En la cercanía que ejerce la mano de su nuca se ve obligado a buscar soporte apoyando una de sus palmas sobre el pecho de Daehyun. Entonces le mira a los ojos, le mira como ha querido todos esos días y no ha podido, y por fin se le borra la sonrisa. Si tan solo pudiera explicarle lo mucho que le había sido falta… Si tan solo un “te extraño” fuera suficiente para justificar el dolorcito creciente cada día porque su teléfono se mantenía sin una notificación decorada con su nombre. “Daehyun…” Exhala el nombre, fijándose en sus labios de último y pensando en qué tan apropiado o no sería alcanzarlos. Por desgracia, su curso de pensamientos se interrumpe con la acusación. “¡No he bebido tanto!” Protesta de inmediato, con los ojos abriéndosele más de la cuenta. Al apartarse ya se está llevando una mano cerca de la boca, así puede exhalar y comprobar si en efecto olía tan mal. Su conclusión es: no. Que no y que debería haberle besado, por eso le mira con cierta desconfianza. “Siento como si me hubieran ofrecido un caramelo para luego arrancármelo sin darle una probadita,” exhala una bromita, porque estaba en su naturaleza tomarse todo con ligereza. Aunque sabe que le está costando ignorar el elefante rosa de la habitación: ¿Por qué no había correspondido sus intentos de acercarse los otros días? ¿Se había decidido por fin en alejarse de él? ¿Eso sería todo? ¿La última noche? Sintió su boca salivar con nerviosismo, así que terminó tragando con un poco de dificultad. “¿No sé? Un par de vasitos… pequeñitos,” achica los ojos mientras que por delante levanta dos de sus dedos a una distancia minúscula que claramente no correspondía con el volumen ingerido. “¡Pero estoy bastante bien! De verdad. En unos minutos se me pasará,” mueve una mano por delante restándole importancia al asunto. Había bebido porque sería el último día rodeado de esa gente. Había bebido porque a muchos ni siquiera los volvería a ver. Había bebido sobre todo por culpa de ese pensamiento que le decía que no podría cruzarse con Daehyun ni siquiera esa noche. Había bebido porque quizá así se le olvidaba la tristeza del último encuentro que habían tenido. Había bebido porque, también, no necesitaba recordar que el otro no estaba interesado en hablar con él. Aunque verle allí, tan– tan normal como siempre desafiaba varias de las razones por las que se había hecho con el par de vasos de vodka aquella noche. “¿Mnh?” Su palma se ha abierto y cerrado por obra del otro muchacho. Cuando husmea lo dejado en ella, se lleva una pequeña sorpresa… ¿Más canciones? Soltó una risita agridulce sin poder evitarlo. “No quiero… escuchar canciones cuando te extrañe…” Ahora ríe porque siente algo más que no desea que le gane. “Quiero escucharte a ti,” murmura, no muy interesado en que el otro le escuche. De todos modos juega con el reproductor entre sus dedos y cambia a su alegría por regla. “¡Gracias! Lo atesoraré, muchísimo,” suspira. Asiente. Vuelve a suspirar. Siente el auricular encajarse en su canal auditivo mientras él sigue con la cabeza agachada, no sabiendo ni pensando qué obtendría de eso. Pero entonces la melodía fluye, una bastante conocida a la que nunca le había prestado atención, y ahora que escucha palabra por palabra la nota completamente diferente. Porque casi desde el principio habían utilizado la música para expresar lo que ellos mismos no podían con palabras y si esa era una de esas… ¿Cómo se supone que lo superaría? Con los nudillos presionándose contra su boca intenta inhalar profundo y que sus ojos no se tornen cristalinos con los lágrimas. Sabe que falla cuando sus mejillas se humedecen sin poder evitarlo. En silencio, y todavía escuchando la canción, mira a Daehyun. No debería estar llorando el día de su graduación. No debería estar llorando bajo ningún concepto porque detesta que sean testigos de aquella imagen vulnerable que le hacía sentir avergonzado… Aun así lo estaba haciendo. Por y para una de las personas que se había vuelto una de las más importantes de su vida. “Lo siento,” susurra con la voz entrecortada, entonces deja de pensar todo tanto y sus brazos se cuelan desde la cintura para poder estrecharlo fuerte, fortísimo. “No debería estar llorando hoy,” apoya la barbilla en su hombro mientras intenta contener el tono de su voz para que no se quiebre. “Pero te había– te había extrañado tanto y me preocupé… Me preocupé como no te haces una idea. Pensé que ibas a cumplir eso de– de no vernos. Estaba– estaba tan asustado,” cuando siente que su rostro lloroso llama la atención de algunos, termina encajándolo en el recoveco del hombro. “No te voy a olvidar jamás. No te quiero olvidar jamás,” a su cuerpo se le sienten unos temblores pequeñitos hasta que se separa, entonces vuelve a mirarle del rostro. Lo sostiene. Lo examina. “Te adoro, Daehyun. Te adoro de maneras que no pensé que adoraría a alguien, siempre será lo que quiero decir,” y para sellarlo utiliza un beso. Tan suave y dulce como los sentimientos que despertaba en él. Perdurable también, porque sabía que Daehyun sería lo mejor que le había dejado Sabhwa, sin discusión.
