A ella le gusta viajar, pero esta vez no tenía mucha gana. Llegó el fin de semana y se propuso poner a leer, teletransportarse a un pequeño lugar mágico. Sin embargo, no pudo, no la dejaban. Ellos, se burlaban, se reían.
Ella, quería huir, no quería seguir sufriendo; agarró el libro, lo abrazó y sintió alivio. Huyó, partió a un lugar alejado de la playa. Ella admiro el mar, lo miró y sus pensamientos comenzaron a divagar. Se entrecruzaban, principalmente letras de canciones… “salgo mucho, a veces vuelvo” “tengo ganas de acabar con todo, ¡PUES ACABA CUANTO ANTES!" “cicatrices que me recuerdan como no quiero ser” “te has ahogado solo cuando has pasado un mal trago” entre canción y canción, se le vino la imagen de una mujer peculiar, que hace poco había conocido; Alfonsina Storni. Le vino a la mente sus poemas, uno en especial, “Yo soy más blanda que ese pobre palo, que se pudre en tus ondas prisionero.” . Su muerte, se había suicidado en el mar, las mismas aguas que ella estaba vieno en ese momento.
Se acercó a la orilla, miró a su alrededor, el lugar estaba vacío, cómo ella. Introdujo sus descalzos pies en la fría agua salada, estremeciéndose en el primer roce.
Se detuvo segundos antes de empezar una caminata a mar adentro, debido a una voz dulce, la llamaba, buscó el origen de esa extraña voz, no la encontraba. Miró hacia dónde había dejado reposar el pequeño libro sobre sus gastadas zapatillas que tanto apreciaba, la voz parecía surgir de allí; extrañada se acercó, lo tomó en sus manos y recordó que había ido allí para leer. Tomó sus cosas, se sentó en la húmeda arena y volvió a estremecerse por la fresca brisa.
Antes de zambullirse en el pequeño objeto que tenía en sus pequeñas manos, lo miró como si fuera un fresco vaso de agua cristalina en pleno desierto; lo contemplo y notó el contraste entre lo que la rodeaba y sentía; y el libro que sostenía en sus manos, que transmitía un sentimiento cálido.
Ella, intentaba concentrarse en el libro que sostenía frente sus ojos almendrados, sin embargo, no podía lograr sacarse de la mente aquellas punzantes frases. La primera lágrima no tardó en caer por su mejilla izquierda, fueron cayendo una tras otra. Volvió a escuchar una voz, era la misma voz que la había llamado antes. Le decía que no iba a estar sola, que juntas harían un viaje. A su memoria vinieron algunas personas que apreciaba y que extrañaba, necesitaba un abrazo de algunas de esas personas. Intentó sonreír, pero le salió una pequeña mueca y se puso a leer.
La cumbia la transportaba a aquellas noches festivas donde la banda de su vecino deleitaba a sus familias que bailaban en la calle cortada, al lado de las tablas y caballetes que estaban en el viejo asfalto, al ritmo de la música.
Elisa decidió ser diferente, mantenerse aparte. “Yo prefiero ser un bicho raro y no esconder su forma de ser.” Ella se identificó con la pequeña niña rubia.
“Ser soga, respirar luz…”
Ésa simple frase, la llevó un par de años atrás donde un grupo de chicos la ayudaron, la ayudan, le tiran una soga para que no se ahogue en un vaso de agua o en un mar de lágrimas. Esas personas prendieron una llamita para que ella quiera hacer lo mismo con otros chicos; por un año pudo hacerlo, sin embargo, ése espacio que le hacia bien a muchos chicos se vio suspendido por tiempo indefinido. Ella está devastada.
Inhala el fresco aire e intenta continuar la lectura sin las interrupciones que humedecen su cara.
“Mirar al otro lado del que todos señalan, que es allí donde crece la rosa inesperada.”
Un par de versos invadieron la mente de ella, que siempre divaga. “Las caras son siempre mascaras. Emiten carcajadas, con lentas muecas disfrazadas.” “me gusta los que sueñan sin careta, y no tienen pudor de sus tiernas arrugas.”
“¿Te gustan las ensaimadas?”
Un viaje inundó la cabeza de la joven lectora, un grupo de personas, una tempestad. Esas personas que le decían que no tenía valor lo que ella hacía. Un recuerdo dulce que le deja un amargo sabor en la boca.
Ella se vio frente a muchos recuerdos que la invadían, sin permiso, devastándola, inundándola de tristeza. Decidió dejar el resto de la primera parte para otro momento.