14/03/26 - El archivista loco
Es la pregunta, Inés, por la edición del libro artesanal, por la poesÃa de otra ciudad, por la imposibilidad del archivo, pero aún más, por el anarchivo --neologismo que robo de alguna parte--: la búsqueda intencional, como único camino de salvación, de que no haya posibilidad de archivo.
El pensamiento maquinal que cargamos desde hace tanto nos llevó a la automatización del trabajo, del entretenimiento y de tanta cosa. Y nos llevó también a pensar en cajitas, a colectar, a dar sentido a todo. La dispersión nos molesta. El archivo ordena. Nos da paz. Guardamos fotos en cajitas, con pequeñas etiquetas. Ordenamos la obra de tal autor según tal clave de lectura. Etiquetamos la publicación en tal red para pelear contra la dispersión. Las cajitas son muchas. El calendario organiza los eventos y en un año puedo dar cuenta de tales objetivos y tales transformaciones. Los archivos de una ciudad permiten reconstruir su historia. Y, hoy, los algoritmos y las personas detrás de los algoritmos reúnen, registran, reordenan, relacionan, revisan, reconstruyen todo a partir de esa abstracción: el archivo. El perfil de la red social como archivo personal. La web de la institución como huella digital de identidad. La colección de álbumes de un artista. Todo recolectado por un gran camión que pasa por las noches y se lleva todo en bolsas para luego analizar en el depósito.
No soy la persona más precisa para hablar de este tema, y ahora mismo siento que deberÃa escaparme por alguna tangente, dejar ir esta idea del archivista loco reimaginada como el anarchivista: desordenar para que el Imperio (del archivo total) pierda el norte. (Para que el Norte pierda.) Pero es que la lucha está dada: la poesÃa se escurre entre los intersticios de mi ciudad; lx editorx artesanal hace nueve ejemplares de un libro y escapa por las alcantarillas; lxs muralistas pegan stickers en portones abandonados hasta que la lluvia borronee todo: el esfuerzo del Gran Categorizador no puede alcanzarles. El juego que intenta está perdido antes de comenzar. Es cierto que con grandes manos intenta aplastar. *BAM* y tal centro cultural cierra sus puertas. *BAM* y el papel aumenta de precio. *BAM* y está prohibido pegar carteles. Pero no lo logra. Los movimientos son toscos, y son generales. El anarchivismo es microscópico, micróbico, y se escurre entre esos dedos mecánicos.
Es cierto: está también en nosotrxs deshacernos, difuminarnos en movimientos inclasificables. Erráticos. Desordenados, descompuestos. Ayer hice aquello, hoy hago esto y desarmo eso otro; no dejo registro. Tendemos, más bien, a arrumarlo todo: lo que somos y lo que se desprende de nosotrxs (en una dinámica ilusoria que finge un desprendimiento que no existe) para no dejarlo ir, para darnos sentido o algo asÃ.
Tomé un giro poético en estas lÃneas, Inés. Me disculpo. No me olvido, igualmente, de mandarte las cajas que me pediste. Te llegarán casi al mismo tiempo que estás lÃneas.
Saludos desde casa,
Pablo













