Información y noticias sobre Grecia
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El gobierno de Grecia se encuentra en la fase final de una dura negociación sobre la que, a día de hoy, existe una enorme incertidumbre de cómo se cerrará, e incluso de si llegará a cerrarse. El sector neoliberal más duro de la Unión Europea (UE), con Berlín a la cabeza, sigue apostando por la salida de Grecia de la eurozona.
El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schaeuble, uno de los arquitectos de los programas de austeridad europeos, aseguró el miércoles en una entrevista conjunta al Wall Street Journal y al diario francés Les Echos que “no podemos excluir la posibilidad de una quiebra de Grecia” pues, en su opinión, Atenas parece decidida a revertir cinco años de ajuste fiscal y reformas.
Sin ninguna voluntad de compromiso en las negociaciones, Schaeuble sigue contando con que la asfixia financiera a la que ha sido sometida Grecia desde hace meses, acabe dando resultado y el ejecutivo griego claudique.
De lo primero, del agotamiento de las finanzas helenas, no parece haber duda. El portavoz del grupo parlamentario de Syriza, Nikos Filis, reconoció este miércoles que Grecia no cuenta con dinero para hacer frente a los pagos del Fondo Monetario Internacional (FMI) del mes de junio, si antes no se alcanza un acuerdo con los acreedores, que permita liberar los 7.200 millones de euros que restan por abonar del segundo memorando. La fecha límite es el 5 de junio, ese día Grecia tendrá que abonar la primera de las entregas, de un total de 1.500 millones de euros, que tendría que hacer a lo largo del mes. Sin embargo, Filis advirtió que “si no hay acuerdo, no habrá nada de dinero”, y aseguró que el gobierno pagará antes las pensiones y los salarios que cualquier cantidad al FMI.
Lo segundo que quiere Schaeuble, no está tan claro que vaya a suceder. El Primer Ministro griego, Alexis Tsipras, ha reiterado en numerosas ocasiones que su gobierno no cederá en puntos sustanciales como un objetivo bajo del superávit primario, proteger las pensiones y los salarios, reestructurar la deuda y poner en marcha un amplio plan de desarrollo económico. Estas cuatro directrices establecen el marco sobre el que Atenas pretende formalizar un compromiso duradero, y así lo aclaró Tsipras al asegurar que “el gobierno no negocia un acuerdo en dos o tres fases para garantizar temporalmente el pago de cualquier cuota”. Al tiempo que lanzó un aviso a “los que piensan que la resistencia griega se puede doblegar y sus líneas rojas desvanecerse a medida que pasa el tiempo, harían bien en olvidarse de ello”, dijo.
Agotadas todas las vías
Grecia quiere un acuerdo que ponga fin a la austeridad, restaure la liquidez y promueva el crecimiento. Por parte europea estas pretensiones han sido vistas como un desafío al que había que ponerle fecha de caducidad. Al bloqueo político se sumó el económico, y así el fin de la ayuda financiera desde agosto de 2014 se completó con la negativa del Banco Central Europeo (BCE) de incluir a Grecia en el programa de compra de deuda pública y permitir que ampliara su límite para la emisión de bonos del Tesoro.
En las últimas semanas Atenas tomó el dinero de caja de las empresas y organismos públicos con el fin de solventar los graves problemas de liquidez de las cuentas estatales. También requirió los fondos de las embajadas y legaciones diplomáticas en el exterior. Por último tomó la decisión de usar los 650 millones de euros, denominados Derechos Especiales de Giro y mantenidos en una cuenta de reserva del FMI, para hacer frente al pago de esta institución el pasado 12 de mayo.
Pese a los importantes pasos que se han comenzado a dar en la recuperación de las deudas tributarias o para poner freno al fraude fiscal, las cantidades ingresadas son aún insuficientes y no llegan a compensar los próximos vencimientos de obligaciones de pago de la deuda. Mientras el Bundesbank pide que se retire la financiación de emergencia a los bancos griegos, desde la Comisión Europea (CE) se insiste en que la solución son los recortes en salarios y pensiones y también una quita bancaria al estilo de Chipre, un corralito que afectaría a los depositos de los ciudadanos.
Posibles salidas
El ejecutivo griego sigue apostando por alcanzar un acuerdo in extremis en los próximos días. Tanto el titular de Finanzas, Yanis Varufakis, como el portavoz del gobierno, Gabriel Sakelaridis, expresaron esta semana su convencimiento de que el cierre de las negociaciones tendrá lugar en cuestión de días. Varufakis denostó las tácticas de los socios europeos, basadas en ultimátums y chantajes, y aseguró que “la falta de liquidez no es ni la elección ni la responsabilidad del gobierno griego”. A su vez Sakelaridis fue claro al decir que pese a las presiones Grecia “no va a firmar un tercer memorando de préstamo”.
En ese clima de incertidumbre, y ante la posibilidad de que Atenas pese a todo no claudique, la CE comenzó esta semana a lanzar globos sonda encaminados a fraccionar el acuerdo y también las entregas de capital a Grecia que estarían por venir. El lunes el diario To Vima publicó un supuesto plan de su presidente, Jean-Claude Juncker, que iría en esa línea, pero poco tiempo después la información fue desmentida desde Bruselas. Ayer fue el periódico alemán Süddeutsche Zeitung quien citando a “un alto miembro del Eurogrupo”, pero sin citar su nombre, señaló que Grecia podría recibir cerca de 4.000 millones de euros si a cambio se comprometía a modificar el régimen del IVA y determinadas cuestiones del mercado laboral y las pensiones, cuyo valor debería superar los 5.000 millones de euros. Una vez cumplido este paso, la negociación seguiría en otoño. Bajo este diseño, el diario contaba con que en la cumbre extraordinaria de ministros de Finanzas de la zona euro, prevista para antes de la primera semana de junio, se tomara una decisión al respecto.
Existe además una tercera vía, y es la que proponen cada vez más miembros de la dirección de Syriza: romper las negociaciones si el resultado de las mismas no se ajustara a las “líneas rojas” establecidas y fuera perjudicial para el pueblo griego. El martes cinco responsables del comité central y la oficina política del partido expusieron en una cto público las razones por las que el ejecutivo debería dar por finalizadas las conversaciones con los acreedores e incluso abandonar el euro. Entre los críticos se encuentran personas de relevancia dentro de la organización, como el economista Yanis Milios o el diputado Antonis Davanelos. El mismo día otro congresista, el profesor de economía Costas Lapavitsas, consideró que ante la imposibilidad de llevar a cabo el programa en el ritmo y en la forma en que les gustaría, la única opción es declarar el impago de la deuda y establecer una moneda propia “con el objetivo de recuperar la soberanía nacional”. Para Lapavitsas una vez adoptadas las medidas necesarias, la nueva divisa podría estabilizar la economía “en un plazo de dos o tres meses”, con un valor que sería un 20 o un 30% menor que el del euro. “Ha llegado el tiempo de las grandes decisiones”, dijo en su entrevista al diario digital TPP, y por ello se hace necesario “abrir el debate sobre esta cuestión dentro y fuera de Syriza, para que de manera natural y franca la sociedad pueda reflejar en él su mandato popular”.
El tiempo se acaba, mientras las reuniones técnicas en el denominado Grupo de Bruselas (CE, BCE y FMI) continúan hasta el sábado. Una de las últimas oportunidades para aclarar el futuro de Grecia dio comienzo ayer en la ciudad letona de Riga. Durante la cumbre de jefes de gobierno de la UE Tsipras tiene previsto entrevistarse con la Canciller alemana Ángela Merkel y con el Presidente francés François Hollande.
Tras este encuentro solo resta la reunión extraordinaria del Eurogrupo, prevista para finales de la próxima semana o en los primeros días de junio. Para entonces la decisión ya debe estar clara.
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El gobierno de Grecia cumple hoy 100 días, esa barrera simbólica que divide el tiempo de cortesía concedido a los que se estrenan al frente de un país y el momento a partir del cual se pueden desatar las hostilidades.
Sin embargo, los ataques a Syriza no dieron comienzo con su victoria electoral, el 25 de enero, ni vinieron desencadenados por sus propuestas económicas antiausteridad.
El partido griego significaba, y sigue significando, una verdadera preocupación desde tiempo atrás para las fuerzas conservadoras y neoliberales que gobiernan las instituciones políticas europeas. Pero las tensiones en el seno de la Unión Europea (UE) se han mostrado de orden político, pues por primera vez en la historia de la UE los dirigentes de un país han puesto en evidencia el déficit democrático de una alianza pensada y hecha a la medida de las grandes corporaciones alemanas.
De manera que, con toda la intensidad posible, el mal ejemplo griego ha sido combatido desde antes de su victoria en las urnas y, con posterioridad, sin un día de descanso, en un intento que aún continúa para hacerlo fracasar antes de que pueda presentar ningún logro que pueda paliar, siquiera mínimamente, el enorme desastre social que han supuesto las políticas de austeridad fundamentalmente en los países de la periferia europea.
