Mientras rondaba por ahí pudo ver a otro de su especie, sin embargo, no volaba, intrigado por este hecho se acercó al desconocido pájaro.
"¿Por qué no vuelas amigo mío?" dijo aterrizando a un lado de el. Ahora que estaba cerca podía ver lo sucio que se encontraba. Esperaba escuchar una respuesta rápidamente pensando que necesitaba ayuda, así que cuando no escuchó nada temió que aquel pájaro semejante a el hubiese encontrado un fatídico destino.
Lo rodeó mientras inspeccionaba de cerca descubriendo que sus ojos estaban cerrados y que aunque era sutil había un sube y baja en ese pequeño cuerpo. Acercó su rostro para picotear al otro. “La mala educación abunda por aquí.” había conseguido tener una respuesta. ¡Podría ayudar!
“¿Qué te pasó, puedo ayudarte en algo?” el ave en el suelo soltó un suspiro, como si estuviera harto de escuchar esa pregunta. “No eres el primero en venir y preguntarme eso. Te diré lo mismo que le dije a los demás, ¡no es asunto tuyo!” su enojo lo sorprendió. Pensó que estaría feliz de recibir ayuda para levantarse, ahora no entendía que era lo que necesitaba.
Dio unos pasos hacia atrás, dudando en si debía irse o no. “¿Te quedaras ahí a esperar que todo termine?”
“Sí, ya soy viejo y tengo heridas que no entenderías. Era solo cuestión de tiempo para que este día llegara, irme en paz y tranquilidad siempre ha sido mi plan para este momento.” su voz sonaba cansada, pero hablaba con un tono comprensivo. “Eres joven y aun vuelas en lo alto, sin embargo no olvides que un día caerás al igual que yo. No es malo caer, no es malo parar, no es malo descansar, a veces debemos tomar las cosas con calma.”
La joven ave reflexionó sobre las palabras del mayor antes de preguntar ”¿Deseas que me quede a acompañarte en tus últimos momentos?” se escuchó una leve risa en respuesta. “Si deseas presenciar un triste lamento, puedes quedarte. Pero después no digas que no te advertí.”
Habiendo obtenido el visto bueno para quedarse buscó un sitio cómodo que estuviera cerca para sentarse y esperar. Parecía que el mayor ya llevaba tiempo en el suelo, esperando a que saliera su ultimo suspiro, por lo tanto supuso que no tardaría mucho en tristemente partir hacia otra vida. Quizá una mejor que esta. Esperó en silencio, sin perturbar la paz que deseaba el mayor.
Comenzó a notar que el leve vaivén de respiración que lo mantenía atado a este mundo se detenía por momentos. Sabia lo que ocurriría, pero no pudo evitar que una lagrima aterrizara en el suelo. A pesar de su tristeza, se sentía contento por al menos ofrecerle compañía. Nadie debería tener que dejar el mundo sin que al menos alguien lo supiera y llorara su perdida.
Sus ojos nunca dejaron el cuerpo moribundo, así que notó claramente cuando este tomó una bocanada de aire y pronunció un “Gracias.” siendo esta su ultima respiración junto a sus ultimas palabras.
En un ambiente agridulce nuestra ahora solitaria ave estuvo un breve momento en su lugar, en silencio, simplemente contemplando lo pequeña que realmente era en este mundo tan grande. Soltó unas cuantas lagrimas más antes de ponerse de pie. En su rostro se podía ver la tristeza, pero también se notaba que había aprendido una buena lección, de esas que nunca se olvidan.
Vislumbró una flor pequeña cerca, la tomó en su pico y la colocó suavemente en el cuerpo ya sin vida frente a el. “Gracias a ti.” con estas palabras fuera de su pecho se alzó en vuelo para volver a su rutina diaria. Sin embargo, ahora contemplaba con más detalle lo que había a su alrededor, disfrutando de cada árbol, de cada brisa, de cada segundo.
En ese momento decidió que cuando llegara su ultimo día se iría en paz, habiendo amado cada momento que disfrutó o sufrió en esta vida. Estando en clama como aquella ave a la que ayudó simplemente acompañándola.
- Mave













