DĂa de Martin Luther King Jr., y un mensaje para la Iglesia de hoy:
«...Hubo un tiempo en que la iglesia era muy poderosa, en que los primeros cristianos se regocijaban al ser considerados dignos de sufrir por lo que creĂan [...] Siempre que los primeros cristianos entraban en una ciudad, la gente en el poder se turbaba e inmediatamente buscaba condenar a los cristianos por ser “perturbadores de la paz” y “agitadores externos”. Pero los cristianos siguieron adelante, convencidos de que eran “una colonia del cielo”, llamados a obedecer a Dios antes que al hombre. [...] Ahora las cosas son diferentes. Muy a menudo, la iglesia contemporánea es una voz dĂ©bil e ineficaz con un sonido incierto. Muy a menudo es una gran defensora del status quo. Lejos de verse perturbada por la presencia de la Iglesia, la estructura de poder de la comunidad promedio se beneficia de la aprobaciĂłn tácita, y a menudo incluso vocal, de las cosas tal como están.
Pero el juicio de Dios está hoy sobre la Iglesia como nunca antes. Si la Iglesia de ahora no recupera el espĂritu de sacrificio de la Iglesia primitiva, perderá su autenticidad, echará a perder la lealtad de millones [de personas] y será descartada como si fuera un club social irrelevante sin sentido para el siglo XX. Todos los dĂas me encuentro con jĂłvenes cuya decepciĂłn con la Iglesia se ha convertido en un absoluto disgusto».
Martin Luther King, Jr., Carta a sus colegas cristianos desde la cárcel de Birmingham, 1963.