El resultado del 25 de enero significó una llamada a rebato de la clase dominante, tanto dentro de Grecia como en el resto de países de la UE, que temieron el más que previsible inicio de la descomposición del orden neoliberal europeo. El enfrentamiento estaba servido: el Primer Ministro griego, Alexis Tsipras, inauguraba un gobierno con el apoyo claro de importantes sectores populares y para servir a sus intereses; mientras que desde la UE solo se esperaba de él que actuara, como hasta ese momento el resto de gobernantes, de correa de transmisión entre las órdenes de Bruselas y los ciudadanos griegos. Tsipras ha dejado claro en reiteradas ocasiones que Grecia «es un país soberano, tenemos una democracia, tenemos un contrato con nuestro pueblo y lo vamos a respetar».
Pero si el intento de asfixiar económicamente a Grecia ha sido una constante por parte de las instituciones europeas, especialmente desde el Banco Central Europeo (BCE), la campaña de la prensa no le ha ido a la zaga. Reuters y “El País”, “Bild” y “La Razón”, no han cejado en su empeño de presentar casi a diario todo un catálogo de calamidades que iban desde el corralito bancario, al desabastecimiento de los supermercados, culminando con la expulsión del país de la eurozona. Sin menoscabo de su credibilidad ante titulares abiertamente falsos, como la destitución de Varufakis o la suspensión de pagos, sin que ello les haya impedido seguir usándolos en decenas de ocasiones.
Incomprensiblemente una parte de la izquierda se ha embarcado también en la tarea de deslegitimar a un gobierno que cuenta con un sólido apoyo popular. Y así, el Partido Comunista de Grecia (KKE) se ha opuesto sistemáticamente a todas las iniciativas parlamentarias, incluidas las encaminadas a paliar el desastre social (con electricidad y alimentos gratuitos, así como subsidios a la vivienda, para la población por debajo del umbral de la pobreza), el fin de las inhumanas cárceles de máxima seguridad y los centros de detención de inmigrantes, o la reapertura del canal público de radio y televisión ERT, cerrado por el gobierno de Antonis Samarás y que dejó en la calle de un día para otro a más de 2.500 trabajadores.
Durante estos 100 días la evolución social ha recorrido un camino que podría ser calificado como paradójico: mientras una amplia mayoría de los ciudadanos mostraba su apoyo a las medidas emprendidas por el nuevo gobierno, y a la forma en que enfrentaba la negociación con los acreedores, la mayoría de los partidos políticos y medios de comunicación han ido acerando sus críticas en un intento por hacer descabalgar el proceso iniciado por Syriza.
Un partido que, antes de ganar las elecciones, ya dejó claro que no tomaría ninguna iniciativa para abandonar la zona euro, en sintonía con el sentir mayoritario de los ciudadanos griegos. Syriza no llegó al gobierno con ningún discurso radical, ni abanderando un proyecto anticapitalista, socialista o emancipador de las instituciones europeas a las que pertenece Grecia. «Nuestras medidas no son radicales. Simplemente, son medidas para que el pueblo griego pueda sobrevivir con dignidad», explica Errikos Finalis, miembro de la dirección de Syriza y del partido KOE (Organización Comunista de Grecia), siendo consciente de que la tarea que tiene por delante el gobierno es titánica. «Grecia era, en los últimos cinco años, una colonia en el siglo XXI, una colonia postmoderna», asegura Finalis, y «luchar contra ello es un frente importante para el Gobierno griego, pero también para el pueblo griego». Para caminar en la dirección de los grandes cambios el gobierno deberá emprender una labor didáctica y no perder de vista el sentimiento de los ciudadanos.
El gobierno griego, que se ha visto solo y aislado durante las negociaciones en el Eurogrupo o en el denominado Grupo de Bruselas, ha tratado de preservar sus «líneas rojas» sin que ello derivara ni en el colapso económico, ni en el caos político.
Es evidente que Grecia requiere de amplias y profundas transformaciones y que la actual correlación de fuerzas en el continente hacen muy difícil esta misión, si lo que se pretende es orientarlas hacia la justicia social. En todo caso es un camino a recorrer con el acuerdo de la población, y a su ritmo. Pero si los límites estructurales de la UE lo hicieran inviable, muchos dentro de Syriza ya plantean la reorientación del proyecto con una nueva perspectiva, algo que ya dejó caer hace unos días Tsipras al asegurar que antes que un mal acuerdo es preferible un referéndum para que los ciudadanos decidan.
Si conseguimos abstraernos de la poderosa influencia ejercida por los grandes medios de prensa, tarea nada sencilla, habrá que concluir que 100 días no han mostrado aún el verdadero potencial de cambio prometido por Syriza, aunque dentro del estrechísimo margen en el que se mueve sus logros son evidentes en múltiples áreas. Y, al mismo tiempo, hace falta ser muy cuidadosos para no convertir este ejemplo en la clave del éxito o el fracaso de lo que puede ocurrir en otros estados de la UE.
El proceso abierto en Grecia plantea las suficientes incertidumbres y está sometido a tantas tensiones que no es posible expresar ninguna certeza a pesar de las evidencias favorables. Lo que está en juego es el futuro de Europa en su conjunto. Saber si la voluntad popular puede conducir hacia políticas alternativas o solo hacia amenazas y chantajes, lo que mostraría el fracaso moral y político de la actual UE.
¿Para qué sirve la Comisión que audita la deuda griega?
Entrevista a Michel Husson, miembro de la Comisión por la Verdad de la Deuda Griega.
Henri Wilno. Viento Sur
¿Puedes precisarnos quienes participan en la comisión que va a auditar la deuda griega y cuáles serán sus modalidades de funcionamiento?
La comisión puesta en pie por la presidenta del parlamento griego, Zoié Konstantopoulou, se llama Comisión para la Verdad sobre la Deuda Griega. Como indica su nombre, tiene por objetivo arrojar toda la luz posible sobre la génesis de la deuda griega y sus repercusiones en la economía y en la sociedad, con el fin de determinar qué parte de esa deuda puede ser considerada como ilegítima, ilegal, odiosa o no sostenible. La Comisión podrá emitir recomendaciones y proporcionar argumentos en favor de una anulación de la deuda.
Más en concreto, la Comisión va a examinar las razones del incremento de la deuda antes de la crisis, las eventuales violaciones legales y las condiciones de la puesta en pie de los memorándums de 2011 y 2012, así como el impacto de la deuda sobre los derechos sociales y humanos.
La comisión está compuesta por expertos griegos y extranjeros (Bélgica, España, Francia, Reino Unido, Brasil, Ecuador, Zambia y Chipre). Hay en ella economistas, juristas, funcionarios especializados, que trabajarán de forma gratuita. Eric Toussaint, el presidente del CADTM (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo) asegura la coordinación científica. Existe ya mucho material disponible, pero el tiempo apremia, evidentemente. Tras una segunda reunión a comienzos de mayo, el objetivo es proporcionar un preinforme en el mes de junio.
¿Tendréis la ayuda de los ministerios y de las administraciones para determinar los factores que llevaron a la explosión de la deuda, algunos de los cuales remiten a asuntos espinosos en Grecia (gastos militares, salidas ilícitas de capitales, decisiones fiscales)?
Ahí está todo el interés de esta Comisión: no son los ministros quienes forman parte de ella sino universitarios, economistas y juristas comprometidos; y, sobre todo, funcionarios que han sufrido desde hace varios años las misiones de los "Hombres de Negro" de la Troika. Por ejemplo, está Zoé Georganta, una exfuncionaria del Instituto de Estadísticas (el.stat) despedida en 2011 por el antiguo Ministro de Finanzas, tras haber denunciado las falsificaciones en el presupuesto de 2009 destinadas a justificar el llamamiento a las instituciones de la Troika. Una buena parte del trabajo de los miembros no griegos de la Comisión va a consistir, de hecho, en suscitar las contribuciones y buscar las informaciones más o menos disimuladas. Una especie de trabajo de "lanzadores de alerta", bajo la égida del Parlamento, en el que no habrá asuntos tabú. Del lado griego, hay también representantes de movimientos, como el Comité para la Anulación de la Deuda o Attac, que podrán contribuir a la popularización del todo ello.
El 4 de abril, cuando se produjo la puesta en pie de la Comisión de la Auditoría, se dijo que este trabajo se extendería a lo largo de varios meses. ¿Cómo puede articularse este calendario con el hecho de que hoy el gobierno griego esté sometido a las presiones incesantes de la Unión Europea y del FMI, presiones que tienen por objetivo no solo a hacerle renunciar a los compromisos de la campaña electoral de Syriza sino, de hecho, a suscribir una nueva forma de memorándum?
Todo el mundo en la Comisión es consciente de eso. Esa es la razón por la que la primera sesión, el mes de junio, esté tan cerca. Es en ese momento, en efecto, cuando se planteará claramente la cuestión del tercer memorándum al que te refieres. Hay que comprender el alcance y los límites de esta Comisión. Está claro que no está en sintonía con la línea del Gobierno, que jamás ha planteado la cuestión de una suspensión del pago, aunque fuera parcial, de la deuda. En la sesión inaugural de la Comisión, el presidente de la República y toda una serie de ministros vinieron a anunciar, de forma más o menos firme (o diplomática), su apoyo al planteamiento. Tsipras y Varufakis echaron balones fuera: el primero no tomó la palabra, y el segundo hizo una especie de curso magistral muy general sobre la deuda.
