LA CASA ES EL CUERPO #investigación
“La casa es el cuerpo” me dice mi amiga Marina Santo, bailarina y coreógrafa. La frase es de Lygia Clark, artista brasileña.
Mi cuerpo es una casa. La casa de Julia.
Camino y dentro hay alguien que duerme, come, respira, escucha música. Alguien que un día decidirá salir por cuenta propia o sino, tendremos que sacarla.
Alguien que en un futuro, y cuando sea mayor y yo ya no exista, reconocerá este cuerpo mío como un espacio que habitó, el primero. Mi cuerpo tendrá un olor que no será el de nadie más. Independiente de colonias, ambientadores, contextos. Como yo reconozco el olor de mi madre, Julia reconocerá el mío. Y habrá un regazo al que volver, como hay unas llaves que siempre permanecen en tu bolso.
Me afano en limpiar mi casa con aceite de almendra. En un confinamiento de 40 días, alargo la mirada a través de la ventana, para que se ventile bien el salón. Y mi pubis es más que nunca un felpudo de bienvenida en el que sacudirse para entrar en otro espacio. Más grande, más ruidoso, más impredecible.
Imagen: Mujeres con barrigas que son casas bailan en un escenario. Niños que son huéspedes y dueños y soberanos de esas barrigas que son casas bailan en un escenario.
Y aunque pienso en los versos de Luis García Montero ( “porque el mundo es arcilla/ aquí tienes tu casa” ), suena una voz de mujer ( no sé si con o sin barriga) a un micro diciendo:
You were born.
And so you're free.
So happy birthday.
Seguro que esto Ángel Perabá me ayuda a montarlo en un pis pas.















