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Resistencia
Paging ro-s-a-spark-s
barn owls are everything.
Manzana Búho.
El Navío
Del cuaderno de apuntes del gato-perro. Nota: este cuento traté de ponerlo en formato tuitero pero no pude. Y es que resulta que el otro día vi en tuiter a un usuario, usuaria o usuarioa que se aventó todo un comunicado en puros fragmentos de 140 caracteres. No, no me enojé. Me dio envidia porque le quedó mejor a él que a mí. Va pues: “El Navío” Debo advertirles que los cuentos del Gato-Perro son muy otros. Ya antes se ha dicho que, a diferencia de los cuentos tradicionales según el esquema “había una vez…”; los cuentos zapatistas (y no sólo los cuentos, pero no es el tema) inician con “habrá una vez…” Bueno, pues resulta que los del Gato-Perro inician así: “hay esta vez…”. O sea que los cuentos del gato-perro son muy modernos porque transcurren “en tiempo real”. Bueno, pues resulta que: “Hay esta vez… Un navío. Grande, como si fuera una nación, un continente, un planeta entero. Con toda su tripulación y sus jerarquías, es decir, sus arribas y sus abajos. Sus disputas por ver quién manda, quién es más, quién tiene más. Lo normal, pues, en un lugar donde hay quién arriba y quién abajo. Vino entonces que la soberbia embarcación andaba a los tumbos, sin rumbo claro y haciendo agua por ambos costados. Como suele suceder en estos casos, el cuerpo de oficiales reclamó que el capitán fuera relevado. Complicadas como suelen ser las cosas cuando los de arriba las determinan, se decidió que, en efecto, el tiempo del capitán ya había pasado y que era menester nombrar a uno nuevo. Los oficiales discutían entre ellos, disputando quién con más méritos, quién mejor, quién más. La algarabía llegó a lo profundo del barco, más abajo de la línea de flotación, donde vivían y trabajaban la mayoría de los tripulantes. No por no ser vistos, la importancia de éstos era poca. Es más, para decirlo en términos llanos: el barco se movía gracias a su trabajo. El alboroto no era nuevo para los de abajo. Sabían bien que cada tanto, los de arriba se peleaban por ser el capitán. Al dueño del barco eso no le importaba. Fuera uno u otro, lo que le interesaba es que el navío produjera, llevara y recogiera mercancías por todos los mares. Bueno, pues resulta que entre los que trabajaban abajo, había un grupo que se distinguía por ser muy otro. Como eran hombres, mujeres y otroas, entonces daremos en llamarlos “loas otroas“. Loas otroas eran seres pequeños, sucios, feos, malos y malhablados. Y lo peor de todo, no se peinaban. Como el resto del barco no sabía que había personas que no se podían acomodar en los esquemas que les habían enseñado, entonces les dio por decir que Loas Otroas en realidad eran marcianos que querían apoderarse del barco para llevarlo a otra galaxia. Afortunadamente, el capitán del barco salió al paso a estos falsos rumores y nombró a una comisión de ilustres intelectuales para dar una explicación científica acerca de la perturbadora existencia de Loas Otroas. Los intelectuales se reunieron en un salón exclusivo fabricado especialmente para eso y, después de varios días y mucha paga, dieron a conocer los resultados de sus estudios. “Loas Otras, dijeron, no son marcianos. En realidad son hechos en China, y los chinos los habían fabricado en China y los habían mandado al planeta Marte, para que de ahí aterrizaran en el barco y sabotearan la industria de peines, cepillos, champús, fijadores, peluquerías y salones de belleza”. El capitán del navío felicitó a los científicos con un tuit confuso, como de por sí. Las revistas especializadas difundieron el descubrimiento. Nah, no es cierto, pero si les parece una explicación absurda, hay peores en los medios de comunicación de paga. Pero volvamos al barco. Loas otroas, como tales que eran, se la pasaban maldiciendo a los de arriba, y haciendo travesuras que irritaban, es