Lo que la Comisión puede hacer en este contexto es proporcionar argumentos sólidos e irrebatibles en favor de una moratoria o de una anulación. Creo poder traducir el estado de espíritu general de los miembros de la Comisión diciendo que nuestra contribución será a la vez modesta (es el gobierno quien decide) e importante, si permite influir en el buen sentido. Pero, en el fondo, se trata más bien de ayudar a los partidarios de una moratoria a influir sobre el gobierno más que de influir sobre el propio gobierno.
Sin duda, el informe aportará informaciones preciosas pero ¿cuáles serán sus consecuencias? Justo cuando el Ministro de Finanzas, Varoufakis, ha declarado varias veces que Grecia pagaría su deuda y, además, lo hace efectivamente...
Evidentemente, esto forma parte de los límites del ejercicio y plantea también la cuestión de saber cómo se interpreta la posición del gobierno. Se puede considerar que este último ha capitulado, a partir del momento en que, de entrada, no ha adoptado una posición de ruptura que era evidente (y a la cual, dicho sea de paso, yo era personalmente favorable); a saber: "no podemos pagar la deuda, por tanto dejamos de pagar". Y hay muchos argumentos que van en este sentido, en particular el aplazamiento de medidas de urgencia.
Al mismo tiempo, se ve claramente lo que tendría de suicida mantener esta postura hasta la firma de lo que sería de hecho un tercer memorándum. Pero hay otra lectura posible, ilustrada en particular por el periodista de Tribune, Romaric Godin (del que se pueden encontrar artículos en la muy preciosa página Anti-K animada por militantes del NPA -http://www.anti-k.org). La idea resumidamente es la siguiente: Tsipras y Varoufakis han optado por no asumir una ruptura inmediata, quizás por temor de las medidas de respuesta que Grecia habría tenido que sufrir. En su aislamiento poco más o menos total en Europa, intentan ganar tiempo, a la vez que hacen la demostración de su buena voluntad. Poniendo de relieve la brutalidad de las instituciones y en particular de la Comisión (y el Eurogrupo), construyen una legitimidad en favor de un nuevo plan menos coercitivo y más fácil de asumir. Una austeridad "moderada" sucedería entonces a la austeridad brutal.
Pero este escenario supone que sea posible un compromiso con instituciones atrincheradas en sus dogmas. Si esta condición fuera imposible de satisfacer, entonces se abriría una brecha en favor de la ruptura. Sería por tanto peligroso considerar que ya se han doblegado totalmente. En cualquier caso, el proyecto no es, en mi opinión, influenciar en Tsipras y Varoufakis, sino dar munición a quienes (la izquierda de Syriza y los movimientos sociales) pueden influir sobre la línea del gobierno y hacer inaceptable políticamente un tercer memorándum, aunque fuera "blando".
Una cosa que nos deja perplejos es que hasta hoy no se haya tomado ninguna medida de control del sistema bancario y de los movimientos de capitales. ¿Cómo interpretarlo?
Efectivamente, hay motivos para estar perplejo, puesto que la fuga de capitales comenzó inmediatamente, lo que no podía sino agravar la situación. Es uno de los puntos débiles de la táctica consistente en contemporizar, porque implicaba no tomar ninguna medida contra "la finanza", tanto en el exterior como en el interior. Se puede también plantear la hipótesis según la cual el gobierno no tenía inmediatamente los medios para accionar las palancas y/o que temía desencadenar una situación más o menos caótica. Pero no hay que darle más vueltas: todo cese de pago de la deuda tendría repercusiones en cadena que necesitarían un control de los capitales y el control, incluso la socialización, del sistema bancario.
Dos interesantes libros sobre la extrema derecha en Grecia
Con motivo del inicio del juicio contra el partido fascista Amanecer Dorado os recomendamos dos interesantes libros (en formato epub, mobi y pdf) sobre la cuestión.
El ascenso del partido nazi Amanecer Dorado en Grecia. La movilización neonazi en el contexto de la crisis. Dimitris Psarras
Página del libro: http://rosalux-europa.info/userfiles/file/PsarrasES.pdf
Cartografía de la ultraderecha, el extremismo, la xenofobia y el racismo en el aparato de Estado griego. Varios autores
Página del libro: http://www.dyskolo.cc/cat%C3%A1logo/lib008/
El 20 de abril de este año vio el comienzo de uno de los juicios más importantes en la historia reciente de Grecia: el juicio al partido fascista Amanecer Dorado. Atendiendo a su importancia y al valor esencial de la información que va a generar en los próximos meses la Fundación Rosa Luxemburg de Grecia ha decidido apoyar la iniciativa Golden Dawn Watch.
Este proyecto colectivo funcionará como observatorio del juicio, con informaciones sobre cada jornada, comentarios, artículos de prensa y materiales sobre las diversas cuestiones relacionadas con él.
Más información (en griego e inglés): http://goldendawnwatch.org/?lang=en
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Grecia es una economía dependiente y rentista. Dependiente, porque debe importar una buena parte de su energía y toda una serie de mercancías que no produce. Rentista, porque su clase dominante resulta más competente a la hora de captar la riqueza producida, directamente o por medio de su Estado, que para invertir o innovar. La deuda no es en el fondo sino el reflejo de estas características, y la alternativa pasa por "la destrucción de los fundamentos del sistema oligárquico" (en palabras de Yanis Vanoufakis).
Grecia advierte estar preparada para la ruptura si Europa no acepta sus propuestas
EFE
El Gobierno de Alexis Tsipras reitera que su “prioridad” es el pago de los salarios y las pensiones.
El ministro adjunto de Asuntos Exteriores griego y encargado de las relaciones económicas internacionales, Euclidis Tsakalotos, afirmó el pasado viernes que el Ejecutivo heleno está “preparado para la ruptura” si los socios no aceptan la lista de reformas.
“Creo que el escenario de la ruptura es algo que también (Yanis, ministro de Finanzas) Varoufakis mencionó en su presentación del programa de Gobierno y es algo que el pueblo griego aceptó”, dijo Tsakalotos en declaraciones a la cadena privada Star.
Tsakalotos consideró que sin esa posibilidad sobre la mesa durante las negociaciones, “es obvio” que los acreedores llevarían a Grecia a las mismas medidas neoliberales acordadas en los anteriores programas.
“La gente ha entendido que apoyamos a la gente trabajadora y aquellos que han perdido muchas cosas durante la crisis, y que estamos preparados, si las cosas no van bien, para una ruptura”, añadió.
El ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, también utilizó recientemente el término ruptura durante su participación en un baño de masas en Janiá, en la isla de Creta, durante la fiesta nacional griega.
En un paseo en el que Varoufakis fue recibido con júbilo, una mujer se le acercó para decirle “estamos con vosotros”, a lo que el ministro respondió: “¿Pero lo estaréis también después de la ruptura?”.
Medidas de tipo fiscal y estructural
El ministro adjunto de Exteriores aseguró que el Ejecutivo heleno no llevará a cabo ninguna acción que acentúe la recesión, pero matizó que “hay un acuerdo con los acreedores en que las medidas requeridas son de tipo fiscal y estructural”.
Tsakalotos reiteró que la “prioridad” del Gobierno es el pago de los salarios y pensiones.
Sobre la lista de reformas que debe ser enviada a Bruselas, dijo que “todavía hay diferencias con los socios en relación a las privatizaciones, el mercado laboral y el modelo de desarrollo”.
Aclaró además que el polémico impuesto sobre los bienes inmuebles será abolido en 2015, como prometió el Gobierno en su programa, pero detalló que no se incluiría en esta lista.
“Mientras la dinámica de deflación por deuda se coma el potencial europeo de prosperidad compartida, los gobiernos europeos andarán prisioneros de falsas alternativas:
entre estabilidad y crecimiento;
entre estabilidad y estímulo;
entre el mortal abrazo de bancos insolventes con gobiernos insolventes y una admirable pero indefinida e indefinidamente aplazada Unión Bancaria;
entre el principio de las perfectamente separables deudas nacionales y la supuesta necesidad de persuadir a los países superavitarios para que financien al resto;
entre soberanía nacional y federalismo.
Esas alternativas falsamente diádicas encarcelan al pensamiento y paralizan a los gobiernos. Son responsables de una crisis de legitimación del proyecto europeo. Y nos hacen correr el riesgo de un déficit democrático en toda Europa, del que sólo pueden beneficiarse los nacionalistas, los populistas, los separatistas, los antieuropeos y, sí, los nazis, como nuestra Alba Dorada."
Los deberes ministeriales me han impedido últimamente la actividad blogera. Rompo hoy mi silencio, porque acabo de dar una conferencia en que se combina mi anterior trabajo académico y mis actuales tareas como ministro. Lo que sigue es el texto de la charla que dí en la Ambrosetti Conference, celebrada en el Lago Como el pasado 14 de marzo, sobre el tema "Una Agenda para Europa". Mis habituales lectores reconocerán sin dificultades el tema capital: ¡testimonio de cierta continuidad! .— Y.V.
