escucha. la apuesta que le ofrece el mayor es tan extrema, que sólo una entidad temeraria se atrevería a tomar parte de ella. los iris del menor se enfocan en el tablero que está siendo armado, no permite que resquicio alguno de emoción cale en su expresión. un poco sí que ha aprendido a mimetizar del comportamiento de su hermano mayor, incluso si no se percata de ello. ¿lo hará yuri? asciende los iris para enfocarlos de nuevo en el par foráneo, su rival. ‘ bien ’ le duele, está poniendo sobre la mesa una separación definitiva entre ambos.
no quiere escuchar a los susurros que taladran su mente, le atacan mientras repiten cuestiones como mantras ¿es lo que siempre quiso? ¿no está tomando la oportunidad para desprenderse al fin de él? va, si son honestos, siempre ha sido un lastre, ¿no? ¿es por eso que es tan frío consigo?
si hubiera que medir el resentimiento de los hermanos, ¿cuál sería mayor?
no vacila, se permite ceder el control para que el mayor opere con la diligencia con la que acostumbra, quiere hacerle sentir dueño de la partida. es extraño que no se sienta nervioso, o que los dígitos no le tiemblen mientras mueve las piezas blancas. poco a poco, se lo está repitiendo. prefiere escuchar su propio pensamiento una y otra vez antes que caer en las provocaciones del mayor. se lo está poniendo demasiado difícil. la palma en libertad se esconde entremedias del muslo y se aprieta, la tensión no le abandona.
‘ te equivocas ’ habla al fin, a pesar de haber dejado más tiempo del que debería entre oraciones del mayor. le está dando tiempo a confiar en la estrategia, se mantiene en una esquina como si de un animal de presa se tratase — esperando su destino. no. su oportunidad. ‘ no soy tan bondadoso como crees ’ ahora. avanza, va comiendo un par de piezas negras en el proceso. pocas, pero significativas. más que un cálculo de movimientos, está siendo extrañamente paciente. pero ni siquiera eso sirve para evitar mostrarse emocional y descuidado, yuri ya ha acabado con una cantidad notable del blanco del tablero. ‘ sólo cedo con las personas que me importan ’ allí donde tiene espacio para sentir en comodidad, baja la guardia, necesita asegurarse de que no irán a dañarle o aprovecharse de su propia vulnerabilidad. aprendió a convivir con eso último, sabe que no existe forma alguna de convertir sus emociones en frías, pero sí puede protegerlas. ‘ el resto del tiempo me pongo apático y soy bastante egoísta ’
la elección de palabras por parte de yuri es tortuosamente adecuada, ¿que se aferra al pasado? quizá, por eso no puede dejarlo ir del todo, incluso cuando anhela la vida que le espera, siempre deja un vistazo atrás. sí, qué ridículo.
‘ no creo que me parezca a nuestros padres, tampoco ’ inhala con profundidad en lo que busca ganar un mísero instante. bah, que cuando vuelve a observar al mayor, lo hace con el brillo del desafío sobre los iris. ‘ por mucho que lo hubiera querido, no me críe con ellos. ¿o de verdad crees que el alma se hereda? ’ chasquea lengua. ‘ según yo se transforma a lo largo del tiempo, según momentos y vivencias ’ inclina la cabeza a un costado de forma lenta y sutil, como si estuviese pensando algo. ¿cómo proceder? nah. ‘ para mí que la mía se parece más a la tuya ’ le devuelve la sonrisa burlona, se está sintiendo demasiado confiado aún si posee un resultado desfavorecedor sobre el tablero.
sabe que no será su última conversación.
el avance ataca su ansiedad, se siente como a la espera, la expectativa está por las nubes y — por fortuna, el final.
los iris se posan en el espacio abandonado a su suerte, el descuido de yuri le parece tan fuera de lo normal, que duda sea circunstancial. ¿le está dejando ganar? le está dejando ganar. las comisuras se afilan ladinas, hasta da espacio a una risa burlesca a hacer acto de presencia. dios, no se lo puede creer. ‘ ¿no estás siendo demasiado considerado conmigo? ’ con suma lentitud es que lleva la pieza hasta ese punto, vence, pero no lo celebra. ‘ qué mal se te da expresar el afecto, mira hasta qué punto nos hiciste llegar ’ yuri le está abriendo una puerta, ¿es el subconsciente el que le obliga o el deber que viene asignado al amor?
se irgue en el asiento para estirar las extremidades, hasta los hombros le están empezando a doler por la tensión de esa partida. ¿cómo iba a hacer el físico general en esas condiciones? ‘ uhm …’ estira las piernas, le quiere condenar un poco más. tantas veces fantaseó con ese momento y, ahora, no es más que un caos en blanco. va ordenando las fichas, las coloca en su lugar con una lentitud excesiva. deja correr el crono, quizá unos tres minutos, hasta que la visión vuelve a los otros iris. es una mirada de decisión, severa, robada del abanico de yuri. si habla, es para sanar a ese niño interior de sí repleto de preguntas.
‘ cuando probaste que eras válido para ser mi guardián, ¿de dónde sacaste el dinero para justificar los ingresos? ’