Escapada a Venezia
Para la escapada romántica a Venezia desde Moscú, mi técnica sería la misma que ya había funcionado antes. El viaje se justificaba por una visita familial a un pariente diplomático trabajando en la embajada más cercana. Así fue en la “hermética” frontera soviética para llegar Budapest, en la menos hermética frontera húngara para llegar a Zagrev (en Yugoslavia no existía la frontera entre Croacia y Eslovenia) y en la muy porosa frontera yugoslava.para llegar a Italia. Para la entrada a Italia por Trieste, me concedieron una visa de transito. Una vez en Venezia, a pesar de los paseos en góndolas, el delicioso vino y la infinita variedad de pastas, no todo fue tan romántico ni color de rosa. Teresa pensó que estaba sacrificando mi diploma en la Lomonosov. Renara pensó que estaba organizando mi escapada para quedarme en italia (con Teresa)y en Moscú todos me buscaban. Al final, todos tenían un poco razón.
Después de unos días de farniente y merodeo por la bella península tramontina, Teresa me empujó al avión en Fiumicino y Renara vino a buscarme a Sheremetievo. Marino (que ahora es miembro del BP del PCC) y Franklyn (que ahora vive en España) llevaban tiempo vigilandome y seguro tenían como misión reunir pruebas contra mi y organizar mi explote. Esa era la principal misión de todos los estudiantes cubanos reclutados por la seguridad del estado antes de salir de Cuba (incluyendome a mi reclutado como el agente Raul). Los dos pichones de segurosos regaron la bola que yo no estaba en Moscú y cuando finalmente aparecí, ya lo tenían todo cuadrao para darme la estocada final. En una reunión expeditiva, me pusieron en la guillotina. Expulsión de las filas. A eso se adiciona el hecho que, en el control de entrada, la aduana de Sheremetievo me decomisó una revista (tipo Paris Match u Hola) bajo el concepto de introducir propaganda capitalista en la URSS. Ese incidente, provocó una nota en la bitácora de la seguridad del aeropuerto y normalmente, las “autoridades pertinentes” debieron haber sido informadas. Por suerte los burócratas del KGB tardaron meses en informar a la Embajada. Cuando eso finalmente pasó, el cimarrón ya estaba lejos.









