lethcs.
Cejas se arquean sobre su semblante, el destello de una bribona diversión ilumina sus orbes marrones, dejando en evidencia que, a pesar de no haber sido contemplada la idea con anterioridad, se convierte en una posibilidad que, vaya a admitirlo o no, le resulta tentadora. Su sonrisa se mantiene intacta sobre níveas facciones ; una oscura curva que pronto pasa a ser adornada por la hilera de blancos dientes que sale a relucir, liberando el suave gracejo que de su garganta brota. Embriagada por la jocosidad que con su cómplice comparte, siente a sus dedos cosquillear entre los ajenos, más sin embargo, durante un instante, el estado de júbilo artificial que el alcohol le ha obsequiado decide flaquear. Grieta en su estado anímico que espacio le da a una punzada de tristeza, de añoranza. Se deleita con la sonrisa que deslumbra el semblante extranjero, y su mente atormentada no puede evitar preguntarse si así de fácil era antes ( si así de fácil debía ser siempre ) —— relajarse, disfrutar, vivir. En el fondo, Letha sabe que la noche no va a durar para siempre, que su suplicio estará aguardando por ellas durante la mañana. Mañana, mañana. Todavía dispone de tiempo, todavía puede aprovechar. Su mirada se ve teñida de blanco, desaprobando los constantes rodeos de la pelirroja. ❛ Hablas demasiado, Dolores, ❜ se queja, aunque la diversión no desaparece. Da un paso hacia atrás y, sin previo aviso, tira de la extremidad que sostiene para atraer a la irlandesa hacia sí, con intenciones de arrastrarla hasta la pista después.
Hay misterios en éste mundo de los que no se tiene conocimiento alguno, como el origen del tenue brillo de la esperanza que nunca falla en desterrar los sentimientos de desesperación. Las emociones son volubles / inconstantes, como una marea enojada nunca se sabe qué ola será la que logre romper el barco de madera. ¿Sabes cómo se hacen las pesadillas, querida? Con uñas filosas y personas que arrastran demonios hasta mundos intangibles. No van a durar la noche entera, ellas dos, los pulmones ruegan por aire puro y las manos tiemblan mientras estrechan la mano con las criaturas abismales. Ella es preciosa, los mitos sobre la reencarnación Artemisa resultan correctos. Ha escrito décadas con sus labios, hablado a los inmortales sobre caderas que se mecen y palabras cortantes. Una doncella sólo puede tragar cierta cantidad de odio antes de que la garganta duela y los dientes se adormezcan. Ha tenido que cargar demasiado peso por ella, demasiadas libras de cólera para un soldado celestial. Como un envejecido árbol de olmo presionado por el peso del tiempo, el corazón se agrieta, astillas de entristecido anhelo alojándose en las paredes del órgano palpitante. Letha ha visto demasiado, una inocente víctima que fue arrancada y arrojada al matadero / un pollo regordete durante acción de gracias. Pero ahora la curva en su semblante proporciona la misma calidez que un rayo de sol después de un largo y vicioso invierno, y una codiciosa vejación se difunde a través del torrente sanguíneo con rapidez ( pregunta : ¿por qué los ángeles caen? / respuesta : porque devoran lo divino, y sus alas y aureolas son exquisitas ) . La resistencia puesta por parte de los músculos atléticos es nula, razón por la cual menuda anatomía es manipulada con facilidad por aquella de hebras nocturnas, suave risita escapando las carnosidades de oscura tonalidad verdosa y manchando el semblante celta con su esencia.













