"Es que tiene sentido." Por un segundo, dejó que su mirada cayera en el vaivén de las ramas del árbol, ordenando sus pensamientos. Su atención se dividía, entre lo que pasaba en su cabeza, y las palabras que su compañero le dedicaba. Volvió su mirada a él. "Tiene sentido con su comportamiento, también. ¿Los viste juntos? ¿En la plaza? Era como— como..." Trataba de ilustrar al otro lo que vio, pero las palabras le huían como los pueblerinos a los extranjeros. Dios, cómo le costaba concentrarse. Inhaló, al mismo tiempo que su cara caía sobre sus palmas. Al exhalar, una queja abandonó su garganta, agitando su propio cabello con los dedos. Se lo tironeaba, pero de la frustración, podría arrancárselo. De pronto, se puso de pie. "Es como si las palabras no vinieran a mi cabeza. ¡No estoy presente!" soltó, y aunque era al aire, bien podría ser Maven el blanco de sus palabras. Inhaló, exhaló, inhaló, exhaló. Tenía que controlar su genio, pero era más difícil cuando había pasado una mala noche. Se humedeció los labios, y cuando parecía más tranquila, volvió a intentarlo. "Lo que quiero decir es..." inició, "todo el pueblo actúa como una unidad. Si todos creen en lo mismo, y están aquí aislados del resto del mundo..." Utilizó un gesto de su mano como el conector con la siguiente idea, no lográndolo con sus propias palabras. "¿Seguirán ciegamente al líder? ¿Harían lo fuera por él? Cuando estaban juntos, daban esa impresión, pero quién sabe..." Ahora parecía debatir sus propios argumentos consigo misma, pero verbalizar todo ayudaba. Lo pensó, picando con la punta de su índice su propio mentón. "En fin, todo me suena a una secta. Hasta los rituales. Pero... en lugar de ponerse de acuerdo en un... autoaniquilamiento masivo... ¿están aniquilando extranjeros? Extranjeros que no respeten sus creencias," señaló, utilizando esa idea del contrario. ¿O no? Ni idea. "Tendría sentido que alguien cercano al líder fuera quien aniquilara, alguien de confianza, que hiciera la tarea sucia."