En marzo de 1971, cuando Europa se preparaba para responder al shock de Nixon y a divisar un plan de unión monetaria más cercano al patrón oro que al sistema de Bretton Woods que se estaba deshaciendo, el economista de Cambridge Nicholas Kaldor escribió lo que sigue en un artículo publicado en The New Statesman:
"… es un error peligroso creer que la unión monetaria y económica puede preceder a la unión política, o que puede actuar –según la formulación del informe Werner— "a modo de palanca facilitadora de una unión política que, a largo plazo, resultará imprescindible". Porque si la creación de una unión monetaria y de un control comunitario de los presupuestos nacionales genera presiones que llevan a la ruptura del conjunto del sistema, lo que hará, lejos de promoverla, será precisamente dificultar la unión política."
Desgraciadamente, la lúcida advertencia de Kaldor fue ignorada, y lo que se impuso fue un optimismo emocional que sugería que la unión monetaria forjaría vínculos más estrechos entre las naciones europeas, en la idea de que, tras alguna crisis importante del sector financiero (como la de 2008), los dirigentes europeos se verían obligados por las circunstancias a proceder a la siempre imprescindible unión política.
De modo que, en una época en la que Norteamérica estaba reciclando los excedentes de otras naciones a escala mundial, en el núcleo de Europa se creaba una especie de patrón oro que terminó generando una gigantesca ola de capital en flujo hacia Wall Street, alimentándose así la financiarización de la economía y la creación privada a gran escala de dinero. Con Francia y Alemania ávidas de entusiasta colaboración.
Dentro de la Eurozona, la ilusión de un riesgo sin riesgos se reforzaba con la fantasía de que –¡en una unión construida sobre el principio de deudas públicas perfectamente separables y sistemas bancarios separados!— el préstamo a una entidad griega era sobre poco más o menos tan arriesgado como el préstamo a una entidad bávara. Resultado: los excedentes comerciales netos dieron lugar a flujos netos de capital que iban a parar a las naciones deficitarias causando burbujas insostenibles. en el sector privado no menos que en el público. Damas y caballeros: nuestro modelo de crecimiento en la Eurozona descansó por mucho en la financiación privada, guiada por los bancos e impulsada por los vendedores, de las exportaciones netas de las naciones superavitarias.
Fue como si, al construir la Eurozona, hubiéramos removido todos los amortiguadores de shocks, asegurándonos de que el shock, cuando llegara, sería devastador. Y cuando llegó el shock devastador en forma de Gran Crisis de la Eurozona en 2010 como secuela del Gran Crash mundial de 2008, con mi país, Grecia, jugando el papel del canario en la mina, Europa decidió persistir en la negación de la naturaleza de la crisis y seguir insistiendo en lidiar con las insolvencias causadas por el estallido de las burbujas (primero en el sector bancario, y luego en el dominio de la deuda pública) como si se tratara de meros problemas de liquidez: procediendo, a través de los SPVs (vehículos para propósitos especiales, por sus siglas en inglés), a préstamos a las naciones hondamente endeudadas que resultaban muy parecidos a los paquetes de CDOs (obligaciones colateralizadas de deuda, por sus siglas en inglés). El resultado final fue una transferencia de pérdidas potenciales de los libros de contabilidad de los bancos a los contribuyentes europeos. De modo tal, que el grueso de la carga del ajuste lo tuvieron que asumir los países en crisis que en peores condiciones de asumirlo se encontraban.
Los resultados de ese estéril enfoque se hicieron sentir durante unos años en los mercados de bonos, con aquellos efectos poco menos que catastróficos (que a pique estuvieron de acabar con Italia) con los que Mario Draghi lidió con determinación en el verano de 2012. Solo que esa exitosa intervención, al tiempo que aplacaba a los mercados, forzó a la crisis a expandirse metastásicamente por el ámbito del área real de la economía del Euro: se llegó a una huelga asimétrica de inversiones en un momento en que los ahorros ociosos –la otra cara de la crisis— se acumulaban, empujando a la baja los réditos de los bonos y causando una crisis de confianza que levantó vientos deflacionarios por todo el continente. Los vientos que Mario Draghi, una vez más, trata ahora de mitigar con la política largamente esperada de la flexibilización cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés).
Cinco años y arreo de crisis dañaron nuestro tejido social y culminaron en una Europa que ha perdido legitimidad ante sus propios ciudadanos y buena parte de su credibilidad ante el resto del mundo. Una Europa declamatoriamente pronta a una mayor unión y a una mayor consolidación, pero cuyos más agudos problemas, en la práctica, y de hecho, se abordan lamentablemente con espíritu renacionalizante.
Damas y caballeros: la Eurozona sigue atrapada en una crisis existencial (con total independencia de los problemas de Grecia, si me permiten el inciso), y las cosas van a peor, no a mejor. Constituye un desafío para todos nosotros el que no estemos en condiciones de cumplir ni con la rectitud fiscal ni con el estímulo keynesiano. Seguir obnubilados con los estériles debates sobre si hay que recortar los déficits presupuestarios o aumentarlos con montos insignificantes –y con naciones carentes de un banco central— es cosa tan peligrosa como tediosa. Por eso, creo yo, los rifirrafes entre Francia y Bruselas, o entre Roma y Bruselas, sobre minucias presupuestarias, sobre si hay que ahorrar, o no, unas decimillas de presupuesto, están completamente fuera de lugar.
Lo que se necesita es otra cosa: una lógica diferente, un despliegue razonable de las instituciones existentes a fin de atacar el problema de raíz. Mientras la dinámica de deflación por deuda se coma el potencial europeo de prosperidad compartida, los gobiernos europeos andarrán prisioneros de falsas alternativas:
entre estabilidad y crecimiento;
entre estabilidad y estímulo;
entre el mortal abrazo de bancos insolventes con gobiernos insolventes y una admirable pero indefinida e indefinidamente aplazada Unión Bancaria;
entre el principio de las perfectamente separables deudas nacionales y la supuesta necesidad de persuadir a los países superavitarios para que financien al resto;
entre soberanía nacional y federalismo.
Esas alternativas falsamente diádicas encarcelan al pensamiento y paralizan a los gobiernos. Son responsables de una crisis de legitimación del proyecto europeo. Y nos hacen correr el riesgo de un déficit democrático en toda Europa, del que sólo pueden beneficiarse los nacionalistas, los populistas, los separatistas, los antieuropeos y, sí, los nazis, como nuestra Alba Dorada.
Bien, ya sé que en este país de los dos brillantes Marios, [1] pronunciar palabras como QE (flexibilización cuantitativa) es una provocación rayana en la blasfemia. La QE nos rodea por todas partes, y el optimismo circunstante depende de ella. A riesgo de parecer un poco aguafiestas –como a menudo me llama mi hija—, déjenme decirles que me resulta difícil imaginar cómo, en nuestra fragmentada y fragmentante unión monetaria, puede la ampliación de la base monetaria llegar a transmutarse en un incremento substancial de la inversión privada en actividad productiva.
En realidad, la QE se ha revelado como una cosa más bien mala a este respecto incluso en economías sólidas y homogéneas como Japón, los EEUU o la Gran Bretaña. Peor ocurrirá en una Eurozona fragmentada, en la que las compras de activos por parte del BCE ni siquiera son proporcionales a los diferenciales de producto, ni están específicamente orientadas a las economías nacionales sometidas a las mayores fuerzas deflacionarias. Mucho me temo que desacoplar la base monetaria de la oferta monetaria –el inveterado talón de Aquiles de la QE— se revelará, en el caso de los esfuerzos del BCE, harto peor empresa que en Japón, los EEUU o la Gran Bretaña.
El caso alemán viene a ser una muy buena ilustración de eso que digo. En 2015, la emisión total de bonos alemanes arrojará sólo un monto de 140 mil millones de euros, merced al terco empeño desapalancador del Gobierno Federal alemán. Sin embargo, el BCE se ha comprometido para este año a comprar 160 mil millones de euros en bonos. Al propio tiempo, los bancos alemanes deben incrementar sus reservas de liquidez, impuestas por el regulador, en torno a los 20 mil millones de euros. Y sólo se les permite usar papel altamente líquido, es decir, bonos. Eso se traduce en una demanda estructural agregada de bonos de al menos 180 mil millones de euros para 2015, muy por encima de la oferta.
En esas circunstancias, las instituciones financieras alemanas carecen del menor incentivo para vender bonos, pues necesitan esos bonos –y sus relativamente altos réditos— para satisfacer los requisitos de los reguladores. Se puede, así pues, augurar: que los precios de los bonos, en todo el abanico de vencimientos, no tardarán en alcanzar los máximos fijados por el BCE; que los diferenciales de rédito a lo largo de la Eurozona colapsarán de forma totalmente independiente de cualquier posible recuperación inducida por la inversión en países como España e Italia; y que las valoraciones de acciones se inflarán hasta niveles que en el pasado se han revelado ya como insostenibles. La idea de que ese tipo de inflación de precios de activos puede ayudar a movilizar el ahorro ocioso y a convertirlo en inversiones productivas, particularmente en países en crisis, se desvanece como una ilusión una vez enfrentada a los datos empíricos procedentes de países en los que la QE fue ya vigorosamente practicada en el pasado. (Datos empíricos aparte, la idea se revela ya ilusoria cuando se somete al escrutinio de la teoría económica macroeconómica más elemental.)
