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I have no proof but also no doubt that when andrew started learning russian he goes to aaron and simply says "brat"
aaron just stands there like bitch???
Gaspar felt how his father came closer and sniffed at him in a way that struck him as⌠possessive? Something like that. As if he could eat him, but for real. Though it was also affectionate.
our share of night, mariana enrĂquez
gaspar & juan Mariana EnrĂquez's Our Share of Night (2019) / Käthe Kollwitz's Woman with a dead child (1903) / David Lynch's Fire Walk With Me (1992) / Keiko Takemiya's Kaze to Ki no Uta (1976) Gregg Araki's Mysterious Skin (2004) / John Singer Sargent's Sketch for The Judgement (1895-1916)
The parallelism of the beginning taken place when they opened Juan's chest and found something there, and the beginning of the end when they opened Luis' chest to put something there

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so the manager didn't turn around to look at klara and I'm supposed to what. move on?
CASA TOMADA
Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la mĂĄs ventajosa liquidaciĂłn de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podĂan vivir ocho personas sin estorbarse. HacĂamos la limpieza por la maĂąana, levantĂĄndonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las Ăşltimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. AlmorzĂĄbamos al mediodĂa, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cĂłmo nos bastĂĄbamos para mantenerla limpia. A veces llegĂĄbamos a creer que era ella la que no nos dejĂł casarnos. Irene rechazĂł dos pretendientes sin mayor motivo, a mĂ se me muriĂł MarĂa Esther antes que llegĂĄramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta aĂąos con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogĂa asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos morirĂamos allĂ algĂşn dĂa, vagos y esquivos primos se quedarĂan con la casa y la echarĂan al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearĂamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del dĂa tejiendo en el sofĂĄ de su dormitorio. No sĂŠ por quĂŠ tejĂa tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era asĂ, tejĂa cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mĂ, maĂąanitas y chalecos para ella. A veces tejĂa un chaleco y despuĂŠs lo destejĂa en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montĂłn de lana encrespada resistiĂŠndose a perder su forma de algunas horas. Los sĂĄbados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenĂa fe en mi gusto, se complacĂa con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerĂas y preguntar vanamente si habĂa novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.
Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto quĂŠ hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover estĂĄ terminado no se puede repetirlo sin escĂĄndalo. Un dĂa encontrĂŠ el cajĂłn de abajo de la cĂłmoda de alcanfor lleno de paĂąoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercerĂa; no tuve valor para preguntarle a Irene quĂŠ pensaba hacer con ellas. No necesitĂĄbamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenĂa el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mĂ se me iban las horas viĂŠndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.
CĂłmo no acordarme de la distribuciĂłn de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte mĂĄs retirada, la que mira hacia RodrĂguez PeĂąa. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde habĂa un baĂąo, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguĂĄn con mayĂłlica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguĂĄn, abrĂa la cancel y pasaba al living; tenĂa a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducĂa a la parte mĂĄs retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allĂĄ empezaba el otro lado de la casa, o bien se podĂa girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo mĂĄs estrecho que llevaba a la cocina y el baĂąo. Cuando la puerta estaba abierta advertĂa uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresiĂłn de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivĂamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca Ăbamos mĂĄs allĂĄ de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increĂble cĂłmo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires serĂĄ una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una rĂĄfaga se palpa el polvo en los mĂĄrmoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramĂŠ; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento despuĂŠs se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
Lo recordarĂŠ siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inĂştiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurriĂł poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuchĂŠ algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venĂa impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversaciĂłn. TambiĂŠn lo oĂ, al mismo tiempo o un segundo despuĂŠs, en el fondo del pasillo que traĂa desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tirĂŠ contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerrĂŠ de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y ademĂĄs corrĂ el gran cerrojo para mĂĄs seguridad.
