Ella piensa...
Ella ha tenido una semana con muchos sentimientos invadiéndola. Ella no pudo concentrarse en la lectura, aunque lo intentaba. Sentimientos, momentos, personas que pensaba que habían quedado en el pasado, venían a entristecer, a inquietar el inestable presente. Aunque estaba al borde del colapso por no saber expresar lo que sentía y pensaba, se dispuso a leer e intentar despejarse un poco, viajando con Elisa.
Ella se sentía inquieta mientras leía, los pensamientos que la estaban inquietando se comenzaron a entrecruzar con las sensaciones que sentía a medida que leía el libro. Iban apareciendo preguntas. ¿Por qué los padres de Elisa la habían “abandonado”? Ella no había vivido esa sensación, sus padres siempre estaban para apoyarla, pero también para exigirle. No cambiaría la protección ni la exigencia de sus padres por nada en el mundo. A ella con 15 años no le hubieran permitido irse de viaje sola, pero el “mundo” de Elisa era otro., uno más “liberal”.
Ella se quedó pensando, Leandro le dedicó una canción a Elisa luego de que se había buscado otra piba más parecida él para amar. Sin embargo, no le dedicó cualquier canción. Le dedicó una canción donde decía que la mujer era poesía; eso le llamó la atención a ella, poesía era lo que Elisa se refirió el día de su cumpleaños con lo de la rosa inesperada, sin embargo, él no lo había comprendido, aunque lo había intentado, muchas noches de insomnio puede comprobarlo; entonces no entendía la razón de que le dedicara esa canción.
Para ella, que Elisa no se llevará el libro con la imagen de una balanza rodeada de estrellas que Beatriz le había regalado como despedía, simbolizaba que su signo, Libra, no la identificaba, si no que la hacía sentir estúpida. Recordó todas aquellas veces que se había sentido igual, todas aquellas veces que un regalo no lo “usó” porque no la identificaba; como aquel collar de “El Principito”, que ahora si puede usar, se identifica, lo siente suyo.
Ella notaba que Elisa se mostraba un poco fría con Rufina, pero que se haya preocupado de que se caiga le haya hecho un piso con los ladrillos para cuando tenga que lavar los platos, un brote de un sentimiento cálido la invadió. Sin embargo, que luego Rufina le dijera que no creía acompañarla a la estación le volvió a dar un panorama frío, como cuando ella miraba tristemente al mar.
“Un cachorro de gato gimió antes de morir.”
Esta frase a ella le dolió en el alma, la entristeció. Recuerdos, y más recuerdos, dominaban su inestable mente; los ataques de epilepsia que sufría su mejor amigo canino, que hace ya doce años la acompaña, y la reciente muerte de su perra, que ni siquiera había cumplido un año. Quedó devastada, nuevamente.
Con un nudo en la garganta, decidió suspender su lectura y relajarse mientras tomaba una taza de café.