En suma, mientras el BCE está haciendo todo lo que puede dentro de los márgenes que se le permiten, es muy poco probable que lo "mejor" que puede hacer resulte suficiente. Se precisa de algo distinto. Permítanme esbozar aquí en qué podría consistir ese "algo". Yo lo llamo un proceso de "Europeización Decentralizada". La idea, en substancia, es simple: necesitamos estimular una gobernación federal del euro sin federación, sin ulterior pérdida de soberanía nacional, manteniéndonos dentro de los Tratados existentes.
Ahora mismo se halla Europa prisionera de un falso dilema. Tenemos, por un lado, el punto de vista dominante de que el curso actual de Europa nos está sacando de la crisis y funciona; yo no comparto ese punto de vista. El otro cuerno del falso dilema lo ofrecen quienes sostienen que la federación es la única alternativa; yo no la creo posible, ni tampoco me parece deseable.
Afortunadamente, hay una tercera opción, la de la Europeización Descentralizada. La idea es europeizar tres o cuatro ámbitos básicos de nuestras políticas económicas: europeizar el sector bancario, europeizar una parte de la deuda pública, europeizar las inversiones agregadas (a través del Banco Europeo de Inversiones, en asociación con el Banco Central Europeo) y, finalmente, europeizar un programa de mitigación del hambre y la pobreza. Una vez europeizados esos ámbitos, los gobiernos nacionales podrán gestionar sin sufrimiento los equilibrios presupuestarios, aun si la posición externa de un país (como Grecia o Portugal) es negativa. Pues si la inversión agregada, si el malestar bancario, si una parte de la deuda pública, si un programa de mitigación de la pobreza; si todo eso está "europeizado", entonces nuestros gobiernos nacionales pueden tener presupuestos equilibrados sin que nadie tenga siquiera necesidad de saber si Grecia o Portugal tienen superávit por cuenta corriente con Alemania (como nadie se preocupa en los EEUU por saber si Nuevo México tiene déficit por cuenta corriente con Texas).
Puesto que el tiempo es escaso, permítanme un ejemplo ilustrador de este proceso de "Europeización Descentralizada". De los cuatro ámbitos que requieren europeización –deuda pública, inversión, banca y crisis humanitaria—, me concentraré en la inversión. La idea es sencilla:
Europa necesita desesperadamente inversión a gran escala que genere crecimiento.
Europa rebosa de ahorros ociosos demasiado amedrentados para dar el paso de invertir: temen la falta de demanda agregada una vez salgan los productos de la línea de producción.
El BCE quiere comprar activos de papel altamente líquido, a fin de poner coto a las expectativas deflacionarias.
El BCE preferiría no tener que comprar bonos alemanes o italianos o españoles por las razones antes mencionadas y no ser acusado de favorecer a Alemania, Italia, España, etc.
Pues bien; he aquí lo que el BCE podría hacer para lograr su objetivo salvando, al propio tiempo, su "problema operativo" y su "compromiso macroeconómico".
El Banco Europeo de Inversiones (BEI) debería tener luz verde para embarcarse en un Programa Paneuropeo de Recuperación con Inversión por un monto rayano en el 8% del PIB de la Eurozona, concentrándose en proyectos de infraestructuras a gran escala, al tiempo que su filial, el FIE (Fondo de Inversiones Europeas), se concentraría en incipientes empresas innovadoras, en PYMES, en empresas de innovación tecnológica, en investigación de energías verdes, etc.
El BEI ha venido emitiendo bonos durante décadas para financiar inversiones que cubrían el 50% de los costos de financiación de los proyectos. Ahora debería emitir bonos que cubrieran el total de la financiación del Programa Paneuropeo de Recuperación con Inversión. Debería, esto es, dejar caer la convención de que el 50% de los fondos deben proceder de fuentes nacionales.
Para asegurarse de que los bonos del BEI no experimentarán réditos al alza como consecuencia de la magnitud de la empresa, el BCE debería anunciar su disposición a entrar en el mercado secundario y comprar tantos bonos del BEI como sea necesario para mantener a sus niveles actuales los réditos de los bonos del BEI.
El mérito de esta propuesta es, en substancia, la recomendación de que el BCE ponga por obra la QE comprando un solo activo: los eurobonos sólidos, no tóxicos, emitidos por el BEI en nombre de todos los Estados miembros de la Unión Europea. Así se alivia la preocupación operativa del BCE acerca de qué bonos nacionales comprar. Además, la forma propuesta de flexibilización cuantitativa respalda directamente las inversiones productivas, algo muy distinto de inflar instrumentos financieros de riesgo. [2]
Se objetará que el BEI podría tener dificultades a la hora de encontrar proyectos inmediatos dignos de financiación por centenares de miles de millones de euros hasta llegar a los 200 mil millones anuales. A largo plazo, no es así. Proyectos paneuropeos que valgan la pena, como la unión europea de energías verdes, o la unión digital, ofrecerán al BEI las necesarias oportunidades de inversión. Entretanto, los actuales proyectos de infraestructuras en curso, que andan moribundos a causa de unos presupuestos nacionales exhaustos, podría financiarlos el BEI, si éste supiera que lo respalda el BCE en los mercados de bonos. Removiendo de los presupuestos nacionales una parte de su carga, podría revertirse el actual declive de la inversión pública sin necesidad de contraer deudas públicas adicionales o de proceder a transferencias fiscales, y por lo mismo, lejos de "excluirlos" y desincentivarlos, "incluyendo" e incentivando a los inversores privados.
Un Programa Europeo de Recuperación de tamaña magnitud nos recordaría a todos al instante que el BEI tiene la capacidad –irrealizada hasta ahora— para:
llegar a ser macroeconómicamente significativo;
endogeneizar el riesgo de la inversión al mismo tiempo que lo reduce;
disminuir el riesgo de los proyectos de inversión que emprenda simplemente jugando un papel más grande en la recuperación europea;
Conclusión
El futuro de Europa será brillante en la medida en que logre servirse de la eurocrisis como de una oportunidad para realizar los Estados Unidos de Europa. Todo lo que quede a mitad de camino de eso llevará a la fragmentación y al eventual colapso del euro (como pronosticó Nicholas Kaldor en 1971) y a la ulterior desintegración de la UE, con terribles consecuencias para todos los europeos.
Sin embargo, aunque la federación habría prevenido esta crisis, federar ahora no resulta una solución factible. Si algo ha generado la eurocrisis son, trágicamente, orgullos nacionales encontrados, haciendo de la unidad una empresa políticamente imposible (por ahora). Las "dificultades" a que nos estamos enfrentando en el presente dentro del Eurogrupo, y los distintos puntos muertos a que se llega, son un reflejo de la divergencia política causada por el "progreso" sin fin de la crisis.
Hoy comparezco ante ustedes en este encantador lugar para sostener que Europa precisa de una solución a la presente crisis que sepa servirse de, y desarrollar con inteligencia y dentro de la letra de los Tratados y de las reglas en vigor, las instituciones existentes. He ofrecido un ejemplo para ilustrar el modo en que eso podría conseguirse en el ámbito de la inversión paneuropea agregada. Esa propuesta de asociación BEI-BCE (en la que el BCE pone por obra la QE comprando bonos del BEI en apoyo de un programa a gran escala de recuperación inducida por la inversión) demuestra precisamente de qué modo Europa puede movilizar las instituciones existentes –en este caso, el BCE y el BEI—, europeizar la inversión agregada y dirigir la recuperación sin necesidad de que Alemania pague por ese programa o por las inversiones productivas que habrán de fluir hacia las naciones deficitarias.
Reparen en esto: lo que tenemos aquí es el potencial para estimular un New Deal europeo sin necesidad de un Tesoro federal, sin necesidad de ningún tipo de transferencias fiscales de ninguna otra institución nueva. Aunque las naciones más ricas, con Alemania a la cabeza, no necesitan desembolsar un sólo euro en este New Deal europeo, Europa necesita el liderazgo de los países superavitarios como Alemania para ponerlo por obra.
A comienzos de la década de los 50 del siglo pasado, los EEUU dirigieron la revivificación europea con el Plan Marshall. Costó al contribuyente noteamericano el 2% de su PIB transferir los fondos necesarios a Europa (un dinero bien empleado desde la perspectiva norteamericana). El New Deal europeo, en cambio, no les costará nada a Alemania, Holanda, etc., porque será financiado a través de la emisión de unos bonos del BEI que, en realidad, lo que harán será ayudar a enjugar el exceso de liquidez del sector financiero alemán, ayudando así a restaurar los tipos de interés positivos para los fondos de pensiones de Alemania. Según yo veo las cosas, Alemania debería dirigir al resto de Europa por esa senda mutuamente ventajosa. ¿Por qué, pues, no convertir este proyecto en un legado que, en las décadas venideras, podría llegar a conocerse como el Plan Merkel? Un desarrollo así ayudaría a suturar divisiones innecesarias y a ofrecer a Europa el impulso para la integración que tanto necesita.
