Génova-Barcelona
La mejor opción que encontré para llegar a España, fue el ferry que va de Génova a Barcelona. Mi viaje por Italia llegaba a su fin y España parecía ser el destino más lógico para un hispanohablante. El ferry salía por la tarde y a la mañana siguiente yo estaba caminando por la Rambla. La Barcelona de los ochenta era una ciudad bien provinciana con mucha droga y poco trabajo. Muchos africanos vendían comida casera por un puñado de pesetas. Rápidamente aparecieron los compatriotas. La primera reacción cuando les decía que me había fugado de Rusia era: este es un chiva mandao por los comuñangas pa espiarnos aquí y ponernos malo el picao. Algunos me propusieron vender drogas asumiendo que si yo hablaba ruso y tenia una “novia” Italiana, pues yo también hablada italiano, ingles y porqué no, francés y alemán. Aunque mi presupuesto era bastante limitado, no me veía yo evolucionando en ese sector comercial. Así que pronto comprendí que España no sería mi destinación final. Antes de decidirme a explorar otras destinaciones, quise comprobar la solidez del éxito de un amigo (en realidad era amigo de mi hermano) que parecía tener viento en popa. Juanito, el búlgaro. Juanito era modelo y vivía en Madrid. Así que compré un “Ida-y-vuelta” hasta Madrid a ver que tal me iba por la capital. Ese viaje se me pareció mucho a aquel viaje de ida y vuelta a Rostov para ver a Fauzia. Solo que a Juanito nunca lo ví. Lo de viento en popa era pura falacia. De regreso a Barcelona mi nuevo destino ya estaba decido. Dirección Francia via Andorra.



















