Libro: El rostro del invierno
DEAR READER
Not today Justin

⁂

JVL
trying on a metaphor
Sade Olutola
will byers stan first human second
Xuebing Du
Stranger Things
Lint Roller? I Barely Know Her
wallacepolsom
occasionally subtle

Janaina Medeiros
Misplaced Lens Cap

if i look back, i am lost
2025 on Tumblr: Trends That Defined the Year
noise dept.

sheepfilms

seen from Italy
seen from T1
seen from Uruguay
seen from Lithuania
seen from T1
seen from United States

seen from Malaysia

seen from Vietnam

seen from T1
seen from United States
seen from Germany

seen from T1

seen from United States

seen from United States

seen from Spain

seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from Uruguay
seen from Brazil
@dashtengeriott
Libro: El rostro del invierno

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Una muestra de mi libro, que ya se puede comprar en tapa blanda desde cualquier país. Espero que les guste.
En setiembre del año pasado, publicamos «El rostro del invierno» en su versión digital. Por entonces también conocíamos la noticia de que su
Libro: El rostro del invierno
Mi libro ya se encuentra disponible en tapa blanda y con envíos a cualquier país. Como dije hace ya varios meses, esta es mi forma de despedirme de este mundo maravilloso que es la literatura. Han sido años preciosos. Un abrazo a todos.
Clic aquí para ver el libro.
Por cierto: si alguien se anima a pedirlo, siéntase con la libertad de enviarme una fotografía con el libro.
- DG
De mi libro «El rostro del invierno». Pronto estará disponible en formato físico.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Muchas gracias por todo, lectores. Han sido más de cinco años maravillosos. He recibido más cariño y admiración de lo que esperaba y eso me hace sentir muy afortunado.
Tendrán noticias de mí muy pronto. Espero que este sea un año mil veces mejor que el anterior. Un abrazo a todos.
Con cariño: Dashten.
Mes doce
Él:
He pasado horas tratando de encontrar las palabras adecuadas para comenzar a escribir. Es curioso cómo, aun lejana, todavía tienes influencia en mí. Me han embargado sentimientos encontrados —aunque familiares— después de leerte. Te he leído en la intimidad de mis secretos, saboreando cada palabra a oscuras, a la luz de una vela y en silencio, como se disfruta un placer prohibido o un crimen inconfesable. Muy pocas cosas me inspiran esa clandestinidad y tu respuesta ha sido una de ellas, sobre todo por la parte que me toca, pues, a veces, cuando uno sufre, piensa que nadie puede entender su dolor, hasta que la otra persona —que es la misma que causa ese pesar— rompe el silencio y descubrimos que en su historia somos equivalentes; es decir, le causamos el mismo o incluso más dolor del que nos causó.
Eso es algo que ya me temía pero que al leerte he podido confirmar. Y no me enorgullece, aunque tampoco me provoca ningún conflicto con mi conciencia. A los dos nos tocó una dosis de sufrimiento, una herida que se volvió cicatriz. Eso es algo que, a estas alturas, resulta ineludible. Después de una guerra siempre quedan secuelas, y los dos lo sabíamos. Lo que determina que ese dolor permanezca o se borre es cuántas veces volvemos a tocarnos la cicatriz. Me alegra que hayas encontrado a alguien que te haya ayudado con el proceso de curación, que te haya hecho olvidar las noches que pasaste rompiendo en llanto, maldiciendo a todo y a todos, pero sabrás también que yo no he corrido con la misma suerte, que todavía soy incapaz de pronunciar tu nombre sin que me tiemble el alma, que todavía eres una herida sin sanar, al menos del todo, y no, tampoco me enorgullezco de eso.
Hoy quiero serte sincero también. Y quiero decirte que te equivocas. Te equivocaste cuando dijiste que no entendía que no hayas podido estar con nadie porque terminaban perdiendo ambos al estar yo ahí, en forma de recuerdo; te equivocas porque lo hago, porque te entiendo, pues he pasado por algo similar. La diferencia es que yo a ellas no las comparo contigo, no me hace falta. Sólo paso de largo, porque doy por hecho que no van a hacerte justicia. Nunca.