Hoy me he limitado a proporcionarles un ejemplo de lo que podría ser la Europeización Descentralizada. Análogas soluciones existen para la europeización de una parte de las deudas nacionales, para la real unificación de nuestros sistemas bancarios y para atacar la pobreza y la privación. Y siempre, sin transferencias fiscales, sin gasto con déficit, sin que Alemania tenga que pagar la factura y –lo que resulta crucial— sin pérdida de soberanía nacional. [3] Me permitirán que concluya con una observación cordialmente sentida: ha llegado la hora de dejar de pensar en la recuperación europea como en un juego de suma cero en el que los intereses de una nación tienen que promoverse a costa de que otra nación pague por ello. Europa tiene un inmenso potencial de desarrollo, el cual, no obstante, precisa de un inmediato cambio de paradigma dentro de los tratados y las directivas existentes. Nuestra generación tiene el deber de realizar ese cambio, de modo que las generaciones venideras puedan decir que nosotros les hemos permitido vivir en una Europa genuinamente unida; una Europa de prosperidad compartida, en la que ser griego o italiano o alemán sea una identidad cultural más que un dato políticamente significativo.
Notas:
[1] Me estoy refiriendo aquí a Mario Monti (que estaba en el mismo panel de discusión) y, huelga decirlo, a Mario Draghi.
[2] Repárese en que tomar préstamos del BEI no tiene implicaciones en términos de normas fiscales europeas. No quedan registrados esos préstamos ni como nueva deuda, ni como déficit de ningún Estado miembro, lo que significa que el ulterior gasto público podría financiarse sin interferir en la disponibilidad fiscal nacional.
[3] Repárese en que estas ideas vienen de la "Modesta Proposición para resolver la crisis del Euro" que coescribí con Stuart Holland y James K. Galbraith.
Yanis Varufakis, ministro de finanzas del gobierno griego de Syriza, es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Fue recientemente profesor invitado en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su libro El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.
Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella
Grecia activa comité ministerial de cooperación con Rusia
Prensa Latina
El viceministro de Defensa griego, Kostas Isijós, anunció ayer la activación del Comité Ministerial Conjunto Grecia-Rusia, cuya primera tarea será la preparación de la visita oficial a Moscú del primer ministro Alexis Tsipras.
El viaje del gobernante está fijado para el próximo 8 de abril, donde se encontrará con el presidente Vladimir Putin, mientras que el titular de Defensa, Panos Kammenos, prevé participar en la cuarta Conferencia Internacional de Seguridad Global prevista para los días 16 y 17 de abril en la capital rusa.
Además, Isijós informó sobre la reunión mantenida con su homólogo Anatoly Antonov, en la cual revisaron los acuerdos bilaterales en el sector de la defensa y se presentó una petición formal a Rusia de los documentos que obren en su poder sobre el periodo de la ocupación alemana de Grecia, en el periodo 1941-1944.
Esta documentación formará parte del expediente que Grecia quiere preparar para reclamar a Berlín las compensaciones económicas derivadas del préstamo forzoso realizado durante la ocupación nazi, la indemnización de las víctimas y el robo de tesoros arqueológicos.
El objetivo, según Isijós, es presentar una reclamación "perfectamente documentada que permita una rehabilitación moral, histórica y económica" para el pueblo griego.
En la reunión también se estudiaron nuevas áreas de cooperación en el área de la energía y la colaboración entre las empresas de ambos países, en busca de una perspectiva que permita superar el perjuicio causado a la economía griega por las sanciones de la Unión Europea impuestas a Rusia.
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Políticas neoliberales en Grecia dispararon impuestos de los más desfavorecidos en un 337%
Prensa Latina
La brecha entre pobres y ricos creció de manera alarmante en Grecia desde el inicio de la crisis, pero castigando especialmente a las clases populares que vieron crecer sus impuestos en un 337 por ciento, según mostró un estudio titulado "Grecia, la solidaridad y el ajuste durante la crisis", elaborado por varios académicos griegos para el Instituto Alemán de Estudios Macroeconómicos Hans Böckler y que analizó los datos relativos a 260 mil hogares griegos entre los años 2008 y 2012.
El objetivo de la investigación fue estudiar el efecto de las políticas de austeridad durante la crisis y el aumento de las desigualdades provocado por estas, y en sus conclusiones mostró que los recortes impuestos fueron más profundos de lo que realmente necesitaba la economía para impulsar la competitividad.
Según la encuesta, también se dieron disfunciones muy significativas en materia fiscal, pues mientras los sectores desfavorecidos vieron crecer sus impuestos un 337 por ciento, el incremento entre los más ricos fue solo del 9 por ciento.
Este aumento de la presión tributaria, sumado al alza del desempleo y a los drásticos recortes salariales, hizo que en 2012 los hogares más perjudicados perdieran hasta el 86 por ciento de sus ingresos totales, mientras que en las familias más ricas esta merma solo fue de entre el 16 y el 20 por ciento.
El estudio también mostró que las duras medidas de austeridad impuestas al país por los acreedores extranjeros, dieron lugar a un fuerte aumento de la pobreza en Grecia y situaron a un sector importante de la población al borde de la exclusión social.
Comisión parlamentaria para auditar deuda griega ofrecerá resultados en junio
Prensa Latina
La comisión parlamentaria creada para realizar una auditoría de la deuda griega ofrecerá sus primeras conclusiones en el mes de junio, explicó ayer su presidente, el politólogo belga Éric Toussaint.
El establecimiento de este grupo de trabajo fue anunciado este martes por la presidenta de la Asamblea Nacional helena, Zoé Constandopulu, pero ayer se conocieron más detalles sobre su composición y funcionamiento.
La Comisión estará integrada por un grupo de 30 personas, a cuyo frente se situará Toussaint, doctor en ciencias políticas y portavoz de la red internacional del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM).
Según el propio experto, su designación se debió a la experiencia previa acumulada en un comité similar creado en Ecuador, donde gracias al trabajo desarrollado sus autoridades "adoptaron una estrategia que resultó muy útil para el país", indicó.
Los trabajos comenzarán a inicios de abril y aunque hasta finales de año no está previsto que se realice el examen completo, el responsable dijo que actuarán con rapidez para ofrecer las primeras conclusiones en junio, principalmente en relación con la deuda creada desde 2010.
Igualmente, explicó que en una primera etapa las tareas se centrarán en el periodo reciente, de donde procede el 80 por ciento del adeudo actual, mientras que "en una segunda fase, el trabajo se concentrará en el período anterior a la entrada de Grecia en la zona euro y las condiciones en las que fue realizada".
Toussaint señaló que "el objetivo de la comisión será trasladar una información precisa al pueblo griego sobre el tipo de los préstamos concedidos, y reunir pruebas irrefutables que determinen la parte de deuda odiosa, para no regularizarla".
Zoé Konstantopoulou, diputada de Syriza y presidenta del Parlamento griego
Adéa Guillot. Le Monde
La noche cayó hace rato sobre Atenas. En los pasillos desiertos de la Vouli, el Parlamento griego, reina la calma. Excepto en la antecámara de la presidenta, Zoé Konstantopoulou. Son más de las 11 de la noche y varias personas esperan para verla. «Es así todos los días desde que asumió el cargo el 6 de febrero de 2015», explica una empleada que ha venido a dejar varios expedientes para tratar al día siguiente. «Durante su jornada encadena citas, debate en la tribuna y por la tarde recibe hasta las 2 o las 3 de la madrugada. Hace más de 30 años que trabajo aquí y nunca conocí semejante capacidad de trabajo», nos dice asombrada esta funcionaria que sin embargo ha visto desfilar a una decena de presidentes.
Zoé Konstantopoulou, diputada del partido de izquierda radical Syriza, que ganó las elecciones legislativas del 25 de febrero de 2015 en Grecia, resultó triunfalmente elegida presidenta del Parlamento, el 6 de febrero de 2015, con 235 votos sobre un total de 298 diputados presentes, un récord. Además, a sus 38 años, es la presidenta más joven de la Vouli y la segunda mujer que llega a este cargo. «Una coartada para Syriza, que no nombró ninguna ministra en su Gobierno y ha querido rectificar su error proponiendo a Zoé Konstantopoulou para presidir el Parlamento», ironiza un diputado de oposición del partido Nueva Democracia. «Desde entonces juega a la dominadora en la tribuna desde lo alto de su metro ochenta, pero debe aprender que no se puede dirigir un parlamento enfrentándose a los propios diputados».
Esas violentas opiniones no sorprenden a la interesada, «hay un auténtico problema generacional y sexista en los que han gobernado Grecia hasta ahora, pero tendrán que acostumbrarse. Quiero cambiar este Parlamento dando ejemplo de democracia, de libertad y también de responsabilidad».
La presidenta es muy grande. Su poderosa silueta domina muy a menudo la asamblea en la que se encuentra. Siempre estrictamente vestida con chaqueta sastre negra, encaramada todo el día en tacones de siete centímetros y con el único adorno de su larga cabellera castaña, esta joven mujer rompe una Vouli todavía ampliamente masculina. «El hecho de que solo haya 69 mujeres sobre 300 diputados en el Parlamento demuestra que queda un largo camino en el terreno de la paridad», señala Zoé instalada en su amplio despacho con mosaicos murales barrocos. «He tenido dos abuelas excepcionales, Zoé y Vasso. Dos mujeres autodidactas y fuertes que me enseñaron a elegir libremente mi vida, a no sufrir. A pesar de lo que piensan algunos no solo estoy aquí para responder a los imperativos de la paridad».
