Sonrió ante su exclamación y abrió sus brazos, recibiendo aquel corto abrazo el cual correspondió con ganas. Se separó, riendo levemente para asentir. —Debo admitir que también estoy emocionada… muy. —aseguró. —Emma, eres hasta más bonita en persona. ¡Mira tu cabello! —agudizó el tono de voz y llevó sus manos a los castaños mechones de la joven, acariciándolos suavemente.
Oh, vamos, no me digas eso —intentó lucir como si la situación la hubiese abochornado, haciendo un ademán con su mano—. ¿Qué me dices de ti, eh? ¡Mira tú tu cabello! Todo rebelde y rubio y... —llevando sus manos a éste, lo despeinó al mismo tiempo que reía—. Eres tan linda que me dan ganas de llorar.













