Con las manos en los bolsillos del traje que su madre había enviado y la espalda recargada en pared, se dedicaba a pasear sus orbes por ahora todas las personas que parecían estar entrando en crisis por la misteriosa explosión, ¿en realidad importaba cuando lo podían arreglar con tan solo unos movimientos de varita?, por inercia al sentir una presencia cerca de él, rodeo sus ojos, un tanto cansado todo aquello. — No, no tengo idea de en qué momento nos dejaran salir, si créeme que, de verdad, a mí tampoco me hace gracia y no, no sé qué pasa, es tan solo un poco de fuego. — Respondió antes de tan siquiera escuchar la pregunta, con un tono neutral, para después llevarse el vaso que había conseguido rescatar a sus labios para darle un trago, esperando conseguir con que la persona desapareciese de su vista.