Según Manolis Hatziyakoumis, uno de sus antiguos profesores, «siempre ha tenido pasión, curiosidad y sobre todo un sentimiento muy desarrollado con respecto al interés general». Este hombre mayor y muy digno fue profesor particular de toda una generación de griegos que actualmente se encuentran en puestos claves, como el actual alcalde de Atenas, Georges Kaminis, o el antiguo rector de la facultad de derecho y diputado conservador Théodore Fortsakis, a menudo juristas. «Para mí lo más importante era hacer a mis alumnos humanistas. 'La justicia es la madre de todas las virtudes', decían los antiguos griegos. Estoy completamente de acuerdo. Y con los conocimientos de justicia y ética es lo que enseñé a Zoé. Creo que la ley es todo para ella».
Procedente de un linaje de abogados la presidenta eligió continuar el ejemplo familiar y emprendió sus estudios de derecho en la Universidad de Atenas que completó con un máster de derecho penal europeo en La Sorbona, París, en el año 2000. Después consiguió un diploma en derechos humanos y derecho penal nacional e internacional en la universidad de Columbia, en Nueva York.
Al mismo tiempo se implicó en las organizaciones sindicales estudiantiles, asesoró jurídicamente de forma gratuita y enseñó inglés a los detenidos de la prisión de Fresnes, en el valle de Marne, durante su estancia en Francia. «Es muy importante dar un poco de lo que recibes. Creo que los estudiantes, sobre todo los de derecho, enseguida pueden ser útiles a la sociedad», opina Zoé. Convertida en abogada representó en particular a la familia de Alexis Grigoropoulos, el adolescente asesinado en diciembre de 2008 por un policía griego en Atenas y cuya muerte provocó tres semanas de disturbios urbanos. «No era más que un crío de 15 años que había salido a tomar un refresco con sus amigos. Cuando oí la noticia la injusticia me revolvió el estómago. Conseguimos la cadena perpetua para el asesino y diez años para su cómplice», se felicita, grave de repente.
Baño de militancia
Su padre Nikos Konstantopoulou, también abogado, entre 1993 y 2004 fue presidente de Synaspismos, un partido de izquierda radical convertido después en el principal componente de Syriza.
Su madre, la periodista Lina Alexiou, a menudo denuncia las injusticias sociales en sus reportajes. La joven Zoé, pues, está inmersa en un ambiente militante desde su infancia.
«Es hija de su padre. Muy ambiciosa y siempre ha buscado los medios para escalar dentro de Syriza», dice un diputado de Nueva Democracia.
«Por supuesto mi interés es la política», responde Zoé Konstantopoulou, «pero pensaba permanecer más bien en segunda fila, porque sé hasta qué punto es un proceso exigente y adoro mi trabajo de abogada». Sin embargo en 2009 se unió a la lista de Syriza para las elecciones europeas. «Pero eso en realidad fue porque decidí implicarme debido a la crisis. Se convirtió en un deber», afirma Zoé.
En junio de 2012 resultó elegida diputada. Comenzó entonces un período agitado que la hizo conocida para el gran público. La lucha contra la corrupción y el fraude fiscal se convirtieron en su caballo de batalla. Escribió el libro negro de la vergüenza que compila los asuntos políticos-financieros que su partido considera escandalosos y sobre todo se lanzó a una auténtica cruzada en torno a la «lista Lagarde», que contiene la lista de los exiliados fiscales griegos en Suiza, «una radiografía perfecta de la corrupción y la colusión a la griega», según ella.
Dicha lista, entregada en 2010 por la exministra francesa de Economía Christine Lagarde a su homólogo griego de entonces, Georges Papaconstantinou, debía producir la creación de una comisión parlamentaria de investigación para examinarla. Zoé Konstantopoulou fue ponente y se reveló la más combativa durante las audiciones de los testigos. La joven no dio marcha atrás en ninguna cuestión lo que enfadó y provocó estallidos de cólera sin precedentes que se oían desde el exterior de la sala donde se hacían los debates a puerta cerrada.
«Sus arrebatos quedaron para la posteridad», comenta divertido uno de sus próximos. Según Méliza Méya, su amiga de la infancia y testigo de su boda en 2014 con el marino Apostolis Mantis, «la Zoé apasionada que ha descubierto la gente es la que conozco desde siempre. Desde la escuela primaria es hipersensible a la injusticia y lucha por sus derechos y los de sus compañeros. De niñas éramos fans de la serie estadounidense Matlock, la historia de un abogado que se hacía cargo de cualquier caso». Méliza Méya describe una mujer «sencilla y alegre en la intimidad pero que debe armarse de seriedad y rigor frente a ese mundo político que tiene miedo de perder sus privilegios y es muy violento con ella».
Desde que llegó a presidenta del Parlamento Zoé Konstantopoulou no ha hecho muchos amigos.
«La apodan Robespierre porque le gusta cortar cabezas y se erige en incorruptible moralizante, como el revolucionario francés», cuenta un diputado del partido de centroizquierda To Potami. «No se comporta normalmente con el afán de equilibrio y compromiso que debe caracterizar a un presidente del Parlamento», acusa Manolis Kéfaloyiannis, diputado de Nueva Democracia con el que Zoé Konstantopoulou ha tenido algunos encontronazos. «Es un poco populista. Da su opinión respecto a todo».
Según Stavros Theodorakis, presidente de To Potami, «todos los días demuestra que no sabe colaborar y creo que incluso el primer ministro Alexis Tsipras lamenta haberla puesto ahí».
Un feroz espíritu de independencia
Una referencia directa al rechazo de Zoé Konstantopoulou de votar en una reunión del grupo parlamentario, el 25 de febrero de 2015, un acuerdo de cinco días antes entre el Gobierno griego y sus acreedores que preveía la ampliación de cuatro meses del programa de préstamos en curso. «Se trataba de una consulta interna en el partido, pero creo que es esencial que en los procedimientos importantes cada uno dé su opinión sincera», responde sin rodeos la presidenta. Este feroz espíritu de independencia molesta incluso en su partido. «Actúa sobre todo para sí misma y en realidad su aspiración es colocarse como potencial delfín dentro de Syriza», opina un miembro del comité central del partido.
El 4 de marzo de 2015 Zoé Konstantopoulou presentó un catálogo de reformas que quería hacer en el Parlamento. Acabar con algunos privilegios de los diputados, luchar contra el absentismo parlamentario amenazando con recortar un 50% de sus sueldos a los que no se presentasen a las sesiones más de cinco veces al mes. Algunos de sus anuncios hicieron rechinar los dientes en una institución poco acostumbrada a tanta intrepidez.
Sobre todo la presidenta ha prometido que creará, en las próximas semanas, una comisión de auditoría de la deuda griega. «El objetivo es determinar el eventual carácter odioso, ilegal o ilegítimo de las deudas públicas contraídas por el Gobierno griego», precisa la presidenta aludiendo a varios asuntos de corrupción y a la opacidad que rodea la adquisición de armas por parte de su país. «El pueblo tiene derecho a exigir que se elimine la parte ilegal de la deuda si la comisión comprueba dicha ilegalidad». Una declaración explosiva mientras el Gobierno griego, que busca desde hace tiempo una quita de buena parte de la deuda, parece haberse rendido estas últimas semanas a los argumentos de sus acreedores y solo habla ya de renegociación.
«Estamos al principio de las negociaciones con nuestros proveedores de fondos», subraya Zoé Konstantopoulou. «No hay que admitir que el Eurogrupo sea el único interlocutor de Grecia porque la humanidad solo está hecha de relaciones económicas». Fortalecer la democracia, reubicar a los pueblos y sus derechos en el centro de los proyectos políticos, en Grecia como en Europa, «no son objetivos románticos, sino imprescindibles si no queremos que Europa estalle», concluye la presidenta. Una auténtica profesión de fe, nos permitimos subrayar. Y Zoé Konstantopoulou nos responde maliciosa «bueno, mi despacho, aquí, es la capilla de la hija del rey mientras que el Parlamento sigue siendo el palacio real». Acepta profesión de fe, «pero republicana y democrática».
Adéa Guillot es corresponsal de Le Monde en Atenas.
Grecia pone en marcha un grupo de expertos para auditar su deuda
Público.es
La presidenta del Parlamento griego, Zoé Constandopulu, anunció este martes la creación de una comisión internacional de expertos que llevará a cabo una auditoría de la deuda pública y será coordinada por el politólogo belga Éric Toussaint.
Constandopulu destacó en rueda de prensa que Grecia debe realizar una auditoría de su deuda "para saber qué parte de esta deuda ha sido utilizada para el bien común y por tanto, es legal y debe ser pagada, y qué parte ha sido malgastada y, por tanto, es ilegal".
La presidenta del Parlamento señaló que la auditoría de la deuda "es un deber hacia las generaciones futuras, porque tendrán que pagar sin tener ninguna responsabilidad".