Encuentra en esa mirada su mayor debilidad porque cuando colisiona con su par de avellanas, le quita la confianza para prevalecer ahí; observándole sin culpas. Observándole sin poder evitar sentirse responsable de aquel estado, incluso cuando nada le indicaba que aquella embriaguez correspondía con su desaparición y charla anterior. “¿Mhmm?” Murmura, desprendiéndose de sus pensamientos cuando escucha su nombre y volviendo a él, buscándolo, buscando cada respuesta que parecía no podía escuchar. “Tu aliento y comportamiento no dicen lo mismo” y aunque sí estaba exagerando, porque el etílico en presencia de cuerpo ajeno no era tan desbordante como para causarle asco o quererlo lejos, pero sí lo suficiente como para nublar ciclos de pensamientos que no quería entorpecer. Sentía que aquellas cosas se debían realizar y decir con un estado completo de consciencia. “Diría unas horas” le corrigió, entrecerrando su mirada al observar la cantidad de alcohol que supuestamente había consumido “y parece te has vuelto un experto mintiendo” lo acusa, porque era imposible que aquello que decía fuese verdad aunque él se encontrara completamente convencido de que efectivamente así era. La curiosidad es noche le gana al silencio y la interrogante acaba siendo pronunciada por sus labios “¿por qué has bebido tanto?” Podría ser que estuviera celebrando su graduación, pero si ese fuese el caso porqué no había el brillo característico de su mirada. Se encontraba completamente apagado. Observó cada una de sus reacciones, desde aquella risita hasta el cambio de expresiones y no pudo evitar sentir que quizás su regalo no había sido una buena idea. “No soy tan bueno cantando, preferirías escuchar esas canciones” intento replicar con un poco de humor “pero he incluido algunas versiones con mi violín, no es mi voz, pero creo que puedes escuchar lo que digo a través de la música” confesó al final, recordando como las dos veces que había tocado para él Daeil le había comprendido mucho mejor que cuando sólo se comunicaba con palabras. Tenía mayor facilidad para expresarse a través de melodías y el hecho de que el menor pudiese entenderle sólo hacía que aquel sentido de querer tenerlo cerca fuese en incremento. No puede apartarse de él mientras lo observa de aquella forma, con el cabizbajo, sus dígitos danzan a través de sus hebras, dejando leves caricias sobre la misma y descendiendo hacia su tez, su mentón, busca que le mire y no le agrada aquella imagen con la que sus orbes se encuentren. ¿Estaba llorando? ¿Por qué lloraba? Podía sentir su interior apretarse, confundido, la elección de regalo y canción parecía haber sido una terrible idea cuando parecía que seguía dañándole. No lo pudo evitar, tomo su muñeca y lo arrastró hacia él, rodeándolo con sus brazos, resguardándolo de lo que sea que estuviera atormentándolo; era él, lo sabía, pero alejarse una vez más sólo provocaría más dolor del que ya le había infligido. “¿Por qué lloras?” Inquirió, convencido de que aquella canción resaltaba parte de sus emociones positivas, aquellas que solamente el menor había sido capaz de ver y provocar en él. “Lo siento” se disculpó, porque desde que lo había conocido había tomado decisiones que ahora los arrastraban a aquella nube gris de tristeza, a esa puñalada en el pecho que los atravesaba a ambos y no podían evitarla “creí que si me alejaba, si ambos nos distanciábamos esto sería más fácil” musitó “pero hoy quería verte como no tienes idea” y no había dejado de pensarle en aquellas semanas, él había logrado inmiscuirse en sus pensamientos, en cada melodía que hacía sonar con su violin y en aquellas que escuchaba a través de sus auriculares. Cada cosa que le rodeaba parecía tener algo del menor que no sabía existía, nunca pensó que lo tenía grabado tan en su interior “al final parece que mi profecía se ha hecho realidad” y las palabras escapan con una angustia que no puede ocultar, mirándole aunque él prevalezca escondido en su cuerpo “al final el acercarte a mí te ha hecho daño” y un lo siento fue pronunciado una vez más, un susurro apagado. “No me iré” le aseguró, decisión que había sido tomada en aquel instante, porque si irse significaba que dejaría al contrario hecho pedazos no podía permitírselo. Incluso cuando su mayor deseo siempre había sido ese, supuso que podría esperar, el menor en algún momento se cansaría de él o descubriría que quizá no era todo lo bueno que él creía. Le dolía de pensarlo, mas aquel parecía ser el ciclo de la vida que tanto depreciaba. Su palma lo acunó, manteniéndolo en aquella cercanía e intentándole brindarle el consuelo que deseaba “me quedaré contigo” admitió al final, se quedaría hasta que el otro le echase de su vida. Aquella confesión le sorprende pero no le da tiempo para responder, porque sus labios acaban siendo sellados por suavidad de rosáceos impropios, olvida por un instante el licor que se entremezcla en su aliento o la falta de consciencia que lo arrastran a ceder a aquellos impulsos. Porque él también lo adoraba de aquella manera tan única e indescriptible, también había pensado en perderse en la calidez de sus labios una vez más y ahí estaba, correspondiéndole cuando todo lo que había querido era únicamente verlo una vez más. Quizá aquello había sido una mentira pronunciada a sí mismo, la excusa para reencontrarse con él, porque nadie era más experto en autosabotearse que el mismo Daehyun. Fuera cuál fuera el caso presente, se permitió disfrutar de ese instante tan propio e íntimo, atrapando con suavidad cada bocanada de aire que el vaivén de sus movimientos le permitían. Se dejó llevar por ese instante en que lo único que había deseado era estar con él, atrayéndolo más cerca y profundizando la unión de ambos. No le molestaba las miradas curiosas, pero tampoco deseaba que ambos se volvieran centro de atención y sin apartarse de él los fue guiando contra una de las paredes, permitiendo que la espalda del menor se recargara sobre la misma y aprovechando el punto ciego de luz para que sólo sean ellos dos ahí.