Siempre he envidiado esa capacidad casi intrínseca que poseen algunos para visitar esos espacios de su memoria donde viven personas que alguna vez quisieron con el alma y pasar de todo ello con total indiferencia. Es como si el recuerdo no surtiera ningún efecto emocional; todo lo contrario a lo que pasa conmigo, cuando cada palabra tuya me devuelve a los primeros días del final, esos días llenos de incertidumbre en los que no dejé de preguntarme si acaso lo que acababa de hacer era o no lo correcto, qué sería de ti y de mí a partir de entonces, cómo íbamos a tratarnos, de qué manera dirigirnos la palabra, o si acaso era mejor clausurar este mutuo acuerdo de correspondencia y olvidarnos del todo, como si nunca hubiésemos existido para ambos, como si no nos hubiésemos cambiado la vida, aunque sea un poco.
Yo no puedo y perdóname por no pensar todavía de ese modo. He pasado tanto tiempo de mi vida a oscuras, alejado del mundo, hasta que llegaste a rescatarme de mi propia desidia, y es por eso que se me hace difícil olvidarte, admitir que tú, la única persona por la que hubiera dejado tanto negativismo, ahora estás con alguien que seguramente nunca podrá quererte en tantos aniversarios con la misma intensidad que yo fui capaz de quererte en un día, en unas horas, en unos minutos. Te he escrito tanto que, más que hacerte inmortal para el mundo del arte, te hice inmortal para mí, para sufrirte a solas, echarte de menos, buscando en mi aliento la calidez de tu boca, buscando en mis dedos el rastro de tu piel, que a estas alturas sospecho que ya ha olvidado mi tacto.
Te he inmortalizado tan hermosa y dolorosa, tan bella y cruel, como si fueses la personificación de los sueños de un poeta maldito, de un escritor herido de abandono y pérdida que cambiaría su alma por un bálsamo que acalle el infierno de su mente con tal de no tener que soportar aquella distancia que ahora nos separa más que nunca, porque no es una distancia de kilómetros solamente, sino de vidas. Nos separan las vidas que quise vivir contigo; nos separa la vida que ahora llevas sin mí. Pero quiero que sepas que no me arrepiento, porque en algún momento eso fue lo que más deseé hacer y ha sido la fuerza de las palabras lo único que me ha salvado de la desesperación y la tristeza que todas las noches me hablaban con tu voz de viajes y futuros. Gracias por la respuesta, pues he querido reconciliarme con este vacío que dejas porque ya no quiero estar en guerra con este miedo, con este fracaso que ya no tiene razón de ser, porque incluso las derrotas se vuelven livianas cuando aceptamos que quien las provoca ya nunca más volverá a nosotros. Deseaba redimir el dolor y con tu respuesta me estás ayudando también, como antaño. Eres ese breve aliciente que antes despertaba tormentas y que ahora protagoniza esta redención que me faltaba.
Gracias, Erika, por la paz que me entregas, pues sé que, aunque nunca voy a olvidarte, tampoco quiero hacerlo. Seguirás siendo el aura feliz y nostálgica con la que decore mis textos. Seguirás apareciendo en mis líneas, a veces explícita, otras veces escondida, fragmentada o entera, con el mismo rostro y otro cabello, con la misma mirada y otros ojos. Es una de las cualidades de ser musa: nunca te irás del todo, nunca serás olvidada ni por mí ni por quien me lee, aun si quien me lee te pone otro nombre o te dibuje con los recursos de su propia mente. Seguirás estando ahí cuando te llame o invoque las sensaciones que me regalaste, y yo continuaré encontrando tus formas en las siluetas que forman parte del decorado de esta habitación oscura en donde flotan mis recuerdos en forma de niebla y lluvia de imágenes mudas.
Dentro de todo, sé que algún día también seré feliz. No es una promesa sino la seguridad de un porvenir. Seré feliz porque de alguna manera me lo merezco, y encontraré a alguien que por fin logre disipar ese encanto tuyo que todavía me invade, y rompa esa cadena que me ata todavía a tu recuerdo, hasta proclamarse musa sempiterna, porque sé que nunca voy a dejar de escribir. Sé también que la voy a querer como siempre quise quererte y como nunca pude. La voy a querer incluso mil veces más, porque uno siempre valora a quien viene con intenciones de construir un futuro, de quedarse a afrontar riesgos, a ceder incluso parte de sí con tal de que los planes llevados a cabo funcionen como deberían. Mientras tanto, sigue siendo feliz, que algún día estaré en el mismo camino, y podré mirarte sin sentir que te estoy perdiendo de nuevo, una y tantas veces. Sólo entonces te convertirás en una herida que por fin habrá sanado.
