-Estaba pensando en hacer algo así para facilitar el trabajo de los voluntarios que vienen. Tal vez con más colores, porque ese amarillo engloba mucho.
Les explico a ambos, pensando sobre todo que cada animal es diferente y aunque la mayoría de las personas tiene la creencia de que todos los perros son animales muy sociales y que están siempre en búsqueda de nuevos amigos, no siempre es así porque, al igual que las personas, todos tienen un carácter diferente, algunos brincan de alegría al conocer a gente u otros animales y hay algunos que simplemente no les gusta ser tocados y es algo que hay que respetar e informar. Para quienes trabajamos con animales a diario es más fácil entender su comportamiento y saber cuándo acercarnos o cómo hacerlo, porque no es lo mismo un animal que se está recuperando de una intervención, uno que ha llegado asustado por un historial de abusos a uno con problemas de conducta que hay que modificar. Pero el común de la gente siempre tiende más a acercarse y, mientras lo hace, preguntar si puede tocarle sin dar mucha oportunidad a que el dueño reaccione o que el perro en cuestión se aleje.
-Estuve buscando y al parecer en algunos lugares se está intentando usar otro código de colores más amplio para ayudar a las personas a interactuar mejor con los animales que no conocen.
Añado volviendo a desbloquear el móvil y volviendo a la galería para buscar una de las imágenes que encontré, de diversas iniciativas a modo más personal para usar colores que permitan a las personas entender e interactuar de manera segura y, cuando la tengo, vuelvo a dejar el aparato entre los dos para que la vean. En ella aparecen los dibujos de siete perros con el color del collar diferente, explicando el motivo de cada uno: rojo, para denotar precaución con un perro, naranja, como un mensaje de que el perro no es amistoso, verde, para perros sociables o amigables, azul, para perros de servicio como los perros de terapia, blanco, para perros discapacitados y morado, para avisar de que el perro no debe ser alimentado bajo ninguna circunstancia. Sarah y Ly observan la imagen y después se miran entre sí mientras yo los observo, mordisqueando mi labio inferior mientras espero que me digan qué opinan o si les gusta la idea. No pasa mucho hasta que Sarah sonríe y se apoya en el mostrador igual que lo hacemos Ly y yo.
-A mí me gusta, creo que puede funcionar y nos ayudaría cuando hay personas con los animales y nosotros estamos ocupados con las consultas.
Responde por fin y yo asiento, porque es una de las cosas que pensé, que nos podría facilitar el trabajo al darle mayor información a las personas, sobre todo a las que no tienen tanto tiempo viniendo al refugio. Me vuelvo entonces a Ly, esperando saber qué es lo que tiene que decir. Él me mira, guardando silencio más tiempo de lo que me gustaría por lo impaciente que soy y, cuando voy a protestar, pasa su brazo izquierdo sobre mis hombros.
-Pues para ser una Gryffindor a veces usas la cabeza bastante bien, antes del impulso, digo.
Él ríe tras guiñarme un ojo y Sarah se le une, hasta yo lo hago, aunque no puedo evitar darle un suave empujón acompañado de un “¡oye!” a modo de protesta por su manera de meterse conmigo.
-¿Qué quieres que te diga, Lilu? Me decepciona un poco no tener que llenar de lazos a nuestros animales ahí abajo, pero me parece una idea buena. Todo lo que facilite a que la gente aprenda a relacionarse y tratar con los animales es bueno, ¿no?
Yo asiento a la vez que paso mi brazo por su espalda para compartir un abrazo como tantos antes, aunque nos falte Lorcan. Porque ahí lleva razón, se trata de llegar a la gente, de buscar opciones para ser voz por los que no tienen, llegar a una persona y que, a su vez, ella pueda llegar a dos más, comenzando esa cadena de buenas acciones que hablé con mamá. A lo mejor nunca sabremos cuanto puede calar en una persona el mensaje que le damos, pero siempre podemos tener la esperanza de que pueda trasmitirlo en mayor o menor medida, tal ven en algunos pierda intensidad, pero en otros cobre fuerza.