cierto, a los oficiales. O sea que cada tanto les daba por organizar rebeliones. Entonces los oficiales decían grandes discursos sobre amenazas interplanetarias, se miraban entre ellos calculando cómo aprovechar la ocasión, y daban la orden de poner en orden a los desordenados, o sea a Loas Otroas. Loas Otroas llamaban a las demás personas a rebelarse. Pero la mayoría de quienes abajo trabajaban no se implicaban mayormente, además de que no pocas veces aplaudían cuando algunoa de loas otroas era llevadoa a la plancha y, con grandes discursos de los oficiales acerca de la racionalidad del mando y la irracionalidad de la rebeldía, se le obligaba a saltar al mar. ¿Había o no tiburones? Quienes trabajaban abajo, no lo sabían. Es más, sólo sabían de lo que pasaba arriba y afuera cuando los oficiales les pasaban información. Aún y con las bajas de rigor, loas otroas seguían dando lata con su “ni amo, ni patrón, ni señor, ni mandón”, además de otras ideas igualmente anacrónicas, como ésa de “el barco debe ser de quien lo hace navegar”. El navío, pues, seguía su disparatado vaivén sin nada apreciable que lo afectara. Como cada tanto, unoa otroa es ahora llevado arriba para ser arrojado al mar. ¿De qué se le acusa, juzga y condena? Al verdugo eso no le importa. Le basta constatar que el ser es sucio, feo, malo y grosero para saber que es culpable, aunque sólo lo sea de ser quien es. Pero esta vez pasa algo fuera de lo usual. La disputa entre oficiales por suceder al capitán ha armado tanta bulla que nadie se ha preocupado de despachar el discurso de rigor, las loas al orden, el progreso y la buena mesa. El verdugo, hecho a los esquemas, no sabe qué hacer, pues algo falta. Se va entonces a buscar a algún oficial que cumpla con la tradición. Para hacerlo sin que el acusado-juzgado-condenado se escape, lo manda al Carajo, esto es a la “Cofa del Vigía”, también conocida como “Nido de Cuervos”. El puesto de vigía en la cofa, en lo más alto del mástil mayor del velamen, era visto por toda la tripulación como un castigo. Fuera por el viento, la lluvia, el sol, las heladas, las ventiscas, el “nido de cuervos” era considerado una sucursal del infierno. Desde ahí se avistaban enemigos, acechanzas desconocidas, monstruos y catástrofes, prósperos puertos donde se intercambiaban mercancías (es decir personas), islas incomprensibles pobladas por loas otroas. Aviso que diera, aviso que era recibido entre los oficiales con enfado y descontento. Si se trataba de buques enemigos, el capitán entregaba todo sin chistar, y luego brindaba con el cuerpo de oficiales por el progreso que el saqueo había traído a cubierta. Sí, suena estúpido, pero así es todo sobre la cubierta de este navío. Si lo que se avistaban eran monstruos y catástrofes sistémicas, quienes estaban al mando celebraban la modernidad… o la posmodernidad, según la moda que las nuevas cartas de navegación decretaran. Si se trataba de acechanzas desconocidas, rápidamente se distribuían entre los tripulantes volantes y octavillas. En ellas se llamaba a ver con optimismo el panorama, y se exhortaba a la meditación, la superación personal y el amor al prójimo. “El cambio empieza por uno mismo”, solía ser el encabezado de los papeles que se producían en grandes cantidades… y que casi nadie leía. Más con inconformidad que con molestia, era recibida la noticia del puerto de destino inmediato. De las ganancias de la compra-venta de mercancías, los oficiales daban un mordisco que siempre les parecía pequeño. Como grandes eran las ganancias, por pequeña que fuera la tarascada, alcanzaba bien para que los oficiales se construyeran nuevos camarotes o adornaran con estatuas fastuosas los museos náuticos donde alababan su linaje. Si quien escucha este cuento piensa que todo es extravagante e irracional en este navío, no le falta razón. Por más que arriba se confeccionaran un modo de convivencia, con sus