Con cariño,
Dashten Geriott
Mes doce
Ella:
Espero que te encuentres bien. Quiero que sepas que te recuerdo con cariño, que no te guardo rencor y que cada día le pido a Dios que pueda dotar a tu alma de esa felicidad que hoy siento. Porque sí, hoy soy feliz, y no ha sido fácil. Hoy te escribo, además, porque ya es hora de que sepas cómo se ve toda esta situación desde mis ojos. Leo en tus cartas que te duele que me haya ido, pero, querido, te recuerdo que en la totalidad de nuestra historia hubo varias despedidas. Sí, yo fui protagonista de la primera, pero, ¿acaso ya no recuerdas quién decidió poner punto final a todo esto de la noche a la mañana? Aquel domingo veintiséis de febrero de hace tres años que se convirtió en el peor día de mi vida. Todo marchaba bien, ¿por qué te fuiste? Estábamos construyendo un futuro, ¿cuál fue tu prisa?
No sé qué impresión te causé en aquellos días, pero que sepas que todo esto también resultó difícil para mí. Tuve que seguir con mi vida, aun sintiendo que me arrancaron parte de ella con nuestra despedida, que ha sido la situación más jodida que he vivido en mucho tiempo; ni siquiera otras situaciones todavía más aterradoras se comparan con la tristeza que llegué a sentir. Las primeras noches —y en realidad hago referencia a muchos días— fueron realmente angustiantes. ¿Crees que yo elegí perder a la única persona que estaba conmigo? Y lo peor fue que no te perdí sólo a ti, me perdí a mí misma en muchas otras áreas. Esas noches hoy las describo con una sola palabra: llanto. Cada cosa que recuerdo, cada página que leía de los libros que escribiste, cada letra y palabra tuya me estaban matando, no podía casi dormir.
¿Te parece fácil el hecho de que me levantara cada día con los ojos muy hinchados, sin poder explicar el porqué? Nuestra despedida alteró mi rutina. Los días siguientes me fue mal en todo. Perdí mis exámenes académicos, tuve peleas, no tenía ánimos para nada. Yo acepto y entiendo que para ti también ha sido difícil, y aunque admito que merecí toda esa agonía por lastimarte, debes saber y tener la seguridad de que no sólo tú quisiste con el alma. Me dediqué a buscar el modo de olvidarte, porque te convertiste en una cicatriz, no voy a mentirme. Al leer tus cartas en estos meses angustiosos he deseado con todas mis fuerzas que no caminaras sobre el dolor descalzo, que te apoyaras en alguien si eso te ayudaba, que amaras a otra mujer si eso te hacía olvidarme, que escribieras y mostraras tu alma, que hicieras cualquier cosa, pero que no te hundieras porque, cuando lo hacías, me hundías también a mí.
Sí. Deseé todo eso porque yo intenté también hacerlo. Quise darme la oportunidad con otros hombres, pero fue sido inútil. ¿Y sabes cuál fue el problema? Que tú me malacostumbraste tanto, me inmortalizaste de una manera tan increíble, que parecía que aquellos que venían a mi vida no me querían. Es que nadie había hecho por mí lo que tú hiciste, y por un momento tuve la certeza de que nadie iba a hacerlo. Que yo no iba a poder inspirar a alguien tal importancia como en algún momento te la inspiré a ti. Me ilusioné con quien vio en mí sólo defectos, que me hizo sentir como la peor mujer del mundo; nunca creyó en mis palabras, ni en mis gestos, ni creyó en la sinceridad de mi corazón. Después de eso decidí no tener nada con nadie porque me volví más exigente, peor, difícil de querer. Tú no lo entendiste en su momento, y tampoco espero que lo hagas ahora, pero que sepas que la razón por la que me quedé sola tanto tiempo fue porque, a cada hombre que venía a mi vida, lo terminaba comparando contigo, y siempre terminaba perdiendo él, perdiendo yo también.
Luego llegó el punto de quiebre, porque nada malo dura para siempre. No diré que apareció de sorpresa, pues ya lo conocía del trabajo, y todo se fue dando de manera sutil pero certera. Quise que formaras parte de esta aventura, aun sin protagonizarla. Quise contarte mis primeros temores, mis primeras ilusiones, mis sospechas. Quise que fueras mi apoyo, esa persona en la que confiar. Nunca estuvo en mis planes perder tu amistad, pero luego comprendí que no soportabas la idea de verme con alguien más, y por eso decidí irme de tu vida, porque ya estaba harta, querido, de las amistades con intereses. Nunca me viste como una amiga, ni al inicio ni al final, y yo no puedo estar