Desde niña aprendí que todos los hombres eran igual; que no querían a las mujeres, que para ellos somos desechables. Sabía de su facilidad de cambiar a la mujer que dicen amar, por un momento. Sabía de sus palabras bonitas y perseverantes. Así que decidí nunca cegarme por mis sentimientos, hasta que te conocí y mis sentimientos descontrolados me hundieron en el vacío. Debí haberme quedado como siempre, inmóvil y leal a mí misma. Ahora sólo soy una renegada destrozada.




