reglas de etiqueta, sus buenas costumbres, sus jerarquías, el conjunto no dejaba de ser aberrante. Y un análisis serio de la organización del barco llegaría a la conclusión de que, el absurdo fundamental está en que la vida del barco, lo que lo mantiene a flote, está bajo la línea de flotación, en la parte más baja del soberbio navío. A pesar de los avances científicos y tecnológicos, las turbinas nucleares, las tabletas 4G-lte, las imágenes en ultra alta definición y el fast food, el motor principal de esta nave es humano. Si quien me escucha pone atención a la organización del barco que le describo, se dará cuenta que, a pesar que los que están abajo son los que hacen posible la navegación, produciendo no sólo lo necesario para que la embarcación funcione, sino también las mercancías que le dan sentido y destino al navío, no poseen nada que no sea su capacidad y conocimientos para cumplir con esa tarea. Tampoco tienen la posibilidad de decidir nada sobre la organización para que se cumpla su objetivo. Son los oficiales en cubierta quienes deciden eso. Claro que, cuidando las formas, cada tanto simulan tomar en cuenta la opinión de los marineros y las marineras, porque en este barco hay equidad de género para la chinga. Para esto organizaban antes un curioso juego que consistía en presentarles varios colores y pedirles que escogieran uno. El color elegido por mayoría, faltaba más, pintaba entonces el casco de la nave, y hasta una bandera especial se colocaba para identificarla. Pero nada cambiaba, el dueño seguía siendo el mismo, idéntico el destino e igual la organización del barco. Digo “antes”, porque el cuerpo de oficiales estaba atento a los avances modernos y suplantó ese proceso con el de las encuestas: ¿qué color les gustaría más? Afortunadamente, la modernización no apagó el pudor de quienes están sobre cubierta y siguen con el formalismo de votar cuál color es más bonito. Sin embargo, los vientos del mar se agitan cada vez más. Más embarcaciones enemigas aparecen con mayor frecuencia, y son más agresivas. Si quien me escucha piensa que el cuerpo de oficiales, en razón a su esperada habilidad, verá la forma de sortear con éxito esas novedosas amenazas, se equivoca. Ocupados en sacar más ganancia de la pequeña parte que arrebatan, los oficiales se han ido haciendo más hábiles, sí, pero para descubrir mil y una formas de quedarse con más, no sólo de lo que roban abajo, también de lo que pueden arrebatarle a sus pares. El asunto es que quien debería garantizar que se mantenga la organización interna de la embarcación, de modo que cumpla su función, ha dimitido en los hechos. La nave funciona ya, desde hace tiempo, por inercia. Pero volvamos al protagonista de este cuento y su amargo destino en la cofia. Que esa franquicia del averno estuviera arriba era sólo una de esas paradojas que poblaban la geografía del mar en turno. Contra lo que pudiera pensarse, el ser en cuestión, loa otroa, subió con entusiasmo. Hábil, como se es de por sí en el abajo, trepó con encomiable destreza por el mástil mayor y se acomodó en el estrecho puesto del vigía. Siguiendo un impulso desconocido, cuando menos desconocido para quien cuenta el cuento y para quien lo escucha, el extraño ser no se dedicó a compadecerse de sí mismo. En cambio, aprovechó su posición privilegiada para mirar. No era poco lo que su mirada abarcaba. Miró hacia cubierta y se detuvo un instante en el lema que el dueño del navío había hecho grabar en bronce en la parte delantera del barco: “Bellum Semper. Universum Bellum. Universum Exitium“. Loa Otroa no sabe latín. Bueno, yo tampoco. Pero alguien ha hecho una traducción y podemos decir que sería algo así como “Guerra siempre. Guerra Universal. Destrucción Universal” Mientras encontramos la forma de hacerle llegar a Loa Otroa la traducción, el ser sigue observando lo que hay en cubierta. Allá, por ejemplo, se ve un templete