con alguien que me ve siempre como un destino y no como el camino. He de decir que lo mío con él no fue un amor a primera vista, pero las siguientes vistas sí que fueron la confirmación de ese amor. Toca el teclado, canta y quiere bonito. Su lado artístico es lo único que puedo encontrar en común contigo. No es una comparación, sino un equilibrio de cualidades. Y con esto quiero darte a entender que tú también encontrarás a alguien que llegue a tu vida a ordenarla, a quitarle ese mal rato que pasamos, al margen de la culpa de ambos. Eres joven, aún puedes hacer muchas cosas; eres el dueño de tu destino, y ante mis ojos eres un hombre que está aprendiendo a convivir con este tipo de experiencias, y no es malo sentir dolor, echar de menos. Pero no te martirices.
No te veo como el culpable, como el idiota que no supo valorar lo que tenía y que alguna vez dijiste ser. Yo en ti siempre he visto una luz preciosa, aun cuando me quitaste de tu vida, y no quiero que esa luz se apague. Sigue escribiendo, sigue soñando, sigue creyendo, que en ti todavía vive ese ser maravilloso de cuya inocencia y bondad siempre me he sentido indigna, hasta que aprendí a aceptarlas. Escribe porque yo siempre voy a leerte y lo sabes, pase lo que pase. Tú me enseñaste a quererme, a no tenerle miedo al amor, a ver en mí aquello que ni siquiera sabía que tenía. Me he querido más y mejor a través de ti, eso es algo que siempre voy a agradecerte.
Recientemente fue mi cumpleaños y creo que lo recuerdas, porque, contrario a lo que pasa conmigo, tú sueles recordarlo todo. Lo que no sabes, seguramente, es que ese mismo día también cumplimos un año de casados. Él sabe complacerme, es un buen amante, un buen hombre. En ocasiones he caído en la tentación de compararlo contigo y por primera vez no siento que pierde. Y quiero que sepas que, ahora con él, me he propuesto a creer en el para siempre. No planeamos hijos, al menos por el momento, pero tenemos una gata a la que adoramos. Hemos ido a muchos lugares juntos. A su lado me siento protegida y segura, y a estas alturas —te juro con el alma—, no quiero ni deseo otra cosa.
Nunca voy a negar que te quise, que quise este presente contigo, pero las cosas se dan con la inercia de la vida, las circunstancias, y no siempre con nuestros deseos o decisiones. No te miento: tuve miedo al inicio, pero ya no. Hoy sólo estoy agradecida. Agradecida con Dios, por lo que vivimos y dejamos de vivir. Por lo que iniciamos y terminamos. Por todo lo fugaz y permanente. Por todo lo que me entregaste, por todo lo que hoy soy gracias a ti, pues tú marcaste mi vida, y eso lo sé porque, pese a mi mala memoria, te sigo recordando con cariño, sigo viendo salir a flote muchas de las cosas que me enseñaste. Deseo de todo corazón que algún día seas igual o más feliz que yo. A fin de cuentas, esa es la razón por la que vivimos, para ser felices.
Con cariño,
Erika.
Mes once:
Recuerdo la parte final de tu última carta:
«No quiero que me olvides, pero sí que entiendas que el amor no es una competencia, y que no se trata de ganar o perder sino de aprender que nadie está para cumplir las expectativas de nadie; las personas no somos un amuleto o un juego de azar en el que, apostando a la suerte, debes confiar el próximo motivo de tu felicidad. Tu error más grande fue ponerme en un pedestal tan alto que ni tú mismo pudiste alcanzar luego. No te odies, no te recrimines. En algún momento tuvo que pasar y no es tu culpa, aunque tampoco la mía, y espero que algún día llegues a entenderlo».
Lo leí tantas veces que me la aprendí de memoria. Pensé en odiarte, en maldecir tu existencia como se maldice lo que alguna vez se amó con toda el alma, pero durante un momento recordé que antes de causarme dolor también me diste una razón para amar la vida, y entonces volví a quererte. Pero quererte de una manera distinta, como se quiere a un sueño que lentamente se va mudando al país de la indiferencia, o como se quiere un préstamo: disfrutando del beneficio, pero olvidando que lo tenemos que saldar en algún momento. El amor es una transacción engañosa, un negocio con demasiadas letras pequeñas que nunca leemos.
