Hoy es un día más en el que quiero que sepas cuánto te extraño. Quiero que sepas que aquí tienes a una persona que te admira y te ama profundamente, aunque quizá aún no lo sepas. Alguien que busca la manera de estar presente en tu vida, celebrando cada uno de tus logros, acompañándote incluso cuando la distancia se interpone entre nosotros.
El tiempo pasa y los días se alejan de aquella mañana en la que nuestras miradas se encontraron por primera vez, de aquella noche en la que nuestros ojos parecían decir mucho más de lo que las palabras podían expresar. Fue algo inesperado, extraño y, al mismo tiempo, increíblemente encantador haberte conocido.
Y ahora mírame. Aquí estoy, escribiéndote todos los días, con la esperanza de que algún día leas estas palabras y sepas que, con el simple hecho de sonreír o de existir tal como eres, logras hacerme feliz. Quizá no lo imagines, pero te has convertido en una de mis mayores motivaciones para crecer, para mejorar y para ser una mejor persona.
Por favor, nunca permitas que nadie te haga sentir menos amado de lo que mereces, porque yo habría dado todo por ti. Habría dado mi tiempo, mis fuerzas e incluso mi vida con tal de verte feliz. Habría querido quedarme a tu lado, acompañarte en cada etapa de tu vida y envejecer contigo.
Prometo buscarte en todas las vidas que existan, porque siento que una sola no es suficiente para demostrarte todo el amor que guardo por ti. Este tiempo me parece demasiado corto para expresar la inmensidad de lo que siento.
Y aunque los días sigan pasando, no pierdo la esperanza de que algún día nazca algo hermoso entre nosotros. Llevo ese presentimiento guardado en el pecho, como una luz que nunca se apaga. Lo cuidaré, lo esperaré y lucharé por hacerlo realidad. Entonces podrás ver todo lo que sería capaz de hacer por ti, todo lo que he guardado en silencio y todo el amor que aún tengo para darte.
Te quiero muchísimo.
Hoy, mañana y cada día que venga.
