lleno de banderitas de un color, más allá otro con banderas del mismo color, y otro, y otro. Es curioso, pero lo que desde cerca se ve como si fueran muchos colores y formas diferentes, a la distancia se ve que todos los templetes tienen el mismo diseño y el mismo color. Aburridoa, Loa Otroa ve hacia el horizonte. Se estremece. Agudiza la vista y confirma lo que ha visto. Baja de nuevo a cubierta y sigue por la escotilla que da hacia la parte inferior del navío. Llegando busca un su cuaderno y empieza a dibujar signos incomprensibles. Llama a Loas Otroas y les muestra el cuaderno. Loas Otroas se miran entre sí, miran el cuaderno, se vuelven a ver entre sí, hablando ahora una lengua antigua. A saber qué dicen, porque no hay un traductor a la mano, pero después de un rato así, mirándose y hablándose, se ponen a trabajar febrilmente. Tan-tan.” Lo sé, yo estaba tan indignado como ustedes ahora. Reclamé: “¿Cómo que “tan-tan”? ¿Qué vio desde el puesto del vigía? ¿Qué dibujó en su cuaderno? ¿Qué se hablaron? ¿Qué pasó después?” El gato-perro maulló ladrando: “No lo sabemos todavía”. Luego ladró maullando: “Esas 4 palabras deberían aprender a usarlas quienes dicen ser científicos sociales”. Vía http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2015/05/04/el-metodo-la-bibliografia-y-un-drone-en-las-profundidades-de-las-montanas-del-sureste-mexicano-supgaleano-4-de-mayo-de-2015/
Nos cansamos del miedo

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18 May 2015 - Bahrain [video]

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Ayer, Hoy y Siempre Solidaridad con las Comunidades Zapatistas
ANÉCDOTAS QUE SIRVEN PARA SONREIR Y PARA DEMOSTRAR QUE SOMOS INVENCIBLES Y ETCÉTERA
Somos un ejército de soñadores y, por lo mismo, somos invencibles. ¿Cómo no vencer con esta imaginación trastocándolo todo?
No podemos perder.
O, mejor dicho, no merecemos perder . . .
vía http://palabra.ezln.org.mx/comunicados/1994/1994.htm
Retrocediendo...
Acción Directa

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Stay Free
Leo y comparto [Galeano]
Los huérfanos de la tragedia de Ayotzinapa no están solos en la porfiada búsqueda de sus queridos perdidos en el caos de los basurales incendiados y las fosas cargadas de restos humanos.
Los acompañan las voces solidarias y su cálida presencia en todo el mapa de México y más allá, incluyendo las canchas de futbol donde hay jugadores que festejan sus goles dibujando con los dedos, en el aire, la cifra 43, que rinde homenaje a los desaparecidos.
Mientras tanto, el presidente Peña Nieto, recién regresado de China, advertía que esperaba no tener que hacer uso de la fuerza, en tono de amenaza.
Además, el presidente condenó la violencia y otros actos abominables cometidos por los que no respetan la ley ni el orden, aunque no aclaró que esos maleducados podrían ser útiles en la fabricación de discursos amenazantes.
El presidente y su esposa, la Gaviota por su nombre artístico, practican la sordera de lo que no les gusta escuchar y disfrutan la soledad del poder.
Muy certera ha sido la sentencia del Tribunal Permanente de los Pueblos, pronunciada al cabo de tres años de sesiones y miles de testimonios: En este reino de la impunidad hay homicidios sin asesinos, torturas sin torturadores y violencia sexual sin abusadores.
En el mismo sentido, se pronunció el manifiesto de los representantes de la cultura mexicana, que advirtieron: Los gobernantes han perdido el control del miedo; la furia que han desencadenado se está volviendo contra ellos.
Desde San Cristóbal de Las Casas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional dice lo suyo: Es terrible y maravilloso que los pobres que aspiran a ser maestros se hayan convertido en los mejores profesores, con la fuerza de su dolor convertido en rabia digna, para que México y el mundo despierten y pregunten y cuestionen.
-Eduardo Galeano. 4 de dic. de 2014.