Muchas veces me he preguntado si te di razones para irte o si las buscaste en cualquier nimiedad a modo de pretexto. Pero supongo que cuando el amor se apaga, se van también los detalles, se retiran ciertas palabras hasta dotarnos de una personalidad indiferente, y nos vamos amoldando, casi sin darnos cuenta, a la falta de gestos, hasta que llegamos a una planicie que, de manera inconsciente, nos hace pensar que todo transcurre con normalidad y finalmente nos quedamos solos, sin saber por qué. Luego me di cuenta de que ese lenguaje que alguna vez nació con nosotros también se extinguió, aunque paulatinamente, porque nada cambia así de pronto; todo fue una transición lenta, casi imperceptible pero sistemática; fue tan sutil que cuando lo noté ya era tarde, porque te fuiste en silencio, poco a poco, como se disipa una sombra al alba. Te fuiste antes de que notara tu ausencia, antes incluso de aquel adiós que marcó el inicio y el final de dos vidas, ambas mías, porque la vida que me trajiste se fue contigo, y se quedó esta nueva vida sin ti, con la que aún no sé qué hacer más que alargar el tiempo de la espera.
Porque aunque te vistas con otras manos, aunque nuevos veranos te reciban en hoteles y playas, aunque olvides mi nombre besando otras bocas, has de saber que aún existe aquel que te desnudaba al alba con esa ingenuidad de creer que en tu piel se encontraban todas las respuestas. Te he perdido, y en las noches tu rostro todavía se perfila en las sombras de mi cuarto, como si supieras que te sueño a escondidas, como si fuese un crimen, porque me duele la ausencia y ese dolor sólo se va cuando regresas entre ecos y niebla, aunque sea para recordarme que en realidad nunca vas a irte, y que has dejado tu rastro indeleble en forma de recuerdo.
Hoy te escribo porque más que enemistarme con mi memoria lo que busco es pactar un acuerdo tácito de convivencia, pues he entendido que la memoria no entiende de límites ni tú de olvidos. Te escribo para hacerte saber que aunque te espere no quiero que vuelvas, ni que traigas de vuelta tu tacto que alguna vez me hizo olvidar que no era feliz ni lo iba a ser nunca. Quédate con tu nueva vida, amando a quien se merezca más que yo tu cariño, porque de este lado del mapa no hay más rutas de vuelta, no hay planes de retorno ni reencuentros pactados. No existe nada que me disuada a considerar esas posibilidades que para mí ya están muertas.
Sólo espero que al leerme entiendas que eres inolvidable, y que aunque los meses pasen y los años me pesen, algún día volveré a verte y ya no voy a sentir nada en absoluto, como si fueses una desconocida. Me parece justo que ese sea el final para los villanos que comenzaron siendo amantes.
Dashten Geriott
Mes diez:
Ya no sé si volveré a verte, al menos de la misma forma. No sé si mañana, cuando se vayan tras de ti mis miedos y aprendas a convivir con ellos, al verte yo siga deseando que el invierno nos encierre juntos. No sé si seguiré sintiendo lo mismo, o si acaso esta vida que se acaba terminará por corroer todo lo bueno que me queda. Seguramente tú para entonces serás feliz, y el rostro te habrá cambiado, amoldado a otros besos, a otras caricias, como si mis huellas hubiesen desaparecido con el paso de un tiempo que llegó en forma de otras manos. Te habré perdido. Eso es seguro, porque desde que te fuiste supe que nunca habías llegado por completo. Me hiciste extrañarte, o acaso yo no supe hacer otra cosa, sólo quedarme quieto, con esa incapacidad que nace tras ver cómo ese mundo que vino contigo se consumía lentamente. Luego quise volver a ser feliz, y te busqué en vano, porque en realidad nunca busqué donde realmente estabas, sino donde me llevaba tu esencia, arrastrándome tras tus pasos por las calles de mi memoria, en esa ciudad que no se parece en nada a la nuestra. Y te encontré, claro. Pero no eras la misma. Y aprendí a verte sólo en esos viajes, con vistas a una urbe demasiado grande para nosotros, una urbe que sólo existe en el recuerdo.
Hoy ya no sé si todo lo que soñamos volverá a nosotros algún día, o si mañana estarás tan bella como cuando te fuiste, pero sí sé que dolerás lo mismo, como si estuvieses yéndote constantemente, dejando las despedidas atascadas en tus recados pendientes y maldiciendo haberme conocido. Seguirás tan hermosa como cuando supe que tu sonrisa iba a dolerme por todas las veces que soñé con ella, abrazando a esa esperanza de verte volver un día, como reconciliándote con nuestros planes, como queriendo quedarte para siempre.
Dashten Geriott