Éric Toussaint, portavoz del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, se preguntó si a la hora de firmar el primer y el segundo plan de rescate en Grecia se tomaron en cuenta "las disposiciones de la Constitución griega, del Tratado de Lisboa y de las constituciones de los estados miembros que prestaron 153.000 millones de euros a Grecia".
El conocido politólogo consideró que los créditos para pagar contratos que se han demostrado que son fraudulentos, como los de la multinacional alemana Siemens, forman parte de lo que sería la deuda ilegal. Toussaint aseguró que la comisión de la auditoría tomará también en cuenta "los informes de la Comisión de los Derechos Humanos del Consejo de Europa sobre las consecuencias de los programas de rescate en materia de Derechos Humanos en Grecia".
La comisión de expertos empezará a trabajar a principios de abril y presentará su informe a finales de junio en una conferencia internacional sobre la deuda.
"Se trata de la primera comisión de auditoría de deuda que se forma en Europa", subrayó la eurodiputada de Syriza Sofía Sakorafa, quién será la encargada de comunicar a Bruselas las conclusiones de este análisis.
Sobre qué hará la comisión si una parte de la deuda es declarada ilegal, Constandopulu aseguró que las conclusiones serán puestas a disposición del "Parlamento, el Gobierno y la Justicia", que "harán su deber".
La presentación de las conclusiones de esta auditoría coincide, según explicó Constandopulu, con el pago, a principios de julio, de una serie de tramos al Banco Central Europeo. El principal argumento del Gobierno de Alexis Tsipras es que la deuda griega, tal y como es ahora, no es viable.
El Parlamento griego aprueba una ley contra la crisis humanitaria
El Parlamento de Grecia aprobó ayer con el apoyo de la mayoría de los partidos, con excepción de To Potami y del Partido Comunista (KKE) que se abstuvieron, un proyecto de ley por el que se facilitarán a las familias más desfavorecidas bienes y servicios de primera necesidad de forma gratuita o subsidiada.
La propuesta aprobada es la primera de las medidas sociales anunciadas por el gobierno del primer ministro Alexis Tsipras y por la cual se proveerá de electricidad gratuita a unos 300 mil hogares, un programa de alimentación para igual número de familias y subsidios para el alquiler de viviendas.
Según la ley, tendrán preferencia las familias con niños y los parados de larga duración o sin prestación económica, aunque estarán amparadas todas las personas que se encuentran por debajo del umbral de la pobreza.
Durante el debate, Tsipras afirmó que su gobierno no dará marcha atrás en sus promesas electorales ni "en lo que consideremos necesario para que la sociedad tenga un respiro", en respuesta a las críticas emitidas por algunos responsables de instituciones europeas.
Además, subrayó que las negociaciones en el marco del Eurogrupo son difíciles pero "el gobierno tiene la obligación de llegar a un acuerdo, que será para el beneficio del pueblo", y no abandonará esa línea a pesar de que sus esfuerzos son saboteados por poderes externos y dentro de Grecia.
La nueva norma fue criticada como una "acción unilateral" por parte del responsable de la misión para Grecia de la Comisión Europea, Declan Costello, quien exigió "las necesarias consultas políticas" antes de la aprobación de la ley.
“¿Hasta qué punto puede alguien ser insolente para escribir que hacer frente a la crisis humanitaria es un acto unilateral incompatible con las decisiones de las instituciones europeas? Si algunos insisten en no respetar la soberanía popular, si quieren que no haya diputados elegidos, si quieren que todo continúe como antes, fracasarán”, declaró Tsipras en su intervención en el Parlamento.
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Tsipras visitará Moscú en busca de apoyo financiero
La oficina del Primer Ministro de Grecia, Alexis Tsipras, anunció el martes la realización de una visita oficial a Rusia el próximo 8 de abril, días después del encuentro entre el dirigente heleno y la canciller alemana Ángela Merkel.
Tsipras aceptó una invitación para viajar a Berlín el próximo 23 de marzo, en medio de tensas negociaciones en el seno del Eurogrupo y en las que el gobierno alemán trata por todos los medios que Atenas acate la imposición de medidas de austeridad.
La asfixia económica a Grecia por los países de la eurozona movió al ejecutivo griego a multiplicar sus contactos con otros estados en busca de ayuda, y en ese sentido el portavoz gubernamental, Gabriel Sakelaridis, señaló que en la visita a Moscú "el tema de la liquidez también estará sobre la mesa". Tsipras fue originalmente invitado a visitar la capital rusa con motivo del 70 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, el 9 de mayo, pero su visita se adelantó un mes por iniciativa de Atenas ante la difícil situación económica que atraviesan las cuentas del país.
A su vez el gobierno ruso anunció hace unos días su disposición a prestar apoyo financiero a Grecia si así se lo solicitaba y a ampliar la colaboración bilateral entre ambos países.
Con motivo del anuncio de este viaje, Sakelaridis indicó que "esta será una reunión con asuntos de importancia y no solo de imagen".
Trabajadores de VIOME y la Iniciativa de Solidaridad piden apoyo internacional, frente a la amenaza inminente de liquidación de la empresa autogestionada
La lucha de VIOME por la autogestión se encuentra de nuevo en una encrucijada. Después de que la empresa Lafarge consiguió, el verano pasado, que VIOME se declarase en quiebra, el nuevo síndico, conspirando con el ex propietario, pretende liquidar la empresa. El juicio del 23 de marzo será importante para el futuro de VIOME. Por supuesto, estamos decididos a permanecer en la fábrica ocupada sin importar el fallo del juez, no obstante tenemos por delante una importante batalla legal y tenemos que movilizar todas nuestras fuerzas.
¿Cómo podéis ayudar?
1) Leer y reenviar el comunicado más abajo (en castellano y en inglés). Enviar adhesiones: Nombre de persona o de colectivo, lugar.
2) Enviar un corto mensaje de solidaridad a los trabajadores de VIOME que se traducirá y se leerá en la protestas de los días 20 y 23 de marzo.
3) Enviar una foto de vuestro colectivo con una pancarta de solidaridad con VIOME y con el nombre y lugar del colectivo. Se publicará en nuestra página web.
Por supuesto podéis hacer una de estas acciones o las tres si queréis.
Por favor, enviar adhesiones, mensajes o fotos a esta dirección hasta el jueves 19 de marzo.
Los trabajadores de VIOME en Tesalónica, Grecia, han plantado cara al desempleo y la pobreza, llevando a cabo una larga lucha para autogestionar la fábrica ocupada en condiciones muy adversas. Desde hace dos años, han estado produciendo y comercializando productos de limpieza ecológicos en la fábrica ocupada, garantizando un modesto ingreso para sus familias. Han estado trabajando en condiciones de igualdad y decidiendo colectivamente a través de la asamblea. Al mismo tiempo, han recibido una gran ola de solidaridad desde Grecia y el extranjero, convirtiendo su lucha en una lucha emblemática para la dignidad humana en Grecia en plena crisis.
Los ex propietarios de la fábrica, la familia Fillipou, nunca han dejado de intentar obstruir el proceso, presentando obstáculos legales en cada paso del camino. Hace cuatro años abandonaron la fábrica, apropiándose de todos los beneficios y dejando una deuda de cientos de millones de euros hacia los trabajadores, condenando a sus familias a la pobreza y la miseria. Hoy vuelven a aparecer, conspirando con los síndicos y el sistema judicial con el fin de liquidar la empresa.
Mientras que los ex propietarios fueron condenados a 123 meses de prisión en primera instancia por los millones de euros adeudados a los trabajadores, el tribunal de apelaciones redujo esta condena a 43 meses de sentencia suspendida, absolviendo, en efecto, a los ex propietarios de tener que compensar a los trabajadores.
Al mismo tiempo, el 23 de marzo se celebra un nuevo juicio, donde se evaluará la petición del administrador de liquidar la maquinaria y las instalaciones. Si el tribunal falla a favor, los grandes intereses financieros e inmobiliarios tendrán la oportunidad de poner un pie en la fábrica de VIOME.
Los trabajadores de VIOME y el movimiento de solidaridad nacional e internacional estamos decididos a resistir una posible venta con cualquier medio disponible. El viernes 20 de marzo llevaremos a cabo una protesta en el centro de la ciudad de Tesalónica, con un mercado de agricultores y la venta directa de los productos de VIOME al público. El lunes 23 de marzo nos reunimos frente al Palacio de Justicia, para protestar contra la intención de los administradores y de los jueces de liquidar la empresa y sus instalaciones, condenando así a los trabajadores y sus familias al desempleo y la miseria con tal de servir a los intereses de los poderosos.
Además declaramos que, independientemente de la decisión del tribunal, estamos decididos a mantenernos firmes y defender la fábrica de VIOME, un lugar de trabajo que se mantiene vivo gracias a la determinación de los trabajadores y la solidaridad de la comunidad más amplia. Nos negamos entregarla a los poderes judiciales, que se han negado en repetidas ocasiones a impartir justicia para los trabajadores y los más desfavorecidos.
Nuestro destino está en nuestras propias manos, gestionamos nuestro trabajo y nuestra vida nosotros mismos. No vamos a permitir que nadie destruya lo que hemos construido con tanto esfuerzo. Declaramos a los jueces, a la policía, a los síndicos, a los ex propietarios y a aspirantes compradores: