No si de haberlo notado antes mi vida hubiese sido mejor, pero recientemente he encontrado un aspecto extravagantemente emocionante en el vaivén del columpio. Tengo dudas de cómo se produce el efecto anti-gravedad controlado o cómo el mecanismo corporal logra adaptarse tan bien a la forma inexacta del columpio, pero como producto de la inventiva humana, es un objeto perfecto. Es peligroso, se sostiene sólo por cuerdas. Es impensable desde la lógica de la tierra, puede generar que cualquiera que se balancee en él literalmente, flote.
He meditado tanto en el asunto que hasta siento cierta vergüenza en confesarlo, no es un tema que de verdad suela parecer importante para el normal desarrollo de la personalidad o el intelecto perceptivo del ser humano. Pero la meditación ha sido desde el principio de los besos la madre de toda buena idea. En honor a la madre, que aunque drogada, nos presta algo de lo suyo, he fabricado una noción.
Puede sonar un poco descabellada, pero en base al descabello que me atañe les contaré. Al principio mis estimados lectores no sé si logren concebir lo que planteo, mas mis deseos se hayan tan sumidos en aquello que espero transmitirles, que con mucho gusto argumentaré mi mentira. Pero antes la idea: El columpio fue desde el principio de los tiempos creado como extensión del cuerpo humano para llegar a despertar aquello que a la mente se le desborda.
Así, comenzaré por contarles que al inicio de mi investigación al respecto, no presté mucha atención al hecho que el columpio se hallara suspendido siempre de una estructura horizontal. Parecía ser simplemente un asunto de mecánica. Sin embargo, al estudiar más a profundidad el hecho, noté que sus orígenes podrían ser más complejos. En un principio, resulta evidente que el ser humano por su condición de habitante de La Tierra y por ello influenciado en por la siempre poco esperada ley de la gravedad, es incapaz desde todo perspectiva de suspenderse de forma horizontal el suficiente tiempo posible como para colgar de alguna de sus extremidades y flotar. Sin embargo, su única extremidad expansiva, la que se haya ubicada dentro de su cavidad craneal, logró idear una estructura capaz de sostener un cuerpo a la suficiente distancia del suelo como para que las piernas cuelguen y sean las manos las que sostengan el equilibrio, apoyadas en dos cuerdas. La pregunta que surge entonces es ¿Por qué?
Como la mayoría de los grandes inventos de la humanidad, el columpio nace de una necesidad fundamental. Del mismo modo que la rueda nace de la exigencia de llegar primero, que la palanca de levantar más peso y la religión fue inventada por que existe la necesidad humana de creer en algo, el columpio nace del imperativo del alma de flotar.
Y es así. Todo niño necesita flotar, porque sostenerse del aire es necesario para lograr que la imaginación realmente despierte. No quiero pensar en un niño sin columpio, sería peor que un muchacho sin música. El aire en la cara, propiciado por el ir y venir, el atrás adelante que embriaga es fundamental. No existe ningún otro método comprobado que facilite la filtración de aire a los pliegues cerebrales como el columpio. Y es que, a través de los poros faciales el oxígeno penetra de tal forma que logra atravesar la cavidad ósea y generar el efecto de idea fresca que ya todos conocemos.
El dispositivo columpeante es además parte fundamental de la creación de la independencia. ¿Podría recordar el primer momento de su infancia en que se sintió realmente autónomo? ¿No? Pues le ayudo. Recordará que en sus primeros acercamientos al maravilloso invento que hoy llamamos columpio, usted fue empujado levemente por alguno de sus adultos cercanos, es más, si tiene un poco más de memoria, recordará lo mucho que ese adulto le insistió para que se subiera por primera vez a ese inestable artefacto. En toda buena relación adulto-niño, hay siempre cerca algún columpio. Recordará que por un tiempo prolongado dependió de alguien que lo empujara.
Sin importar si fue por descubrimiento propio o por enseñanza de algún primo, prima, hermano, hermana, niño, niña o adulto, un día (si se mete un poco más entre sus recuerdos, verá a quien haya sido su compañero de aventura iluminado por un sol de esos de las cuatro de la tarde) usted descubrió que ese vaivén que tanto deseó sentir desde el momento en que fue presionado para sentirlo por primera vez, podría producirse por propulsión propia. Es así. Si logra traer a la mente de nuevo ese sentimiento, me dará la razón. La primera vez que descubrió que usted podía balancearse por sí mismo, una sensación de alivio subió desde su estómago hasta el pecho y se alojó ahí de por vida. Era una sensación de palpitación intensa, pero que no se manifestó de forma física, que se quedó ahí para recordarle que usted flota. Que es libre. Y eso tuvo que ver el columpio con la autonomía.
Ahora, si se acerca un poco más a hoy, a la última vez que usó el columpio (y espero que haya sido cerca de su vida adulta para que comparta lo que le digo) que seguramente fue por voluntad propia, en pleno uso de la autonomía que el mencionado objeto contribuyó en fortalecer, recordará que, al lado derecho de la parte izquierda de su corazón, justo donde antes se había alojado la sensación, sintió el vaivén que le recordó que los sueños palpitan. Ahora, se explica eso de la necesidad de flotar, es necesaria para construir cuadros, canciones y ensayos sobre columpios.
El columpio es y ha sido la atracción más cotizada en el parque de niños. Si hubo vándalos en su jardín de infancia, seguramente estaban cerca al columpio. En la escuela no cambia mucho, los saltos voladores más atroces se dieron desde un columpio. Y siguió siéndolo en el colegio: los mejores besos de la pubertad fueron cerca de él. Si usted no ha besado en un columpio, es el momento para que lo haga. De eso puede depender que se enamore verdaderamente. Créame, es una cuestión de enamoramiento de la vida y de los besos, no del sujeto besado. Si logra rememorar con más claridad habrá una serie de episodios sistemáticamente colocados en su disco duro cerebral en el que una sensación infinita de vivir y emocionarse está directamente implicada con el acercamiento a un columpio. Y no es que el columpio sea un objeto tan común que pueda relacionarse con muchos sucesos diferentes. Una silla también lo es, un televisor o un andén seguramente también le han enseñado cosas, pero la sensación al recordarlo no es la misma. Este efecto está claramente influenciado por la ventilación cerebral producto de vaivén que ya habíamos mencionado anteriormente.
No continuaré dando argumentos porque comprenderá que debido a mi excesivo uso del columpio son muchos los que tengo y pocas las palabras en este idioma para describirlos. Pero espero que a usted se le sigan viviendo cientos de ellos cuando se acerque al parque de niños y los añada a este ensayo, que ha quedado abierto. Sin embargo, le recordaré que si quiere despertar realmente aquello que a su cabeza se le va y se le viene, se le acerca y se le aleja, es mejor hacerlo cerca de un columpio, porque él fue creado para eso, para ayudarlo a sentir.
No sé si mi exposición haya sido del todo clara, sin embargo quisiera decir algo antes de concluir. Independientemente de cuanto crea en las palabras que acaba de leer o si comparte mi postura al respecto, notará que paulatinamente, si aumenta su uso del columpio, los niños le sonreirán más.
Fe de erratas: señor lector, coincidirá conmigo en que en este ensayo se repite demasiado la palabra “columpio”, pero después de realizar mi investigación activa, descubrí que al ser un invento inigualable, no existen para él sinónimos.