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Mes nueve: Una de las cosas que tuve que aceptar una vez que te fuiste fue que por mucho que te recuerde no voy a lograr materializarte. Podrás imaginar que es una obvia tontería, o una tonta obviedad, pero lo cierto es que cuando te fuiste todavía podía materializarte deambulando por los matorrales del jardín afuera de casa, en las sombras nocturnas que la luna apenas conseguía pintar de plata. Te materializaba en sueños y te hacía mía, porque bien sabrás que al dolor de la pérdida sólo le queda el placer de los deseos imposibles, como un consuelo estúpido, igual que buscarte en otras mujeres. He de admitir que las he visitado una a una —a las mujeres, me refiero—, y traté de que fueran siempre tan contrarias a ti, de esas que tan mal te caían. Te busqué en ellas, desde luego, no por el parecido, sino porque sé que nunca las habrías aprobado y yo siempre fui de ganarme más rápido tus reproches que tu apremio. Ahí también te materializabas. Tu odio podía percibirse en cada caricia, en cada beso ajeno, tatuando con tu ausencia las pieles que nunca serían mías, aunque estuvieran en mis manos. Las amé —o eso quise creer— como intentando ralentizar el dolor de una espera prolongada. Te percibí en las noches de insomnio revestido de recuerdos, cabalgando en utopías que siempre llegaban a desvanecerse si le echaba un vistazo a esta realidad sin ti. Pero ahora no. Ahora todo ha cambiado. Ahora no te encuentro si no es en los libros, y cada lugar que vio tu sombra me devuelve únicamente un suspiro de nostalgia. No te veo en otros cuerpos. Ni siquiera tu odio y tu reproche me martirizan la conciencia. Escribo para poder decirte de alguna forma que cada vez te pareces más al olvido, más a una herida de infancia, con una cicatriz que deja marca pero no dolor. Cada vez estoy más cerca de perderte definitivamente. Y sé que lo mismo soy para ti, porque cada vez te veo ya no eres la misma, ya no me devuelves esa mirada que me llamaba en silencio, y me temo que has aprendido a olvidarme también, porque aunque me duela he llegado a aceptar que no soy eterno, ni siquiera para que me recuerden. Los últimos golpes de esperanza que recibo es cuando a veces siento vuelves a decorar con tus uñas mi espalda, escribiendo promesas, trazando surcos infinitos de placer y gloria. Pero no es verdad, porque ninguna mujer ha de iluminar la penumbra que me dejas, aunque desaparezcas poco a poco, aunque te marches para siempre.
Dashten Geriott
Recién me percaté de que estás por marcharte, ¿cómo es eso posible? :( leerte me es fascinante, aún si a veces no puedo estar al pendiente siempre termino regresando para leer cada uno de tus escritos y todos vuelven a gustarme como la primera vez que te encontré ): te convertiste en uno de mis escritores favoritos, espero que tu partida no sea definitiva y de vez en cuando regreses para permitirnos leerte, entiendo que quizá tengas otras metas pero por favor, no te vayas al completo, cuídate এ
Muchas gracias por tus palabras. Como mencioné antes, no descarto volver, pero tampoco puedo adelantarme a nada. Creo que las cosas han de darse de manera fluida y ya veremos lo que ocurre más adelante.
