willow escuchó las voces a sus espaldas, como urracas entre cacareos entusiastas, ‘cresswell, cuanta razón, hombre’, entonces risas, más palabras, ‘solo un fuego, sí, que idiotez de su parte’, más conversación que desvanecía en ruido, y ella ahí, agachada en un ovillo, sintiendo que podría vomitar su alma en ese preciso instante, por eso uno debía hacerle caso a madame pomfrey, willow se dijo que era estúpida, pesando que la noche sería tan especial que el dolor no importaría, estúpida — vaya, cresswell, que valiente de ti asumir que me importa lo que tengas que decir — y solo porque se sentiría patética de otra forma, se puso en pie, para hacerle frente al slytherin principal — ahora si les importa, cierren la boca, que ni siquiera shakespeare podría construir una frase para explicar lo asquerosamente imbéciles que son — willow sintió un tirón en el brazo, centró la mirada el rostro enfurruñado de otro slytherin, un estúpido amigo del estúpido de cresswell, le pareció que la estaba insultando, le pareció que estaba a punto de lanzarle un maldición imperdonable.
Mantuvo su mirada fija en Willow desde que comenzó a hablar, sin expresión alguna, simplemente un tanto intrigado por la actitud de la contraria, pero al notar la reacción de su compañero de casa, inmediatamente colocó una de sus manos en su pecho, deteniendo en seco cualquier idea que pasaba por su mente. Detestaba los instintos neandertales que solían tener, ¿acaso no estaban viendo a la misma chiquilla pálida frente a ellos? — Suéltala. — Indicó, a lo que recibió argumentaciones del porqué debían que poner en su lugar a la águila, pero a pesar de aquello, no cambió su posición, solamente llevó sus orbes a la serpiente. — Ahora. — Lo intentó una segunda vez con un tono de voz que advertía que no habría una tercera. Finalmente, bajo su mano al observar como el tercero dejaba ir a la muchachita, para después recuperar su pose inicial devolviendo sus orbes a la contraria. — Y que presuntuoso de ti creer que me dirigía a ti, Dursley, no te des tanta importancia, ¿quieres, primor? — Sugirió mientras levantaba las comisuras de sus labios, regalándole una sonrisa de lo más tranquila, poco le importaban sus llamados amigos o el caos que se presentaba en aquel instante, solo deseaba poder volver a su habitación y alejarse de todo aquel bullicio. — Ah, y en lugar de venir a discutir con estos tan grandes imbéciles, ¿por qué no te aseguras de tomar tu poción de la noche?, se nota que te hace falta y no queremos que le hagas honor literal a tu nuevo apodo, leyenda. —