Fui a la cocina, calentĂŠ la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
DejĂł caer el tejido y me mirĂł con sus graves ojos cansados.
-ÂżEstĂĄs seguro?
AsentĂ.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardĂł un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejĂa un chaleco gris; a mĂ me gustaba ese chaleco.
Los primeros dĂas nos pareciĂł penoso porque ambos habĂamos dejado en la parte tomada muchas cosas que querĂamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensĂł en una botella de Hesperidina de muchos aĂąos. Con frecuencia (pero esto solamente sucediĂł los primeros dĂas) cerrĂĄbamos algĂşn cajĂłn de las cĂłmodas y nos mirĂĄbamos con tristeza.
-No estĂĄ aquĂ.
Y era una cosa mĂĄs de todo lo que habĂamos perdido al otro lado de la casa.
Pero tambiĂŠn tuvimos ventajas. La limpieza se simplificĂł tanto que aun levantĂĄndose tardĂsimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estĂĄbamos de brazos cruzados. Irene se acostumbrĂł a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidiĂł esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinarĂa platos para comer frĂos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba contenta porque le quedaba mĂĄs tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colecciĂłn de estampillas de papĂĄ, y eso me sirviĂł para matar el tiempo. Nos divertĂamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era mĂĄs cĂłmodo. A veces Irene decĂa:
-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ÂżNo da un dibujo de trĂŠbol?
Un rato despuĂŠs era yo el que le ponĂa ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mĂŠrito de algĂşn sello de Eupen y MalmĂŠdy. EstĂĄbamos bien, y poco a poco empezĂĄbamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soĂąaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueĂąos y no de la garganta. Irene decĂa que mis sueĂąos consistĂan en grandes sacudones que a veces hacĂan caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenĂan el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oĂamos respirar, toser, presentĂamos el ademĂĄn que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De dĂa eran los rumores domĂŠsticos, el roce metĂĄlico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del ĂĄlbum filatĂŠlico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baĂąo, que quedaban tocando la parte tomada, nos ponĂamos a hablar en voz mĂĄs alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitĂamos allĂ el silencio, pero cuando tornĂĄbamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponĂa callada y a media luz, hasta pisĂĄbamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soĂąar en alta voz, me desvelaba en seguida.)
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejĂa) oĂ ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baĂąo porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamĂł la atenciĂłn mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baĂąo, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. ApretĂŠ el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrĂĄs. Los ruidos se oĂan mĂĄs fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. CerrĂŠ de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguĂĄn. Ahora no se oĂa nada.
-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdĂan debajo. Cuando vio que los ovillos habĂan quedado del otro lado, soltĂł el tejido sin mirarlo.
-ÂżTuviste tiempo de traer alguna cosa? -le preguntĂŠ inĂştilmente.
-No, nada.
EstĂĄbamos con lo puesto. Me acordĂŠ de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. RodeĂŠ con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos asĂ a la calle. Antes de alejarnos tuve lĂĄstima, cerrĂŠ bien la puerta de entrada y tirĂŠ la llave a la alcantarilla. No fuese que a algĂşn pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
East of Eden đž
Aron and Cal

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âTortilla Flat,â John Steinbeck's first successful novel, was published on May 28, 1935.
the fact that steinbeckâs original title for âof mice and menâ was âsomething that happenedâ is so funny. like you finish the story and itâs like well fuck, something definitely did just happen!
like ideologically i almost never agree with most of what john steinbeck writes but he has a way of writing where you just canât help being like âso trueâ until you step back and youâre like hold up im not an alcoholic middle aged man mourning the loss of my beautiful but twisted ex wife. i donât even have an ex wife
posting out of context east of eden memes until someone reads it part 1
have I sold you yet
Me while reading candy and his dog part: well I see, this parallel with George and Lenny in a sense where they're all holding on to something that may not be the best for themselves
Me reading the ending: well. There was another parallel I should have seen coming

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steinbeck really read the cain and abel story, went âwell thatâs messed up,â and proceeded to write a 600 page novel about it
âBack in my day autism didnât exist!â
Of Mice and Men was written in 1937