ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO EN UNA OBRA DOCUMENTAL
Por Anna Tusell, escenógrafa y vestuarista de Casa
“La realidad, mejora mi imaginación”. Este ha sido mi lema a lo largo de todo el proceso creativo de Casa, tanto en lo referente al espacio escénico como al vestuario.
Ha sido mi primera incursión en el teatro documental, lo que ha hecho replantearme muchas de los hábitos de trabajo adquiridos a lo largo de los años: el contexto es diferente al del teatro convencional, ya que en este caso se trata de intérpretes que sirven como vehículos del testimonio de personas reales.
Así como los intérpretes han tenido que ser fieles no sólo al texto de las transcripciones, sino incluso a los más leves matices de voz de las personas a las que dan voz, en mi caso, en lugar de buscar una pieza de mobiliario atendiendo al contexto histórico, o con fines dramáticos o a criterios meramente estéticos, he podido preguntarle a la propia persona cómo es la silla en la que se sienta o con qué prenda de ropa se siente más identificada.
Este enfoque por parte de Lucía, este respeto por la persona representada, que dignifica al personaje, debía ser trasladado también a la elección del vestuario o el mobiliario, aunque en algún caso pudiera implicar elegir una silla menos apropiada estéticamente, o una prenda menos acorde en términos puramente teatrales. Ha sido por tanto un proceso creativo inusual, pero también muy motivador. Al derribarse la barrera del texto como una herramienta de pura creación y trabajarse desde testimonios reales, se conecta con esas historias en un plano emocional, tanto en el proceso de creación como -espero que también- en el resultado.
El hecho de que estas personas hayan compartido sus historias de forma tan íntima y generosa, impone una enorme responsabilidad a todos los que hemos trabajado a partir de este material, y esta responsabilidad, nos obligaba a ser fieles a la realidad y a los personajes de cada historia, pero no por ello debía suponer freno para construir también una estética coherente que configurara el universo de Casa.
Dentro de todo este proceso creativo, conocer a las personas que iban a ser representadas en la primera lectura del texto fue muy emocionante y enriquecedor. Poder hablar con ellos, observarles y tener la oportunidad en algunos casos de mantener la comunicación durante el proceso, me ha situado en una posición muy distinta como creadora.
Esta manera de trabajar desde la realidad, desde lo concreto de la persona, te hace reflexionar sobre ciertos estereotipos que frecuentemente manejamos a la hora de escoger vestuario, quizá con la pretensión de que el espectador pueda contextualizar fácilmente, pero que pueden empobrecer la construcción de los personajes.
Por otro lado, Lucía quería que el escenario no estuviera aforado, de manera que todos los objetos y prendas estuvieran a vista de público.
Lo que a priori parecía una dificultad, debido a la gran cantidad de objetos y prendas de procedencias y estilos tan diversos, acabó por convertirse en una de las ideas principales del espacio. Creamos unos camerinos a vista de público con todos los objetos y vestuario que narraban cada historia, articulando de algún modo una especie de casa, un hogar común donde pudieran convivir los objetos de los 30 personajes que cuentan esta historia.
Para ello forzamos ligeramente la gama de color, de manera que todos estos objetos coexistieran armónicamente y se facilitara así la identificación de los distintos personajes por parte del espectador. Es cierto que para conseguir esta unidad, en lo cromático no fuimos necesariamente fieles al objeto real, pero sí a sus características principales, intentando mantener la esencia del objeto y su componente emocional: Por ejemplo M me mandó una foto de la maleta con la que hizo el viaje de Venezuela a España y a pesar de que no era roja, como finalmente apareció en la pieza, era enorme, y esta fue la característica que mantuvimos: cuenta más el tamaño de una maleta cuando abandonas tu hogar, que no el color o forma de la misma.
Ha sido un desafío transitar los límites entre lo teatral y lo real, ya que no siempre lo real, lo estético o lo práctico van de la mano, pero creo que el conocimiento a través de las personas/personajes y sus historias ha ido guiándome para poder deambular en esa delgada línea y encontrar un camino que fuese fiel y respetuoso con esta realidad sin renunciar a la poesía del lenguaje teatral.
