Nuevamente, muchas gracias por tu consideración. Un abrazo.
Eso de dormir me sale mejor contigo.
Dashten Geriott
Mes ocho: Nada. Eso es lo que siento. Como una corriente de aire que, siendo invisible, todavía logra fluctuar las llamas que me consumen desde dentro. Nada: un sentimiento vacío, de alcance insospechado, que sin permiso logra trazar los caminos que abriste en mi vida hasta hacer que cada resquicio, que cada resquebrajadura, que cada grieta me haga pensar en ti, en tu manera de quererme como si cada día fuera el último, porque tus besos siempre sabían a despedida. Nada: un volcán de ironía, de espacios prestados a la pena, de espejos rotos que todavía me devuelven tu sonrisa hecha pedazos. Nada: una mentira como todas las veces que dije que no te echaba de menos. Ahora nada me sabe a todo porque te pienso; ahora pensarte me duele porque te quiero, y no puedo dejar de quererte porque soy incapaz de olvidarte. Y cada uno de estos meses ha caído por su propia inercia, ya son ocho los mundos que intenté construir sobre las ruinas de mi mente, y se han venido abajo, todos y cada uno, como piezas de dominó mal colocadas. Te quiero porque no te olvido, no te olvido porque me marcaste, me hiciste recordar por qué nunca amé a nadie antes, precisamente por el miedo de entregarlo todo y quedarme en la nada. Pero en mi vida como en la de cualquiera, toda lección queda subordinada por la evidencia empírica: nos mentimos porque queremos sobrevivir, nos mentimos porque duele menos, y esto lo supe porque al irte no me quedé sin nada, no me dejaste vacío. Fue lo mismo que estar contigo pero sin ti, y aparte de eso, la única diferencia es que todo lo que antes me traía calma ahora me atormenta. Si te ibas, te hubieras llevado todo, todo lo que ahora se disfraza de nada, de vacío, de ausencia. Porque estás en todas partes y no puedo, no puedo dejar de quererte.
Dashten Geriott
No sé si ya lo han preguntado, pero si te vas... ¿en dónde podré leerte después? :(
Probablemente podrás encontrarme en Sexta Fórmula. Sería cuestión de seguir el blog con una cuenta de WordPress.
El día que deje Tumblr la mayoría de mis textos ya estarán ahí. Dudo publicar algo nuevo, pero si lo hago, sin duda mi primera opción será ese portal web.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Que se te va a echar de menos, tu blog siempre ha sido y sera, una de mis partes favoritas de Tumblr. De verdad que anhelo te vaya bien en todo lo que te propongas y que sepas que aca siempre habra una fiel admiradora de tu trabajo desde que se concibió mi existencia en tumblr.
Muchas gracias por tus palabras. Que tus buenos deseos se multipliquen para ti.
Hasta que llegue el día en que tenga que irme, será un placer continuar compartiendo lo que escribo y que estés ahí para leerme. Un abrazo.
¿Vas a eliminar tu blog? ¿A que te vas a dedicar luego? Voy a echar de menos leerte, era uno de mis pasatiempos, incluso si ya no estabas publicando con tanta regularidad...
Te lo agradezco.
Pues tengo algunos proyectos que no están relacionados con la literatura. Es posible que sí termine eliminando el blog.